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Privately-operated systems are more economically efficient and decrease costs to

“El ciclo es la forma de crecer en la economía en el régimen en que vivimos; si bien se trata de un fenómeno general que ha de explicarse con una sola teoría de conjunto, manifiéstase de una manera diferente en los centros cíclicos y en la periferia.

Mucho se ha escrito acerca de él en los centros, pero muy poco con respecto a la periferia, no obstante esas distintas manifestaciones. Los breves comentarios que haremos en seguida no pretenden suplir esta deficiencia, sino esbozar algunas ideas de política anticíclica que, de

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) 48

aceptarse en principio, podrían constituir un punto de partida conveniente para la discusión de este problema” (Prebisch, 1949).

Desde que Prebisch escribió los párrafos anteriores hasta el presente, mucho se ha avanzado en el análisis del problema de la volatilidad y sus alcances. A partir del trabajo pionero de Ramey y Ramey (1995), en varios estudios se encontró evidencia empírica de los efectos negativos permanentes de la volatilidad sobre el crecimiento (véanse, por ejemplo, Wolf, 2005; Easterly, Islam y Stiglitz, 2000). Según Aguiar y Gopinath (2007), en el período comprendido entre 1980 y 2005 la volatilidad media del PIB en América Latina y el Caribe ha sido mayor que la de los países desarrollados.

Si bien no es fácil determinar por medio de qué canales la volatilidad afecta el crecimiento, tras varios estudios se concluyó que los que incluyen la inversión son clave. Según Toledo (2008), la formación bruta de capital es cuatro veces más volátil que el producto7. Esa

elevada volatilidad dificulta el proceso sostenido de acumulación de capital8. Por otra parte, la volatilidad

puede afectar el crecimiento al influir negativamente sobre otros de sus determinantes, como el desarrollo financiero, la calidad de las instituciones, la acumulación de capital humano y la distribución del ingreso (véanse Levine, 2007; Fanelli, 2008a).

En primer lugar, es obvio que tanto el crecimiento como la volatilidad del PIB han estado influenciados por las crisis que debieron enfrentar todos los países de América Latina y el Caribe al menos una vez en los últimos 0 años. Edwards (2007) ha estimado los costos de estas crisis y sobre esa base subraya su importancia para explicar el bajo crecimiento de la región (véase CEPAL, 2004). Un punto clave que destacan Catão (2007) y Loayza y otros (2007) es que mientras la volatilidad total bajó entre los años ochenta y noventa, se elevó la frecuencia de eventos extremos, como colapsos de crecimiento, reversión de los flujos de capital y crisis bancarias y cambiarias.

En segundo término, en América Latina y el Caribe el consumo es más volátil que el PIB9. Una alta volatilidad

del consumo supone que también la pobreza sea muy volátil, sobre todo cuando en un gran número de hogares los ingresos per cápita se encuentran cerca de la línea de pobreza. En estas circunstancias, un descenso relativamente

7 El mismo autor corroboró que la volatilidad de las exportaciones era similar a la del PIB.

8 Debido a la existencia de mercados de crédito imperfectos, también puede ocurrir que la inversión caiga más en una etapa de recesión de lo que se recupera en un período de expansión, generándose un efecto neto negativo. Además, una mayor cautela de los inversionistas en un período de gran turbulencia puede llevar a la interrupción de proyectos de inversión de largo plazo, perjudicando la eficiencia de la inversión.

9 Véase Toledo (2008).

pronunciado del consumo puede dejar a muchas personas por debajo del nivel mínimo requerido para satisfacer sus necesidades. Es posible enumerar tres ejemplos ilustrativos de esta relación: la República Bolivariana de Venezuela, a raíz de los fuertes ajustes de precios realizados en 1989, cuando el porcentaje de pobreza aumentó del 42,5% al 57,7% entre 1988 y 1990, México, donde con la crisis de 1995 el porcentaje de personas pobres pasó del 45,1% en 1994 al 52,7% en 1996, y la Argentina, donde como consecuencia de la crisis de 2002 esta variable pasó del 2,7% en 1999 al 45,4% en 2002 (CEPAL, 2007c).

El hecho de que la capacidad asistencial del Estado en América Latina y el Caribe se reduzca en los períodos de recesión, como muestra la caracterización procíclica del gasto público social en la región (CEPAL 2006a), también agrega volatilidad al consumo de los pobres, exponiéndolos a un riesgo de política adicional (Perry, 2002). Además, los efectos de este tipo de volatilidad pueden pasar a ser permanentes en la medida en que afectan la acumulación de capital humano y, por ende, el crecimiento (CEPAL, 2007d). En los hogares con capacidad de ahorro, la volatilidad del consumo puede producir aumentos del ahorro de carácter precautorio y reducciones de la inversión que no son convenientes (véase Loayza y otros, 2007).

En tercer lugar, la volatilidad también puede incidir en la distribución del ingreso. Según estudios realizados en distintos países, existe una correlación directa entre el nivel de volatilidad y la desigualdad (Wolf, 2005). América Latina y el Caribe no es solo la región más volátil en términos de producto, sino que también es la que presenta una distribución más desigual del ingreso, algo particularmente relevante en una región donde los instrumentos destinados a volver más equitativa esa distribución han demostrado tener poca efectividad (véanse Goñi, López y Servén, 2008 y BID, 1999).

En función de esta evidencia, se puede conjeturar que una política orientada a reducir la volatilidad produciría un doble beneficio: aumentar el crecimiento de manera directa por los efectos sobre la inversión y reducir, de manera indirecta, la probabilidad de crisis, lo que facilitaría el crecimiento de los mercados de capital, la lucha contra la pobreza y la estabilidad de las instituciones económicas. Diseñar una política de este tipo no ha resultado fácil, ni siquiera para los países de la región que han logrado importantes avances, como Chile. Por ahora se puede concluir que la volatilidad afecta los objetivos últimos de la política, como el crecimiento, el consumo y la pobreza. Cabe destacar que estas razones son más amplias que las que suelen justificar las políticas anticíclicas de los países desarrollados, que en general se limitan a suavizar las fluctuaciones transitorias. Los hechos estilizados mencionados hacen pensar que la volatilidad objeto de la

política en América Latina y el Caribe tiene características diferentes de la de los países desarrollados. La reducción de la volatilidad del PIB en América Latina y el Caribe estriba necesariamente en un conjunto de políticas que reduzcan las posibilidades de crisis.

En vista de los efectos de la volatilidad sobre algunos aspectos esenciales del desempeño de la economía, parece natural que la discusión sobre políticas para el manejo de la volatilidad en los planos fiscal, monetario y cambiario esté muy presente en la región. El propósito de los capítulos siguientes es contribuir a esta discusión mediante el análisis de enfoques y opciones de política que sean de utilidad tanto para manejar las consecuencias de un determinado nivel de volatilidad como para reducir dicho nivel cuando repercuta en el bienestar, la pobreza o el crecimiento. Como el interés se centra en políticas para

enfrentar la volatilidad en todos estos aspectos, en este texto se utiliza la expresión “política antivolatilidad” para hacer referencia a una amplia batería que incluye no solo las políticas tradicionales que se ocupan de desvíos transitorios respecto de la tendencia de crecimiento, sino también del manejo de las consecuencias de las perturbaciones sobre la tendencia y los quiebres estructurales, así como iniciativas de reforma institucional orientadas a lograr una reducción permanente de la volatilidad. También cabe señalar que, según este enfoque, el manejo de la volatilidad tiene como principal objeto filtrar las perturbaciones sin afectar el deseo de asumir riesgos, considerados esenciales para introducir innovaciones y aumentar la rentabilidad. Se trata de una tarea difícil, con un componente ineludible de discrecionalidad, cuya eficacia depende de la coordinación de políticas a cargo de diferentes organismos públicos.

Recuadro II.1

GLOSARIO

Aceleración: Los episodios de aceleración

se caracterizan por un quiebre estructural favorable en el patrón de crecimiento. Para fines operativos, Hausmann, Pritchett y Rodrik (2004) los definieron como un período de al menos ocho años en que el crecimiento del PIB per cápita alcanza como mínimo un 3,5% anual y en que se cumple la condición de que la tasa media de crecimiento supere al menos 2 puntos porcentuales la del período inmediatamente anterior de la misma amplitud.

Auge: Los episodios de auge son

aquellos en que se registran tasas excepcionalmente elevadas de crecimiento. Por motivos prácticos, para la definición de auge se recurrió a un criterio análogo al de crisis, de manera que se consideraron tasas de crecimiento superiores a la desviación estándar de la media.

Colapso: Los episodios de colapso se

refieren a las situaciones en que las tasas de crecimiento son negativas y cuyo alcance excede el de las recesiones vinculadas al ciclo económico. Para fines operativos, Hausmann, Rodríguez y Wagner (2006) definieron el colapso del crecimiento como un período de caída del nivel absoluto del PIB per cápita, cuya duración va desde el primer año de descenso hasta aquel en que el producto vuelve a alcanzar el nivel máximo anterior al descenso.

Crisis: Los episodios de crisis son

aquellos en que se producen situaciones de desequilibrio especialmente marcado. Desde el punto de vista práctico, siguiendo

a Loayza y otros (2007), una crisis se define como el escenario en que se observa una tasa de crecimiento inferior a la desviación estándar de la media en el país analizado.

Perturbaciones permanentes y transitorias: Una perturbación es un impulso aleatorio que afecta positiva o negativamente la evolución de la economía y que puede clasificarse según su persistencia en permanente o transitoria. Las perturbaciones permanentes suponen un cambio estructural, mientras que las transitorias no. Técnicamente, las perturbaciones transitorias se producen por un proceso de reversión a la media, mientras que las permanentes se producen por procesos no estacionarios Así, las perturbaciones transitorias no afectan las tendencias a largo plazo, mientras que las permanentes sí.

Turbulencia y estabilidad: Los episodios

de turbulencia y estabilidad se definen a partir del concepto de crisis y se detectan a nivel regional. En este sentido, un episodio de turbulencia en la región comienza cuando al menos dos países se encuentran en crisis y termina en el período inmediatamente posterior al inicio, en que solo uno de ellos lo está. Los episodios de estabilidad se definen como aquellos en que no hay turbulencia.

Volatilidad: La volatilidad agregada

se refiere a la oscilación de las variables macroeconómicas. En el presente estudio solo se hace referencia a la volatilidad real, que operacionalmente se define

como la desviación estándar de la tasa de crecimiento del PIB per cápita, salvo que se especifique lo contrario. También puede utilizarse como medida la variación del producto en relación con una tendencia a largo plazo. En este segundo caso es preciso identificar esa tendencia, lo cual ha sido fuente de controversia debido a que existen numerosos métodos para hacerlo. De cualquier manera, los estudios sobre el tema muestran que de acuerdo con el tipo de problemas que se discuten en este trabajo utilizar una definición u otra es prácticamente indiferente.

Volatilidad excesiva: Mediante este

concepto se intenta identificar el componente de la variabilidad total de la tasa de crecimiento del PIB per cápita que no obedece a los factores fundamentales. El problema es que la volatilidad excesiva no puede observarse empíricamente, de manera que para detectar su presencia en el presente trabajo se utiliza el modelo estándar de mercados completos, según el cual es ineficiente que el consumo sea más volátil que el ingreso. Así, cuando la inestabilidad del consumo supera la del producto, ello obedecería en principio a una volatilidad no deseada por los agentes y a la existencia de fallas en los mercados financieros. En función de esta regla simple, se considera que existe volatilidad excesiva cuando la razón entre la desviación estándar de la tasa de crecimiento del consumo privado y la de la tasa de crecimiento del PIB es superior a uno.

Capítulo III

Volatilidad y crisis en América Latina y el

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