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Problem Definition and An Approximation Algorithm

Comenzaremos por la noción de “acción racional” y las relaciones que guarda con el egoísmo y el altruismo, entendido éste como la consideración de los intereses ajenos, y aquél como la atención exclusiva a los intereses propios. Los tres conceptos tienen una historia que se dilata hasta los orígenes de la reflexión ética y son inseparables de ésta, con una polisemia que es preciso acotar para evitar malentendidos. Partiremos del sentido más amplio que quepa darle al concepto de racionalidad, y a partir de allí iremos añadiendo progresivos grados de especificidad. Tomo de Gilberto Gutiérrez una cita que nos permite comprender la dimensión valorativa, inseparable de la racionalidad práctica, en su forma más general:

[...] existe un sentido mínimo de “racional” —llámese racional1— que hace verdadero por definición

que toda acción es racional por el hecho mismo de ser acción y no una mera reacción o respuesta refleja, esto es, algo que alguien hace y que no simplemente le pasa. [...] En este sentido mínimo, “racional” entra en la definición misma de acción; aunque ello no equivale a considerarla meramente tautológica y que no informe de nada no sabido de antemano.

Pero [...] hay al menos otro sentido de “racional” —por ejemplo, racional2— según el cual no

toda acción que es racional1 es ipso facto racional2. Es el empleado [...] al calificar una acción de

inteligente o acertada, de estúpida o imprudente o incluso de inmoral. Este uso presupone un canon, norma o criterio, no necesariamente moral, al que la acción debería —el verbo es importante— haberse ajustado90.

Realizamos así una primera reducción semántica, que perfila el concepto de racionalidad por su carácter normativo, aunque como queda indicado en el texto, todavía no necesariamente moral. A continuación introduciremos una nueva división, que nos remite a dos modos ya clásicos de entender la racionalidad, fácilmente encuadrables bajo los rótulos “racionalidad

89 Esta puntualización viene motivada porque el modelo de racionalidad presente en los agentes artificiales es en

principio consecuencialista. En principio porque realmente no cabe atribuir a un algoritmo ningún tipo de intencionalidad; y sin embargo, si no tuviésemos constancia de que son robots, podríamos suponer alguna finalidad a sus acciones observables.

sustantiva” y “racionalidad instrumental”, por denominarlas según la dicotomía que la escuela de Frankfurt ha hecho conocida. Al margen de este bautismo, también encontramos categorías análogas, aplicadas a la acción, en los conocidos ideales tipos de Weber: wertrational y

zweckrational. O si queremos retroceder a un planteamiento aun más clásico, hallamos una

distinción semejante en la razón pura práctica de Kant, por un lado, y la razón práctica cuando su fundamento es empírico (material). Mientras que la primera es capaz de proponerse fines propios, necesarios por su concordancia formal con una posible legislación universal, la segunda correspondería a la racionalidad instrumental, limitada al ámbito de los imperativos meramente hipotéticos (sin evaluar los fines). A su vez, esta racionalidad de los medios ya había sido señalada por Hume como esclava de las pasiones, quien a diferencia de Kant había reducido todo el alcance de la racionalidad a dicha esclavitud. Estas breves referencias y sus respectivas denominaciones no pretenden abarcar todos los modos posibles de concebir lo que sea la acción racional. Sin olvidar que los enfoques que he enumerado merecerían sin duda numerosas acotaciones y matices, la única intención al mencionar estas maneras de concebir la racionalidad práctica es situar los conceptos en un marco de referencia bien conocido que permitan orientar al lector.

Esto no significa que la llamada racionalidad instrumental carezca necesariamente de una dimensión moral, ni que la acción orientada a valores agote todo el campo de la moralidad. Afirmar o negar alguna de estas tesis dependerá precisamente del tipo de teoría moral que adoptemos. Sin necesidad de entrar en este debate, lo que sí podemos establecer es que la acción racional en torno a la cual gira esta investigación es la que responde a la idea de racionalidad

instrumental. La teoría de la decisión en general y la de juegos en particular, tanto en sus

vertientes descriptiva como normativa, no entran a valorar la racionalidad de los fines, sino que limitan su objeto a la racionalidad de los medios, en la medida en que éstos sean los apropiados para alcanzar el fin propuesto.

Finalmente, tenemos un paso más en esta especificación de lo que entendemos por racionalidad práctica si evaluamos esa idoneidad instrumental de los medios respecto de los fines en términos plenamente cuantificables. Llegamos por fin a la noción de acción racionalidad en tanto que maximización de la utilidad, tal como explica Gauthier en La moral por acuerdo:

[...] hablamos del interés y los intereses de cada persona y relacionamos la racionalidad con la satisfacción del interés individual y la moralidad con una restricción imparcial en la búsqueda de ese interés. Pero el interés es un concepto que oscila incómodo entre la perspectiva del propio individuo y la del otro. La teoría de la elección racional considera primordial un concepto aun más claramente subjetivo y conductista que el interés, la relación de preferencia individual. La preferencia se

relaciona con las situaciones; [...] la teoría de la elección racional se interesa primariamente por las preferencias entre situaciones, concebidas como posibilidades de acción alternativas y realizables. Por consiguiente, estas situaciones no son objetos directos de elección, sino que más bien son resultados posibles de las acciones que uno puede elegir realizar. [...]

En su sentido más general, la racionalidad práctica se identifica con la maximización. Por lo tanto los problemas de la elección racional son de un tipo matemático bien conocido: uno apunta a maximizar cierta cantidad sujeta a cierta restricción. La cantidad que se busca maximizar debe estar vinculada con la preferencia; [...] la teoría de la elección racional define una medida precisa de la preferencia, la utilidad, e identifica la racionalidad con la maximización de la utilidad.91

Además de precisar el sentido en que entenderemos la racionalidad, este texto nos pone frente a la idea de moralidad que nos interesa asociar —en principio por oposición— a dicha racionalidad.

Quisiera comenzar destacando la primera frase de esta cita (“[…] hablamos del interés y los intereses de cada persona [...]”) en relación con una definición procedente de la ciencia económica que está siempre al acecho, amenazando con hacer imposible este enfoque de Gauthier. El agente que estudia la economía es el famoso homo economicus, el sujeto que

siempre satisface su interés, que siempre maximiza su utilidad. Tanto es así, que cuando se habla

de maximizar la utilidad se entiende invariablemente, por definición, que es la utilidad propia. Según esto, incluso una acción que respondiese a “la restricción en la búsqueda del interés individual” sigue siendo ella misma parte del propio interés individual92. Así, resulta que el interés es algo que por su propia semántica no se puede restringir.

Sin embargo, como vemos, Gauthier define inicialmente la moralidad como “restricción imparcial del interés”. En este punto, la teoría económica convencional y la filosofía moral, han de tomar caminos divergentes. Es importante, por tanto, detenerse un instante para comprender el alcance de esa divergencia.

91 Gauthier, 2000, p. 42

92 Obviamente no se puede tratar de una restricción masoquista, en favor de nadie. Al inicio de Introducción a la ética, por ejemplo, Williams (1987, pp. 25 – 26) caracteriza la moralidad como la capacidad de tener en cuenta los

2.1.3. Moralidad como restricción imparcial del interés individual: ampliación del

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