Chapter 1 Introduction
1.4 Prevailing explanations
Desde su apertura al turismo a finales de 2003, la cueva de Castañar ha estado abierta al turismo durante varios ciclos anuales completos, en un régimen de visitas restringido y bajo un continuo control ambiental. El tamaño de los grupos de visitantes y la duración y recorrido de las visitas se han establecido según los resultados y recomendaciones de los estudios científicos realizados a lo largo de los años, siendo actualizados progresivamente según los resultados del seguimiento ambiental que actualmente sigue en marcha. En el periodo comprendido entre 2003 y 2014 ha habido una evolución en el número de visitantes a la cueva, pasando desde 1436 personas con una media de 120 personas por mes en 2004, hasta un total de 311 personas incluyendo a las guías en 2014 (Tabla 1).
Año Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic TOTAL TURISTAS 2003 42 42 2004 127 171 158 182 82 136 100 123 81 101 120 24 1436 2005 54 65 134 100 93 112 69 - - - - 627 2007 70 74 92 79 107 89 111 73 73 78 92 72 1010 2008 83 89 103 103 109 85 122 175 - - - - 869 2014 60 83 95 73 311 CIERRE DE LA CAVIDAD
Tabla 1. Registro histórico de turistas en la cueva de Castañar desde 2003 hasta el 2014.
Tras el análisis del registro de parámetros ambientales obtenido durante el primer ciclo anual (2004), se estableció para el segundo ciclo (2005) un régimen de visitas controladas y organizadas en grupos reducidos de 5 personas y con un tiempo de permanencia en la cavidad en torno a 60 minutos. El recorrido de las visitas transcurría por la Galería de Entrada, Sala Nevada, Sala de la Librería y por la zona del Jardín, sin alcanzar la Sala de los Lagos. El intervalo de tiempo entre la salida del primer grupo y la entrada del siguiente grupo era superior a 5 horas, con objeto de no producir efectos acumulativos en los incrementos de los parámetros microclimáticos. Este protocolo de visitas fue más restrictivo que el prestablecido, de forma más laxa, con la apertura al turismo de la
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cavidad, en el que tiempo de permanencia medio de los grupos de visitantes era de 1 hora y 45 minutos, aproximadamente, y no atendía a ningún criterio respecto a un número fijo de personas por grupo ni a la frecuencia diaria de las visitas.
En la actualidad, las visitas controladas a la cueva de Castañar se realizan en grupos reducidos de 5 personas más un guía y con un tiempo de permanencia en la cavidad entre 50 y 60 minutos. El recorrido de las visitas transcurre por la Galería de Entrada, Sala Nevada, Sala de la Librería y por la zona del Jardín, alcanzando ocasionalmente la Sala de Lagos. Las intervenciones en el interior de la cueva para facilitar las visitas han sido mínimas, reduciéndose a un único sendero señalizado mediante catadióptricos y prescindiendo tanto de iluminación eléctrica fija como pasarelas metálicas. Los visitantes a la cueva van equipados con casco, luz individual, monos desechables, calzado desinfectado y mascarillas desechables. Las puertas de acceso a la cueva permanecen cerradas una vez que los visitantes acceden a su interior para minimizar el intercambio repentino de aire con el exterior que, en caso de ser prolongado, modificaría el equilibrio térmico y la composición gaseosa del aire de la cueva.
La cavidad se mantuvo cerrada al público desde agosto de 2008 hasta su reapertura en junio 2014 debido a la activación de los microorganismos presentes y la producción de un brote fúngico como consecuencia de un vertido accidental de materia orgánica. A partir de este suceso el grupo de investigación del Instituto de Recursos Naturales y Biología Agricultural (IRNAS-CSIC) realizó un estudio específico enfocado fundamentalmente al control de la dispersión y colonización por hongos, consiguiendo minimizar sus efectos (Jurado et al., 2010).
El grupo de investigación del MNCN-CSIC ha realizado periódicamente una evaluación del efecto de los grupos de visitantes sobre la estabilidad microclimática de la cueva, mediante un estudio pormenorizado de cada parámetro ambiental (temperatura, humedad relativa y concentración de cada especie de gas) y en función de las características de la visita (número de personas, tiempo de permanencia y tiempo de apertura o cierre del acceso a la cueva). En concreto, la evaluación del impacto generado por los grupos de visitantes sobre la estabilidad microclimática de la cueva se centró en cada etapa estacional de la dinámica ambiental de la cueva, descrita en el apartado anterior, distinguiendo varios patrones característicos en el efecto de las visitas sobre su estabilidad microclimática (Fernandez- Cortes et al., 2009):
Durante la etapa de aislamiento de la atmósfera subterránea, el impacto generado por las visitas es de mayor entidad debido a la emisión de CO2 por respiración de los visitantes y por el tiempo de apertura de la trampilla durante el acceso. La apertura de los accesos a la cueva genera una ventilación forzada de la atmósfera subterránea, detectándose un descenso en la presión barométrica del aire. En los meses invernales, la temperatura del aire de la cavidad es mayor que la temperatura de la atmósfera exterior y, por lo tanto, el aire exterior es más denso que la atmósfera subterránea. Al abrir la trampilla, se induce la ventilación al descender aire exterior más pesado que desplaza al aire más liviano de la cavidad generando células convectivas en la circulación del aire entre la cavidad y el exterior. Durante
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estos cortos eventos de ventilación forzada, la concentración de radón se reduce intensamente (entre -3000 a -7000 Bq/m3). En cambio, la concentración de CO
2 se incrementa (+150 a +250 ppm) debido a que es reemplazado por aire rico en CO2 acumulado en los poros y fisuras de la roca encajante junto con el incremento generado por respiración de los visitantes. Las diferencias en la evolución de ambos gases durante los cortos periodos de ventilación forzada denota las diferencias en sus orígenes, especialmente cuando la saturación de la doble membrana suelo-roca limita el intercambio gaseoso.
Durante la etapa de renovación (desgasificación) del aire subterráneo se produce un intercambio gaseoso entre la cavidad y el exterior a través del sistema poroso y de las fisuras de los materiales encajantes, en conexión en última instancia con el aire exterior, provocando el descenso de las concentraciones de CO2 y radón de la cavidad. En esta etapa el impacto de las visitas es menor que en la etapa anterior de aislamiento sin embargo, los incrementos de la concentración de CO2 en el aire de la Sala Nevada son más evidentes debido a que se parte de una menor (y casi constante) concentración de este gas y existe una mínima influencia de procesos de recarga por difusión desde el suelo. En esta etapa, la apertura de la trampilla de acceso sólo provoca fuertes impactos cuando se realiza en momentos en los que la temperatura externa es menor que la interna (especialmente durante las visitas matinales).
Durante la etapa de recarga de gases, el impacto de los visitantes se ve superado en magnitud por otros factores, especialmente por la variaciones microclimáticas inducidas por las lluvias externas (mayor recarga hídrica) y el efecto de las variaciones de presión atmosférica. Sin embargo, la tendencia al aislamiento de la cavidad en esta etapa provoca que las emisiones de CO2 de los visitantes tengan un efecto acumulativo junto con la recarga natural de CO2.
A partir de los datos referentes al número de visitantes y su tiempo de permanencia en el interior proporcionados por los guías que acompañan a las visitas, el grupo de investigación del MNCN-CSIC ha comprobado que, en términos generales, el régimen actual de visitas no provoca impactos de carácter acumulativo en el microclima de la cavidad. No obstante, los esfuerzos en la mejora de la gestión de la cavidad ha estado encaminados a mantener estas condiciones microambientales idóneas definidas en los estudios llevados a cabo.
En este sentido, otros estudios realizados por el grupo de investigación del MNCN-CSIC han incorporado los datos referentes a la saturación mineral del agua de goteo y las variaciones de los principales parámetros geoquímicos del agua de infiltración en función de la dinámica natural de la atmósfera subterráneo, a la hora de establecer recomendaciones en relación a las pautas de las visitas a la cavidad (Sanchez-Moral et al., 2006a; Fernandez-Cortes et al., 2010a, 2012). En síntesis, estos estudios han determinado que durante los periodos de intenso intercambio gaseoso entre la cavidad y el exterior la concentración en CO2 del aire disminuye por debajo de un rango límite y crítico, entre 3300 y 3500 ppm, por debajo del cual el agua de infiltración alcanza el equilibro en la
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presión parcial de CO2 (pCO2) con la atmósfera subterránea en valores inferiores a 10-2.52 bar. Este valor de pCO2 puede considerarse como el valor umbral dentro del cual las condiciones ambientales quasi-naturales en la que se encuentra actualmente la cavidad permiten una tasa activa de precipitación mineral coherente con la tipología de cristalización observada en los espeleotemas recientes y en formación (aragonito y calcita, fundamentalmente). Por lo tanto, es muy importante evitar la apertura prolongada del acceso a la cavidad durante las visitas turísticas, impidiendo la ventilación forzada del aire por circulación barométrica. La trampilla de acceso debería permanecer cerrada durante la visita dificultándose así la entrada de aire tanto en invierno como en verano.
Una de las recomendaciones realizadas a raíz de estos estudios fue la instalación de un cubículo de cristal sobre la trampilla de acceso, tal y como se ha descrito anteriormente (Figura 9). Con esta reforma del acceso se consiguió un mayor aislamiento frente a las variaciones climáticas externas, de forma que este habitáculo se pudiera usar como cámara de intercambio previo al acceso a la cueva. En los meses de invierno (etapa de aislamiento del aire subterráneo), durante los preparativos de los visitantes, la temperatura de la caseta debería acondicionarse hasta superar ligeramente la temperatura de la zona de la Galería de Entrada. Precisamente es en esa época cuando esta galería alcanza su máxima temperatura (próxima a los 18 °C), de manera que si el aire de la caseta se calienta por encima de ese valor se dificultará su entrada por circulación convectiva a favor de un gradiente de densidad.
2.2.4.3. Monitorización de la actividad de gas radón y restricciones de accesibilidad