4. FINDINGS
4.1. Data Analysis, Results, and Findings
4.1.2. Preferred Materials for Learning
Cristóbal Colón y el pequeño Diego viajan a Castilla y se detienen en la Rábida. El contacto con los franciscanos de este convento será absolutamente providencial para el navegante, puesto que gracias a las relaciones que comienza a establecer se abre camino en la corte, donde habla a quien quiera escucharle de los inmensos beneficios que para la economía castellana supondría el hallazgo de una nueva ruta hacia oriente sin la competencia portuguesa.
Las primeras gestiones no son alentadoras. A pesar de que entre algunas personas Colón encuentra apoyo, gracias sobre todo al aval de los franciscanos, su proyecto es reiteradamente rechazado. La junta de expertos que convocan los reyes acaba concluyendo que la argumentación de Colón está plagada de errores geográficos y astronómicos (no les faltaba razón) y que es materialmente imposible, con las condiciones técnicas del momento, realizar con éxito una travesía desde los puertos peninsulares hasta la costa más oriental de Asia.
Y es que, efectivamente, los cálculos colombinos, basados fundamentalmente en los de Toscanelli eran completamente erróneos en lo que se refiere al menos al diámetro de la tierra. Colón reducía en un cuarto la medida del perímetro terrestre. Si Colón hubiera conocido cuál era en verdad la distancia que separaba Europa de Asia en sentido este- oeste ni se habría planteado la expedición. Pero el error fundamental era el desconocimiento de la existencia de una gran masa continental, la quarta orbis pars, que venía a completar la visión del globo terráqueo que tenía el hombre de entonces.
La reina Isabel está entretanto empeñada en la reconquista del reino de Granada, y no va a consentir que ningún proyecto reste fuerzas a lo que se ha propuesto como prioridad en el inicio de su reinado. Colón se desespera mientras toca todas las puertas posibles, hasta que, desanimado, piensa en ofrecer su proyecto en reinos vecinos, Francia o o Inglaterra. Pero algo hace cambiar la postura de Isabel, y enfrentarse a la lógica de los expertos del momento. La reina, animada por algunos consejeros, vence la inicial resistencia que en un principio había opuesto a las pretensiones del navegante. Y no era extraña esta posición teniendo en cuenta las desmesuradas peticiones del genovés, y el miedo a que se violaran los acuerdos de Alcaçovas y, por tanto, pudiera nuevamente entrar en conflicto Castilla y Portugal. Frente a la rotundidad del informe científico, quizá la intuición de Isabel le hace ver que detrás de esa seguridad del genovés puede haber más información de la que ha proporcionado. Y al fin de cuentas, se puede intentar reducir al mínimo los riesgos. En caso de que el plan no funcione, las pérdidas serán mínimas. Pero... ¿y si al final Colón tiene razón y gana para Castilla los inmensos beneficios abiertos por una nueva vía de navegación? Además, otra razón de peso es la presentada por un personaje cercano a la reina, don Luis de Santángel, quien se comprometía a financiar parte de la expedición.
Quintanilla, cede. Se firman las Capitulaciones de Santa Fe, en aquella ciudad que había servido de base durante el sitio granadino, y cuyo nombre quedará ya siempre unido a la historia común de España y América. En estas capitulaciones se otorgan a Colón grandes privilegios, tanto de gobierno como económicos siempre condicionados a la realización de descubrimientos. En ningún lugar del texto se habla de evangelización, puesto que estamos ante los preparativos de un viaje cuya finalidad exclusiva es exploración y descubrimientos.
Tras la firma del documento, viene la organización. Y nuevamente surgen problemas. Pocos marinos quieren aventurarse en una empresa que no augura buen fin, y menos aún se encontrarán tripulantes dispuestos a seguir a un capitán desconocido y extranjero que no ofrece sino un viaje plagado de incertidumbres.
La financiación tampoco es sencilla, aunque el apoyo de Luis de Santángel será esencial para poner en marcha otras fuentes, entre las que se encontró la aportación personal de Isabel. Finalmente, el dinero necesario va apareciendo y, respecto a las embarcaciones, la Corona prestará su apoyo: los marineros de Palos, cumpliendo con una antigua sanción, están obligados a poner dos carabelas al servicio de la corona cuando ésta se las reclame. Ha llegado el momento y la misión será precisamente el primer viaje a América. Los dos capitanes, los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, son navegantes avezados y reconocidos, lo que facilitará ir cubriendo la tripulación de las naves.
Como nave capitana de la expedición, Colón elige una nao, menos adecuada para la navegación que emprenden, pero que cuenta con castillo de popa y le parece más digna para albergar al capitán de la expedición. Un capitán que, si cumple con lo estipulado en las Capitulaciones, a su regreso será Almirante de la Mar Oceana, Virrey y gobernador de los territorios descubiertos, y obtendrá impresionantes ganancias económicas sobre el total destinado a la Corona.
El 30 de agosto parten del puerto de Palos las tres naves. Tras una escala en las Canarias, y aprovechando la corriente del alisio, se inicia una incierta travesía hacia el oeste. Semanas más tarde, y cuando los ánimos comienzan a decaer entre la tripulación provocando conatos de motín, por fin con las primeras luces del 12 de octubre de 1492, el marinero de guardia da el ansiado grito que les promete la llegada pronta a tierra.
Tras una breve estancia en la isla de Guanahaní, a la que Colón bautiza como San Salvador, una isla del archipiélago de las Bahamas, las naves recorren las costas de las islas del Caribe, hasta que deciden establecerse en una de ellas que parece reunir condiciones adecuadas: la nombran la Española, evocando la patria que les vio partir hace cerca de tres meses. Allí, en la actual República Dominicana, levantan la primera construcción española en Indias, el fuerte Navidad, con los restos de la nao Santa María, encallada precisamente en la Nochebuena de 1492, como consecuencia de la imprudencia del único vigía que se encontraba a bordo.
Una vez reconocido este primer espacio, que Colón identifica con el archipiélago japonés, comienzan los preparativos del regreso a España. Los habitantes de las islas
parecen pacíficos, y Colón no duda en dejar atrás un grupo de españoles, en el fortín que han levantado, mientras regresa a España para comunicar a la corte el buen resultado de su viaje. Cierto que lo que se ha hallado de momento ofrece poco parecido con las promesas de una tierra rica en oro, sedas y especias, y tampoco se asemeja a las descripciones de la corte del Gran Khan, que han iluminado las fantasías en torno a este viaje desde que Marco Polo las dejara escritas.
Y dos son las naves que regresan a España, las carabelas Niña y Pinta. Ninguna expedición se consideraba exitosa hasta que los tripulantes conseguían regresar al punto de partida. Era importante llegar a una nueva tierra, pero más aún poder volver para contarlo.
Al frente de la Niña irá Colón, y como capitán de la Pinta, Martín Alonso Pinzón. Ambos capitanes se han distanciado por continuos enfrentamientos verbales. Pero además, será una tormenta la que termine separando físicamente las dos naves. La primera en tocar tierra española será la de Pinzón, y lo hará en el puerto de Bayona, donde los asombrados habitantes escucharán el primer relato del viaje. Desgraciadamente, Pinzón moría semanas después víctima de la sífilis.
Colón mientras tanto, a pesar de sus intentos por evitarlo, arribaba a puerto portugués, donde se vio en auténticas dificultades ante los interrogatorios a los que era sometido para saber si había vulnerado los acuerdos de Alcaçovas. Finalmente podrá salir de tierras portuguesas y arriba triunfante a Palos, donde hará ostentación de los logros de su viaje, mostrando algunas pieza de oro, loros, e incluso algunos indios traídos del Caribe. Desde allí se desplazará hasta Barcelona, donde se encuentra la corte de los reyes.
El primer paso en el proceso está concluido. Pero la historia común de España y América no ha hecho sino empezar.