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7.1. Conclusiones

En primer lugar, el Colegio Sierra Morena como tal es un lugar ya institucionalizado, podemos decir que es el enunciado; y por consiguiente toda la cotidianidad de los participantes en este enunciado, vendría a ser la enunciación o sea la praxis de ese enunciado. Desde el enfoque que presenta Michel de Certau, nos planteamos la siguiente consideración: Vemos como reflexiona el estudiante ante una situación conflictiva que se le presenta y vemos que se mueve entre el enunciado y la enunciación. Dentro del enunciado se mueve de la siguiente manera: Ir donde el director y arreglar la situación de la manera más conveniente; esto es basándose en lo que ya está establecido frente a cómo tramitar o dar curso a una situación específica (Manual de convivencia), y dentro de la enunciación que es donde deja ver su curso de acción alternativo (Uso de insultos verbales) para una solución que el estudiante puede llegar a considerar más eficaz.

Ahora bien, ¿De qué forma vemos aquí desarrollados los objetivos específicos de nuestra investigación? Los vemos desarrollados de la siguiente forma:

Vemos claramente desde una sola voz, la de este estudiante en particular, qué es lo que está en la base de una problemática social y no es otra cosa que lo siguiente: si un sistema, debido a su rigidez de jerarquización no permite la inclusión y la participación de los diferentes actores concernidos en un proceso pedagógico, entonces como docentes, nos veremos casi siempre avocados y avocadas, a este tipo de situaciones conflictivas. No se trata necesariamente a manera de inventario de recoger y codificar un sinnúmero de insultos verbales, sino de cómo se tramita una diferencia de opinión o de actuación en una simetría inclusiva; o como lo diría mucho más claro Jürgen Habermas cómo se entienden las diferentes razones en la acción comunicativa.

Como se indicó al inicio del presente documento, plantear el estudio del insulto verbal en el ámbito escolar, o en cualquier otro contexto, no es tarea fácil, porque es un campo de la comunicación ambiguo que requiere de un contexto concreto y de una intención

comunicativa clara para poder ser entendido sin el peligro de que se desestime, se relegue o se le camufle dentro de otros fenómenos comunicativos.

No se puede desconocer que el léxico que conforma el insulto verbal hace parte del lenguaje con el que diariamente se comunican los jóvenes en colegios y escuelas y que los maestros y demás miembros de la comunidad educativa cotidianamente los escuchan en los salones de clase y otros espacios de las instituciones (evidencia concreta de esta afirmación es la lista de insultos producto de las observaciones durante el desarrollo de la investigación), pero ello no quiere decir que la escuela se deba acostumbrar a su uso y mucho menos aceptar que se naturalice su práctica. Porque el uso de la violencia verbal se puede considerar cualquier cosa menos inocente; por el contrario, su uso corresponde con una determinada intención comunicativa que, según Marisela Colín (2003), puede ir desde la burla hasta la humillación y degradación de la víctima.

La diferencia entre la violencia verbal y la física es solo cuestión de apreciación, porque hay formas de violencia verbal que pueden dañar seriamente la autoestima, si atacan determinados componentes de la identidad. Más aún en el ámbito escolar, donde se espera que en la convivencia diaria los estudiantes aprendan a socializar, es decir, que se integren y construyan sentido de pertenencia con una comunidad empleando el lenguaje y en la medida en que hagan un buen uso de este consigan integrarse a la vida social y participar constructivamente en ella.

Sin embargo los hallazgos analizados en esta investigación evidenciaron que el uso de insultos verbales amenaza la función formadora de la escuela, al instaurarse en la interacción de los estudiantes como un léxico negativo que toca las emociones de los hablantes y se convierten en construcciones lingüísticas amenazantes que evidencia relaciones de poder en las cuales impera la ley del más fuerte, como se puede apreciar en los hallazgos producto de la observación que se realizó en los salones y patio de descanso, donde los insultos fueron usados mayoritariamente con la intención comunicativa de someter al otro con diferentes propósitos como obtener su dinero, merienda, ocupar su espacio, burlarse de él o humillarlo usando como estrategia de intimidación la agresividad del que más insulta y grita sobre el más débil. También se puede afirmar que la relación víctima – victimario en algunos casos se revirtió, pero esta situación no ocasionó cambios sustanciales en la interacción, más bien produjo que los conflictos se agudizaran generando lo que Chaux (2012), denominó el ciclo de la violencia descrito en anteriores apartados.

Otro aporte importante producto de las observaciones fue evidenciar cómo las irrupciones generadas en las clases debido a incidentes convivenciales provocados por enfrentamientos verbales agresivos generaron el deterioro de las clases, en cuanto a tiempos y desarrollo temático, puesto que los docentes se vieron obligados a detener la clase para intervenir y mediar en los conflictos y en casos extremos debieron abandonar las aulas para buscar apoyo de parte de los directores de grupo o coordinador convivencial. Esto provocó que el grupo quedara solo y sin supervisión. Dichas situaciones causaron daño y alteración en la convivencia escolar, restando tiempo valioso para asuntos académicos y formativos y en consecuencia la convivencia se vio afectada y se desestimó la verdadera función de la escuela que incluye contribuir a la construcción de sujetos capaces de convivir y transformar una sociedad.

En el aspecto semántico se observó que las palabras hirientes que los estudiantes usaban con más frecuencia hacían alusión a defectos físicos, apodos, órganos sexuales, falta de

inteligencia o destreza, raza y condición social. Estos vocablos identificados como insultos fueron empleados indistintamente y fuera del contexto en que se utilizaron perderían su carga agresiva y en consecuencia la intención comunicativa. Porque muchas de las palabras halladas en la indagación se repitieron en diferentes situaciones y presentaron diversos significados y motivaciones.

También se debe aclarar que los insultos que tuvieron la intención de agredir a un miembro de la familia de la víctima, especialmente la mamá, son los que intensificaron o agudizaron la situación conflictiva. De igual forma, hay algunas palabras que en las observaciones fueron registradas como insultos y detonantes en situaciones conflictivas, pero no generaron mayores conflictos en contextos de familiaridad o camaradería entre los miembros de un grupo.

Finalmente se debe afirmar que la mayoría de incidentes observados donde se presentaron agresiones verbales implicaron la intensificación del conflicto puesto que agresores y agredidos incrementaron el nivel y gradación de los insultos con la intención de agudizar la ofensa y de alguna forma cerrar el conflicto y “salir airoso” de la situación.

7.2. Recomendaciones

Es importante entender que el insulto verbal desde el punto de vista comunicativo es un acto agresivo y violento y que no se puede continuar desestimándolo o disfrazándolo con otros apelativos, porque se caería en el error de restarle importancia, incluso se terminaría aceptando que se utilice indiscriminadamente.

En el aspecto semántico, se debe avanzar hacia la construcción de un lenguaje interdisciplinario, sistémico basado en el respeto y la tolerancia.

Se debe llevar a cabo una tarea interdisciplinaria y permanente que desarrolle un ambiente que propicie una sana convivencia para todos los miembros de la comunidad educativa. La comunidad educativa debe otorgar importancia a las normas de convivencia para que propendan por establecer límites a los comportamientos inadecuados, analizar conjunta y oportunamente los conflictos que se presentan buscando alternativas de solución que promuevan canales de comunicación como la mediación y negociación.

La escuela está en la obligación de construir el lenguaje de la paz y los maestros como garantes de la integridad de los educándonos no podemos continuar mostrándonos indiferentes ante situaciones donde se atenta contra la sana convivencia.

Esta investigación se presenta como un punto de partida para realizar futuras prácticas pedagógicas en pos de una escuela más incluyente y participativa.

El fenómeno de los insultos verbales en la convivencia escolar debe ser visibilizado y estudiado independientemente de otras formas de maltrato en la escuela.

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