5. Research contributions, implications and further research
5.4 Practical implications
Los aportes del conocimiento científico y su transferencia, sin duda llevaron a mejores condiciones de vida que las conocidas en tiempos pretéritos. Esto fue el resultado del trabajo eficiente y honesto de muchos científicos que, a pesar de limitaciones financieras y presiones políticas, lo hicieron en su mayoría con desinterés y con el afán de contribuir al conocimiento. No obstante, algunas de las debilidades actuales en el mundo científico, provienen de ausencias éticas en la actividad específica y en la comunicación de la ciencia, de donde proceden algunas consideraciones que competen tanto a los científicos como a los comunicadores y a los ciudadanos en general (69).
No es superfluo mencionar que, en sentido amplio, el ethos griego –como el mores latino– son significantes de hogar del ser humano, siempre en la construcción de identidad como persona en tanto ser político integrante de una sociedad, de un pueblo y de una nación. Una identidad en la humanización que es ética antes que religiosa. Y aunque suene paradójico, la actitud de tradición que impulsa a someterse a un mundo sin cuestionarlo es una tendencia de la actual “globocolonización”, mientras que la actitud de innovación es, por el contrario, preguntarse por el sentido de la vida y de los valores desde la opción de la libertad de un ser histórico (74).
Los mil años medievales de la historia de Occidente, con su paradigma religioso en la política y en la ética centrados en el terror al pecado y la esperanza de felicidad eterna en el más allá, fue puesto en jaque con el posterior modernismo donde el paradigma de la razón y sus derivados en la CyT supusieron soluciones a todo problema humano. Algunos filósofos de la época reconocieron el valor de la ética como sentido del deber y justicia, así como de la dignidad del ser humano en la igualdad de oportunidades. Luego, una nueva tensión trasladó la ética de la responsabilidad social (todos deben cuidar de todos) a los derechos individuales (cada uno
cuida de sí mismo). Y en años más recientes, la humanidad separó la ética de la política. La
ética se privatizó y la política se usó como herramienta para buscar y permanecer en el poder. En consecuencia, así como en los últimos 5 siglos se hicieron enormes avances científico- tecnológicos, aún mueren de hambre millones de personas en el planeta y más de la mitad viven en condiciones indignas. El capitalismo, sustituyó la ética de los principios por la ética de los
resultados, renovándose como neoliberalismo y neocolonialismo, cambiando libertad por
consumismo (74).
La falacia del fin de la historia (332, 333) y la trampa de que la democracia y el capitalismo son connaturales, fundamentaron el canibalismo competitivo como valor, desechando la solidaridad social. Por su parte, la falta de mecanismos genuinos y sinceros que propicien la crítica y autocrítica hace que muchas agrupaciones políticas, aún de corrientes progresistas, pierdan sentido. Como fue alertado recientemente por un lúcido economista, “…se camina rumbo a la barbarie…, y la concentración de la renta en manos de un número cada vez menor
de personas conducirá a la humanidad a un colapso” (680).
El “deber ser” de los científicos
Naturalmente, las consideraciones éticas generales son válidas tanto para las actividades científicas desarrolladas en el ámbito público como en el privado, quizás con exigencias de un plus adicional para el segundo grupo, que no será tratado acá por la complejidad de sus características particulares y de sus propósitos, dependientes en gran medida de las prioridades y del área de trabajo involucrada. Sin embargo, los siguientes aspectos –no exhaustivos–
deberían merecer especial atención en una discusión sobre el desarrollo presente y futuro de la CyT:
¿Qué se hace con las ciencias básicas?
La discusión sobre las ciencias básicas es especialmente relevante en el ámbito público desde que es el típico espacio que asegura el progreso a mediano y largo plazo, y es prácticamente el único en el mundo que ha asegurado el avance de la CyT como consecuencia del aporte de “capital de riesgo”. Una opinión general en creciente expansión sostiene que el desarrollo de las ciencias aplicadas y/o tecnologías deberían ajustarse a la medida del output de las ciencias básicas desarrolladas en el país o región, o que deberían estar especialmente justificadas si fueran a desarrollarse sobre la base del know-how adquirido al extranjero (244). Por otra parte, como fue dicho, el financiamiento de riesgo, esencial en la ciencia básica, difícilmente proviene del ámbito privado sino del sector público, como puede observarse históricamente en los complejos de CyT estatales o federales de la mayoría de los países del
mundo (20): National Institutes of Health (NIH, EE.UU.), National Science Foundation (NSF,
EE.UU.), Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS, Francia), Consiglio Nazionale delle Ricerche (CNR, Italia), Max-Planck-Gesellschaft (MPG, Alemania), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, España)), Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico (CNPq, Brasil), Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt, México), Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT, Chile), Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE, Uruguay).
Así, en la evaluación de las convocatorias para el apoyo financiero de la investigación científica básica, la consideración de los resultados obtenidos o esperables en el ámbito del conocimiento debería ser adecuadamente fundamentada –no una simple expresión de deseos–, a fin de orientar futuras investigaciones en su potencial transferencia hacia la sociedad. Esto es, la simple aplicación del principio ético que deriva del esfuerzo por comprender el mundo a fin de proporcionar las bases para crear las mejores condiciones de
vida para el ser humano y el planeta.
¿Por qué es esencial para un país invertir en Ciencia Básica? No es fácil una
respuesta concisa. Cuando los Estados (los funcionarios políticos) discuten la inversión de fondos públicos, gran parte de la decisión descansa en la garantía de los “plazos de retorno”, es decir en la recuperación del dinero invertido. En la tecnología o en la ingeniería, por ejemplo si se construye una autopista, se debe estimar en qué plazo y por qué medios (peajes, etc.) se recuperará la inversión. Y esto es adecuado –entre otros motivos– para garantizar la posibilidad
de re-inversiones. Pero…, cuando se habla de investigación científica básica, este planteo es
equivocado. En ciencias básicas, a diferencia de cualquier otro tipo de inversión, no tiene sentido plantear un retorno en un tiempo previsible, porque las aplicaciones del conocimiento básico son frecuentemente inesperadas y generalmente no tienen plazos pronosticables.
En otras palabras, mientras el objetivo de la ciencia es entender la naturaleza para poder
establecer leyes que permitan comprender y predecir los fenómenos, el objetivo de la tecnología
es modificar la naturaleza para satisfacer necesidades (244). Además, nunca será excesivo repetir
que la ciencia básica es el fundamento y combustible de cualquier tecnología, transferencia o aplicación razonable y coherente. Y nada mejor que algunos ejemplos para contribuir a la
En síntesis, en una dialéctica contra-fáctica y bajo la luz de la experiencia, sería lícito especular que si los funcionarios políticos responsables de la CyT de los países contemporáneos hubieran tenido que decidir la inversión de fondos públicos priorizando la idea de “recuperar la inversión”, seguramente ninguno de los descubrimientos mencionados en el Recuadro 4-10 se hubieran efectuado. Es obvio que esas decisiones no son fáciles de adoptar
porque los funcionarios políticos no suelen ser expertos en ciencias, ni están en condiciones per
se para decidir sobre lo importante o lo prioritario. Quizás la decisión tampoco deba recaer sólo
en los científicos (como algunos defienden), ya que estos pueden estar tan alejados de la realidad social como muchos actores políticos. Pero, probablemente, no sería superfluo pensar
en un “combo” difícil de lograr –aunque necesario–, entre las vertientes políticas, científicas y
sociales que estén genuinamente desprovistas de la competencia por los intereses solo empresariales.
Recuadro 4-10
Aplicaciones “inesperadas” de la Ciencia Básica
•El famoso matemático británico Godfrey H. Hardy (1877-1947)(406) fue el creador de la Teoría de Números, a la cual consideró como “totalmente inservible…, ligada a la pintura, a la poesía, pero sin alguna aplicación práctica”(405). Sin embargo, las actuales comunicaciones, la criptografía, los cajeros automáticos y las contraseñas de todo tipo, tienen sus bases en aquella Teoría.
•No hace falta mencionar que la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein (1879-1955)(261), es algo complicado para casi todos los mortales. Y extrapolando lo que dijo el mencionado G. H. Hardy, “es totalmente inservible”. Además, a quién se le ocurriría que, en el mundo de la geometría no-Euclidiana, las líneas paralelas se cortan en algún punto. Sin embargo, este concepto “absurdo” para la mayoría de los humanos es el soporte de los actuales navegadores o de la localización por GPS de cualquier teléfono celular, iPhones, etc. Fundamento que permite corregir los retrasos temporales de las señales satelitales al determinar una posición geográfica.
•Sobre las bases teóricas aportadas desde Albert Einstein en 1916 hasta Charles H. Townes en 1953 –entre muchos otros–, Theodore H. Maiman (1927-2007) construyó en 1960 el primer Láser (Light Amplification by
Stimulated Emission of Radiation)de rubí(506). En aquella época, el Láser se definía como “una solución a la espera de un problema”. [En efecto, si se permite la licencia de un comentario auto-referencial, el autor de este ensayo estudió las bases de Láser en 1964, como estudiante de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), cuando se lo describía como un avance totalmente teórico y sin la menor idea de aplicación]. Es obvio que los problemas emergieron y el Láser, que surgió de la ciencia básica profunda, hoy tiene aplicaciones difíciles de compendiar en un párrafo. Desde armas de destrucción masiva y otras aplicaciones militares que nunca se conocerán más que por sus efectos, hasta la electrónica de consumo diario en informática, comunicaciones, medicina o industria; grabación y registro de CD, DVD y Blu-ray; corte, guía y soldadura industrial; diversos tipos de microscopios, fibras ópticas, cirugía no invasiva, mediciones de precisión, relevamiento y reconstrucción de topografías, espectroscopías, interferometrías, impresoras, lectores de códigos, scanners, punteros, iluminación de espectáculos, tratamientos cosméticos y estéticos, y un larguísimo etcétera.
•El significado de un Acelerador de Partículas es escasamente conocido por el público, aunque hace poco tiempo fue incluido en lo fashion bajo el nombre de Máquina de Dios del CERN (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire) (143), gigantesca “pista de carreras” cabalgando entre las fronteras de Suiza y Francia. ¿Quién podría interesarse por los quarks, leptones, bosones, etc.? A decir verdad, no muchos, pero…, la tecnología de base de estos aparatos es la que también se usa en los equipos para estudiar la estructura de proteínas y el desarrollo de medicamentos, las propiedades físico-químicas de ciertos materiales y la observación de la estructura in situ de los seres vivos revelando detalles de morfología, propiedades químicas, magnéticas y electrónicas. Y estas aplicaciones llegan al gran público justificando la ciencia básica.
•Una familia de reptiles similares a salamandras, llamados “Gecos”, está integrada por casi 1000 especies distintas, son arborícolas, pesan unos 150 gr y se caracterizan por su capacidad para caminar sobre superficies lisas y resbaladizas en cualquier posición (horizontal, vertical, oblicuo, cabeza arriba o abajo, etc.)(527). El físico Andrei K. Geim (393), quién investigó los fundamentos de esa tremenda adhesividad en las almohadillas de sus extremidades, hubiera tenido problemas al proponer su estudio con los enfoques “pragmáticos” que solicitan los modernos administradores de CyT. En síntesis, los descubrimientos que siguieron a esos estudios de ciencia básica revolucionaron el desarrollo de los materiales adhesivos y, a su vez, permitió realizar las maniobras para despegar, una a una, las capas de ciertos minerales como el grafito, hasta lograr obtener láminas de ¡un átomo de espesor!!!
Este material increíblemente delgado, fuerte, flexible y transparente, permitió el nacimiento de la nanotecnología y de sus nuevos desarrollos que actualmente estudian y aplican los científicos en muchos países.
•La investigación de las bacterias de ciertas aguas termales que tienen enzimas (fermentos) muy estables y funcionan a alta temperatura, es un tema típico de la ciencia básica. Una de estas enzimas, la ADN-polimerasa, es hoy esencial en muchas tecnologías del ADN, para amplificar copias de trozos de ADN que servirán –entre muchas otras aplicaciones–, para adquirir conocimientos biológicos básicos, promocionar la salud y participar en producciones agrarias e industriales, tales como diagnóstico y asesoramiento genético, estudios forenses (filiaciones, paternidad, delitos, etc.), terapia génica, uso de proteínas recombinantes (producción de vacunas, antibióticos y otros factores biológicos), generación de animales o plantas transgénicos que fabrican moléculas de interés médico o que sean resistentes a enfermedades, etc.(292). Los biólogos que comenzaron a investigar las bacterias en aguas termales, ¡ni sospechaban la utilidad que tendrían sus estudios!!!
•Siempre con el motor de la “curiosidad por las cosas raras”, otro grupo de biólogos empezó a trabajar con una clase de medusas o “aguas vivas” que brillan en la profunda oscuridad oceánica con un color verde, y sus trabajos permitieron descubrir la proteína GFP (Green Fluorescent Protein)(381). Cuando esta proteína se pega a otra molécula mediante tecnologías de ingeniería genética, esta molécula brilla también con color verde. Esta marca permitió en los últimos años profundizar en el conocimiento de las estructuras y funciones de diversos tipos y estructuras celulares y moleculares; junto con esto, se amplió el conocimiento de los cambios normales y patológicos que estudia la bio-medicina para el diagnóstico y terapéutica de muchas enfermedades. Y todo arrancó por la curiosidad de saber por qué brillan algunos animalitos acuáticos.
•Hace muchos años, en 1869, el médico-biólogo suizo Johan F. Miescher (1844-1895)(574) aisló por primera vez el ADN, componente que forma los genes, sin saber de qué se trataba y describiéndolo como una “sustancia pegajosa probablemente asociada al núcleo celular”, pero sin relacionarlo con la información hereditaria, cuyo conocimiento en aquella época no superaba la “etapa mítica”. Aunque en ese mismo tiempo, Gregor Mendel (1822- 1884)(565) publicaba su trabajo fundamental sobre las leyes de la herencia, este no fue valorado, se olvidó y fue redescubierto después de muchos años; es muy probable que ambos sabios no hayan tenido noticias uno del otro. Luego de más de 80 años, recién en 1953, Francis Crick (1916-2004)(190) y James Watson (1928- )(891), propusieron el modelo estructural del ADN sobre la base de sus trabajos y también los de Maurice H. F. Wilkins (1916-2004)(898) y de Rosalind E. Franklin (1920-1958)(324) (véase El género y otras “minorías” también en la academia, en el Capítulo 5). El descubrimiento de la estructura del ADN, llevó rápidamente a descifrar cómo funcionaba esta importante molécula y cómo se asociaba con otras para producir los mecanismos de la herencia, la genética y la síntesis de proteínas en una verdadera revolución científica que llega hasta la actualidad. La información fundamental de esta revolución también pertenece al dominio de la investigación científica básica.
•Un último ejemplo que toca de cerca a los Argentinos corresponde a César Milstein (1927-2002)(582), quien como muchos de su generación y algunos de las que siguieron, nunca pareció preocuparse a priori por la “aplicabilidad” de los resultados de sus trabajos de investigación, concentrados en la inmunología básica. Luego de descubrir los revolucionarios anticuerpos monoclonales –galardonado con el Premio Nobel en 1984, junto con
Georges J. F. Köhler (1946-1995)(475) y Niels K. Jerne (1911-1994)(461)–, es evidente que “tampoco” pensó en la transferencia y explotación de su descubrimiento, ya que éste no fue patentado en primera instancia, lo que según la tradición oral, le ganó el fundado enojo del laboratorio británico donde trabajaba. Posteriormente, varios Estados y empresas particulares avanzaron en los trámites de patentes y se crearon muchas empresas. Los resultados de este descubrimiento básico fueron evidentes en el ascenso exponencial que se observó, y aún se observa, en las aplicaciones de esta valiosa herramienta molecular, que aún no ha llegado a completar todos los andariveles de sus posibles usos.
Sin embargo, cuando los seres humanos deben tomar decisiones difíciles para
satisfacer diferentes propósitos, suelen optar por las opiniones extremas (porque es más fácil) y no por consensuar puntos intermedios (que es más difícil). Y así, es muy frecuente presenciar
a los partidarios de la ciencia básica (o pura) defendiendo encarnizadamente la suprema
“libertad académica”, mientras los seguidores de la ciencia al servicio del pueblo sólo validan
la ciencia basada en necesidades sociales, y los paladines de la ciencia aplicada apoyan con
exclusividad las investigaciones tecnológicas orientadas a la transferencia inmediata de productos vendibles. Y, con seguridad, ninguno de los vértices de este difícil triángulo podrá resolver adecuadamente la cuestión por sí mismo.
Aunque en los países centrales el poder económico-financiero-militar les permite desarrollar las ciencias que respondan mejor a aquellas tres posiciones difíciles de
conciliar, los países periféricos no pueden hacerlo con la misma fluidez. Es necesario entonces,
les guste o no a sus circunstanciales administradores, consensuar un orden de prioridades, contemplando investigaciones científicas orientadas a producir tanto conocimiento básico como aplicar esos conocimientos al desarrollo de productos que requiera la sociedad. Tan sencillo como podría parecer este enunciado es la enorme dificultad de llevarlo a la práctica, porque ello requiere establecer rangos e importancias relativas. Y esto es una decisión político-ideológica difícil, porque ni los políticos, ni los científicos, ni la entelequia social en sentido amplio, saben hacerlo por sí solos –como muchas veces se pretende–, y no suelen disponerse a la franca discusión y consenso entre todos ellos.
La ciencia básica prospera por el genuino deseo de los científicos de explorar nuevos territorios y descubrir lo desconocido, explicarlo y tal vez encontrarle aplicación. Por su parte, la actual política científica a nivel global tiende fuertemente a medir el valor de las investigaciones científicas por el hecho de su utilidad inmediata o si permite derivar productos
vendibles en el futuro próximo. Suele no considerarse seriamente que la ciencia básica puede
conducir a nuevas tecnologías y productos en un plazo razonable y que, al igual que las Universidades con sus discípulos, los productos pueden probar (o no) su relevancia luego de varias décadas. Tal como lo ha mostrado la experiencia y trayectoria de notables instituciones científicas del planeta, la selección de individuos sobresalientes por su creatividad, inteligencia, curiosidad y perseverancia, y no por la fría aplicación de dudosas reglas bibliométricas; junto con la garantía de su libertad intelectual, una generosa y perseverante financiación por los organismos Estatales y la continuidad de políticas públicas consensuadas, constituyen las
mejores (¿únicas?) garantías de éxito, no sólo de la ciencia básica, sino de la Ciencia (792).
Una estrategia válida quizás no debería apuntar sólo hacia el futuro para que un
proyecto científico rinda beneficios en poco tiempo, sino también hacia al pasado para analizar lo que la ciencia obtuvo en los últimos 20-30 años y de qué manera influyó, o pudo haber influido, en la sociedad. Pero para que eso ocurra, también es necesario hacer una excelente, racional y realista divulgación científica, no sólo hacia la sociedad en general, sino hacia los funcionarios y políticos en particular, y también (no sería redundante) hacia los propios
científicos. Una divulgación científica coherente, que debe ser mucho más que un mass media
show, a fin de que la sociedad adquiera elementos para poder mantener un diálogo con
científicos y funcionarios políticos, ejerciendo su derecho como contralor (véanse Los mass
media show, La divulgación ¿dió los resultados esperados? y Post-verdad en la ciencia, en el