cia conduce al suicidio al hombre macho, que sobrevalora el des- empeño de su pene y estima que ha perdido su honor y su valor como persona. Las tragedias sen- timentales aún provocan suicidios en esta modernidad tan poco sen-
timental. Werther, el héroe román- tico de Goethe, desesperado por un amor imposible, pensaba que
“quería abandonar el mundo”, y
decía: “entre mi amada, su marido y yo, uno debe desaparecer, y ese
debo ser yo”. En 1982, en una in- vestigación personal sobre inten- tos de suicidio en 48 adolescentes encontramos que el 38 % se
debía a conflictos amorosos. En
1990, en otro estudio semejante, se estableció que el 41 % de los intentos de suicidio se relacionaba
con conflictos amorosos.
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AMORÍO: se define como una
relación amorosa breve, por un capricho erótico pasajero. Se apli- caba a los amores con gente de condición inferior. Las variedades de amoríos son: el enamoramien- to errático e inconstante del ado- lescente, los breves amores de los donjuanes, las aventuras de las hembras gozadoras de sexo,
y los flirts intrascendentes de las coquetas. Términos relacionados:
aventura amorosa, capricho y affaire.
ANAFRODISIA: se trata de una
disfunción sexual en la que falta el deseo erótico. Se describe en
detalle como ausencia o pérdida
del deseo sexual. ♦ Deseo sexual inhibido. ♦ Escasa libido. ♦ Ano- rexia sexual.
ANANDRINA: palabra utilizada por
los escritores eróticos del siglo
XVIII que significa “antihombre”, y
designaba a las lesbianas que se negaban a cualquier contacto con el varón. Las anandrinas se distin-
guías de las “anfibias”, criaturas
bisexuales que amaban a las
mujeres, pero también mantenían
sexo con un amante o un marido.
ANCIANOS, SEXO EN : hay una
opinión generalizada de negar el erotismo en la vejez, y asignar a la gente madura el estigma de la
“vejez asexuada”. Los hijos mayo- res se desquitan de la represión sexual infantil negando a sus pa- dres el derecho a enamorarse y
hacer el amor. Muchas personas prefieren la muerte prematura a la vejez, porque en la ancianidad se pierden el trabajo, la cerca- nía de los hijos y hasta el sexo. Cuando se pregunta a la gente
qué valor tiene la sexualidad para
los viejos, responden: “algo que pertenece al pasado, prescindible, impropio, una cosa ridícula, una anormalidad, una perversión, se
da en abuelos decrépitos”. Según
el Informe Kinsey (1950), la inte- rrupción del sexo sucedía a los 60 años en la mujer, y a los 68 años en el hombre (lo que indicaba que las mujeres dejaban de copular l0 años antes que los varones). Las causas de la reducción de la actividad sexual en la madurez se atribuyen a: (l) Declinamiento bio- lógico de la competencia sexual.
(2) “Achaques” del cuerpo. (3)
Disminución del sex-appeal. (4) Viudez. (5) Temor a un desempe- ño insatisfactorio. (6) Monotonía y hastío del modo de hacer el amor.
(7) Pérdida del romanticismo. (8)
La represión social que prohíbe el sexo en la vejez. La sexualidad de
los viejos no significa solamente
el hecho de copular, sino que en muchos casos resulta la nece- sidad de mantener el afecto, la
intimidad, un interés por lo erótico,
o bien la necesidad de otorgar a la propia vida un sentido romántico (Basin, l975).
El sexo en las mujeres maduras: En la vejez femenil ocurre una declinación de la sexualidad con cambios anatómicos, fisiológi-
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cos, endocrinos y conductuales. (l) Modificaciones anatómicas y
fisiológicas: Se pierde la almoha- dilla grasa del monte de Venus. Los labios mayores se encogen, y los labios menores se hacen más finos. La vagina se torna más pequeña, con paredes más
finas y con menos lubricación en
el coito. Durante el momento de la excitación sexual se aminora la vasocongestión del clítoris, los labios, la vagina y las mamas. Mengua la sensibilidad de los nervios genitales que transportan el placer erótico, pero no hay una verdadera reducción de las sensaciones del clítoris y de las mamas. La reducción del tono de los músculos genitales disminuye la intensidad de las contracciones orgásmicas. La intensidad de to- das las fases del ciclo de Masters y Johnson se hace menor. La mayoría de los cambios anatómi- cos se atribuyen a la reducción de la secreción de estrógenos y al estrechamiento de las arterias de los órganos genitales. (2) Cambios endocrinos: En la me- nopausia se observa un aumento de las hormonas liberadoras de gonadotrofinas, gonadotrofinas, testosterona, y una reducción de los niveles sanguíneos de estró- genos. Cambios conductuales: En un estudio norteamericano, el 53 % de las mujeres casadas de 66 a 7l años eran sexualmente inac- tivas, y luego de los 78 años sólo eran activas el 29 %. En otro tra- bajo, a los 50 años el 27 % de las mujeres tenían sueños eróticos,
y a los 65 años sólo el l7 %. En una investigación sueca, apenas el l5 % de las mujeres de 75 años se mantenían copulando, otros estudios encontraron que ninguna mujer de 8l a 90 años admitió que hacía el amor. Los expertos esti- man que los dos factores respon- sables de la desexualización de la mujer añosa son: la disminución de los estrógenos y la carencia de partenaire. A continuación se citan comentarios de mujeres maduras sobre el sexo: “Tengo 66 años y mi apetito sexual no ha disminui- do, el gozo es tan grande como siempre, y me encanta no tener
menstruación”. “Tengo 73 años y
no echo nada de menos, porque la compañía de los hombres es
aburrida”. “Tengo 66 años, amo a una mujer y no necesito hombres”.
El sexo en varones maduros: Con la edad se observan: (l) Disminución del deseo, que se manifiesta como menos deseos y fantasías sexuales, más tiem- po de estar cómodo sin sexo, y menos frecuencia de deseos de sexo. (2) Disminución de la ex- citabilidad o arousal sexual, que se hace evidente por una menor frecuencia de erecciones vigiles,
dificultad para excitarse, y menos
rigidez en las erecciones de la masturbación, el coito y el sueño. (3) Disminución de la actividad
sexual, que se manifiesta por me- nos orgasmos por masturbación o coito por ocasión, y menos clímax durante el mes. (4) Aumento de las disfunciones sexuales, como impotencias y retardo de la eya-