Como se ha puesto de manifiesto, América Latina ha experimentado cambios signifi- cativos estas últimas dos décadas a nivel político, económico y social. Tanto el proce- so de democratización sin precedentes, la internacionalización de sus economías y el nacimiento de las translatinas (multinacionales latinoamericanas), así como el surgi- miento de asociaciones sociales y el crecimiento económico al 4,3% constante de esta nueva década, han transformado la realidad socioeconómica y geopolítica de la región.
En este marco, la RSE surge como un movimiento activo, que implica a redes de em- presas, universidades, asociaciones y grupos sociales y ante una ciudadanía cada vez más sensible y movilizada que exige un compromiso mayor entre la empresa y la sociedad. Sin embargo, es preciso preguntarse dónde y cómo surge el concepto RSE en América Latina y si realmente se puede hablar de una regionalización latinoameri- cana de la RSE.
Por ejemplo, ¿es la RSE un enfoque asistencial derivado de la tradición filantrópica de la región? ¿O es más bien una necesidad ante la situación socioeconómica actual? ¿Se promueve como un instrumento para mejorar la credibilidad del sector privado en un ambiente frecuentemente hostil ante la sociedad? ¿O es la vía esperada para integrar el valor añadido de la empresa con las necesidades de la sociedad? ¿Surge como un instrumento de desarrollo orientado a suplir las deficiencias del Estado y cubrir las responsabilidades públicas que no se cumplen? ¿O debería cumplimentar- se con la agenda pública de desarrollo para generar sinergias entre crecimiento eco- nómico, generación de empleo y bienestar social?15.
14 Entrevista realizada en Santiago de Chile el 26 de julio de 2007. PROHUMANA: www.prohumana.cl. 15 Preguntas formuladas a través de conversaciones con Antonio Vives y José Antonio Ocampo en torno
Y en este sentido, considerando la realidad actual de la región, ¿se puede hablar de la RSE como instrumento de cohesión social y estabilidad política ante las inestabi- lidades de la región? ¿O es pedir demasiado de la interacción entre empresa y so- ciedad?
Un consenso que parece predominar entre los expertos de RSE es que el modelo europeo y estadounidense no puede ni debe ser exportado a la región, porque no integra las prioridades y necesidades esenciales de la propia idiosincrasia latino- americana.
Tal y como definió Marcelo Abrantes Linguitte, cuando trabajaba para el Instituto Ethos16de Brasil:
«La RSE debe estar relacionada con la realidad local. Si no, ésta sería como un extraño que no puede ayudar a cambiar los problemas existentes. La RSE debe ser un factor cambiante. Por esta razón, ya no existen modelos a seguir. Podemos estudiar experiencias de otros países, es- tudiar acerca de parámetros aceptados mundialmente, pero no como guías prácticas, sino como sugerencias, no como reglas fijas. Nosotros debemos estar muy enfocados en la reali- dad, ser pragmáticos y creativos»17.
Siendo la pobreza y la desigualdad uno de los principales problemas de la región, existen aspectos que no son considerados en la formulación de la RSE occidental y que, sin embargo, deberían ser ejes prioritarios de la relación empresa-sociedad. Pa- rece evidente que una necesidad prioritaria es que la RSE contribuya a crear una so- ciedad mejor y se implique en áreas de alta prioridad para América Latina, como son los temas de salud, educación o acceso a servicios básicos. Otro ejemplo claro es la evasión de impuestos, aspecto que en Europa no es un problema, pero sí en América Latina, y muchas empresas que abanderan la RSE como política de empresa vulne- ran este punto18.
Para que se cree una RSE local en América Latina es preciso diseñar un modelo más democrático y participativo que integre los diferentes roles del Gobierno, el sector privado y la sociedad en general (Puppim de Oliveira, 2006).
16 Instituto Ethos: www.ethos.org.br.
17 Entrevista publicada en la Biblioteca Digital de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y
Desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): www.iadb.org/etica.
18 Reflexión de Stephan Schmidheiny en la Introducción a la publicación Turning Point: A View of Corpo-
El hecho de que todos los países de América Latina sean actualmente democracias formales y de que haya numerosos grupos de presión social ha configurado un nuevo espacio de interlocución entre los actores que permite poner de relieve las carencias sociales de la región, y, en la medida de que los gobiernos no son capaces de cubrir dichas necesidades, se pone en tela de juicio la responsabilidad de las empresas que están generando ingresos en esta realidad económica.
Por ello, los principales propulsores de la RSE en América Latina solicitan que los modelos de RSE en la región se encaminen a contribuir a solventar estas carencias y fortalezcan la capacidad de los gobiernos para responder ante ellas.
Sin embargo, dada la internacionalización de la agenda RSE en América Latina, estas prioridades no se reflejan en las políticas sociales de las empresas. En palabras de Correa et al. (2004):
«Dado que la comprensión moderna de la RSE tiene su origen en Europa y los EE UU, la agen- da no incluye aún los temas de interés local. Por ejemplo, el rol legítimo de la empresa frente a los Objetivos del Milenio o a la reducción de la pobreza no tiene la prioridad que en realidad representa en la región. Probablemente, la consolidación de una masa crítica de empresas trabajando en el tema ayude a que las empresas y organizaciones de la región propongan una agenda que refleje el énfasis de las necesidades de América Latina. Mientras los empresarios y organizaciones de la región no tengan la fuerza para proponer su propia agenda, los temas que surjan en Europa y los EE UU serán parte de la agenda local y tendrán la prioridad que sea definida en esos países.»
Es conveniente revisar de manera abierta las divergencias y responsabilidades exis- tentes entre el sector privado y el sector público, en especial con la participación de empresas extranjeras en la región. Existe una percepción negativa de algunos secto- res de la sociedad latinoamericana hacia el sector privado en general, y hacia las em- presas extranjeras en particular. Las razones suelen fundamentarse en la capacidad que ha tenido el sector privado, muchas veces bajo estructuras oligarcas y sectores semimonopolísticos, de generar beneficios sustanciosos en situaciones de desigual- dad y pobreza, con grandes carencias sociales para un porcentaje alto de la pobla- ción.
Ninguna empresa puede desarrollar una estrategia rentable a largo plazo en un océano de pobreza y desigualdad, y sería deseable que las empresas que apuestan por una permanencia a largo plazo en la región tengan el interés estratégico de implicarse en estos temas y apostar por una RSE orientada al desarrollo social.
Sin embargo, también el papel del Gobierno debería ser objeto de revisión ya que, en definitiva, las áreas críticas de la región son responsabilidades públicas, y el pro- pio Gobierno debería liderar el proceso de generar mecanismos para solucionarlos. Pero en el caso en que el Gobierno no cumpla con sus responsabilidades, ¿deberían las empresas involucrarse en garantizar bienes públicos que son responsabilidad po- lítica?
Existe un interés común tanto del sector privado como del sector público de solucio- nar la situación de pobreza y desigualdad. La complejidad de los problemas es de tal índole que será necesario crear sinergias comunes entre ambos sectores para apor- tar soluciones concretas. Este dilema se reaviva cuando se plantea desde la perspec- tiva de la participación de una empresa extranjera. Los modelos de RSE aplicados por multinacionales que funcionan en Londres, Nueva York, Washington, París, Bruselas, Madrid o Barcelona, no tienen por qué funcionar en San Pablo, Río de Janeiro, Bue- nos Aires, Santiago, Caracas o Lima (entrevista a Marcelo Abrantes Linguitte). Considerando que los estándares de las empresas multinacionales que operan en América Latina han sido un factor relevante en el desarrollo de la RSE, el papel de las empresas que apuestan por una permanencia en la región, principalmente las espa- ñolas, desempeña un factor fundamental en cómo orientar la RSE de manera que ar- monice las relaciones entre el sector privado, el sector público, y la sociedad, garanti- zando niveles de vida digna y catalizando los esfuerzos encaminados a aportar soluciones a las principales carencias de la región.
I. INTRODUCCIÓN
Este capítulo presenta la evolución de las inversiones españolas en América Latina, analizando los principales hitos y las circunstancias que promovieron esas inversio- nes, así como el impacto que generaron. También, a través de diferentes encuestas publicadas y entrevistas personales realizadas a expertos de la región, analiza la per- cepción que se tiene en América Latina de las empresas españolas. Por último, pro- pone el tipo de liderazgo que podrían ejercer las empresas españolas para cohesio- nar sus actividades económicas con las necesidades sociales de la región.