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4. Data Reduction 1 Data Reduction

5.5 Predictors of Child Psychological functioning in the full sample

ejército de uniformados sin rostros y sin caras, cubiertos de máscaras de gas y con la bayo­ neta calada y aviones que les sobrevuelan; en la parte superior del lado derecho del mural se sitúa el ejército rojo, los hombres con gorro, las mujeres con una pañoleta roja en la cabeza, cantando, con sus rostros enfrentándose al otro lado. En el centro aumentada por las lupas se puede percibir la máquina de la plutocracia y de la tecnociencia, que queda suspendida sobre una naturaleza exuberante que ocupa el lugar inferior. En el lado capitalista se encuentra Rockefeller Jr. semiescondido tras la gran lupa de la izquierda, con traje un gran anillo de oro en el dedo, cerca de los pobres y delante de una carga policial a caballo289:

“¿Los artistas eran s im p le m e n te u n o s p rovocadores, los p atrocin ad ores eran u n o s cobardes, c ó m o p o d ía n ser tan in g e n u o s en pensar q u e Rivera, O r o z co o S iq ueiros n o pintarían obras c o n v e n c io n a le s, decorativas, al gu sto de qu ien es las pagaban? L os M é- dicis gringos, ciegos, gen erosos y ruines a la vez, de N u e v a York, D e tr o it y Los A n geles, quizás p en sa b a n q u e ord en ar y pagar u n a obra d e arte era su fic ie n te para anu lar su in ten ció n crítica, hacerla in o cu a , e incorporarla, castrada, al p a trim o n io d e una especie de b en eficien cia p u ritan a libre d e im p u e sto s290”.

Al tratar del fenómeno de los murales mexicanos que proliferaron en Estados Unidos desde los años 30 surge la cuestión del «chantaje de los garbanzos»; del endeudamiento en que queda el asalariado por parte del patrón, ya privado ya público, que no sólo exige un buen trabajo, sino filiación a los principios que conservan y mantienen el status quo. El artista siempre ha tenido que luchar contra una paradoja, ya que quienes le contratan pretenden que haga propaganda del mantenimiento de su poder y su gloria mientras que su vocación le pide la destrucción y la crítica de esos fetiches para promover el cambio.

Sin que se produzca la prometida apropiación por el pueblo de las fuerzas productivas toda la revolución planetaria provocada por el imperialismo capitalista de la burguesía sólo conlleva dolor, miseria y una más perfecta explotación de la mayoría por unos pocos, equivale a un nuevo fascismo291. El que se tengan que producir de ese modo las premisas materiales que permitiesen otra sociedad resulta una necesidad de sufrimiento harto sospechosa a la vez que demasiado escatológicamente dilatada en el tiempo. Frente al aquí y ahora del comu­ nismo libertario, el marxismo clásico siempre pidió paciencia. Había que tomar el Estado e imponer la dictadura del proletariado para que luego, en el futuro, en un futuro no muy distante, (promesa y dilación escatológica secularizada), tras muchos horrores y sacrificios, adviniese el paraíso de la sociedad comunista y desapareciese el Estado y las clases. La historia de la URSS o de la propia India demuestran en contrario. Tras muchos sacrificios y muchos horrores no advino la prometida sociedad ni se produjo el comunismo. Ahora está de moda

289 El mural de Diego Rivera “La encrucijada del hombre” puede verse en el sitio Web: hctp.7/www.marxists. org/espanol/trotsky/imagenes/encruci.jpg

290 Carlos Fuentes Los años con Laura D íaz. [1999]. Suma de Letras. Madrid, junio de 2001. Capítulo XXVI: «Los Ángeles: 2000», p. 641.

291 Cfr. W A A Washington contra el mundo. Editorial Foca. Madrid 2003. Simón Royo: «Los Estados Unidos y sus aliados: ¿un nuevo fascismo?», pp. 201-208.

PASAJES AL POSTHUMANISMO: HISTORIA Y ESCRITURA

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retrasar el advenimiento de un mundo habitable para todos o para una mayoría hasta que se llegue a la consumación de la Globalización y, sólo entonces, a la apropiación por la huma­ nidad política del mercado mundial; pero de nuevo tememos en tan intemacionalista idea una añagaza de los futurólogos predicadores de la inevitabilidad de la Historia; de nuevo el truco que convierte la esperanza de expectativas razonables para un momento dado en una espera infinita que traduce el Todo en Nada. La inversa del escatologismo progresista del humanitarismo ingenuo sería una historia interminable en la que, como pudo ver el ángel de la Historia benjaminiano, la devastadora Nada sería la que realmente avanza, dejando a su paso montañas de escombros y montones de cadáveres, viscosos cascotes que nunca podrán llegar a quedar justificados:

“L os Á n g e le s c o n v e r tid a en u n g ig a n te sc o m ural m e jic a n o , lev a n ta d o c o m o u n d iq u e d e co lo res para q u e C a lifo rn ia entera, vista por el trío de los jó v en es a m an tes y el v iejo jardin ero d esd e las c o lin a s d e P u en te para q u e C a lifo rn ia entere n o se d e ­ rramara d e las m o n ta ñ a s al m ar e n u n a sa cu d id a fin a l... Irse. Regresar. O llegar por vez prim era. D e sd e las co lin a s se divisaba el o c éa n o Pacífico, disipad o por u n velo de p o lu c ió n , y a lo s p ies d e las m o n ta ñ a s, se desparram aba, bajo el s m o g , la ciu d a d sin cen tro, m estiza, p o líg lo ta , la B abel M igratoria, la C on sta n rin o p la del P acífico, la z o n a d el gran d e sliz a m ie n to c o n tin e n ta l h acia la n a d a ... N o hab ría nad a m ás allá. A q u í term inab a el c o n tin e n te . E m p ezab a en N u e v a York la prim era c iu d a d y acababa en los Á n g eles, la s eg u n d a , q u izá la ú ltim a, ciu dad . Ya n o h ab ía m ás esp acio para conqu istar el esp acio. A h o ra h a b ía q u e largarse a la L una o a N ica ra g u a , a M arte o a V ie tn a m . Se acabó la tierra co n q u ista d a p o r los p io n ero s, se c o n su m ió la épica de la ex p a n sió n , la voracidad , el d e stin o m a n ifiesto , la filantropía, la u rgen cia d e salvar al m u n d o , de negarles a los d em ás su d e stin o p ro p io e im p o n erles en c a m b io , y por su propio b ien , un futuro a m e r ic a n o .. .2W”.

Los adelantos de la Historia, como son eminentemente la ciencia y la tecnología, en lugar de quedar al servicio del ser humano y permitir el paso del reino de la necesidad al reino de

la libertad, se vuelven, con el capitalismo y el imperialismo, medios de opresión en lugar de

un medios de liberación. Y eso sin necesidad de vincular el «desencantamiento» propio del valor de cambio y del fetichismo de la mercancía, con la deshumanización que esencialmente habría de portar la técnica en sentido heideggeriano. Pues desde este último punto de vista, la técnica, sería intrínsecamente irrecuperable y hostil tanto a la naturaleza como al ser huma­ no, que, en cuanto parte él mismo de la naturaleza, también padecería la imposición de esa desmesura. No siendo la esencia de la técnica algo técnico finalmente, descubrimos, cuando seguimos a un determinado Heidegger, que la esencia de la técnica habría de ser entonces Nihilismo, la destrucción y la muerte de todo lo viviente en su estado puro. Por eso desde el segundo Heidegger sólo parece caber el retorno a los orígenes, la espera del retorno de los dioses y no esta clara ninguna posibilidad de que allí donde se cierne el mayor peligro vaya a poder surgir lo que salva, a menos que acontezca de veras tal evento. El antitecnologismo heideggeriano, huida de los dioses, subsunción real en términos marxistas, no piensa que 292

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SIM ÓN ROYO HERNÁNDEZ