quinta cuerda añadió después Torebo205, hijo de Atis, que fue rey de los lidios. Hiagnis, el frigio, por su parte, agregó a éstas un sexto nervio206. Y un séptimo nervio fue adjuntado por Ter- pandro, el lesbio207, a semejanza, puede verse, de los siete pla netas208.
Sachs, m encionados por West (1992), pág. 163. N o es, pues, de extrañar que
a este tetracordo, com o enseguida al heptacordo (es decir, la estructura que sus tenta la otra consonancia básica, la octava), se le reconociera una entidad tras cendente, m etafísica, cósmica.
205 Bower propone leer Toroebus, en lugar del Coroebus de Friedlein; Pl u
t a r c o(Mús. 1136C) nombra a Torebo como el primero que se sirvió de la har
monía lidia.
206 Así en Nicómaco; A t e n e o (Deipn. XIV 6 2 4 ) dice que Aristóxeno con sideraba a Hiagnis el inventor de la harmonía frigia.
207 Las fuentes antiguas relacionan a Terpandro con el heptacordo bien de un modo genérico (Ps.Ar i s t., Probl. 3 2 ; Suidas, s.v.; Nic ó m., Excerpta 1),
bien como transformador del tetracordo mediante la adición de tres cuerdas
(Te r p a n d r o, Fragm. 5 ; Es t r a b., Geo. XIII 3 s.; Pl i n., Nat. VE 5 6 y 2 0 4 ),
bien, como es el caso de Boecio, por haber añadido una séptima cuerda a las seis existentes (Pl u t., Instituta Laconica XVII238C; Mús. 1140F).
208 El heptacordo así formado corresponde a una escala o sistema que cu briría un ámbito tonal de séptima, a base de dos tetracordos conjuntos (m irla re2), o incluso de octava, si se sumaban dos tetracordos disjuntos: mi'-la-si- mi2). Los dos tetracordos de dicha séptima, tal como, según la tradición, quedó fijada por Terpandro, serían ambos de tipo dorio ( P l u t . , Mús.1140F asigna a Terpandro la introducción de una nete doria), a base, aproximadamente, según notación moderna, de semitono (s) - tono (T)- tono (T) (en el género diatónico, se entiende: mi-fa-sol-la; la-sib-do2-re2. Surge así el tipo de octava asociado luego al modo dorio: hypáte (mésôn) -nétë (diezeugmenon): s-T-T-(T)-s-T-T (marcamos en negrita y entre paréntesis el que sería el tono «diazéutico», es decir, como enseguida veremos, de disyunción o separación de los dos tetra cordos), por ejemplo, m i1 - mi2). Un tetracordo de tipo lidio (T-T-s: fa-sol-la- sib) se podría reconocer entre la segunda y la quinta cuerda, introducida por el lidio Torebo; uno de tipo frigio (T-s-T: sol-la-síb-do2), entre la tercera y la sex ta cuerda introducida por el frigio Hiagnis. En cualquier caso, la procedencia geográfica de los inventores que aquí se aducen cumple la función caracteriza- dora habitual en estas atribuciones.
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Y entre éstas209 la que era justo la más grave fue llamada hypate21°, en cuanto que mayor y más honorable, de donde a Jú piter también lo llaman hypatos. Al cónsul asimismo lo desig nan con el mismo nombre por lo sobresaliente de su dignidad; y dicha cuerda fue atribuida a Saturno por la lentitud de su mo vimiento y la gravedad de su sonido211. Parhypate212, la segun da, como dispuesta y colocada junto a la hypáte. Lichanos, la tercera, por aquello de que lichanos se le dice al dedo que no sotros llamamos índice; el griego a partir de lingere213 lo llama lichanos. Y, puesto que al cantar214, el dedo índice, que es el li-
209 Nótese el paso del masculino («nervio») al femenino («cuerda»), 210 Como el de las que vienen a continuación, este nombre es la sustan- tivación de un adjetivo, en género femenino por ir referido a «cuerda»:
hypâtë chords. En nuestra traducción, al igual que con los de las conso
nancias, presentaremos todos los nombres de este tipo transliterados, tal como los presenta Boecio, en cursiva y sin tildes acentuales. Los distingui remos así de las palabras griegas que nosotros translíteramos: en cursiva y acentuadas.
211 Paradójicamente para nosotros, acostumbrados a la metáfora espacial, «alto»/«bajo», en el campo de los distintos grados tonales, los griegos designa ron la nota más grave como «la más alta», «la suprema», denominación que, como se ve, llevaba además connotaciones de mayor solemnidad. El nombre puede obedecer también a que se trata de la nota que produce la cuerda más alta en la disposición del instrumento a la hora de tocar o a que es la nota que se asigna a la órbita planetaria suprema, la de Saturno (cf. 1 27), en el sistema de la «música celestial», lo cual se compadece con la mayor longitud de la imagi naria cuerda vibradora en esa lira del universo.
212 El mantenimiento de la h por parte de Boecio en su transliteración del griego parypáté obedece a una especie de recomposición etimológica del tér mino, tal como se deduce de la explicación que él mismo añade.
213 Verbo latino equivalente al griego leícho, que significa tocar con la len gua (lingua), lamer.
214 En latín el verbo cano o el sustantivo cantus se usan no sólo referidos a la música vocal, sino también a la instrumental; de ahí que esta expresión «al cantar» (en el canto, in canendo) no haya por qué entenderla «en el canto
120 SOBRE EL FUNDAM ENTO DE LA MÚSICA
charros, se encontraba aplicado a aquella cuerda que era la ter cera a partir de la hypate, por eso ella misma también fue lla mada lichanos. A la cuarta se le dice mese, puesto que entre las 7 siempre es la de en medio. La quinta es la param ese, en cuan to que colocada junto a la media. A la séptima, a su vez, se le dice nete, en cuanto que neate, esto es, inferior215, entre la cual nete y la param ese, la que es la sexta, se llama paranete, en cuanto que ubicada junto a la nete. A la param ese, de hecho, puesto que es la tercera a partir de la nete, con ese mismo voca blo se la denomina también trite·, de manera que quedaría este gráfico: --- h ypate --- p a rh y p a te --- lichanos --- m ese --- p a ra m e se o trite --- p a ra n e te --- n ete216
acompañado», sino que directamente tiene también el sentido de «en el son» de un instrumento, «al sonar», e incluso «al tocar» un instrumento.
215 Surge aquí una dificultad terminológica semejante a la de la hypáte. Se trata, en efecto, de la nota más aguda de esta escala, nota que desde nuestra perspectiva sería «la más alta», pero que los griegos designaron como el su perlativo nete, que quiere decir, la extrema, la última, según una opinión ex tendida, porque era la nota que daba la cuerda más alejada del cuerpo del eje cutante. N i siquiera el término inferior con que la designa Boecio recoge exactamente este sentido, pues, aunque implica la idea de categoría o rango, en cuanto que, contrapuesta a la suprema (hypáte), tiene también connotaciones de una ubicación espacial más baja, cosa que no se da en el término griego.
216 Así, pues, los siete grados o notas del sistema heptatonal, configurado precisamente a partir de la lira de siete cuerdas, habrían recibido su nombre del de las cuerdas de dicho instrumento: Hypáte (chordê) : «la suprema», «la más alta»); Parypáte («la que está al lado de la más alta»); Lichanos («la del dedo
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A éstas Licaón de Samos217 adjuntó una octava, y entre la paramese, a la que también se le dice trite, y la paranete ajustó un nervio intermedio, de forma que era el tercero a partir de la nete\ y paranete, en efecto, se llamó sólo la que estaba coloca da después de la mediana. El nombre de trite, de hecho, lo per dió después de que entre ella y la paranete, en el tercer lugar a partir de la nete, fue ubicado un nervio que oportunamente re cibiría el nombre de tríte; de modo que el octacordo según la adición de Licaón es éste218:
índice»); M ésë («la de en medio»); Tríte («la tercera», a partir de la Nete); Pa-
ranété («la que está al lado de la Nétë); Nétë («la última», «la de abajo»).
Como se ve, los nombres en esta serie tienen un sentido básicamente posicio- nal (con respecto a la posición de las respectivas cuerdas en el instrumento) y no funcional o dinámico (es decir, en cuanto elementos del sistema o conjunto).
Destacan, por supuesto, siempre entre ellas las correspondientes a las notas externas («fijas») de los tetracordos: la Hypàtë, la M ésë y la Nétë; son ellas los pilares básicos de la estructura y a ellas, de uno u otro modo, van referidas las demás. Puede incluso que tales nombres remonten a una época primitiva en que las liras constaban sólo de tres cuerdas; a una lira de cuatro cuerdas mejor que a una de siete, donde el dedo índice difícilmente se habría relacionado con una cuerda concreta, apuntaría también la consagración de Lichanos como cuarto término autónomo, no relativo.
217 Hay razones para pensar (cf. Bo w e r [1989], pág. 32, nota ad loe.) que este Licaón de Samos, que ninguna otra fuente antigua menciona en relación con la octava cuerda de la lira, no sea otro que el propio Pitágoras: Lycaon (lobo) al igual que Lucumo (jefe de tribu entre los etruscos; «Lúcumo de Sa mos» se le dice a veces a Pitágoras) podrían ser antiguos nombres cultuales del filósofo; a Pitágoras asigna Nic ó m a c o(Enqu. 5, pág. 244 s.) la adición de esta
cueída; Suidas y Pl in io (Nat. VII 204), en cambio, se la atribuyen a Simoni
des de Ceos.
218 Aquí, a pesar de los necesarios ajustes, los nombres de las notas man tienen aún plenamente su sentido posicional.
122 SOBRE EL FUNDAM ENTO DE LA MÚSICA
----
hypate----
parhypate----
lichanos----
mese----
param ese----
trite----
paranete----
neteEn las dos disposiciones219 anteriores del eptacordo220 y del octacordo, al eptacordo, en efecto, se le dice synem m enon, es decir, conjunto; al octacordo, de hecho, diezeugm enon, es de cir, disjunto. En el eptacordo, en efecto, un tetracordo es la hypate, la parhypate, la lichanos, la mese; el otro, la mese, la param ese, la paranete, la nete, toda vez que el nervio mese lo contamos con el segundo. Y por ello los dos tetracordos por medio de la mese se conjuntan. En el octacordo, en cambio, puesto que son ocho las cuerdas, las cuatro superiores, esto es, la hypate, la parhypate, la lichanos, la mese, completan un te tracordo. Uno, en efecto, disjunto de éste e íntegro empieza desde la param ese y avanza por la trite y la paranete y va a fi nalizar a la nete. Y hay una disyunción, que se llama diazeuxis, y un tono es la distancia entre la m ese y la param ese. Aquí, por tanto, la mese sólo mantiene propiamente el nombre; no es la de en medio por su posición, porque en un octacordo son precisa mente dos las que se aprecian siempre en medio, pero una sola en medio no puede encontrarse.
219 De nuevo el tecnicismo retórico dispositio con su significado de organi zación o estructura de un conjunto; así lo seguirá usando Boecio en pasajes su cesivos.
220 Boecio (o el texto transmitido) omite aquí, como en «armonía», la h, co rrespondiente a la aspiración inicial de la palabra griega, heptáchordos, -otv, la mantiene, en cambio, por ejemplo, en hypate.
LIBRO I 123
Profrasto Periotes221, a su vez, por la parte más grave añadió una cuerda, de modo que hacía en total un eneacordo; cuerda que, puesto que fue añadida sobre la hypate, tomó el nombre de hyperhypate222; cuerda que en un principio ciertamente, mien tras la cítara era de sólo nueve cuerdas, se llamaba hyperhypa te; ahora, en cambio, se le dice lichanos hypaton223, al haber sido sobreañadidas otras, en un orden y disposición en el que, como vino a parar al dedo índice, fue llamada lichanos. Pero
221 Es decir, Profrasto Pieriotes o de Pieria, al que también Nic ó m a c o(Ex cerpta 4, pág. 274) atribuye la invención de esta novena cuerda. Su nombre,
problemático (Meibom lo cambiaba en Theophrastus), podría evocar una ima gen de profeta o adivino, que vendría además apoyada por su patria, Pieria, en la zona donde se ubica el monte Olimpo, la morada de las Musas. Esta proce dencia geográfica recuerda asimismo a Tracia y a Diónisos y, en definitiva, a la harmonía frigia; con la adición de la novena cuerda tomaba, en efecto, cuer po el tipo de octava que se asocia al modo frigio (lichanos hyp.-paranete die-
zeugménón: T-s-T-T-(T)-s-T, por ejemplo, re1 - re2): cf. Bo w e r(1989), pág. 34, nota ad loe.
222 Algo así como «supersuprema»; el nombre se halla también atestiguado en A r i s t i d e s Q u i n t i l i a n o ( Mús.I 6, pág. 8, 12) y en T r a s i l o (en T e ó n d e E s m i r n a , Expositio I I 35, pág. 88, 18). La transliteración del griego hyperypá- të introduciendo una h en medio de la palabra supone una reconstrucción eti
mológica (hypèr hypáte) del tipo de la que vimos antes en parhypate. La presencia del término hyperypáté («la que está más allá de la hypâtë») para designar la nota añadida por la parte grave en un sistema de nueve grados, implica la relativización del término hypâtë, que empieza a perder su sentido «posicional» (la más alta, la más grave) en beneficio de un nuevo sentido «di námico» (un grado más del sistema, definido por su relación con los demás).
Hay indicios para pensar que este sistema de nueve notas correspondiera a un auténtico instrumento: At e n e o(Deipn. 636F) se refiere a él como ya obso
leto. De este tipo sería la escala doria remontable a Damón, mencionada por
Ar is t id e s Qu i n t i l ia n o(Mús. 19, págs. 18,5 ss. y Π 14, págs. 80 s.): re1 (hypeiy- páté) — mi1 (hypâtë) — m i^ /fa 1 (parypáte) — fa'/sol1 (lichanos) — la1 (mése)
— si1 (paramése) — si1+ /do2 (tríte) — do2/re2 (paranêtë) — re2/mi2 (nètë). 223 «Lichanos de las supremas»: aunque la transcripción que hace Boecio no lo refleja, hypáton es un genitivo de plural.
124 SOBRE EL FUNDAM ENTO DE LA MÚSICA
esto se hará patente más tarde; por ahora la ordenación del enea- cordo se presenta así:
----
hyperhypate----
hypate----
parhypate----
lichanos----
mese----
param ese----
trite----
paranete----
neteHistieo de Colofón224, a su vez, ajustó una décima cuerda 209 a la parte más grave; y Timoteo de Mileto, a su vez, una undé
cima225, las cuales, puesto que fueron añadidas sobre la hypate
224 Mencionado también por Nic ó m a c o (Excerpta 4, pág. 274), no se lo
vuelve a nombrar en ningún otro contexto musical. Histieo, sin embargo, se lla mó un tirano de Mileto que mantuvo relaciones con ciertas ciudades de lonia; Colofón, por su parte, una de las doce ciudades jonias capturadas por los lidios, pertenece al área de la cultura musical lidia; de ahí la posibilidad (Bo w e r [1989], pág. 35) de relacionar este sistema de diez cuerdas con el tipo de octa va asociada al modo lidio: parypáté hypáton— tríte diezeugmenon·. T-T-s-T-T- (T)-s, por ejemplo, do1 - do2.
225 El propio Tim o t e o (fr. 19, 234-243) se relaciona a sí mismo con la lira
de once cuerdas, colocando su nombre al lado de los de Orfeo o Terpandro. Según Pa u s a n ia s(Descripción de Grecia III12), Timoteo añadió cuatro cuer
das a las siete tradicionales; Suidas, en cambio, le asigna la adición de las cuerdas décima y octava; es Nic ó m a c o(Excerpta 4, pág. 274), y con él Boecio, el que
reduce la innovación de Timoteo a la undécima cuerda.
P l u t a r c o ( Mús.1144F), aunque sin mencionar en ello a Timoteo, relaciona el castigo infligido por los espartanos a ciertos músicos con la adición de cuer das a la lira y con la introducción del modo mixolidio; en efecto, esta undécima cuerda da cuerpo al tipo de octava ligado al modo mixolidio: hypáte hypáton-
LIBRO I 125
y la parhypate, fueron llamadas hypate hypaton226, en cuanto que las más grandes de las grandes o las más graves de las gra ves o las excelentes de las excelentes227. Pero fue llamada la pri mera de entre las 11 hypate hypaton; la segunda, a su vez, parhypate hypaton, puesto que está colocada junto a la hypate hypaton. La tercera, que hasta el momento en el eneacordo se llamaba hyperhypate, tomó el nombre de lichanos hypaton22*. La cuarta, en cambio, la hypate, mantuvo el antiguo nombre; la quinta, la parhypate-, la sexta, la lichanos, guardando, puede verse, el antiguo vocablo; la séptima, la mese; la octava, la p a ramese; la novena, la trite; la décima, la p a ra n ete; la undécima, la nete. Así, pues, un tetracordo es: hypate hypaton, parhypate hypaton, lichanos hypaton, hypate; y otro: hypate, parhypate, lichanos, mese. Y éstos efectivamente son conjuntos. Un terce ro, a su vez, es: param ese, trite, paranete, nete.
El número de cuerdas (ordinariamente siete) de la antigua lira es una cues tión problemática, como lo es también cómo a partir de las habituales siete cuerdas se hacían sonar las numerosas notas de los sistemas que superaban am pliamente el ámbito de la octava (hasta de veintiocho notas habla Nic ó m a c o:
pág. 274 Jan): sobre esta última cuestión, cf. Th u r n (1998) y la propuesta que allí se formula, no sólo contrastada experimentalmente, sino compatible, ajui cio del autor, con las antiguas reproducciones gráficas, con el sistema de nota ción de la música instrumental, con diversos testimonios y con los fragmentos de música conservados.
226 En la transliteración hypate hypaton la primera palabra, de acuerdo con el contexto, puede entenderse aquí como «hypatae», es decir, hypátai, o sea, en nominativo plural; «hypaton», por su parte aquí y en lo que sigue ya es clara mente un genitivo plural hypátoir. «la suprema de las supremas».
227 De suyo, eran las cuerdas más largas y producían los sonidos más graves; el considerarlas «excelentes», es decir, las que sobresalen, las más altas, podría responder, como hemos dicho, bien a la posición de dichas cuerdas en el instru mento a la hora de tocar o bien a la asignación de dichas notas (y cuerdas) a las esferas más elevadas (más distantes de la Tierra) en la música celestial.