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De Muhammad el Mensajero de Allah a Hauda bin‘Ali.

La paz sea con aquel que sigue la verdadera guía. Sabed que mi religión predominará en todas partes. Acepta el Islam y así mantendrás todo lo que esté bajo tu control.

El emisario elegido para alcanzarle la carta fue Sualit bin 'Amr Al 'Amiri quien luego de entregarle la carta, retornó con la siguiente respuesta para el Profeta :

"La fe a la cual me invitas es muy beneficiosa. Soy un famoso orador y poeta, los árabes me respetan y me debo a ellos. Si me incluyes en tu gobierno, te seguiré."

Luego le recompensó a Sulait y le regaló vestimentas, que Suhailt puso a disposición del Profeta .

El Profeta no aceptó las condiciones de Haudha. Diciendo que todo el asunto estaba en las Manos de Allah, Quien le otorga Su tierra a quien Él quiere. Más tarde Gabriel le informó al Profeta que Haudha había muerto. El Profeta comentando estas noticias, dijo: "De Iamâma surgirá un impostor que se adjudicará a sí mismo la Profecía pero será asesinado." Cuando le preguntaron al Profeta sobre quien sería el que lo mate, contestó:"Será uno de vosotros, de los seguidores del Islam". [1]

7. La carta enviada a Hâriz bin Abi Shamir Al Gassâni, Rey de Damasco: En el Nombre de Allah, El más Misericordioso, el más Compasivo

De Muhammad el Mensajero de Allah a Hâriz bin Abi Shamir.

La paz sea con aquel que sigue la verdadera guía, cree en ella. Te invito a que creas únicamente en Allah, sin socio alguno, si así lo haces conservarás tu reinado.

Yusha bin Uahab tuvo el honor de entregarle la carta a Hâriz, quien la leyó en su audiencia y se enfureció y dijo: "Quien se atreva a disputarme mi país, lo combatiré (al Profeta )", y con arrogancia se negó a incorporarse a las filas del Islam.[2]

8. La carta enviada al Rey de Oman, Shaifer, y a su hermano ‘Abd Al Shalandi: En el Nombre de Allah, El más Misericordioso, el más Compasivo

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La paz sea con aquel que sigue la verdadera guía. Os invito a ambos a que abracéis el Islam. Allah me ha enviado como Profeta para todas Sus criaturas a fin de infundirles el temor de Allah en los corazones de los desobedientes. Y para que los que niegan a Allah no tengan excusa. Si ambos aceptáis el Islam, quedaréis a cargo de los asuntos de vuestro país; pero si rechazáis mi invitación, recordad que todo lo que poseéis es perecedero. Mis jinetes se apoderarán de vuestras tierras y mi Profecía prevalecerá sobre vuestro reino.” 'Amr bin Al 'As, quien se encargó de llevarle la carta, narró la siguiente historia que ocurrió antes de que fuera admitido en la corte de Shaifer.

"Cuando llegué a Oman me entrevisté con ‘Abd quien era más moderado en temperamento que su hermano: ‘Amr: Soy el emisario del Profeta de Allah, vine para verte a ti y a tu hermano.

‘Abd: Tienes que ver a mi hermano y leerle la carta que traes. Le debo respeto debido a que me aventaja en edad y en poder. ¿Cuál es el motivo de tu misión?

‘Amr: El Profeta os invita a que adoréis únicamente a Allah sin asociarle ninguna divinidad, y que reconozcáis a Muhammad como Siervo y Mensajero de Allah.

‘Abd: ¡Oh ‘Amr! Provienes de una noble familia, pero dime: ¿cuál fue la actitud de tu padre respecto a esta fe? Tú sabes que acostumbramos seguir sus pasos.

‘Amr: La muerte le sobrevino antes de creer en la misión de Muhammad, hubiese deseado que entre en el Islam y le sea fiel a sus mandatos antes que muera. Yo adopté la misma actitud hasta que Allah me guió hacia el Islam.

‘Abd: ¿Cuándo abrazaste el Islam?

‘Amr: Cuando estaba en la corte de Negus, quien también entró en las filas del Islam. ‘Abd: ¿Cuál fue la actitud de su gente?

‘Amr: Aprobaron lo que hizo y lo siguieron. ‘Abd: ¿Y los obispos?

‘Amr: Hicieron lo mismo.

‘Abd: Ten cuidado y no me mientas.

‘Amr: Nunca miento, y mi religión me lo prohíbe.

‘Abd: ¿Heraclio se ha enterado de la islamización de Negus? ‘Amr: Si, por supuesto.

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‘Amr: Negus solía pagarle un impuesto a Heraclio, pero cuando abrazó el Islam juró que no le seguiría pagando. Cuando estas noticias llegaron a Heraclio, sus asesores le dijeron que tome medidas contra Negus, pero se negó debido a que dijo que él haría lo mismo sino fuera por temor a perder su reinado.

‘Abd: ¿Qué es lo que vuestro Profeta les exhortó a hacer?

‘Amr: Nos ordenó que obedezcamos a Allah, el más Poderoso, el más Glorioso, que hagamos el bien y que mantengamos unidos los vínculos de parentesco.

Nos prohibió la desobediencia a Allah, la agresión, el adulterio, el consumo de embriagantes, la idolatría y adorar la cruz.

‘Abd: Que buenas palabras y que buena creencia es la que propagas. Espero que mi hermano me siga en la aceptación de Muhammad como Profeta y acepte su religión, pero mi hermano está muy apegado a su reino y no querrá ser un subordinado.

‘Amr: Si tu hermano se somete al Islam el Profeta le permitirá mantener la autoridad sobre su gente y recogerá la contribución social (el Zakat) de los ricos para distribuirlo entre los pobres.

‘Abd: Esta es una conducta muy buena. ¿Pero de que se trata este Zakat?

‘Amr: Es una orden divina que implica tomar de los bienes excedentes de los pudientes para distribuirlos entre los pobres y necesitados.

‘Abd: Dudo que esto funcione con nuestra gente.

‘Amr se quedó unos días hasta que fue admitido en la corte de Shaifer. Luego le entregó la carta y este le preguntó cual había sido la respuesta de Quraish al respecto. Le contestó que algunos se islamizaron por propia voluntad. Ahora la gente estaba eligiendo el Islam y dejando de lado otros credos, reconociendo que antes se encontraban en las tinieblas.

Ninguno excepto tú estás ahora fuera del dominio del Islam, entonces te invito a que abraces el Islam para que estés a salvo junto a tu gente.

Me dijo que lo visite al día siguiente. Hice lo que me pidió pero se excuso para no recibirme, pero su hermano, ‘Abd, intervino para que me vea, mas esta vez lo hizo utilizando un tono arrogante. Sin embargo después de una conversación en privado ambos hermanos reconsideraron la situación y entraron en el Islam probando ser sinceros.

El contexto de esta carta demuestra que fue enviada mucho después que las anteriores, lo más probable que haya sido después de la conquista de La Meca.

A través de estas cartas el Profeta comunicaba su Mensaje a la mayoría de los monarcas de aquel entonces, algunos creyeron y otros no lo hicieron. Sin embargo la idea de abrazar el Islam y el advenimiento de un nuevo Profeta preocupaba a todos ellos.

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Las hostilidades después de Al Hudaibíah

La incursión a Dhu Qarad

Esta fue más una escaramuza que una batalla, contra una sección de Bani Fazarah. El lugar donde transcurrió el hecho fue Dhu Qarad, una reserva de agua ubicada a un día de viaje desde Medina. Acorde a la mayoría de los estudiosos, este incidente ocurrió tres días previos a la batalla de Jaibar.

Narró Salamah bin Al Akua', el héroe de esta jornada, que el Mensajero de Allah envió a Rabâh, con sus camellos para que pastoreen cerca de ese lugar. Dijo Salamah bin Al Akua': "Tomé el caballo de Talha y fui a ese lugar con el mismo propósito. Cuando oscureció, ‘Abdur Rahmân Al Fazari incursionó en el lugar, robó los camellos y mató a la persona que los cuidaba. Le dije a Rabâh que con el caballo de Talhah vaya a informarle al Mensajero de Allah que los politeístas se escaparon con sus camellos. Luego me paré sobre una roca de la montaña y dirigiéndome hacia Medina grité tres veces: Acudan a nuestra ayuda. Después perseguí a los asaltantes, arrojándoles flechas y repitiendo los versos:

Soy el hijo de Al Akua' Hoy es el día que seréis vencidos

Por Allah, continué arrojándoles flechas y lesionando sus animales. Cuando un jinete se volvía hacia mi, me ocultaba en un árbol y le lanzaba un flechazo hiriéndole su caballo.

Al final entraron en una estrecha barranca en las montañas. Ascendí la montaña y les arrojé piedras desde arriba. Continué así hasta que recuperé todos los camellos. Luego se escaparon en todas las direcciones y los seguí mientras les lanzaba flechas, hasta que, para alivianar su carga, tiraron más de treinta mantas y treinta lanzas. Sobre todo lo que tiraron puse una marca con una piedra para que el Mensajero de Allah y sus compañeros puedan reconocer como botín. Siguieron hasta llegar a un valle estrecho donde se sentaron para comer algo. Yo me ubiqué en lo alto de una roca. Cuatro de ellos subieron hacia mí posición. Cuando estaban suficientemente cerca como para escucharme, les grité: "¿Me reconocen?". Contestaron: "No, ¿Quién eres?". Les dije: "Soy Salamah bin Al Akua', y puedo matar a cualquiera de vosotros que quiera, pero vosotros no me podéis matar."

Entonces, retornaron. No me moví de donde estaba hasta que divisé los jinetes del Mensajero de Allah , quienes venían atravesando los árboles. El más adelantado era Ajram, detrás de él estaba Abu Qatâdah Al Ansari seguido de Al Miqdad bin Al Asuad. Ajram y ‘Abdur Rahmân Al Fazari se enfrentaron. Ajram lesionó el caballo de ‘Abdur Rahmân, pero este último mató con su lanza a Ajram. ‘Abdur Rahmân Al Fazari se apoderó del caballo de Ajram. Abu Qatâdah viendo esto se enfrentó con toda ferocidad con ‘Abdur Rahmân matándolo con su lanza. Los incrédulos escaparon y los perseguí hasta que llegaron a un valle con un manantial de agua, antes del anochecer, llamado Dhu Qarad. Pararon ahí para beber agua pero yo se los impedí. Más tarde el Profeta junto a sus compañeros me alcanzaron. Le dije: "Oh Mensajero de Allah permíteme seleccionar de nuestra gente a cien hombres para que los siga y los extermine". El Profeta me respondió: "Ibn Al Akua', haz hecho suficiente y en este momento debes mostrar magnanimidad. Ellos ahora han llegado hasta la tribu de Gatafán donde han sido recibidos." Luego prosiguió diciendo:"Hoy nuestro mejor jinete ha sido Abu Qatâdah y nuestro mejor infante Salamah". Me permitió tomar dos porciones del botín. Una correspondiente a un jinete y

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la otra por infante. Combinándolas ambas para mí. Cuando regresamos a Medina me hizo montar detrás de él en su camella llamada Al Adba.

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