• No results found

PREVIOUS STUDIES OF POINTS AND SEGMENTS, SPEARS AND ARROWS

corresponde ahora plantear por qué la Psicología Comuni- taria se encuentra en una encrucijada, en un punto de tensión, en una inflexión.

En primer lugar señalar que una encrucijada es situar- se en frente de importantes decisiones. Es decir la disci- plina ha llegado a un punto de desarrollo en el cual tiene por delante grandes desafíos. Por un lado, un gran desafío teórico; y por otro, frente a un proceso latinoamericano de envergadura como es la interculturalidad o multicul- turalidad. Veamos estos puntos.

América Latina, hoy en día, es un territorio muy rele- vante en el mundo. Tiene muchos problemas sociales, pero también un acervo cultural impresionante, diverso, rico, multifacético. Es un continente misterioso, con innumera- bles recursos, pese a su explotación, con regiones primiti- vas, y una identidad en constante cambio y rearticulación. La modernidad ha dado paso a la postmodernidad, es decir, a la diversidad. Gracias a ella misma, la modernidad ya no es posible. Las comunicaciones, Internet, la televisión por ca- ble, la digitalización de las imágenes, ha abierto las venta- nas al mundo. Y particularmente a nosotros mismos, en América Latina. Tenemos la oportunidad de observarnos como un todo, no de manera fragmentada, como naciones independientes, con disputas continuas entre sí. Es la opor- tunidad de poner cosas en común, de aprovechar nuestras riquezas, y re-direccionarlas en beneficio de la propia po- blación latinoamericana.

Ejemplos de importancia son las zonas geográficas y cul- turales constituidas por determinadas comunidades que, por razones administrativas, por los límites fronterizos, se encuentran divididas. Es el caso de Chile en su zona

norte, en la ciudad de Arica, donde la población comparte históricamente un estilo de vida común con la población de otros países limítrofes,21 basado en la agricultura, la

pesca, la artesanía, los mercados indígenas. Muchas ve- ces se ha diagnosticado a Arica como una de las ciudades más pobres de Chile. Es cierto desde los parámetros cons- truidos desde la capital, con un estilo de vida urbano, mo- derno, casi europeo, occidental. Pero, si observamos mejor vemos que la población de Arica está íntimamente ligada a las de Bolivia y Perú y, por lo tanto, el desarrollo comuni- tario no esta vinculado a Santiago sobre la base de los indicadores del proyecto modernizador capitalino, sino del proyecto histórico de la zona costero-andina de la región.

La pobreza allí tiene explicación, es producto de forzar un estilo de vida no compatible con las formas propias de esa zona. La salida es fortalecer la idiosincrasia particular de esta región, estimulando y reforzando sus proyectos edu- cativos en su lengua, sus formas de producción, sus mer- cados, sus tipos de vivienda y de vestimenta, y evitando introducciones foráneas como la publicidad, que distorsiona y distrae los esfuerzos de la comunidad de sus paradigma locales. Probablemente problemas similares se viven en toda América Latina.

En una dirección parecida se encuentran los proble- mas del medio ambiente, del cual el continente tiene es- pacios sorprendentemente maravillosos; no obstante, son depredados a pasos agigantados. El caso del Amazonas, o el de los bosques húmedos tropicales, que se encuentran en la gran mayoría de los países de la región y contribuyen a oxigenar el planeta, especialmente en este momento del calentamiento global. Estos recursos ambientales son una fuente especial que posee el continente para beneficio de sus habitantes. Pero su preservación y el resguardo de todos

21 G. Rozas, M. Pardo y L. Yánez, «Efectos de la modernidad y la post-

modernidad en la comunidad indígena licarantay o atacameña de San Pedro de Atacama», Revista de Psicología para América Latina, no. 12, 2008.

sus beneficios requiere desarrollar un estilo de vida acor- de con esa realidad de usos ambientales.22

Absorber, integrarse, alinearse con los estilos de paí- ses desarrollados, sin bosques, fríos, depredados, no tiene sentido. Forzar a la población a tener una forma de vida que no es la propia, que no sea coherente con sus recur- sos, obligarla a autoconcebirse como pobre, cuando no lo es, a generar un engaño para lograr extraer los recursos de que dispone el continente, simplemente empuja a la población por un mal camino. Esa es la encrucijada de la Psicología Comunitaria. Desarrollar un proyecto de vida para las comunidades y la población latinoamericana acor- de con su propio proceso histórico, político, económico, psicosocial.

Sin duda, en esta dinámica se encuentra como telón de fondo el tema de la interculturalidad. Es decir, la capa- cidad del diálogo entre las culturas, de la solidaridad, de la ayuda mutua. Somos países con muchos grupos cultura- les. Qué sentido tiene reforzar la idea de la nación, que resulta separatista y divide a las diferentes comunidades. Cada cultura es una fuente de riquezas en sí misma. Su desarrollo, su fortalecimiento, su apoyo, traen beneficios a la misma población, tanto como al país que le da cobijo. La diversidad cultural que posee América Latina es fuente de riqueza, no de pobreza.

Finalmente, el otro aspecto de la encrucijada de la Psi- cología Comunitaria es el tema teórico. La mirada construccionista ha llegado para quedarse. Su aporte pue- de traer un gran desarrollo de la disciplina. Existe una es- trecha relación entre este enfoque y el desarrollo de las comunidades. Las subjetividades presentes en las comu- nidades, su cultura, sus valores versus los valores de la cultura occidental, que se impone, son parte de la necesi- dad de implementar un nuevo proceso de análisis teórico

22 J. L. Machinea et al., «Hacia el logro de los objetivos de desarrollo

del milenio en América Latina y el Caribe», cap. VIII, en Objetivos

de desarrollo del milenio: una mirada desde América Latina y el Caribe,

que permita entender mejor estos fenómenos. La realidad es una construcción social, entonces, interesa saber qué metodologías, qué herramientas damos a las comunida- des para que ellos puedan de-construir los discursos que se privilegian y qué instrumentos les damos para que de- sarrollen sus proyectos propios, y así obtener un conoci- miento efectivo.

No nos extenderemos mayormente en este punto, va- rios aspectos se han tocado a lo largo del texto; sólo señalar que la encrucijada para la disciplina está en dar el nece- sario salto epistemológico que requiere. Salir definitiva- mente de la mirada positivista, pero no sólo eso, salir también del enfoque de la investigación-acción, y de las miradas, asociadas a la sociedad de clases, propuestas en los años sesenta. Debemos hacer una esfuerzo por entrar en la postmodernidad, bien entendida. Es decir, después de la modernidad, cuando han surgido muchos grupos so- ciales nuevos, nuevos actores , nuevas tecnologías y cuando está más claro que la realidad social es un tema de la sub- jetividad de la sociedad, pero que la interpretación de las cosas implica, en la práctica, cambio social o retroceso social; por lo tanto, parte de nuestros nuevos campos de trabajo es la desinstalación de discursos retrógrados, cla- sistas, antidemocráticos. Pero, por otro lado, la disciplina debe todavía ir más lejos y proponer paradigmas alternati- vos, otras formas de desarrollo, satisfacer necesidades para otras comunidades, que tal vez siempre han existido, pero que antes nunca supimos ver.