1.5 Specific study objectives
5.2.7 Power centred participation
—Comandante— el jefe saludó a Max cuando ella entró en la antesala de la oficina del Comandante en jefe. Él se levantó detrás de su escritorio, su rostro implacable como siempre.
Ella devolvió el saludo. El reloj de la pared detrás de su escritorio marcaba un minuto para las 0800. Su escolta, un guardia no oficial, le había recogido cuando ella caminaba desde el hospital hacia su unidad. Él no había correspondido a su sonrisa cuando subió al Humvee.
—Venga conmigo— dijo el Jefe —Están en la sala de reuniones.
¿Están? Max le siguió, una semilla de esperanza amenazó con germinar. Tal vez esto solo fuese un interrogatorio rutinario. Después de cada misión, el equipo se reunía para reconstruir los acontecimientos… los tiempos, los papeles que representaron, los problemas, el resultado. Esto no solo ayudaba a proporcionar información útil sobre la planificación de la misión y la efectividad, sino que proporcionaba el beneficio adicional de permitir que los miembros del equipo expusieran sus experiencias. La incidencia del estrés después de la misión y la ansiedad decayeron cuando las sesiones informativas se convirtieron en algo rutinario. Si una misión requería una revisión post-evento, era ésta. El rostro de Carmody brilló apareció en su mente mientras caminaba por el pasillo iluminado. Su participación había cambiado todo. Nadie ofrecería voluntariamente ninguna información acerca del fallido intento de rescate de Rachel.
No. No se dirigía a una reunión. Probablemente estaría frente a un panel del Cuerpo Jurídico (JAG)… con suerte con un representante del cuerpo legal de su lado. Al menos, si ese fuese el caso, no tendría que ir contra un grupo de ellos uno a uno. Casi sonrió. Ella prefería ir contra una docena de rebeldes armados que contra cuatro abogados. Al menos en el campo, ella entendía la naturaleza de la batalla. En algún lugar detrás de todo esto estaba la política, algo que entendía lo suficiente como para saber que la odiaba. Se había topado con eso ahora y entonces en la medicina, pero había logrado mantenerse alejada negándose a avanzar a posiciones donde tenía que jugar el juego burocrático para lograr sus metas. Estaba mucho más cómoda yendo directamente contra cualquier tipo de adversario.
El jefe golpeó la puerta de la sala de reuniones, empujó y se quedó parado a un lado para que ella entrara. Ella conocía la distribución… una larga mesa en el centro de la sala, sillas plegables de metal alrededor de ella. Con suerte, café recién hecho en una cafetera grande instalada en una esquina. Entró, la puerta se cerró detrás e intentó registrar lo que estaba viendo. Nada tenía sentido. Toda lo que podía ver era a Rachel.
Dejó de respirar, una ráfaga de cañonazos llenó su cabeza, alejando cualquier pensamiento. Rachel estaba sentada en un extremo alejado de la mesa, con sus manos dobladas sobre ella, mirando hacia Max. Lucía... diferente. Hermosa de una manera totalmente diferente que Max nunca había visto anteriormente. Hermosa como el tipo de mujer que ella automáticamente hubiese descartado como alguien con quien no tenía nada en común. El cabello de Rachel brillaba en olas de rojo y marrón que caían alrededor de
sus hombros y rozaban su cuello. Sus ojos verdes eran claros, sin manchas ni sombras debajo. Su rostro estaba elegantemente compuesto, cada línea y ángulo acentuado a la perfección. La cicatriz que Max había cerrado debajo de su ojo estaba invisible… expertamente cubierta con maquillaje. Su boca brillaba por un ligero brillo… albaricoque o melocotón. Max casi podía saborear la dulzura. Su sonrisa era un movimiento sutil, apreciativo o secretamente seductor. Su blusa era de un verde más profundo que sus ojos, de seda o alguna otra tela lisa que se ajustaba lo suficiente como para mostrar el contorno de sus pechos. Sólo el brillo de la pasión detrás de la superficie fría de su mirada, insinuaba a la mujer que Max había descubierto en la selva. La que había estado sosteniendo a horcajadas sobre ella.
Rachel no le saludó y Max sintió que el suelo se hundía bajo sus botas. Otra zona caliente, nuevas reglas de enfrentamiento.
Max apartó su atención de ella y miró al hombre sentado al lado de Rachel. Casi de la edad de Rachel, llevaba una camisa blanca abierta en el cuello, las mangas arremangadas hasta la mitad del antebrazo. Su piel era curtida, los músculos firmes. Sus manos eran suaves y normales, sin cicatrices, moretones, no eran como las ásperas manos de un soldado. Su cabello negro ligeramente rizado alrededor de las orejas y en la parte posterior de su cuello, sorprendentemente le daba una suave apariencia en contraste con los rasgos adustos de su rostro. Parecía una estatua de Miguel Ángel cobrando vida y estaba sentado muy cerca de Rachel.
Menos de 20 segundos pasaron. Max se giró hacia Pettit y saludó —Señor.
Pettit estaba sentado en la cabecera de la mesa, parecía levemente molesto. Él saludó e hizo un gesto hacia la silla frente a Rachel y el otro civil —Tome asiento, Comandante.
Max sacó una silla y se sentó, su mirada regresó a Rachel. No podía mirar a ningún otro lugar. Esta mujer estaba contenida y controlada, como Max imaginaba Rachel había sido antes del asalto al campamento. Tal vez esta era la verdadera Rachel, no la mujer que había tomado su placer con abandono, salvaje y sin preocupaciones. Tal vez la mujer que tuvo entre sus brazos sólo había existido por la secuela del horror compartido y se había desvanecido en las sombras de una memoria olvidada.
La voz de Pettit cortó su ensoñación.
—Creo que ya conoce a la Srta. Winslow. El Sr. Benedict es de la revista Reuters. Max se centró en Benedict. Un periodista ¿Qué diablos?
Benedict se inclinó sobre la mesa y le tendió su mano —Comandante, encantado de conocerla.
—Sr. Benedict— Max no podía imaginar lo que estaba haciendo este hombre aquí. Periodistas y fotógrafos eran figuras familiares alrededor de la Base. Ellos estaban integrados en una gran cantidad de Unidades y ella había volado con algunos a bordo. Pero ¿qué estaba haciendo aquí y qué quería con ella?
— ¿Oh?
—Por salvar a mi futura cuñada... y a los demás, por supuesto.
—Tommy…— dijo Rachel suavemente, poniendo una mano en su brazo —… esto no es….
—Lo siento, Rachel, pero es la verdad— Benedict le miró, su expresión seria y encantadoramente intensa, antes de regresar a Max —Mi hermana Christie habría estado devastada si algo le hubiese sucedido a Rachel. Todos lo habríamos estado.
Pettit aclaró su garganta —Comandante, el Sr. Benedict está aquí para hacer una historia sobre el rescate de la Srta. Winslow y sus compañeros. Creo que usted entiende nuestra posición sobre estas cosas.
Max todavía estaba tratando de procesar lo que Benedict había dicho sobre Rachel… eso de ser su futura cuñada. Rachel y la hermana de Benedict, Christie ¿comprometidas?.. ¿Por qué se sorprendía? Una mujer como Rachel no estaría libre.
Una calma helada le inundó. Todo lo que había pasado allá en la selva, había terminado. Ahora tenía que concentrarse en lo que estaba frente a ella… no sabía por qué Rachel estaba aquí con este reportero, pero estaría de acuerdo si eso le mantenía fuera del espacio de Carmody. Esta era otra misión para ser superada. Al menos esta vez, nadie terminaría sangrando.
Ella miró a su Comandante —Sí, Señor. Entiendo.
Él no tenía que decirle que cualquier cosa que dijera a la prensa debía representar a las fuerzas armadas bajo un aspecto favorable. Cuando la prensa estaba cerca, nadie se quejaba del deber. Nadie criticaba la política. Nadie revelaba jamás la verdad de lo que veía, hacía o cómo se sentía con ello.
—Por supuesto, estamos muy contentos de cooperar con la prensa— Pettit se levantó —El público estadounidense necesita saber que la Marina está aquí para proteger a los ciudadanos de Somalia y a nuestros aliados civiles internacionales en todas partes de la región. Eso es lo que usted y sus compañeros de tropa vinieron a hacer aquí y eso es lo que hicieron. Su deber.
Cada palabra sonaba como si estuviesen siendo sacadas de sus intestinos con pinzas. Muchos militares, especialmente los dirigentes, miraban a la prensa como una agenda diferente y a menudo opuesta. La prensa estaba buscando noticias… y a veces las noticias no era en beneficio de los militares. Pero las buenas relaciones públicas eran tan importantes para la milicia como cualquier otro grupo compitiendo por dinero y no podían ser vistos como personal con falta de cooperación o listos para la confrontación.
Max entendió lo que se esperaba de ella —No soy la mejor para representar…. —Por supuesto que lo es— dijo Benedict —Usted estuvo en el campo con Rachel y los demás. Si no fuese por usted, como tengo entendido…— echó un vistazo hacia Rachel —…ninguno de ellos habría sobrevivido.
Max consideró a Rachel —La Srta. Winslow exagera. Sólo hacía lo que hubiese hecho cualquier otra tropa.
La sonrisa de él sugirió que realmente no le creía —Bueno, vamos a hablar de eso, así podremos decirle al mundo cuán importante es que todos ustedes estén aquí.
—Correcto— Max alejó su mirada de Rachel. Sólo otra misión. ***
Tommy apagó la grabadora —Gracias, Comandante. Yo…bueno. Como le dije antes. Es una historia extraordinaria y estoy seguro que al Sec….
—Tommy— interrumpió Rachel antes que Tommy revelara más detalles personales que no quería que Max se enterara de ésta manera —Estoy segura que la Comandante sabe cuánto apreciamos lo que ella y todo el equipo hicieron allá.
Max se levantó. Se veía demacrada y cansada, pero sus hombros estaban rectos y su voz era clara y fuerte, como lo había sido a través de la entrevista que pareció interminable —Por favor, asegúrese de incluir a los otros miembros del equipo cuando escriba su historia, Sr. Benedict. Porque nadie está aquí por su propia cuenta y ninguna misión es exitosa debido a una sola persona.
—Hablaremos de los demás— respondió Tommy.
—Bien— Max asintió hacia Rachel, su expresión tan remota como si fuesen unas extrañas —Adiós, Srta. Winslow. Espero que tenga un buen viaje de regreso a casa.
Rachel se levantó, pero no tuvo tiempo para protestar antes que Max se girara y saliera. Sólo tenía un minuto para tomar una decisión mientras empezaba a seguirla — Tommy, sigan sin mí. Encontraré el camino de regreso.
— ¿Estás segura?
—Sí. Adelante. Sé que quieres presentar tu historia. — ¿Adónde vas?
—Tengo un asunto pendiente— impacientemente Rachel enganchó su bolso al hombro y abrió la puerta. Si no se apresuraba, Max desaparecería.
Tommy agarró su brazo, con el ceño fruncido — ¿Qué pasa con el personal de seguridad? ¿No se supone que nos lleve de regreso al hotel?
—Maldita sea, sí— Rachel se giró hacia él —Tommy, necesito un favor. Dile a Kennedy… es la mujer….
Tommy sonrió con temeraria sonrisa —Lo noté.
—Dile que estaré aquí un tiempo más, pero que debes presentar tu historia enseguida. Pídeles que te lleven al área de vehículos o algún lado para que puedan llevarte de regreso al hotel.
—Ah… ¿dónde estarás?
—Regresaré aquí en una hora. Dile a Kennedy que éste tiempo estaré con el Comandante.
— ¿Por qué siento que estamos en Yale y estoy a punto de ser arrestado otra vez por irrumpir en la casa de la hermandad?
—Tú irrumpiste y yo te cubrí para que no te suspendieran. Te dije que mi compañera de cuarto no estaba interesada, pero no me escuchaste. Esa parte no es mi culpa.
Él se rascó la mandíbula —Ella no tenía por qué golpearme. —Sí, si tenía. Ahora ve a cubrirme a mí, tengo que salir de aquí.
Él besó su mejilla —Muy bien. Pero quiero hacer una nota de seguimiento en Mogadishu y tal vez una exposición más larga cuando regresemos a los Estados Unidos ¿Estás de acuerdo?
—Sí, está bien. Pero encárgate de esto primero. Es importante.
—Es una gran historia. Hablaré contigo pronto ¿Cenamos ésta noche?
—Sí, por supuesto, si puedo— sólo quería correr. Quería… necesitaba encontrar a Max.
Tommy recogió su maletín, su grabadora, sus notas y salió. Rachel se obligó a esperar cinco minutos antes de buscar una salida que le evitara la entrada principal, en caso de que Kennedy o Smith no aceptaran los motivos de Tommy y estuviesen afuera todavía. Salió por una puerta lateral y se apresuró hacia el camino adyacente a los edificios hasta que estuvo lo suficientemente lejos como para ser notada. Eso esperaba.
Las últimas dos horas habían sido un infierno. Supo que revivir ante Tommy sus experiencias del escape en la selva podía ser difícil, pero observar a Max detrás de un remoto escudo de indiferencia había sido más difícil. Max respondió las preguntas de Tommy, había sido educada y como Rachel había esperado, le restó importancia a su propio papel en los acontecimientos. Pero Max nunca le había mirado a los ojos después de esos primeros segundos cuando miró a Rachel con confusión, luego con enojo y finalmente con indiferencia. La distancia entre ellas había sido agonizante. Maldito Tommy.
Él no tenía la culpa por sus suposiciones acerca del estado de su relación, pero tendría que aclarar las cosas ante unas cuantas personas. Primero necesitaba encontrar a Max. Se detuvo en una intersección que no reconoció. Había estado caminando tan rápido que no prestó atención en donde estaba. Filas y filas de contenedores estaban en todas direcciones. El lugar era un laberinto. Dios, ¿estaba perdida? No podía perderse. No tenía tiempo para perderse. Tenía que encontrar a Max. Dejó escapar una risa, un sonido doloroso que resonó en su pecho y le lastimó. Se había perdido y necesitaba encontrar a Max ¿Por qué no se le ocurrió pensar que mientras había pasado tanto tiempo evitando las rutas donde los demás podrían verla, no sería capaz de ver a dónde quería ir ella?
Respiró profundamente, miró a su alrededor y se decidió por un edificio muy grande que ella recordaba cuando había estado de pie en las escaleras de la unidad de Max. Por favor que sea el mismo. Se dirigió en esa dirección, revisando las marcas en los contenedores mientras los pasaba. Finalmente encontró la serie de letras que reconoció y donde se encontraba el lugar de Max. Lucía como el primer día. Cerrado y enclaustrado.
Como Max había sido cuando se conocieron la primera vez. Como había sido ésta misma mañana.
Rachel humedeció sus labios, subió y llamó a la puerta. El silencio era tan opresivo que tuvo problemas para respirar. El sudor empañó sus sienes. Su corazón acelerado en su pecho. Acomodó nuevamente su cabello hacia atrás, con ambas manos y golpeó de nuevo, más fuerte —Max, por favor. Abre.
La puerta se abrió. Una mujer afroamericana con oscuros ojos recelosos y una sonrisa cautelosa se asomó. Su camiseta verde oscuro y los pantaloncillos estaban arrugados. Su rostro denotaba que tal vez se había levantado de la cama.
—Disculpe— dijo Rachel —Estoy buscando a Max.
La mujer inclinó su cabeza y entrecerró los ojos cubriéndose del sol, estudiando a Rachel como si fuese una presencia alienígena — ¿Cómo llegaste hasta aquí?
— ¿Qué? Caminé— Rachel hizo un gesto detrás de ella —Desde… por allá. —Entra y toma un poco de agua. Podrías asarte allá afuera.
La mujer sostuvo la puerta y Rachel entró. Una ráfaga de aire frío le recibió y ella suspiró —Gracias.
—Toma— la mujer abrió una botella de agua y se la entregó —Me llamo CC, por cierto.
—Soy Rachel. Lo siento si te desperté— Rachel se asomó a lo largo del contenedor, buscando a Max.
—La perdiste por unos quince minutos.
La garganta de Rachel se apretó — ¿Dónde está? —Probablemente a 30 mil pies.
— ¿Perdón?
—Las órdenes llegaron ésta mañana mientras ella estaba en una reunión. Debía volar a las 10.40. Le ayudé a empacar. Tardamos un minuto y ella tenía cinco para llegar al campo de aviación. Conociendo a Max, lo logró.
— ¿Volar a dónde?— dijo Rachel, un ominoso silencio se filtró en su interior. CC sonrió —A Estados Unidos.