4 PRESENTATION AND ANALYSIS OF DATA
4.3.1 Prevention of misunderstanding by requesting for confirmation of the received
La causalidad eficiente de la educación produce el efecto, es decir, la formación de la persona, su instrucción y su virtuosidad, debido al perfeccionamiento de sus facultades racionales. De allí que esta causa se comprenda como aquello por lo que se produce dicho resultado.
Las disposiciones que la Naturaleza otorgó al hombre son condiciones para que el hombre se realice y en este sentido hay que comprender la intervención de la causalidad eficiente interna, a fin de que inhiera la cualidad perfectiva en el educando. Al respecto, “las facultades son naturales ciertamente, índitas en el hombre por Dios cuando 549 Cfr. p. 118 de este trabajo. 550 OC, II, FP, p. 1099. 551
constituía la Naturaleza y éstas tienen algo de natural.”552 Además, “como indica su propio nombre, están dispuestas para actuar; por eso se distinguen según sus actos”,553 sostiene nuestro autor. Por lo tanto, las capacidades del alma son naturales, están dispuestas para actuar y cuentan con actos distintos y específicos.
Tal como se ha presentado en El proceso educativo,554 según la filosofía educativa de Luis Vives las facultades son los principios potenciales que hacen posible dicho tránsito formativo, actúan de acuerdo al fin que la Naturaleza le ha dado y a su objeto específico, y la esencia de la educación consiste, fundamentalmente, en el perfeccionamiento de su obrar.
A tal fin, sostiene que el sujeto debe conformar los hábitos necesarios para el correcto ejercicio de estas capacidades. Por ello, en su plan de reforma de la enseñanza
De las disciplinas señala, en primer lugar, que al educando “ya de temprano hásele de iniciar en los principios básicos de nuestra santa religión.”555 Luego del estudio de los ingenios de los alumnos, comienza el arte de enseñar las ciencias, empezando por la gramática latina y griega, pues la lengua “es el sagrario de la erudición.”556 Por ello,
“aprenderá el niño a escribir con corrección y presteza; échense los cimientos de la escritura correcta, al mismo paso que les enseña a leer; tengan siempre apercibido y a mano el significado de las letras, de las silabas, de las voces, separadas y unidas.” 557
Asimismo,
“oirá el alumno atentamente y tendrá los ojos puestos en el preceptor […] Piense que todo lo que oyere del maestro son oráculos puros y porque todos los verá consumados y llevados al ápice de la perfección”. 558
Posteriormente continúa detallando la formación en las diversas disciplinas, para el ejercicio de la facultad intelectual y también la volitiva, saberes que se han presentado
552
OC, II, FP, p. 1090.
553
OC, II, TA, p. 1183.
554 Cfr. p. 113 de este trabajo. 555 OC, II, DD, p. 569. 556 Ibid., p. 573. 557 Ibid., p. 583. 558 Ibid., Id.
en el capítulo inicial sobre su plan de estudios.559 En estas expresiones del valenciano se aprecia que, para adquirir el conocimiento de dichas ciencias y conformar virtudes morales y piadosas como parte de la realización plena de su ser, el sujeto de la educación debe intervenir empleando necesariamente las principales capacidades del alma.
De allí que, si bien el Creador dispuso de estos instrumentos, los mismos requieren que los sujetos intervengan en su actualización, en la motivación de los mismos, y, más específicamente, en el perfeccionamiento de su ejercicio para la realización plena de su ser, pues en esto consiste la formación del alma, la esencia de la educación.
Por otra parte, y tal como se señaló en el apartado anterior, el español considera que tanto la facultad intelectiva como la volitiva cuentan con una estructura de acto y potencia a partir de principios intrínsecos que inicialmente ponen en marcha dicha operatividad.560 Sin embargo, además de estos constitutivos iniciales, y tal lo que se ha evidenciado en los recientes textos de De las disciplinas y en otros presentados de las cartas pedagógicas, sus Diálogos e Introducción a la sabiduría, destaca el protagonismo del educando para intervenir de modo conciente e intencional en la actuación de las capacidades. Se evidencia, de este modo, en el pensamiento de Vives, la causa eficiente interna de la educación.
Nuestro autor insiste en esta participación, referida tanto en el encuentro con el maestro Filopono como en los consejos a la joven María Tudor, donde no sólo alude al inicio o activación del proceso formativo, sino a su consolidación e intervención responsable para el perfeccionamiento de sus actos. Ello comprende el enriquecimiento del funcionamiento de las capacidades que lo hacen posible y posibilita alcanzar el hombre instruido, virtuoso y piadoso, el hombre educado.
De este modo, la causa eficiente interna de la educación pone en evidencia, nuevamente, que en el centro de la filosofía educativa del valenciano se encuentra el proceso de asuefacción o habituación, que implica “gusto y aún deleite en la iteración de
559
Cfr. p. 38 de este trabajo.
560
aquellas prácticas.”561 Esta intervención del educando implica la incitación de las capacidades a la ejercitación de sus actos específicos, que supone intencionalidad, para que se generen los hábitos operativos e inhieran en dichas potencialidades, permitiendo que obren con mayor perfección.
El inicio de esta intervención intencional del sujeto sobre las facultades no es la educación en su plenitud, sino sólo el comienzo del proceso; la misma, según nuestro autor, reclama la conformación de los hábitos, señalados en el capítulo La forma de la educación.562
“De esa habituación nacen la aptitud o facilidad en el artífice y la adecuación correlativa en el instrumento”,563 pues la ejercitación colabora con la naturaleza hasta que, finalmente, “cuando un hábito echa raíces por el uso continuado, adquiere casi fuerzas de Naturaleza”564 Entonces el proceso educativo, según Vives, alcanza su plenitud, pues el sujeto se vuelve un hombre educado, por la práctica habitual de sus virtudes intelectuales, morales y espirituales.
Al respecto, destaca el valor de la habituación en la inteligencia compleja, pues
“contribuyen asimismo a esa rapidez y acumen mental la meditación y la práctica de cualquier disciplina, mediante las cuales aquella se acrecienta, pues no tanto se sabe lo que recibimos por una callada contemplación como lo que se nos transmite por el ejercicio y el uso”. 565
Del mismo modo se expresa sobre la voluntad, ya que su ejercitación acrecienta la tendencia a seguir la bondad presente en las cosas, ayudado por la reflexión, ya que “conoce con exactitud mayor las cualidades y valor de cada cosa y puede dictar a la voluntadqué bien debe seguir y qué mal debe soslayar.”566
561 OC, II, FP, p. 1095. 562 Cfr. p. 82 de este trabajo. 563
OC, II, TA, p. 1227.
564
Ibid., Id.
565
OC, II, FP, p. 1208.
566
OC, I, IS, c. CXXVIII, p. 1216. También señala Vives, que a la voluntad “todo conocimiento ha sido otorgado para desear el bien” (OC, II, FP, p. 1214)-
La centralidad de este proceso o “costumbre de realizar los ejercicios”567 de las facultades superiores del hombre para su realización plena es uno de los aportes más significativos de la filosofía educativa de Luis Vives, particularmente por destacar el protagonismo del educando, sin olvidar el resto de los agentes formativos.568
En conclusión, para el valenciano, junto a los principios intrínsecos iniciales de la operatividad de las facultades, queda en evidencia que el educando se constituye en la causa eficiente intrínseca principal de la educación, fruto de su intencionalidad y protagonismo. Él es quien, siguiendo las disposiciones de la naturaleza, interviene para que se realice este proceso con la irrupción de los hábitos operativos perfectivos en sus facultades superiores, y así alcanza a realizarse, es decir, ser un sujeto educado.
También se aprecia en Vives que la educación no implica solamente un tránsito inicial, sino de continuidad, con logros progresivos. De allí la importancia de la intencionalidad permanente del sujeto en una habituación que debe acrecentarse. Por ello, a fin de favorecer la causalidad presentada, resulta pertinente que el maestro señale a su educando “que muy a menudo recuerde que esa nuestra vida es una lucha continua, cruel, irreconciliable.”569 Pues la falta de atención a la actuación correcta de las facultades hace posible la desvirtuación de las mismas y la desorientación, con el riesgo de que el proceso educativo no alcance su culminación, sino que pierda su intensidad. El educando no puede efectuar este proceso formativo solamente siguiendo la naturaleza, reclama la presencia de los agentes externos.