4. DISCUSSION
4.4 Knowledge and experience
4.4.1 Prior experience
Lucía Ríos
Doctorado en Ciencias Antropológicas - UNC
Los esbozos iniciales del trabajo de campo que aquí presento, son producto de mi proyecto doctoral en Antropología que comenzó a gestarse durante el año 2016 cuya pretensión radica en indagar en torno a los cadáveres restituidos de personas asesinadas por motivos políticos en la década de los 70, explorando en las diversas representaciones y prácticas en relación a éstos plasmadas en la documentación elaborada por el Estado en dicho periodo. Para llevar a cabo esta investigación, parto
de considerar como “locus”1 de inscripción de la represión política del Estado y de
la configuración de subjetividades, tanto a los cadáveres como a la documentación donde se materializan las representaciones y prácticas en torno a los mismos.
Me propuse como objetivo general a desarrollar en esta investigación de cuño
antropológico el de analizar cómo se construyen representaciones sobre los subversivos
en la documentación producida por el Estado en torno a los cadáveres abatidos en la lucha contra la subversión y su potencial en la construcción de subjetividades. Así también, me plantee comprender las múltiples representaciones acerca del extremista
o subversivo vivo y muerto presentes en el corpus documental a indagar y las posibles transiciones entre uno y otro, tomando en consideración los procesos de construcción
de subjetividades a partir del tratamiento burocrático de los cadáveres de personas asesinadas durante la dictadura.
El interés vinculado a estos objetos de estudio proviene desde mi tesis de grado2. Aquel trabajo disparó interrogantes que excedían en su momento el objeto
de estudio abordado, vinculados en particular a la necropolítica y a la gestión de los cuerpos por parte del Estado, materializado en una institución sanitaria municipal.
El eje de mis intereses estaba puesto en los “cuerpos humanos”, en sus posibles
representaciones y en sus diversos estados –“cuerpo vivo”, “cuerpo muerto”, “cuerpo viejo”, “cuerpo enfermo”-.
El haber trabajado posteriormente en distintos Sitios de Memoria -ex Centros Clandestinos de Detención, de aquí en más “ex CCD” - y en el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) generó nuevos interrogantes que devinieron en la relación cuerpo-identidad, es decir, el proceso de construcción de la subjetividad y de
su gestión mediante procedimientos estatales. ¿Qué identidad se les atribuía a los
cuerpos asesinados por motivos políticos por el régimen? ¿Cómo se los nombraba
desde el Estado? ¿Qué tratamiento recibían? Comenzaba a preguntarme por lo que
el EAAF en Argentina utilizando las categorías de ‘cuerpo sin identidad’ y de ‘Identidad sin cuerpos’, para remitirse al proceso de “ensamblaje” en la reconstrucción de las subjetividades entre la materialidad corpórea y la identidad a adscribir.
A partir del acceso a ciertos acervos documentales en el Archivo Provincial de la
Memoria (APM) tales como, el “libro de morgue”3, “libros del comando radioeléctrico”4, “sobres de la morgue”5 y actas de defunción digitalizadas, y de un análisis preliminar
se fue configurando la pregunta en torno a la violencia política y estatal, a la gestión y tratamientos de cadáveres por parte del Estado durante un gobierno de facto y en torno a la construcción de subjetividades y representaciones sobre éstas.
Realizando un primer mapeo de este material, observé que en el relato de los
sucesos del deceso las menciones fenotípicas son nimias, en detrimento del relato de las circunstancias de tal deceso, se circunscriben a la situación del ser abatido
en un enfrentamiento entre fuerzas de seguridad y elementos subversivos. Mediante la mención de elementos6 considerados subversivos para el Estado (la construcción
de un espacio que diera indicio de “clandestinidad”, como ser casas abandonadas y en ruinas, banderas rojas, libros comunistas, panfletos del ERP, los tiroteos largos), se fue configurando la imagen de un “otro distinto” al que había que combatir y si era necesario, aniquilar. En la configuración de ese “otro”, se materializaba una línea divisoria que ubicaba de un lado las vidas que según el Estado merecían ser vividas y en el otro, las que no lo merecían en absoluto (Agamben 2006).
A partir de estas intuiciones y reflexionando sobre trabajos etnográficos previos que han trabajado sobre la morgue judicial en los 70 (Sarrabayrouse Oliveira 2003) me he preguntado ¿Cómo se realiza el tratamiento de los cuerpos/cadáveres del abatido una vez muerto a partir de cómo se escribe sobre ellos en los documentos
burocráticos del Estado? ¿Cómo se reconstruye la imagen del subversivo en las distintas
inscripciones, como en capas, en el cuerpo, en los documentos, que involucran dar cuenta del momento del deceso? En ese marco de interrogantes, el ejercicio analítico
implica también ver cómo en los procesos de ejercicio de poder por parte del Estado
en un gobierno de facto, las diversas formas que la violencia va adquiriendo generan hábitos, representaciones y subjetividades (NUAP 1999).
En mi mapeo inicial realizado para el proyecto de esta investigación de largo plazo, no habría un único modo de definir al subversivo o abatido, sino que por el contrario
habría distintos subversivos según fueran ubicados en la secuencia secuestro/muerte no confirmada/ocultamiento del cuerpo (desaparición). En tal caso, bien podríamos hablar de “subversivos vivos” o “subversivos muertos”, donde el primero –“matable”- es aún un sujeto peligroso, mientras que el “enemigo muerto” en términos potenciales ya no constituiría un peligro –al menos no el mismo que el del “enemigo vivo”- sino que posee más bien un estatuto ético –un carácter correctivo- distinto (Perosino, 2012),
tienen su correlato en el cuerpo de los “subversivos”, expuestos y amenazados que acaban siendo susceptibles de violencia (Butler 2006).
El problema inicial de la pesquisa consiste en indagar en el “cómo” de las
representaciones y prácticas –cómo se construyeron, con qué inscripciones, con qué trayectorias- en torno a la figura del “otro” en la documentación producida por el Estado en torno al momento del deceso y de la posterior entrega de cadáveres,
interrogándonos a su vez en relación a cómo se gestionan los cadáveres de estos
construidos como “enemigos”, indagando no sólo el lugar que ocupa la gestión biopolítica de los cuerpos muertos (Foucault 2007), sino también en cómo se escribe
sobre ellos.
Adhiriendo a la reflexión de Ansett “la suerte del cuerpo y particularmente del cadáver (…) nos parece constituir verdaderamente una clave para la comprensión de procesos de producción de violencia de masa” (2013: 12). Esta distinción entre “cuerpo” y “cadáver” aparece de manera recurrente tanto en las actas como en los “libros del comando radio eléctrico”, distinción que deberá ser trabajada en profundidad y para lo cual los aportes de Pilar Calveiro (2004) son un claro antecedente.
La investigación aquí presentada es una vía de acceso para analizar desde
una perspectiva etnográfica los estados de excepción, en el caso que nos compete a través de lo sucedido en Argentina en los 70, desentrañar las distintas capas de significados a modo de una “descripción densa” (Geertz 1973) que dé cuenta de la trama de significaciones que participan en la configuración de la alteridad en un periodo socio-histórico determinado. Como tal, se procura emplear una metodología por excelencia antropológica, la etnografía, donde en función de recabar información mediante técnicas específicas, lograremos producir datos que serán la carne de esta
investigación. Será a través de la etnografía que podamos elaborar una comprensión
de los sentidos y las prácticas de los sujetos, de las representaciones elaboradas y las implicancias antropológicas y políticas de las mismas, poniendo en contacto entre los sentidos nativos y la interpretación del etnógrafo (Guber 2005).
A tales fines, será de capital importancia trabajar con los archivos concernientes a la dimensión burocrático-administrativa del Estado. Estos archivos serán interpretados a la luz del contexto socio-histórico, de la antropología política, de los estudios de la representación y la construcción social de identidades (Pollak 2006) y de la corporalidad
en relación a los objetivos de indagación de este trabajo.
Valiéndome de la pluralidad y complementariedad de fuentes que caracterizan los estudios sobre el pasado reciente, el primer mapeo fue realizado sobre el “libro de morgue”, los “libros del comando radio eléctrico”, “sobres de morgue” y actas de defunción digitalizadas, dejando abierta la posibilidad a trabajar con archivos de
prensa en caso de que fuera pertinente para la investigación. El trabajo sobre los archivos no se pretende desde una lectura decimonónica apegada al contenido de
lo escrito, sino que serán interrogados también en sus “marcas” –signos, símbolos, subrayados-, su materialidad, construcción, organización y trayectoria, atenta a los elementos que ayuden a responder nuestros interrogantes y/o generar nuevos para futuras investigaciones. Siguiendo a Darnton (2002), al trabajar sobre un documento en sus partes más obviadas, podría estar tras la pista de algo que importa.
La observación será también de capital importancia en consonancia con contactar con el personal que trabaja en las locaciones donde se guarda la documentación
pertinente a esta investigación a los fines de acceder a las dinámicas en torno a estos archivos, los discursos dichos y silenciados, e información de utilidad al momento de la elaboración de datos. Realizaremos entrevistas no directivas –utilizando grabador preferentemente para registrarlas, de lo contrario se recurrirá a otros recursos que permitan “guardar” la información- a personal idóneo en relación al proceso de
elaboración de la documentación en el pasado en Córdoba.
Resta señalar que las cuestiones éticas acuciantes no solo a toda investigación
etnográfica en general, sino a las que tratan temas de violencia en particular serán consideradas –y problematizadas- a lo largo de la investigación, valiéndonos desde el inicio del consentimiento informado de los informantes, la devolución de sus entrevistas y de los resultados de esta investigación, siendo conscientes de la distancia existente el “ethos moral” del investigador y del nativo (Tello en Sarti y Dias Duarte 2013: 178).
Actualmente, me encuentro realizando el trabajo de campo de manera más exhaustiva, analizando los “sobres de morgue” que se encuentran en el Archivo Provincial de la Memoria. Mediante la lectura de 100 sobres, cada uno de ellos conformado por cuatro “documentos” –provenientes del poder judicial, la policía de la provincia y la morgue judicial- he comenzado la etapa de sistematización de causas de muerte, modo de nombrar al cadáver, modos de escribir de los distintos poderes del Estado durante enero de 1975, para comenzar a comprender las maneras en las cuales se escribía sobre los decesos, tanto de personas reconocidas legalmente como de “NN”. Esta información que luego será convertido en dato etnográfico, es a
su vez una puerta de ingreso para pensar en cuestiones vinculadas al cuerpo como
espacio de la narración y el testimonio.
Mediante el trabajo que me encuentro realizando actualmente, metodológicamente me paro en un estudio comparativo, analizando en primer lugar ingresos “de todo tipo” a la morgue provincial, para poder analizar no solo los modos por los que se escribe sobre la muerte en los espacios estatales y burocráticos destinados a tales fines, sino también para poder pensar si existen cortes o continuidades en los modos por los cuales el “Estado” nombra y actúa sobre los cuerpos en general, y sobre los cuerpos
de personas asesinadas por motivos políticos.
Un análisis preliminar de la documentación trabajada hasta el momento encontramos que el cadáver es el término liminal utilizado para dar cuenta de la
transición del estatus ontológico donde lo que prima no es el sujeto, sino la anulación
del mismo. En el criterio presentado en los sobres de la morgue, la muerte no es comprendida bajo la posibilidad de la trascendencia, sino que se lee a la luz de la terminalidad y de la definición por la negativa, lo que “ya no es” o “ha dejado de ser”.
Desde la lectura que realizan los poderes estatales que actuaron en los
mecanismos burocráticos del año 1975 en Córdoba Capital sobre la escritura del cuerpo, no hay nada que el cadáver pudiese ya decir, sino que todo lo que se dice
“sobre él” se expresa de manera acabada a través de los discursos generados por la policía y la medicina que actúan sobre la muerte del sujeto, de nuevo: la policía, la medicina y los ritos mortuorios propios de una tradición cristiana occidental.
La apuesta es preguntarme por lo opuesto, ¿hay algo más que se esté diciendo –de forma no evidente- desde la elaboración médico-legal del nuevo estatus del sujeto? ¿hay algo más que el cadáver, y el modo en el que se escribe de él, pueda decir?¿no podríamos pensar, acaso, que es justamente una relectura de ese nuevo estatus de sujeto- el del muerto por motivos políticos- lo que hace que de ser un cuerpo individual se torne un cuerpo colectivo, re-intregrado en las últimas décadas a la sociedad como como reclamo de justicia?8.
La pregunta no sólo avala a priori una ligazón entre el cuerpo/cadáver, las marcas de escritura sobre los mismos y una definición de lenguaje que yuxtaponga estos elementos y los transformen en un “modo otro” de narración, sino en poder
considerar esa narración como un testimonio que pueda “dar cuenta de algo” a pesar
de la distancia espacio-temporal entre lo que fue la experiencia traumática del pasado y la reconstrucción que se puede hacer de ella en el presente. Será justamente la
posibilidad de leer en esa clave estos sobres, una manera entre tantas de construir un puente reflexivo entre pasado y presente.
Lo aquí presentado responde a lo que se está articulando como mi trabajo
de investigación, preliminar, para mi doctorado en ciencias antropológicas.
Notas
1 Como clave de lectura para el trabajo, todas las palabras que aparezcan en itálicas harán referencia a términos nativos, mientras que aquellas que se encuentren con doble encomillado serán expresiones coloquiales utilizadas por la autora, y el entrecomillado sencillo será para términos teóricos y o técnicos. 2 La tesis se titulaba “La vida y la muerta bordadas en la boca. Indagaciones en torno a una guía de adecuación del esfuerzo terapéutico en la córdoba del presente”. La misma se centraba en analizar la noción de muerte digna en relación a la urgencia en un hospital de la ciudad cordobesa actual.
3 El “libro de morgue” en su versión digital se encuentra ubicado en la sede del EAAF en Córdoba –La morgue judicial de la Provincia-. Su versión en papel se encuentra en manos del Poder Judicial de la Provincia.
4 Estos libros se encuentran digitalizados en el “Archivo Provincial de la Memoria” en donde se relatan los distintos “enfrentamientos” y “operativos” llevados a cabo por la policía en la década de los 70. 5 En los “sobres de morgue” se incorporaban fichas donde se daba cuenta de manera escueta del motivo de muerte, eventualmente acompañado por alguna pertenencia del occiso (ej., anillo.).
en el relato, dado que pareciera ser un eufemismo para definir a las subjetividades sin tener que “nombrarlas”.
7 La secuencia secuestro/muerte no confirmada/ocultamiento del cuerpo (desaparición) o entrega del cadáver no es estática ni lineal, es una matriz metodológica que será utilizada en función de su operatividad. En esa secuencia, -dinámica y que debe ser contextualizada en cada periodo- no necesariamente debe pensarse el cadáver en términos de un logro “positivo”.
8 Para ampliar en relación al duelo y a los muertos por motivos políticos como instancias y sucesos re-significados que devienen en los reclamos colectivos por justicia, ver a Judith Butler, 2006, Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Buenos Aires, Editorial Paidós SAICF.
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