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En principio, hay que recordar que los hábitos de estudio no sólo son necesarios e indispensables para alcanzar logros académicos importantes, sino también para fortalecer los hábitos generales de vida a fin de construir un proyecto de vida productivo.

Para Milicic y Anais (2005) los hábitos de estudio influyen en la relación del niño consigo mismo, con la familia, los pares y el colegio: En relación consigo mismo, el niño experimenta satisfacción por haber cumplido la tarea; con la

familia, mejoran las relaciones y se dispone de mayor tiempo para compartir otro tipo de actividades; los pares, por su parte, reconocerán al niño como capaz; y el colegio, como un alumno que está a la altura de las expectativas y que se esfuerza por cumplir con las demandas.

Pero, cómo se adquieren dichos hábitos. En principio, el niño no nace con hábitos establecidos, al contrario, los adquiere en el transcurso de su vida, al inicio, a través de las pautas de crianza de los padres, por ejemplo, al recoger sus juguetes y guardarlos ya se le está enseñando a organizarse e incluso, se le está formando hábitos de cuidado y limpieza; tener horarios para acostarse y levantarse, para ver televisión (lo cual representa una fuente de distracción externa muy potente para el menor), las horas de comida, de esparcimiento, de sueño, entre otras, son pautas que favorecen el desarrollo de conductas autorregulatorias y por ende, de hábitos personales que repercuten en su equilibrio emocional y en la formación de sus posteriores hábitos de estudio. Por ello es muy importante que los padres conserven la serenidad así como la capacidad de controlar la rabia y la angustia que les puede generar el aprendizaje de los niños de dichos hábitos. Los niños necesitan padres tolerantes y generosos que los eduquen, reconociendo explícitamente sus logros.

Para Milicic y Anais (2005), el no tener que estar negociando constantemente las normas implica un importante ahorro de energía así como la disminución de la posibilidad de conflictos. Se sabe que los niños tienen una tendencia innata a ir postergando las tareas que le resultan más difíciles, pero si se ha preestablecido un cierto orden y organización, en cuya creación el niño siente que ha sido

partícipe, probablemente sentirá mayor grado de compromiso con la tarea y esfuerzo requerido.

Posteriormente, será la escuela la que tenga la responsabilidad de plantear algunos hábitos en el estudio que el niño seguirá durante la realización de sus tareas, tanto en la escuela como en su casa.

Al respecto, el Departamento de Educación de los Estados Unidos a través de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales e Interagencia ha editado una obra muy interesante sobre la tarea escolar, en la que plantean que

en los primeros años, la tarea puede ayudar en el desarrollo de los buenos hábitos de estudio y de una buena actitud; del tercer grado al sexto, se debe asignar un poco de tarea, aumentando gradualmente cada año escolar, lo cual apoya al logro de un buen rendimiento escolar; y finalmente del séptimo grado en adelante [lo que en nuestro sistema educativo significaría toda la secundaria], los alumnos que hacen más tarea generalmente rinden mejores resultados en los exámenes estandarizados, y sacan mejores notas que los estudiantes que hacen menos tarea. La diferencia en puntuación y calificaciones entre los alumnos que hacen más tarea y los que hacen menos, aumenta a medida que los alumnos suben de grado (Departamento de Educación de los Estados Unidos, 2002, pp. 3).

Con estos datos se afirma que los hábitos de estudio se adquieren durante los primeros años de enseñanza, y luego se irán perfeccionando conforme las exigencias de las tareas escolares aumenten, y al llegar a la secundaria, se espera que los alumnos realicen más tareas ya que esto repercute en su rendimiento y

calificaciones. Obviamente, sólo el alumno que ha desarrollado buenos hábitos de estudio podrá realizar mayor cantidad de tareas.

Esto también es señalado por el Departamento de Educación de los Estados Unidos (2002), quien refiere que la realización de la tarea escolar puede ayudar a que los alumnos desarrollen buenos hábitos de estudio y actitudes positivas, ya que la tarea suele: a) Enseñarles a trabajar independientemente; y b) Alentar un sentido de disciplina interna y responsabilidad; puesto que las tareas suelen ser la primera experiencia que los niños tienen en la administración efectiva de su tiempo y cómo cumplir con sus responsabilidades en el momento oportuno. Al respecto, Milicic y Anais (2005) plantean la necesidad de fomentar actitudes positivas de los padres y maestros hacia el aprendizaje, y con ello, desarrollar los hábitos de estudio adecuados en el niño. Algunas de sus sugerencias son las siguientes:

 Es importante conversar para llegar a acuerdos con el niño sobre cómo serán los hábitos de estudio de ahora en adelante, considerando las obligaciones que a cada uno competen, pero también recalcando los beneficios de este cambio (rol modelador).

 El niño debe tener el espacio para hacer propuestas desde lo que para él es importante y aquí hay que intentar validar dichas sugerencias lo máximo posible. Por lo general, las propuestas de los niños suelen ser bastante sensatas, y a veces incluso, pueden ser más estrictos en las exigencias.

 Muy ligado con lo anterior, entonces, está el rol regulador del adulto en cuanto a las expectativas y metas en el corto y largo plazo, en este sentido, hay que ayudar al niño a establecer dichas metas.

 Es útil generar incentivos cuando el niño cumple lo acordado –como por ejemplo salir a algún lugar específico en familia o tener más tiempo para jugar en el computador–, así como también ciertas pérdidas de privilegios cuando no hay cumplimiento. Dentro de los hábitos de estudio concretos, se encuentra una amplia gama de actividades y guías orientadas a generar mayor orden y estructura en el área de conflicto para, de esta forma, no contaminar otras esferas de la vida familiar y escolar.

 Los tiempos deben ser regulados en forma paulatina. Los cambios de hábitos son difíciles, por tanto, deben ser graduales.

 Revisar el horario para organizar materiales que serán necesarios para el día siguiente. El niño llega con una predisposición distinta cuando sabe a qué clase va y tiene una idea aproximada de la temática que se está revisando.  Es muy importante el repaso dentro de las siguientes ocho horas después de

vista la temática por primera vez, pues ello modifica, de forma importante, la curva del olvido.

 Si el niño no tiene tarea, es importante mantener el hábito de estudiar en ese momento, por lo cual se puede destinar tiempo a otra actividad como el desarrollo de una ficha de lectura, ejercicios de matemáticas del tipo de los que se resolvieron en la clase o avanzar en un trabajo de investigación.

Finalmente, se puede acotar que la adquisición de los hábitos de estudio no sólo son importantes para la mejora del desempeño académico del estudiante, también sirven de referente para el análisis de algunas características personales que podrían desarrollarse a futuro, pues, según Milicic y Anais (2005), si se logra que los niños progresen hacia un nivel suficiente de auto-control, se disminuye el riesgo de que presenten alguna patología asociada a la edad adulta. En síntesis, tal y como señalan Milicic y Anais (2005) Un buen nivel de auto- control, que está en la base de la generación de hábitos, es un factor decisivo en la productividad futura y en la capacidad de cumplir los compromisos adquiridos.