El análisis de ciertos términos ayuda a comprender mejor la realidad; en este caso en particular, las palabras sobre las que trabajamos (empleo, de-
sempleo y empleabilidad) tienen un profundo significado, pero a diario, en di-
ferentes medios, se mencionan con desconocimiento técnico. Según la Real Academia Española, estos términos significan: Empleo:
1. Acción y efecto de emplear. Emplear deriva del francés employer, y es- te, del latín implicare, ocupar: ocupar a uno, encargándole un nego- cio, comisión o puesto.
2. Destino, ocupación, oficio.
3. (militar) Jerarquía o categoría personal. Desempleo:
Carencia de trabajo por causa ajena a la voluntad del trabajador. Empleabilidad:
No figura en los distintos diccionarios consultados, incluso en sus equi- valentes en inglés y francés. Aunque sí debemos reconocer que el tér- mino se usa profusamente en diversos ámbitos, entre ellos el científico, avalando su existencia y significado. De todos modos, no deja de ser cu- rioso que una palabra de semejante importancia no haya sido incorpo- rada aún a los diccionarios.
¿Por qué habitualmente se mencionan estas palabras con tanta desa- prensión? Por un sinnúmero de razones: ignorancia, en la mayoría de los ca- sos, y mala fe, en otros.
En muchas ocasiones, las personas opinan sin conocer los fundamentos técnicos sobre un tema, sino sólo sobre la base de sus propias sensaciones. A continuación presentaré una situación típica, que me sucede con frecuen- cia y recreo aquí con un diálogo supuesto.
Me llama una persona conocida. No me lo dice directamente, pero yo sé o infiero que está sin trabajo o con problemas de ese tipo. Luego del sa- ludo pregunta:
–¿Cómo está el mercado laboral? Supongo que mal como todo... Está todo parado...
Yo le traduzco al lector: esta persona no está interesada en el mercado laboral, sólo quiere saber sobre sus propias posibilidades. Pero pregunta, ha- bla y opina sobre el mercado laboral en general.
–Bueno, en realidad, nosotros en la oficina tenemos mucho trabajo… –Ah, claro, recibirán muchos currículum.
–Sí, es cierto, recibimos muchos currículum, pero tenemos muchos pedidos de nuestros clientes. Cuando digo que tenemos mucho trabajo es porque tenemos muchas búsquedas, como lo puedes ver en nuestro sitio, en la sección respectiva…
–¡Pero no puede ser! A mí me dijeron que está todo parado... –Bueno, no sé qué le habrán dicho...
– ¿Y cómo está el mercado de...?
…Y aquí menciona el tipo de mercado en el cual supone que él (o ella) podría participar. E introduce su propia problemática individual. A lo cual hay que responderle tratando de relacionar la situación macro con la de su área de actividad en general y, luego, con la suya personal.
–Cuando hablo del mercado lo hago en un nivel macro, dentro del segmento en que
nos movemos en la consultora; después hay que tener en cuenta los casos individuales... ❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋❋
La sensación que queda, después del diálogo, es que la persona no cree que en la consultora tengamos muchas búsquedas, sólo porque él (o ella) no tiene muchos ofrecimientos. Deseo aclararles que esto se reitera con su- ma frecuencia, más de una vez por semana, y aun con personas que cono- cen la consultora, con más de veinticinco años de experiencia.
Es factible escuchar comentarios tales como que las consultoras publi- can anuncios en los diarios para “armar sus bases de datos”. Quien sostiene algo así, no sólo no conoce el negocio sino que desconoce, además, el cos- to de los anuncios.
La imaginería popular en esta temática es extensa y nutrida.
¿Qué indica un diálogo como el narrado más arriba? Muchas personas, la mayoría de ellas, no pueden pensar en la problemática del empleo/
desempleo a nivel macroeconómico sin incluir su propia problemática. Si la Bolsa sube y yo invertí mal, debo reconocer que la Bolsa, en general, subió, no así el título en el cual decidí invertir; pero no manifestar que todas las ac- ciones han bajado, si eso no es cierto.
No es muy feliz el paralelo con la Bolsa, porque en la problemática del empleo y el desempleo están en juego personas. No obstante, lo utilizo sólo para enfatizar el comentario.
No pretendo transmitir con este comentario insensibilidad ante las di- ficultades laborales de las personas. Cuando a alguien le toca vivir una situa- ción de desempleo que no puede solucionar, se torna un tema de absoluta gravedad para él, para su familia, para sus amigos. El enfoque de ese tema debe dejar de lado la situación de una persona en particular, aunque se tra- te de un ser querido o de la persona misma.
Como especialistas en Recursos Humanos, debemos entender técnica- mente estos temas y, a partir de allí, realizar las interpretaciones que que- ramos, aun las políticas. Cada uno puede pensar y sentir de una manera diferente respecto de estos temas; lo importante es entenderlos desapasio- nadamente.
Empleo, desempleo y empleabilidad conforman un conjunto de palabras que
se relacionan entre sí y que se analizarán a la luz de diferentes autores.
¿Cuándo una persona tiene empleo?
La respuesta a esta pregunta (¿cuándo se tiene un empleo?) parece muy simple, pero muchas personas no lo entienden así. Una persona tiene empleo cuando su tarea en una organización contribuye, de algún modo y eficientemente, al objetivo de esa organización; en caso contrario, se está disfrazando, con un empleo, un seguro de desempleo. Y esto lo han hecho por décadas los gobernantes de este país y de otros.
Es así en todos los casos: en empresas privadas, con fines de lucro o sin ellos; en gobiernos, organizaciones o instituciones de cualquier clase. Por lo tanto, no tiene empleo la persona que no es útil a la organización, que no participa con su tarea en el logro de los objetivos de esta. Es preciso desta- car que las tareas que contribuyen al cumplimiento de los objetivos son to- das las que resultan necesarias, y abarcan desde las de máxima responsabili- dad hasta las denominadas menores, como entregar un sobre o atender un teléfono.
En la Argentina se ha acuñado un término para denominar los casos en que una persona cobra un salario sin hacer un aporte de utilidad a la organi- zación que se lo paga: se trata de la palabra ñoquis11. En general, con este tér-
mino se hace referencia a personas que ocupan puestos en instituciones que tienen alguna vinculación con los gobiernos, pero estos individuos pueden encontrarse en otros tipos de organizaciones: en empresas privadas, por ejem- plo, donde obtienen “un puestito”12para el cual no están calificados, por me-
dio de la ayuda de un familiar influyente.