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| magín A una escalera con tramos extensibles apoyada contra un ras cacielos. Cuando estás subiendo por las partes inferiores, puedes ver el suelo, mientras que el tejado y el cielo te parecen muy distantes. En los peldaños inferiores del cam ino del discípulo rogamos a D ios com o suplicantes, pidiéndole que nos dé lo que queremos. Los án geles son los intermediarios portadores de la energía de nuestra ple garia ante la Deidad.
Aquellos que tienen un nivel puramente físico de comprensión están subiendo por esta parte de la escalera: sólo creen en aquello que pueden ver, oír o sentir y piensan que están separados de los demás, o incluso que son superiores a ellos. En este nivel buscamos ayuda exterior y tenem os un concepto limitado de la inmensidad del Universo y del lugar que ocupam os en él. Esto se conoce com o vivir en la tercera dimensión. En esta parte más baja de la escalera reali zamos afirmaciones, que si repetimos sin cesar nos ayudan a trans formar las creencias que inconscientem ente poseíam os. Cuando estamos en la escalera de la ascensión, la plegaria y las afirmaciones son ayudas valiosas y positivas para el viaje. En un tramo superior de la escalera tenem os mayores opciones.
Cuando reconocem os que som os seres espirituales, los impulsos materiales se vuelven menos im portantes. Nos convertimos en más confiados y deseamos trabajar en cooperación con otras personas. Al no buscar ya ayuda exterior, seguimos nuestra sabiduría interna. Esto nos facilita la entrada a la cuarta dimensión y nos permite subir hasta el siguiente tramo de la escalera. Nuestra visión del Universo se ha ampliado considerablem ente.
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nos preparamos para nuestra iniciación ascensional a la quinta dim ensión, nos convertimos en maestros. Esto significa que asumi mos la responsabilidad de crear nuestra propia realidad. Aceptamos que som os los dueños de nuestro destino. Por tanto som os com an dantes. Participamos de la creación con la Divinidad. Cuanto más arriba subimos en esa escala de maestría, más amplia es nuestra visión de la creación.
Cuando estamos ya muy arriba de la escalera, nos convertimos en seres inmensamente poderosos. Por supuesto tenem os que acep tar la responsabilidad que esto conlleva. Ya no som os marineros, ni tan siquiera capitanes. Som os com andantes de la flota. Tomamos decisiones y trazamos directrices que todo el mundo obedece. En la
actualidad esto es posible para todo el mundo y muchas personas
están aceptando la maestría total sobre sus vidas. Sabes que eres un maestro cuando ya no culpas a nadie ni a nada de tus circunstan cias. Ahora, en un nivel espiritual, nos com unicam os consciente o inconscientem ente con la jerarquía espiritual de luz, y decidim os cóm o participar en la creación con la Divinidad. Un decreto ordena al Universo que obedezca tus órdenes. Com o com andante de la flota, todo el mundo y toda cosa se pone en marcha para cumplir tus órdenes.
O Cuando dictas un deciteto eQ Qiniveiiso
* se pone en maitcha palia cumpQi/i tu oiiden.
Si un marinero de cubierta gobierna la nave sin poseer claridad ni sabiduría, puede provocar el caos. Y cuando dictamos un decreto sin tener la preparación adecuada, puede que no estemos listos para los resultados. Ni qué decir tiene que un decreto tiene que hacerse con la máxima integridad y para el bien más elevado de todos.
H azlo con humildad, sabiendo que estás al servicio del planeta. Ordena con autoridad y claridad. Permanece con la cabeza levantada y los hom bros rectos y pronuncia tu decreto en voz alta.
Los buenos directores generales consultan con los demás y hacen un trabajo de investigación antes de llevar a su empresa hacia una
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uu^vci vin t\iiun. a m e s uu iiiiiuiui IC culi un utX'IClw, i’Miiiim a tu guía interior, y si hace falta también al exterior. Til primer puso es decidir con mucho cuidado cuál va a ser tu decreto. Escríbelo, e\n m ínalo desde todos los ángulos posibles, com prueba que sea pn sitivo y muy claro. Si lo crees preciso consulta a las personas de con fianza para que te den su opinión sobre cualquier posible fallo.
Ésta es una fórmula para la redacción de un decreto: «En nom bre de D ios y de todo lo que es luz, yo decreto...». Repítelo tu s veces y termina con un: «Está hecho», o «Que así sea».
Com o no nos es posible acceder al plano general mientras nos encontram os en un cuerpo físico, es m ejor añadir: «por la Ley de In Gracia», o «por la gracia». Esto permitirá que el Universo active algo diferente en caso de que exista un factor del que no som os cons cien tes.
El decreto quedaría entonces: «En el nom bre de D ios y por l.i gracia, yo decreto que... Que así sea». Repítelo tres veces. Cuando
hayas pronunciado el decreto, com o cualquier director observa los
resultados y aprovecha cuantas oportunidades se te presenten para agilizar tu plan.
D ebido a que tiene el poder de cam biar nuestras vidas, un decreto resulta tremendamente apasionante. No es algo que se deba hacer a la ligera. C onozco a personas que han decretado que apa rezca la relación perfecta en su vida. Esto a veces ha resultado en turbulencias y dificultades. Todo lo que les está evitando que tengan una relación perfecta se les presenta de golpe. Tienen que afrontar lo y limpiarlo.
U na vez dirigí un taller de ascensión donde una mujer quería decretar que apareciera en su vida una pareja que la amara y la res petara. Le recordé que lo exterior es un reflejo del interior y le suge rí que decretara que se am aba y se respetaba a sí misma. En cuanto realizó el decreto empezó unas sesiones con una terapeuta que la ayudó a limpiar las creencias y em ociones que estaban evitando que se amara y se respetara a sí misma. Durante los meses siguientes apa recieron varios hombres en su vida para reflejar sus creencias cam biantes. Siguió trabajando en ella misma durante dos años antes de poder realmente amarse y respetarse. Entonces, por supuesto, el hom bre que había decretado entró en su vida.
Lsecretar es muy mu pura cousegun i¡imuiíim uhiio i|in.- u ism mos tener. Pero hay que ir con cuidado. Si dictas un decreto para la humildad, puede que tengas que sufrir humillaciones para hacerte merecedor de esa cualidad. Si pides paciencia, te vendrán lecciones que requerirán paciencia. Si decretas amor incondicional, se te en viarán situaciones para ponerte a prueba. Ahora bien, a pesar de ello, los decretos te ofrecen una ruta rápida para que adquieras la cualidad que estás intentando desarrollar en tu vida.
Podemos decretar para que haya más luz sobre la Tierra. Si sufi cientes personas estuvieran preparadas para realizar un decreto así, eso ayudaría a crear un mundo más feliz.
Podemos hacer decretos para la avenencia de la humanidad y que los pueblos de la Tierra se unan. Cuando las personas honestas V de elevados valores espirituales empiecen a decretar para el bien más elevado de todas las cosas y personas de la tierra, entonces la ascensión del planeta y de los individuos tendrá lugar con mayor rapidez. El poder está en nuestras m anos.
Éstos son algunos ejemplos de decreto:
• «Por decreto divino, en nom bre de D ios y por la gracia, yo invoco la llama violeta para transmutar ahora todo pensa miento, pauta, creencia, condición, alianza o apego negativo que haya expresado anteriormente. Está hecho». Repítelo tres veces.
• «En nombre de D ios y de todo lo que es luz, por la gracia, decreto que todos los votos realizados en vi das anteriores o en ésta, que no sirvan al plan divi no sobre la Tierra, sean rescindidos y liberados. Que así sea». Repítelo tres veces.