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Un nuevo ataque se emplea contra la Unión de los Soviets. Primero fue la invasión armada de los ejércitos imperialistas. Más tarde la protección a las bandas de «blancos» mercenarios. Hoy se aspira a terminar con la primera república de obreros y campesinos, mediante una guerra inter- nacional provocada por los imperialistas. La era de las provocaciones se desarrolla. En distintos países suceden acontecimientos que obedecen a una sola consigna: la de los imperialistas, principalmente la Inglaterra del asustado Chamberlain.

Los atentados a la representación diplomática en Pekín, el mismo procedimiento utilizado ante la representación comercial en Londres; el recrudecimiento de la campaña de calumnias por la prensa; los planes terroríficos internacionales que preparan las policías de Scotland Yard y los sicarios de Chang Tsolin para «descubrir» supuestos complots; el asesi-

nato de Voikoff; los atentados terroristas de Minsk, Moscú y Leningrado por los monarquistas, que solamente ante el apoyo extranjero se atre- ven a repetir sus antiguas fechorías; todo esto indica un deseo marcado de provocar a la guerra a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Ninguna nación imperialista hubiera soportado tanto.

¿Por qué esa guerra? —dirán los tontos a los hipócritas. ¿Acaso no fue realmente la del 14 «la última guerra» por la paz del mundo? La guerra será; la guerra la provoca Inglaterra; la guerra es la única salida

del moribundo imperio británico. La reacción conservadora inglesa lo comprende muy bien. El despertar del proletariado inglés, a partir de la última huelga general; la radicalización del Partido Laborista frente al caso de China y a la traición de los líderes de la derecha; la nueva orien- tación dada al imperio después de la última conferencia colonial; la pér- dida de los mercados de la América entera —inclusive el Canadá— ante el avance del joven y fuerte imperialismo yanqui; la Revolución China, y lo que es más importante, la repercusión de este movimiento en la India, hacen que la burguesía imperialista de Londres se juegue a una sola carta —procedimiento común a los desesperados— todo su porve- nir como clase dominante y explotadora. El último acontecimiento —la Revolución China y su trascendencia en el Asia— es lo que más preocu- pa al Gobierno de los Torys. A partir del Congreso de Bruselas, la coope-

ración del Oriente se ha hecho efectiva por los pactos firmados y por la acción conjunta del Kuo Ming Tang y el poderoso Congreso Nacional de la India, en representación de la mitad de la población del globo (China, 400 millones de hombres, e India, 300). La consolidación de un Gobierno Nacionalista en Pekín, será la señal para la insurrección en la India. Pero estas no son todas las razones que mantienen a Chamberlain en un continuo histerismo, que se traduce por sus declaraciones contra el proletariado. Chamberlain ve la «mano de Moscú» hasta en el polvo que empaña su monóculo cursi. Unas cuantas cifras aclararán, más aún, los ataques a la URSS, y la necesidad de una guerra para Inglaterra.

En 1927, la producción industrial en Rusia ascenderá a un ciento seis por ciento sobre el nivel de antes de la guerra. La industria se ha desarro- llado sobre la agricultura con la siguiente velocidad (Discurso de Rikov):

En 1924-25 7,6 32,8

En 1925-26 18,6 37,7

Que la industria se desarrolla con mayor intensidad que la agricultura, ¿qué significa? Significa algo muy importante para México y los países coloniales: que el país deja de ser un simple productor de materias pri- mas para que otros países las elaboren. El Soviet no solo ha reconstruido ya su economía, sino que la ha reconstruido sobre una base de indepen- dencia tal, que constituye una defensa admirable ante el ataque de los imperialistas extranjeros, sin los cuales podrá vivir pacíficamente. Pero el aumento de la producción industrial con la velocidad expuesta, indica algo más. Un buen tanto por ciento del aumento industrial, corresponde a la producción de medios de producción.

En otras palabras, los medios de construcción económica del socia- lismo indican que no solamente son superiores a los capitalistas, sino que también son una futura amenaza, en el terreno puramente comercial e industrial, para la economía capitalista mundial.

La URSS como factor político revolucionario, no es discutida por nadie. Estamos de acuerdo en que la Internacional Comunista es una amenaza a la paz y a la civilización... capitalista. Ella será sin duda alguna, la creadora de las repúblicas socialistas en todas las naciones del orbe.

Ahora bien, la guerra vendrá. Pero no es a Inglaterra sola mente a quien ha de agradarle. Es posible que un trust mundial de naciones

capitalistas y fronterizas, dirigidas por Inglaterra fuese más fuerte que el Estado Proletario. Pero la próxima guerra imperialista será aún más internacional que la anterior, y, lo que más preocupa a las naciones capi talistas, el espíritu antimilitarista de los proletarios de todas las naciones, inclusive del proletariado inglés, y la constante fermentación revolucionaria de las colonias, las cuales to marán las armas, como el proletariado, pero no para defen der a sus amos, sino para hacer, unos, la emancipación de su clase y las otras, las de sus nacionalidades oprimidas. Por eso no se ha desencadenado

la guerra. Hoy la guerra es más difícil que en 1914, y a los antagonismos de los im perialistas, hay que añadir la rebeldía del proletariado mun dial apoyado por la única nación proletaria. Sin embargo, la guerra no será el triunfo del oriente bárbaro, como grita la prensa capitalista y reaccionaria. Una vez expuesta la forma de lucha; todos comprenderán que la lucha de la URSS contra el gobierno inglés será la lucha del proletariado con tra el capitalismo, de los explotados contra los explotadores de los pueblos oprimidos —como la China nacionalista, se gura aliada de la URSS— contra los gobiernos imperialistas y opresores. Tal es la realidad. El proletariado de México y de la América Latina tiene su bando. Los gritos de la prensa diaria y de las agencias cablegráficas imperialistas, no lo van a engañar. El proletariado de toda la América no puede estar con los explotadores, con el gobierno inglés, sino contra los masacradores de Nankin, y del pueblo chino, contra los opresores sangrientos de la India, contra los que detentan una buena parte de las riquezas de la nación mexicana, contra los aliados del imperialismo yanqui en la explotación de estas tierras; contra el imperialismo inglés.

La lucha de la URSS contra el Gobierno inglés será, final mente, la lucha del socialismo contra el capitalismo, de las naciones oprimidas contra las imperialistas, y México, el pro letariado de este país, sabrá es- tar aliado del socialismo y de la lucha por la liberación nacional, ideales caros al pueblo de México que ha venido luchando por ellos desde hace mu chos años.

El machete, no. 67, primera plana, cols. 2 y 3; y p. 2, cols. 2,3, 4 y 5. México, D.F., tercera semana de junio de 1927. Firmado con el seudónimo de Cuauhtémoc Zapata.

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