CHAPTER 8: CONCLUDING REMARKS AND FUTURE WORKS
8.2 Future Works
8.2.3 Private Query Processing in Location-based Services
En la segunda vuelta de la elección presidencial realizada en Perú en junio de 2006, se enfrentaron dos candidatos: Alan García, del Partido Aprista Peruano (APRA) y Ollanta Humala, de la Alianza entre la Unión por el Perú y el Partido Nacionalista Peruano (UPP-PNP). De un total de 16 400 000 electores, García obtuvo 6 685 629 votos y Humala 6 221 281. La diferencia entre ambos fue de 464 348 sufragios. Humala atrajo la votación de la izquierda, en medio de una gran polarización política. Las dos agrupaciones que concurrieron a la elección con una posición clara de izquierda, el Partido Socialista de Javier Díez Canseco y el Frente Amplio de Izquierda (FAI) liderado por Alberto Moreno –al que pertenecen los dos partidos comunistas existentes en el Perú–, no llegaron al 1% de la votación.
El arribo de ambos candidatos, García y Humala, a la segunda vuelta, significó la derrota de la candidata derechista Lourdes Flores Nano, quien quedó fuera de juego. Tanto García como Humala (con mayor radicalidad este último) postularon cambios en la política económica oficial. Bajo la cobertura socialcristiana de la Unidad Nacional, y en un último intento de «izquierdizar» su candidatura, Flores Nano representó el poder económico de la Confederación de Instituciones de la Empresa Privada (CONFIEP) y las empresas mineras. Sin embargo, esta candidata conservadora obtuvo una votación significativa en Lima, incluso en los barrios populares.
En la primera vuelta, Humala obtuvo 30,62% de los votos válidos; García 24,32% y Flores Nano 19,98%. En la segunda vuelta, la prensa de derecha y sus representantes más conspicuos llamaron a votar por García contra Humala. En virtud del repudio de la mayoría del electorado a la pobreza creciente, a la violencia generalizada, a la contaminación ambiental, a la corrupción y a la falta de empleo, la segunda vuelta se realizó entre dos opciones que planteaban el «cambio», lo que, de hecho, significó una derrota de quienes defienden el programa económico neoliberal en aplicación desde 1990.
Perú: balance de la elección de junio de 2006
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81 Alan García hizo un catastrófico gobierno entre 1985-1990, que desencadenó una hiperinflación de 5 000% anual, en un país asolado por el terrorismo militar y subversivo de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). García limitó los pagos de la deuda externa peruana a 10% de las exportaciones. Aliado al inicio de su gestión con un grupo de empresarios conocidos como «los doce apóstoles», después rompió con ellos y estatizó los bancos. En octubre de 1987, aplicó el primer shock de corte neoliberal. Acusado de actos de corrupción, fue satanizado por la derecha y tuvo que exiliarse en Colombia y Francia, para retornar finalizado el gobierno de Alberto Fujimori.Al regresar a Perú, García se presentó como un candidato de izquierda «moderada» y socialdemocrática. En realidad, su línea política fue tan ambigua como lo ha sido históricamente la del APRA en Perú. Criticó inicialmente las altas tarifas de los teléfonos y la electricidad fijadas por las monopólicas empresas privatizadas, pero altos dirigentes de su partido se relacionaron con las empresas mineras y asumieron una tibia justificación de su presencia en el país. García argumentó ser un perseguido de Fujimori, pero los congresistas del APRA establecieron relaciones amistosas con los altos mandos fujimoristas del ejército, al punto que llevó como candidato a la vicepresidencia al almirante Giampietri, acusado de la matanza de prisioneros de Sendero Luminoso ocurrida en la isla El Frontón durante el gobierno de Fujimori. Otra de sus adquisiciones políticas es el general de la policía Benedicto Jiménez, actual congresista electo por el APRA, quien en 1992 comandó la captura del jefe de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán y en 2005 dirigió el entrenamiento de mercenarios peruanos para ser enviados a Irak, en las instalaciones del ejército. De esta manera, mientras García usa un lenguaje moderado y populista en las manifestaciones públicas, mantiene relaciones con los empresarios privados, especialmente con los mineros y con sectores represivos de las Fuerzas Armadas. El reciente voto del APRA en el Congreso a favor de la ratificación del TLC con los Estados Unidos, confirma su acercamiento a lo fundamental de la política norteamericana en Perú, ya manifestado en sus frecuentes ataques a Hugo Chávez. Vale la pena destacar que García gana la elección presidencial de 2006, con los votos de la misma derecha que lo acusó y persiguió como un mal abominable.
Ollanta Humala es un comandante retirado del ejército peruano.1
Surgió a la noticia a partir de un intento de levantamiento en Locumba, importante base del ejército en el sur del país, cerca de la frontera con Chile, al final del período de Fujimori. Fue amnistiado por el gobierno provisional de Valentín Paniagua –que sucedió al de Fujimori por un año– y enviado como agregado militar a Francia y a Corea del Sur. A su retorno al país, inició
1 En Perú, el grado de comandante está por debajo de coronel y general, es decir, que se
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Contexto Latinoamericanosu campaña como candidato a la presidencia, pero no logró recolectar las 150 000 firmas que el Jurado Nacional de Elecciones exige para legalizar una candidatura presidencial, por lo que tuvo que aliarse con la UPP, antiguo partido fundado por Javier Pérez de Cuellar.
El hermano de Ollanta, Antauro, es un mayor del ejército que se quedó en el país movilizando un contingente de licenciados (ex soldados), con quienes encabezó, ya durante el período de Toledo, la toma de una estación policial en Andahuaylas, una ciudad en el interior andino, con un saldo de muertos y heridos de ambos lados. Fue apresado y actualmente espera un juicio militar. Las posiciones de Antauro, manifestadas a través de su periódico, que primero se llamó Ollanta y luego Antauro, se dirigieron contra todo el sistema de dominación económica y política de la oligarquía y contra el imperialismo, con mayor énfasis en el factor étnico e indígena de las reivindicaciones nacionales y populares, bajo el nombre de «etnocacerismo», en alusión al Mariscal Cáceres, un jefe militar que, a finales del siglo XIX,
enfrentó la invasión chilena con apoyo campesino.
Ollanta Humala proviene de una numerosa familia andina e izquierdista, aunque él se define simplemente como «nacionalista». Su padre, Isaac Humala, encabezó uno de los grupos escisionistas del Partido Comunista, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Su madre Elena Tasso formó parte de la Juventud Comunista en su época de estudiante universitaria. En el curso de los últimos meses, Ollanta ha deslindado posiciones con el radicalismo étnico de su hermano Antauro y, en repetidas ocasiones, ha rehusado a aliarse públicamente con la izquierda marxista orgánica agrupada en el FAI, con el argumento de que él es solo «nacionalista». Por otra parte, incorporó a su campaña electoral a un grupo de empresarios judíos de la pesca, la banca y el turismo quienes, al parecer, la financiaron. Ha sido acusado por la Coordinadora de Derechos Humanos de participar en actos de tortura y asesinato contra la población civil en la selva central durante su carrera militar, aunque estas acusaciones no han sido plenamente esclarecidas, ya que se encuentran bajo investigación judicial. En gran medida, su popularidad se debe a la campaña de implacables ataques desarrollada contra él por la prensa, que lo ha acusado de ser agente del presidente venezolano Hugo Chávez, de estar vinculado al ex asesor de Fujimori, Vladimiro Montesinos, de haber dirigido desde el exterior el levantamiento de Andahuaylas, que encabezó su hermano menor Antauro, y de tener un proyecto fascista.
Para un análisis de la situación política peruana, es importante diferenciar la personalidad de Ollanta Humala, del «fenómeno Humala», es decir, la oleada popular de repudio a las empresas transnacionales y a los políticos reaccionarios que se ha expresado en estas elecciones. Este no es un fenómeno nuevo; viene manifestándose en Perú desde la década de los noventa, mediante el surgimiento de diversos «outsiders» que aparecen súbitamente expresando
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83 ese repudio. El propio ex presidente Fujimori lo aprovechó en 1990, con su campaña contra el shock neoliberal y los «partidos tradicionales», con la que ganó las elecciones, para después llevar a cabo un super shock en agosto de ese mismo año, bajo el mandato directo de Washington y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Durante el gobierno de Toledo, que continuó en lo básico la política económica de Fujimori y acentuó la subordinación de Perú a los Estados Unidos hasta niveles caricaturescos, organizaciones populares de diversos tipos –sindicatos, comunidades campesinas, municipalidades locales o frentes regionales o provinciales– enfrentaron el programa neoliberal, con reivindicaciones como, por ejemplo, la reincorporación de trabajadores despedidos a las empresas o a la administración pública, y la oposición a la presencia de empresas mineras o a nuevas concesiones mineras, que llegó a paralizar temporalmente el programa de privatizaciones, entre otras acciones. Mención aparte merece el papel que están desempeñando la televisión y los medios de comunicación masiva. En poder de las grandes empresas y del gobierno, que en Perú es decir más o menos lo mismo, los medios se encargan de distraer a la opinión pública con escándalos diarios, mientras esconden o impiden el debate de los temas nacionales. Esos medios ignoran, satanizan o criminalizan cualquier posición discrepante con el modelo neoliberal, y han hecho revivir el macartismo de la posguerra con nuevos enemigos que, en el caso de América Latina, son Hugo Chávez en primer lugar y Evo Morales en segundo, sin olvidar, desde luego, a Fidel Castro. Lo notable es que la gente ha empezado a reaccionar contra esa campaña. La alta votación registrada por Humala revela que los medios de comunicación han empezado a perder credibilidad y están siendo identificados como parte del sistema que es repudiado en la mentalidad popular por su corrupción e insensibilidad.En general, las elecciones peruanas revelan: 1) un incremento del rechazo a las manifestaciones externas del modelo neoliberal y un agotamiento del propio modelo; 2) una creciente «derechización» del electorado de Lima –casi un tercio del electorado total– que votó mayoritariamente por la candidata conservadora Lourdes Flores; 3) la desaparición electoral aunque no política de la izquierda orgánica, como consecuencia de la polarización entre el autodenominado «nacionalismo» de Humala y la socialdemocracia centro- derechista de Alan García. La práctica desaparición electoral de la izquierda marxista está lejos de significar su desaparición política y social. Aunque todavía dispersos y en proceso de coordinación y agrupación, estos cuadros continuarán sin duda actuando en el sindicalismo y en la lucha social que se reiniciará luego de terminado el proceso electoral.