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POST IMPLEMENTATION

por Alba Peralta* En el Poder Legislativo, el Dr. Nahum Bergstein fue primero Senador y des- pués Diputado. Había comenzado su carrera política como Subsecretario de Educación y Cultura, llegando a ser Ministro Interino por ausencia de la titular del cargo. Nahum solía decir: “Mi carrera política tiene un sello poco habi- tual, la estoy haciendo al revés; para las próximas elecciones me postulo a Edil. Espero tener suerte. ¡Tengo fe!” y reía.

Lo conocí en la Facultad de Derecho como profesor adjunto a la Cátedra de la Dra. Adela Reta y volví a encontrarlo en la Casa del Partido Colorado. Nahum, en ese momento, era Coordinador de la Comisión de Medio Ambiente del Foro Batllista: posteriormente lo fue de la Comisión de Medio Ambiente del Partido Colorado. Después de un tiempo de trabajo en la Comisión, me ofreció el cargo de Secretaria de la misma. El vice–coordinador era el Ing. Agrónomo Gustavo Sacco. Cuando accedió al Senado nos invitó a Gustavo y a mí a acom- pañarlo en su labor legislativa y así lo hicimos en las dos legislaturas que Nahum integró el Parlamento. Formábamos un verdadero equipo.

Quisiéramos transmitir la vida de Nahum en el quehacer cotidiano del Parlamento. Pensamos que la mejor forma es a través de algunas situaciones, * Alba Peralta (Montevideo, 1956) es Doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Especializada en el área de la responsabilidad civil contractual y extracontractual, ha dictado cursos para graduados en la Universidad de la República. Junto a Gustavo Sacco acompañó a Nahum en el despacho del Parlamento durante sus dos legislaturas: senador (1998-2000) y diputado (2000-2005).

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sucesos, anécdotas acaecidas en su Despacho, lugar donde transcurrían muchas horas de su labor parlamentaria. Las otras se dividían entre la Cámara y las Comisiones Parlamentarias.

¡Tantas jornadas compartidas! Algunas tensas, otras caóticas, las más de las veces agradables. El Ing. Gustavo Sacco siempre dice: “A pesar del trabajo y las complicaciones siempre presentes, deberíamos haber pagado por haber tenido la oportunidad de vivirlas.”

Trabajar en el despacho legislativo del Dr. Bergstein hacía que el tiempo en él transcurrido fuera muy especial. Nahum lo hacía con ese toque diverso. Eran horas ricas de ideas, de proyectos, de nuevas metas, de trabajo, todo encarado con inteligencia, profesionalidad, optimismo.

Nahum era muy reservado y, a la vez, locuaz y dicharachero, sus intervencio- nes eran agudas y oportunas. Aun así, y no obstante los largos años comparti- dos, no estamos seguros de haberlo conocido en lo profundo.

Llegaba al Despacho diariamente aun cuando no hubiera reunión de Cámara o de Comisiones. A veces le preguntábamos: “¿Qué haces por aquí?”, nos res- pondía: “A mí me pagan por trabajar todos los días, no sólo los días y horarios de Comisiones o reunión de Cámara”. Y allí permanecía horas, rodeado de ma- terial de consulta “tecleando” -no se llevaba bien con las nuevas tecnologías-, en su Remington, sobre algún proyecto de ley o aquello que en el momento tuviera que ver con su labor legislativa. En el Despacho, mientras tomaba su almuerzo -generalmente fruta- nos comentaba su quehacer legislativo y político. Pedía que le informáramos de lo acontecido en el rato que no se había comunicado. Decimos “en el rato que no se había comunicado” porque, por lo general, no transcurrían más de dos horas sin que llamara. Siempre estaba presente.

Era ansioso. A la vez que hablábamos de su acontecer y el nuestro, y mientras almorzaba, comenzaba a trabajar. Pedía todo a la vez. Si el teléfono llamaba, lo atendía él mismo. No esperaba que el Ing. Sacco, encargado del área de las comunicaciones, lo hiciera. Siempre reíamos de lo sucedido un día que alguien llamó por teléfono. Nahum atendió la llamada, pero se trataba de una llamada personal para Gustavo. El interlocutor preguntó a Gustavo: “¿Quién me aten-

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dió?” y éste, que era muy celoso de su trabajo, respondió: “Mi secretario, el Dr. Bergstein”. Nahum que estaba escuchando rió y en un gesto muy característico se pasó la mano por la cabeza.

Era un trabajador incansable y quería que lo acompañáramos a su paso. El trabajo era prioritario y no había que perder un momento. En ese sentido, en mi caso, que era quien instrumentaba las minutas de informes para Comisiones y otras tareas del área legislativa y que trabajaba en su mismo Despacho, su salu- do diario era: “Buen día, Dra. Peralta, ¿Qué tal? ¿Todavía con ese informe?”. Yo muchas veces le decía: “Nahum, no estoy muy segura si me hiciste un honor en invitarme a compartir tu Despacho”, él reía y miraba el Cerro de Montevideo que se veía desde la ventana. Desde esa óptica el Ing. Sacco recuerda que exis- tían ocasiones en las cuales llegaban llamadas telefónicas o alguna persona se ha- cía presente en el Despacho y se producían conversaciones algo delicadas por su tenor. Yo prefería no escuchar por lo que me ausentaba del Despacho. Nahum, cuando terminaba la conversación, me preguntaba: “¿Por qué saliste? ¿Pudiste terminar el trabajo?” Invariablemente yo respondía: “Salí porque si mañana se sabe el tenor o contenido de la conversación no se podrá pensar ni decir que yo hablé algo”. El reía y le decía a Gustavo: “¡Es terrible!”.

También era cáustico en un sentido áspero e ingenioso. Las anécdotas son innumerables. En una oportunidad me llamó por teléfono y no pudo comu- nicarse. Después se comunicó con el Ing. Sacco a quien le comentó el hecho. Gustavo le hizo saber que él había hablado conmigo, no hacía mucho. Nahum, ante esta situación, le dijo: “llámala y dile que yo quiero hablar con ella, veo que tú tienes más ascendiente que yo”. Todo dicho con una sonrisa y sin decir una palabra que no correspondiera.

Recordamos que a veces Nahum llegaba al Despacho y Gustavo no estaba. Gustavo solía ir a Biblioteca o hacía relaciones públicas fuera del Despacho o sa- lía del Palacio para alguna gestión. Nahum preguntaba por él e invariablemente yo le respondía: “No sé” e ipso facto le preguntaba: “¿No está en su escritorio?” Nahum no contestaba, dejaba su portafolio a un lado y comenzaba su labor. Un día, en que estaba hablando por teléfono en altavoz, con clara intención de ser

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escuchado, oímos que respondía: “No sé”. Cuando corto la comunicación, sin mirarme y mientras tomaba un informe para leer, me dijo: “Estoy aprendiendo de vos, nunca sé nada”. Cáustico en sus observaciones y como siempre sin pro- ferir una palabra fuera de tono.

No era un hombre ostentoso. Era respetado en lo personal y en lo acadé- mico. Integraba Comisiones legislativas puntuales, como ser la Comisión de Cultura, pero también era consultado por otros legisladores integrantes de otras Comisiones. Nunca hacía referencia a estas consultas. Nunca hacía alarde de ello, aun cuando el otro legislador fuera de un Partido de la oposición. Tenía absoluto respeto por sus colegas parlamentarios.

Obviamente había momentos y días muy tensos. Por ejemplo, cuando al- gún proyecto de ley no se aprobaba y se debía seguir trabajando sobre el mismo. Nahum hablaba con todos y cada uno de los legisladores que entendían en el tema, lo hacía personalmente y también por teléfono. Sabemos que cada pro- yecto de ley debe ser objeto de un trabajo intelectual y político, a ellos se dedica- ba y nos hacía dedicar por completo. Sus colaboradores vivíamos cada instancia. Recordamos algunas muy especiales en cuanto a su trascendencia y así, algunos ejemplos: el proyecto de ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos, mo- dificatoria de la Ley 9.739, el proyecto de ley que declara de interés nacional la lucha contra el Racismo, la Xenofobia y la Discriminación, condenando como delito toda forma de discriminación racial, étnica o religiosa, el Proyecto de Ley, ampliatoria de la ley 9.739 , a través del cual buscó lograr la protección de los Derechos de Autor de los periodistas, reporteros gráficos y dibujantes que se desempeñen en relación de dependencia laboral y, como esos, tantos otros trabajos legislativos. Era un semillero de ideas inteligentes, oportunas a las que siempre plasmaba en algún nuevo proyecto o meta. En esas ocasiones no dejaba de tocarse la cabeza y sus cabellos se paraban. Nosotros riendo le decíamos: “Nahum estás en el paroxismo, tienes todos los cabellos parados”, y, entonces, riendo juntos, bebíamos un café o un cortado antes de continuar trabajando.

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Era respetuoso de los demás. Hay una disconformidad que se traduce en un clamor popular respecto a que los legisladores no atienden a los ciudadanos que necesitan hablar con ellos. Doy fe que en el caso del legislador Nahum Bergstein esta queja no correspondía. Nunca dejaba de atender a quien pedía una entrevista y aquel que no la había pedido, si había tiempo, también tenía la oportunidad de ser escuchado, atendido.

Era generoso y solidario; cualidades que no todos conocen porque él las ocultaba. Pensamos que era un poco tímido en ese sentido. Recordamos, en- tre tantos, dos hechos concretos. Un señor mayor, militante del Foro Batllista, Partido Colorado, sector político al cual Bergstein pertenecía, estaba pasando por una situación económica difícil. Nahum se enteró, lo llamó y lo ayudó eco- nómicamente. Lo mismo con la “Escuela Horizonte” (dedicada a la atención de niños y jóvenes portadores de parálisis cerebral en sus niveles más comprometi- dos) con la que colaboraba mediante una cuota mensual importante. Estas co- laboraciones y otras, obviamente, las hacía con su peculio (y jamás hacía alarde de ellas: creía que hay ciertas cosas que se hacen o que no se hacen; pero de las cuales no corresponde hablar).

Siempre estaba atento a hacer el menor uso posible de los dineros públicos. Muchas veces los legisladores deben viajar al exterior. Nahum, en alguna opor- tunidad viajó a costo del Parlamento y tuvo sobrante de dinero de viáticos. La primera vez que Gustavo fue a Tesorería del Senado a efectuar la devolución, se suscitó una situación sui generis. El funcionario que lo atendió llamó al jefe del departamento. Este le preguntó a Gustavo cuál era el motivo de esa devolu- ción, preguntó si Bergstein había tenido algún problema, si estaba desconforme con algo. Gustavo respondió que ese dinero pertenecía al rubro viáticos, que el Senador Bergstein no había hecho uso del mismo y, por lo tanto, lo devolvía. Los funcionarios en un primer momento estaban desconcertados: era la pri- mera vez que un legislador devolvía el dinero sobrante de un viaje. Como línea general, si debía efectuar un viaje, agotaba esfuerzos para que fuera pago por

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organizaciones del exterior, evitando ocasionar gastos al Estado uruguayo (en general lo lograba).

Era muy cumplidor y puntual con sus compromisos. Tenía un fino sentido del humor. Recordamos una oportunidad en la que un legislador lo llamó por teléfono diciéndole que estaban esperando por él para comenzar la reunión. Fue corriendo, preocupado porque pensaba estar haciéndose esperar y extrañado porque era una reunión que no tenía agendada. Tenía mucha memoria y, ade- más, agendaba absolutamente todo, por eso su desconcierto. Regresó riendo. Nos comentaba que algunos colegas estaban reunidos y decidieron hacerle esta broma. Todos conocían su afán de cumplir con los compromisos asumidos.

En este relato no habremos de extenernos sobre lo que fue su tarea legislativa. Todos sabemos el gran trabajo al que estuvo abocado mientras fue integrante del Poder Legislativo primero como Senador y posteriormente como Representante Nacional. Tampoco hablamos del amor que sentía por su familia, por Nelly su esposa, del gran orgullo que sentía por sus hijos. Así como tampoco tratamos sobre sus otros dos grandes amores: el Partido Colorado y Peñarol. No habla- mos de su relación con la Dra. Adela Reta, por quien sentía un gran respeto y una profunda amistad ni de la muy particular estima y respeto que sentía por el ex Presidente de la República, Dr. Julio Maria Sanguinetti. No incursionamos sobre esos temas porque consideramos que son por todos conocidos.

Sí aspiramos a trasmitir el elevado concepto que Nahum tenía de la función pública así como su conducta como representante del pueblo. El Dr. Nahum Bergstein anteponía el deber público sobre el privado. Sabía lo que se tenía que hacer para la comunidad.

En fin, dejamos por aquí. Fueron tantas situaciones, hechos, anécdotas, en definitiva, tantas vivencias las que nos vienen a la mente. Pero nuestra intención sólo era dar un pantallazo, de su forma de ser, de su temperamento, su quehacer parlamentario cotidiano. Esperamos haberlo logrado.

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