Pedagogical reasoning
5.8 Primary school teacher case study results
5.8.11 Primary school case studies – conclusions
- Juan Bautista: Como ya se ha expresado, Juan Bautista activa la narración del cuarto evangelio con un papel protagónico que, a medida que avanza la trama, va diluyéndose170; según sus rasgos constitutivos, corresponde narrativamente a un ―personaje redondo‖171, no por la descripción que de él realice el narrador (que se limitará a las referencias del prólogo) sino por la manera como paulatinamente se irá presentando a lo largo de la trama. Tal vez éste, después de Jesús, sea el personaje más completo del evangelio a pesar de su corta aparición172. Desde el ―tiempo monumental‖ del prólogo su
1,15.32 y en la escena de 1,19 ss, y la allí mencionada marturi,a de Juan bautista es formulada como tesis: ―yo ya lo he visto, y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios‖. Este primer aspecto de la concepción de testimonio como indicativo, al que quizás corresponda también la observación de Jn 5,39 (en boca de Jesús), de que la intención característica de toda la Escritura es dar testimonio de Cristo revelador, encuentra su conclusión legitimadora en el testimonio joaneo de Jesús (Jn 5,33) de que el Bautista ha ejercido su actividad de testitgo en la verdad, o sea, a favor de la verdad o según la verdad. Esto equivale a decir que aquí testimonio ya no es la confirmación de algo que se puede demostrar que ha ocurrido, sino que es una indicación anunciadora que remite a Jesús como al revelador de Dios (Ibid., 259).
170 Aspecto que justificará el que autores como Culpepper lo identifiquen como un personaje
menor. Ver: Culpepper, Alan. Anatomy of the fourth góspel, 132.
171 El personaje ―redondo‖ ―es la figura construída con la ayuda de varios rasgos y estrategias
narrativas y descripciones (asume frecuentemente un papel protagónico en el relato o parte de él)‖. (Marguerat y Bourquin. Cómo leer los relatos bíblicos,123)
172―El personaje del Bautista está atestiguado por Flavio Josefo que lo describe como «un hombre
de bien, que exhortaba a los judíos a cultivar la virtud y a emplear la justicia en las relaciones mutuas y la piedad para con Dios, a fin de unirse al bautismo…». Su actividad se extendió desde el otoño del 27 hasta la primavera del 29, durante el segundo período de Qumrán, en el que dominaba un esenismo de cuño zelote (…). El movimiento bautista irradió hasta Éfeso, según la
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misión estará referida indisolublemente a Jesús: ―vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz‖ (1,6-8), ―dio testimonio de él y clamó diciendo: Éste era del que yo dije: «El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo»‖ (1,15). Así, en boca del Bautista ―se condensa todo el testimonio del Antiguo Testamento a favor del Nuevo. Él es el último eslabón de los testigos de la luz. Pero le ha llegado su tiempo de ser dejado atrás por aquel que se pone delante. Lo que expresa el evangelista en la parte narrativa, viene así ligado con el prólogo‖173.
El testimonio que da de sí niega que sea el Cristo, Elías o el profeta (1,20-21). A diferencia de Jesús, quien retoma la expresión sagrada del Antiguo Testamento, por la cual Dios se da a conocer a su pueblo: ―Yo Soy‖ (24 veces en Jn: 4,26; 6,20.35.45.48.51; 8,12.18.24.28.58; 9,9; 10,7.9.11.14; 11,25; 13,19; 14,6; 15,1.5; 18,5.6.8)174, Juan repetirá hasta la saciedad ―Yo no soy‖. Cuando los representantes oficiales del judaísmo le fuerzan a identificarse, citando a Isaías, se define como ―la voz del que grita en el desierto: enderecen al camino del Señor‖ (1,23); la traducción es precisa al afirmar que no es ―la voz que grita‖ sino la ―voz del que grita‖, es decir que no es una ―voz‖ que se emita por sí misma con un mensaje propio sino que su existencia depende por entero de aquel que la pronuncia175. Juan vino a bautizar en agua para que Jesús fuera manifestado a Israel a través de él (1,26.31) y al que viene detrás de él, no es digno para desatarle la correa de la sandalia (1,26). Él es quien ve a Jesús viniendo hacia él y lo proclama como mención de Hch 19,1-4, mucho después de la muerte de Juan; su supervivencia puede rastrearse incluso hasta el año 300 en Siria‖ (Léon-Dufour, Xavier. Lectura del Evangelio de Juan. Vol I,124)
173 Martín-Moreno, Juan Manuel S.J. Personajes del Cuarto Evangelio. Bilbao: Desclee de Brower,
2001, 58
174 Es su
gestivo que las tres últimas veces que Jesús dice ―Yo soy‖ en Jn (18,5.6.8) también tienen lugar en un contexto de interrogatorio, durante el prendimiento de Jesús, e intervienen los mismos representantes de los judíos. Sin embargo, los papeles se invierten: es Jesús quien interroga y los enviados de los sumos sacerdotes y fariseos responden. La pregunta de Jesús es similar a la que dirige a los dos primeros discípulos: ―¿a quién buscáis?‖. De igual modo, como con el Bautista, ellos no lo reconocen, lo que lleva a Jesús a volver a hacerles la pregunta.
175 Al respecto San Agustín comenta: «Juan era la voz, pero el Señor era la Palabra que existía ya
al comienzo de las cosas. Juan era una voz fugaz. Cristo la Palabra eterna desde el principio. Quita la palabra, ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído pero no edifica el corazón. Al intentar que llegue a ti y se aposente en tu corazón, echo mano de la voz y mediante ella te hablo; el sonido de la voz hace llegar hasta ti el entendimiento de la palabra; una vez que el sonido de la voz ha llevado hasta ti el concepto, el sonido desaparece, pero la palabra, que el sonido condujo hasta ti, está ya dentro de tu corazón, sin haber abandonado el mío. Cuando la palabra ha pasado a ti, ¿no te parece que es el mismo sonido el que dice: “Ella tiene que crecer y yo tengo que menguar?” El sonido de la voz se dejó oír para cumplir su tarea y desapareció…». (S. Agustín. Sermón 293. PL 38, I328-I329)
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el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (1,29). También testifica que ha visto al espíritu bajando como paloma del cielo y permaneciendo sobre Jesús (1,32). No lo conoce pero quien lo envió a bautizar en agua le indicó que Jesús es el que bautiza en el Espíritu Santo (1,33). Finalmente da testimonio de que Jesús es el hijo de Dios (1,34).
- Los judíos176: El papel antagónico de esta primera parte estará representado por los
sacerdotes, levitas y fariseos enviados por los judíos desde Jerusalén para interrogar a Juan. Su función actancial no es acusatoria pero sí indagatoria dentro del proceso judicial que está iniciando. Cuestionan a Juan sobre su identidad y desempeño bautista a partir de referencias mesiánicas tradicionales: el Cristo, Elías y el Profeta. Sobre ellos, el narrador pondrá de manifiesto una ironía en boca de Juan: son ellos quienes, por su conocimiento de las Escrituras, están capacitados para reconocer la venida del Mesías, sin embargo, ―en medio de ellos está uno a quien no conocen‖. Terminando la primera escena desaparecen sin que se mencione una reacción ante las respuestas de Juan. El diálogo entre Juan y los sacerdotes, levitas y fariseos revela una relación común entre ellos: ambos han sido enviados. El prólogo indicará que Juan es enviado por Dios (1,6) mientras el relato señala que los sacerdotes, levitas y fariseos son enviados por los judíos
176 Para comprender bien el valor del testimonio de Juan Bautista, hay que aclarar qué es lo que se
entiende por el término judíos. ―La palabra ―judíos‖ es usada en un sentido general, sin connotación peyorativa, cuando el Evangelio nos habla de las costumbres de los judíos (2,6) o de las fiestas de los judíos (2,13; 6,4). De hecho, no tienen un sentido claramente negativo. Jesús es un ―judío‖ (4,9) y el evangelista afirma que la salvación viene de los judíos (4,22) (…). Con todos estos datos del Evangelio es evidente que el autor no habla de un grupo concreto en tiempos de Jesús: a veces habla de la gente, otras de los fariseos, otras de los judíos que no creen en Jesús, en algunos lugares habla de los oficiales del templo y de los fariseos y, finalmente del sanedrín. Es pues, imposible identificar a los ―judíos‖ con un grupo del tiempo de Jesús. La incredulidad que se describe es más bien la del tiempo del autor que la del tiempo de Jesús‖. (Sarasa, Luis Guillermo, S.J. ―Una indicación exegética sobre el discípulo amado como prototipo‖. En: Theologica Xaveriana
Vol 57 N°165 (253-286). Enero-Junio de 2008).
En el contexto de la perícopa éstos ―son los dirigentes religiosos que entran en polémica con Jesús. Son a menudo los adversarios de Jesús y de su testigo, son los representantes del mundo incrédulo. Tienen que distinguirse de los verdaderos ―israelitas‖, que por el contrario, son aquellos que se abren a la palabra de Jesús (1,47)‖ (Zevini, Giorgio. Evangelio según san Juan, 65).
Bultmann hace al respecto una pertinente observación: ―Los interrogadores son los ―judíos‖, justamente en el resto del evangelio ellos aparecen como los oponentes de Jesús, aquí ellos aparecen como los oponentes de su testigo. Éste, entonces, es el preludio de la lucha que se realiza en la totalidad de la vida de Jesús: es una lucha entre la fe cristiana y el mundo, representado por el judaísmo, una lucha que está continuamente representada como un proceso, en que los "Judíos" están bajo la ilusión de que son los jueces, mientras que en realidad son los acusados ante el tribunal de Dios, es una lucha que llega a su conclusión en el
ke,kritai
de 16,11 y elevgw. neni,khka to.n ko,smon
de 16,33‖ (Bultmann, Rudolf. The gospel of John, a comentary, 86).72
desde Jerusalén (1,19); relación que manifestará las partes involucradas en el proceso judicial hacia Jesús y de éste hacia el mundo (Dios177 y los judíos, quienes, por el momento sólo aparecen como personajes figurantes) y los roles que asumirán a lo largo del evangelio.