S. S. D. D. y F., el 10 de noviembre de 1892.
Asegúrese de que no será interrumpido por lo menos en una hora. Entonces solo, o con uno o dos adeptos más, entre en la bóveda, o habitación privada. Y permanezca en silencio y contemplación por varios minutos.
Levántese, y haga la plegaria y la Cruz Kabbalística.
Proceda después a contemplar un objeto, un arcano del Tarot por ejemplo, ya sea mirándolo hasta que parezca que se introduce en el naipe; o colocándolo en la frente o en cualquier otro punto del cuerpo, manteniendo los ojos cerrados. En este último caso, deberá grabarse en la mente dicha carta, su símbolo, color, analogía, etc.
En cada caso, debe abstraerse en el sentido ideal de la carta, profundamente; quedando completamente indiferente al entorno. Si la mente empieza a divagar, el principiante no logrará ninguna visión espiritual.
Considere todos los símbolos de la carta del Tarot, sus letras, números, situación y los senderos que se conecten con todo ello.
La visión ha de comenzar por la concentración, pasando por un estado de trance; o con un sentido distinto de cambio, algo parecido a la sensación de desmayo, con el urgente sentimiento de resistir, pero si estas verdaderamente inspirado, sin miedo, no resistirás y te dejarás ir; entonces la visión pasará sobre ti.
Si hay alguna interferencia o ruido que te moleste, debes comenzar de nuevo, desde el principio, pues la visión terminará por sí misma; algunos pueden retomar el hilo, y continuar donde se quedaron, otros no, a los principiantes esto les será imposible.
Ejemplo
La Emperatriz fue el arcano mayor escogido; se colocó ante las personas, que la contemplaron, la espiritualizaron, enaltecieron en color, e idealizaron y purificaron en diseño.
De manera vibratoria pronunciaron Daleth. Entonces, en espíritu vieron un paisaje distante azul verdoso, como los de los tapetes medievales. Se esforzaron por ascender; elevándose sobre los planos; pasando sobre las nubes, aparecieron en un paisaje verde pálido en medio de un templo gótico de líneas fantasmales marcadas por una luz. Se acercaron al templo, y este adquirió una sólida estructura. Haciendo los signos del Grado Netzach (por Venus) pudieron entrar; hicieron los signos del Portal y los signos 5o = 6o en forma mental. Opuesta a la entrada, percibieron una cruz de tres barras con una paloma sobre ella; al lado, unos escalones que conducían a la oscuridad, por un oscuro pasaje. Ahí se encontraron con un hermoso dragón verde, que se hizo a un lado indicando su inocuidad, y la visión del espíritu pasó. Dando la vuelta a una esquina salieron de la oscuridad para encontrarse sobre una terraza de mármol blanco y brillante, y un jardín de flores más allá, el follaje era de un verde delicado y las hojas de un color blanco aterciopelado en la superficie interior. Aquí apareció una mujer de heroicas proporciones, vestida de verde con un cinturón de joyas, una corona de estrellas y un cetro de oro, coronado por una lustrosa y blanca flor de loto, en su mano izquierda llevaba un orbe que ostentaba una cruz.
Sonrió orgullosamente, y observando su nombre como un espíritu humano respondió:
“Yo soy la poderosa Madre de Isis; más poderosa que todo el mundo, yo soy la que nunca pelea, pero que siempre sale victoriosa, yo soy la Bella Durmiente que ningún hombre haya visto, por todo el tiempo; y los senderos que conducen a mi castillo están llenos de peligros e ilusiones. Por eso no me encuentran dormida; o bien porque Fata Morgana haya extraviado a todos aquellos que hayan sentido la ilusoria influencia; me levanto en las alturas, y hago que los hombres vengan a mí, yo soy el deseo del mundo, pero son muy pocos los que me encuentran. Cuando se ha dicho mi secreto, es el secreto del Santo Grial”. Al pedirle aprendizaje ella respondió:
“Ven conmigo, pero antes vístete de blanco, y colócate tu insignia, y con pie desnudo sígueme a donde te lleve”.
Llegando a una pared de mármol, presionaron un resorte secreto y entraron a un pequeño compartimiento, donde el espíritu ascendió por una densa nube de vapor, y apareció sobre la torre de un edificio. Percibieron un objeto en medio de la estancia, que estaba prohibido mirar hasta que tuvieran el permiso acordado. Estiró los brazos y asomó la cabeza al Sol naciente de aureola dorada por el Este. Con la cabeza vuelta, se dirigieron hacia el centro, y se les permitió levantar la vista para observar una copa en la que había un
corazón que brillaba con los rayos del Sol; parecía un rubí que coloreaba el líquido de la copa. Entonces dijo: “Dama Venus, esto es amor, lo extraído de mi corazón para entregárselo al mundo; que es mi fuerza. Amor es la Madre del hombre; es Dios dando la Quintaesencia de la vida de ella para salvar al hombre de la destrucción, y mostrarle el sendero de la vida eterna. Amor es la madre de Cristo.
El espíritu y este Cristo es el máximo amor; Cristo es el corazón del amor, el corazón de la Gran Madre Isis, la Isis de la Naturaleza. El es la expresión del poder en ella, ella es el Sagrado Grial y El es la sangre viva del espíritu, que se encuentra en esta copa”.
Después de esto, dijo que esperaba que el hombre siguiera su ejemplo, nosotras solemnemente dimos nuestros corazones a la guardadora del Grial; entonces, sintiendo la inminencia de la muerte, nuestra imaginación humana quedó a la expectativa, sentimos el influjo de un gran coraje y poder, fuimos fortalecidas por el contacto de nuestros propios corazones, con la mayor fuerza de todo el mundo.
Cuando regresaron, se sintieron felices de haber aprendido que “El que entrega su vida, la ganará”. Porque le será otorgado el amor que es poder, por haber entregado todo lo suyo en favor de los otros.
Comentario
No se puede criticar a los evangelistas que han dicho que para aprender eso no hace falta más que leer el evangelio “Jesús dio su vida, y la ganó para nosotros”.
En el sentido clásico de la Kabbalah, la Emperatriz representa a la letra Daleth, por ser la cuarta del alfabeto hebreo, así, por analogía, la cuarta carta del Tarot es la Puerta de acceso a las otras esferas.
El sentido crístico de la experiencia, se basa también en el cuarto, representante de la Cruz y de la manifestación divina con forma humana.
Si usted realiza el experimento, no se preocupe si su resultado difiere del obtenido por las Hermanas de la Orden. Este tipo de experiencias no dejan de tener un sello personal, y un reflejo de las aspiraciones y conceptos espirituales del experimentador.