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y la moral sigue siendo el eterno debate. Es inútil tener que remitirnos a la etimología de ética y moral, puesto que teniendo diferente procedencia etimológica —la una procede

del griego ethos y la otra del latín mor-moris— cada cual tiene la misma significación

refiriéndose a lo mismo en lo que concierne al ámbito de las costumbres. si bien es verdad que en la actualidad no existe un pacto universal sobre su relación y prioridad, descubrimos que entre ambas (ética y moral) hay un acuerdo mutuo sobre la necesidad de tener que disponer de ellas.

Ante tal dificultad, proponemos entender a la moral como un término estático de refe- rencia en el que se le asignan dos funciones: por un lado, designar el espacio para el cumplimiento de las leyes en el que se dictaminan los principios de aquello que está permitido y lo que no. Y por otro, el sentimiento de obligación que encarna la realidad subjetiva de la relación de un sujeto con las normas. sin embargo, si giramos nuestra

mirada al término ética vemos que su relación es con ella misma. Por ello, descubrimos,

desde la explicación que nos ofrece Paul ricoeur, que es preciso dividir a la ética en dos

formas de ser: “río arriba” (ética anterior), y “río abajo” de las normas (ética posterior)42.

Partiendo de esta demostración sobre la necesidad de un concepto vemos que la ética ante-

rior (o “río arriba”) tiende hacia la fundamentación de las normas en la vida y en el deseo;

y la ética posterior (o “río abajo”) procura introducir las normas en situaciones concretas.

A lo que aspira la ética anterior es a lograr ser una única forma de conferir de lo anterior

de las normas para hacer aparecer contenidos en el plano de la sabiduría práctica (ética

posterior). de este modo, podríamos justificar el término ética para designar el antes y el después de las normas. No es casualidad que podamos nombrar a la ética como un algo así como metamoral, ni tampoco es imposible hacer una reflexión de segundo nivel sobre las normas, ni mucho menos, y por otra parte, aplicar dispositivos prácticos que inviten a poner a la ética en plural a prueba en situaciones concretas, como es el caso de la ética

empresarial43. despleguemos esta idea a partir de lo que sigue.

1.1. la ética, la empresa y los trabajadores

La ética empresarial, comprendida como disciplina filosófica, tiene como función prin- cipal reflexionar sobre el universo de la empresa: el trabajo cotidiano, sus principios y valores (misión/visión), así como las consecuencias de sus acciones en el organigrama social y medioambiental. se desarrolla como una nueva disciplina de corte filosófico desde la visión de la carencia de un sentido de responsabilidad en los negocios. Es decir, de la percepción de que los directivos estén más preocupados por la maximización de los beneficios que por los valores éticos. Así mismo lo contempla W. H. shaw:

«Esta tendencia se refleja en las universidades, en mi opinión, en una gran percepción social —en los periódicos, en las películas, en la televisión — son demasiadas que las empresas que carecían de un sentido de responsabilidad social y que los hombres de negocios estaban demasiado dispuestos a sacrificar las preocupaciones éticas a la rentabilidad»44.

42 cf. Ricoeur, Lo justo 2, 47-48. 43 cf. Ricoeur, Lo justo 2, 48.

44 W. H. Shaw, “Business ethics today: a survey”, en: Journal of Business ethics 15 (1996), Kluwer Academic

Plusbishers, Netherlands, 489. La cita sigue: «Given their generally liberal political orientation, many university administrators and instructors were receptive to two related ideas: first, that courses on business ethocs might help

con esta premisa, fundamentalmente a partir de los años 70, los continuos debates respecto a la responsabilidad social moral de la empresa han ganado fuerza justamente por la presión que ha ejercido la opinión pública sobre las organizaciones que han sido

suscitadas por prácticas desleales45. desde entonces, se comprende a la reflexión ética

como un ejercicio que provoca a la clarificación y justificación de las prácticas empre- sariales y que objetiva restablecer, construir y fortalecer la confianza de los afectados o interesados por las actividades de la misma.

Este escenario en el que nos encontramos nos lleva a afirmar con J. M. Lozano, que en momentos de necesaria recuperación económica como la actual, necesitamos que la

valoración del «éxito empresarial» se base no sólo en el hecho, sino también en valores y

en el rol que se espera de la empresa en la sociedad46.

Por esta razón, nos parece oportuno reflexionar a partir de las claves hermenéutico- fenomenológicas de la filosofía que nos brinda Paul ricoeur en su texto “sí mismo como otro”. En él podemos encontrar fundamentos ontológicos de la ética empresarial y aportar un poco de luz sobre las discusiones que se vertebran entorno a esta clase de ética concreta.

Para ricoeur, la nueva demanda por la ética nace desde el momento mismo en el que existe una irrevocable preocupación, puesto que las sociedades no están preocupadas por la responsabilidad en torno a la amenaza por la preservación de la tierra. sin embar- go, la ética contemporánea se enfrenta justamente en esta paradoja y en esta crisis de fundamentos, puesto que:

«[…] la domanda di etica presenta un tratto paradossale che si è tentati di affontare senza indugio: cioè, che si fa piú pressante proprio nel momento in cui la sua giustificazione ultima è divenuta problemática»47.

prepare their students for the moral decisions and dilemas they were likely to face in their working lives and, second, that universities had a positive role top lay in furthering public discussion of the social responsabilities of business».

45 cf. R. T. De Degeorge, Business Ethics (Prentice Hall, New Jersey 1995); Id., A history of business ethics

(2005). disponible en: <http://www.scu.edu/ethics/practicing/focusareas/business/conference/presentations/ business-ethics-history.html>. Acceso el 13 de octubre de 2014.

46 cf. J. M. Lozano, La empresa ciudadana: un reto de innovación (Esade, Madrid 2002). sobre esta cuestión

Lozano entiende que el debate necesario sobre el éxito de la empresa debe reivindicarse superando la discusión sobre los resultados son contextualizarlos en el modelo de empresa y de éxito que le da sentido. Véase también, en: Id., La empresa ciudadana como empresa responsable y sostenible (trotta, Madrid 2009).

47 P. Ricoeur, “Postfazione”, en: Lenoir, F., Il tempo della responsabilità (soicetà Editrice internazionale, torino

1994) 257: «[…]La cuestión de la ética tiene una sección paradójico que es tentador para los hombres se enfrentaron de inmediato: a saber, que hace más urgente el mismo momento en que su justificación última se ha convertido en problemático» (traducción realizada por el autor de este trabajo).

Hasta ahí la advertencia de ricouer, pero cuando observamos el panorama empresa- rial nos damos cuenta de que la situación es mucho más complicada de lo que parece. somos conscientes del gran desafío de reconciliación: por un lado, la empresa capitalista se presenta como aquella que reúne máquinas, recursos humanos y tecnologías, inver- siones financieras,… y que posee como objeto principal la producción y maximización instrumental de sus beneficios, siendo su principal objeto el lucro. Y por otro, tenemos a la ética como disciplina filosófica que reflexiona sobre la acción del ser humano con vistas a recibir resultados de acciones más justas y correctas, encarnadas sobre el bien común y que suscita la educación del carácter de una ética de excelencia. sin embargo, tal esfuer- zo habitualmente culmina por ser manipulado o despreciado por el sector empresarial. desear que exista una actuación ética, tanto en las empresas como en las organizaciones para que asuman su responsabilidad por sus acciones y busquen el bien, es el deseo legí-

timo que solicitamos para establecer principios básicos de convivencia humana48. Pero

para llegar a esa fundamentación de un ethos en la empresa, necesitamos motivarnos

a partir de un deseo legítimo por garantizar un espacio que sea humanizante y huma-

nizador, y no tanto como una marca mediática de marketing para hacerse notar más49.

El problema al que se enfrenta la ética empresarial es aquel por el cual hasta el momento no se había enfrentado. En esta era de la globalización y la información nunca antes se trató de manera consciente los efectos de la acción del ser humano y de las empresas sobre el medio ambiente y sobre la sociedad en general. El propio P. ricoeur, entiende que nunca antes otra civilización había llegado a alcanzar un dominio técnico capaz de modi- ficar el medio ambiente y a sí mismo. Para él, nuestra época parece estar caracterizada por una nueva demanda por la ética debido a las profundas mutaciones que afectan a la calidad del actuar humano en la era de las ciencias de las técnicas, de la información y de la política. En realidad, la transformación en curso, infatigable por su alcance, es directamente una cuestión de carácter ético. Los fenómenos, que parecían surgir de la necesidad por el progreso y que fueron percibidas como destino cuando interferían con los planes del hombre, ahora parecen ser los efectos de la acción humana y su intervención

en el flujo de la cosificación los elementos amenazantes para el mismo50.

48 cf. ibid., 250: «La maggior parte dei contributi qui raccolti collega il riemergere di preoccupazioni etiche di cui

siamo oggi testimoni e attori al carattere “inedito, senza precedenti”, che risulta dalle applicazioni tecnologiche della scienza in campi così diversi della vita sociale […] in sei setori: scienza della vita, ambiente, scambi economici, impresa, mass-media, politica».

49 Existen autores que denuncian la instrumentalizaciones de la ética empresarial que, muy lejos de sus

orígenes en la filosofía ética, buscan una aplicación para la práctica de algunos principios éticos, como una nueva forma de hacer marketing empresarial. Véase un claro ejemplo, en: F. Bittencourt Meira, “Business ethics in movement: tracing the limits of the field”, en: Revista Gestão e Planejamento , v. 11, n. 1, salvador (enero/junio 2010), 119-138.

No obstante, esta nueva llamada hacia la ética también nos hace mirar hacia los nuevos límites en los que se encuentran las consecuencias de las acciones de los seres huma- nos. tengamos en cuenta que desde siempre la acción humana se ha analizado desde los parámetros de su localización concreta y sus efectos a corto plazo. En la actualidad, se ha caído en la necesidad de pensar globalmente sobre la ética para contemplar con trascendencia aquellas acciones que pueden atravesar el marco concreto. de esa razón, no podemos pensar únicamente en las consecuencias para el presente, sino que debemos de reflexionar sobre las consecuencias que se puedan vertebrar para comprometernos con el futuro de la humanidad y del Planeta. Es decir, problemas que puedan afectar a sus futuras generaciones, como ya lo postulaba el filósofo Hans Jonas en su libro “El

principio de responsabilidad”51.

influenciados por esta perspectiva de poner nuestra mirada en el futuro, descubrimos cómo en las universidades y Medios de comunicación social surgen continuos discursos sobre la sostenibilidad. se preguntan cómo pueden existir vínculos entre el consumo y la producción desde los índices que actualmente realizamos y se crea un discurso que declara el cuidado y la no degradación del medio ambiente o el ser humano. ¿cómo se puede posibilitar el desarrollo del capitalismo de una manera más sostenible en una situación como la actual?

somos conscientes de los efectos devastadores que el hombre es capaz de realizar en el medio ambiente y a sí mismo cuando más avanzado tiene su desarrollo tecnológico al margen de la sostenibilidad y la ética. Ahora los ojos de la sociedad están centrados en las empresas capitalistas, en virtud del rol predominante que desempeñan en la vida social, en una mezcla de sentimientos de desconfianza y esperanza. Por un lado, tal desconfianza se justifica por parte de la sociedad porque ha comprendiendo que los verdaderos intereses de las empresas exigen más responsabilidad, como también más compromiso de los gobiernos en fiscalizarlas. Y por otro, el sentimiento de esperanza que se establece a partir del deseo de que esas mismas empresas comprendan también su rol en el desarrollo de la propio sociedad. de esa esperanza nace un compromiso para que asuman sus responsabilidades y principalmente desarrollen —con la ayuda de la propia ciencia y de la tecnología— nuevas formas de producción menos degradantes, humanizantes y no contaminadoras o nocivas a los interlocutores válidos, a la sociedad y al medio ambiente.

No podemos olvidar que la empresa capitalista, como cualquier otra organización social, necesita legitimar su propia existencia para ser validable, y tal legitimidad, como nos explica García-Marzá, responde a:

51 cf. H. Jonas, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (Herder, Bar-

«La creencia o convicción de que su funcionamiento responde a determinadas expectativas que la sociedad, los diferentes grupos implicados o afectados por su actividad depositaron en ella. En ese sentido, entendemos la legitimidad como una pretensión normativa de validad que la empresa reclama para sí como corporación»52.

A partir de esta clave, creemos fundamental el tener que comprometernos en esta cues- tión y proponer un modelo de ética empresarial que atienda a las especificidades y nece- sidades de las personas que están implicadas en la misma. Las teorías administrativas sobre la variable humana considerada desde los recursos humanos no poseen contenidos específicos con serios fundamentos ontológicos, ni tampoco una coherente hoja de ruta ante la complejidad del ser humano y la fenomenología de su acción y consecuencias. Es más, existen muchas teorías administrativas, e incluso teorías de éticas empresariales, que quedan limitadas al no tener en cuenta todas las dimensiones de la organización que afectan a las personas. ¿Hasta qué punto la misión o visión de la empresa —como aspectos de la dimensión macroorganizacional— pueden afectar a la salud o la motiva- ción de los trabajadores?

Es evidente que estamos en la necesidad de superar nuestra tendencia a fragmentar y simplificar la complejidad en la que nos encontramos. Los modelos administrativos al invertir el rol del trabajador en cosificación tecnológica terminan por vaciar el valor mismo de la capacidad del ser humano y su subjetividad. de ahí, que estemos de acuerdo

con lo que el filósofo alemán Karl Marx llamó «la alienación del hombre»53 por parte del

trabajo, sacando como resultado consecuencias nefastas para la salud del individuo, tanto física como mental.

Necesitamos reflexionar críticamente sobre las organizaciones, sus modelos teóricos y sobre sus aspectos principales, así como la manera en cómo la empresa actúa con sus colaboradores internos y externos (interlocutores válidos). Para nosotros, es mucho más moral pensar en el trabajador como socio de un proyecto común, que como recurso. de este modo, entra en juego la responsabilidad ética de la empresa con sus colabo- radores internos. tradicionalmente denominados recursos humanos al complemento

ético más destacado en las teorías de los stakeholders54. Para los autores que defien-

52 D. García-Marzá:”confianza y poder: la responsabilidad moral de las empresas de comunicación”, en: A. Cortina (Coord.), Construir confianza. Ética de la empresa en la sociedad de la información y las comunicaciones (trotta, Madrid 2004) 201.

53 Podemos encontrar los principales análisis de la naturaleza de la alienación del ser humano en sus textos

más importantes: “Manuscritos-filosóficos” (1844) y “La ideología alemana” (1845), no siendo publicadas hasta 1932.

54 Los stakeholders son individuos o grupos de individuos que afirman tener algún interés por el negocio

de esa perspectiva, las sociedades contemporáneas se han movilizado cada vez más con vistas a una moralización de las empresas capitalistas. Las discusiones sobre la demanda y necesidad de moralización de la empresa buscan redefinir la propia misión y visión de las organizaciones para ser comprendidas como instituciones sociales, es decir: ofrecer bienes y servicios para el bienestar social como compromiso mismo de su misma identidad.

1.2. Fundamentación ético-ontológica de la empresa:

paul ricoeur

La reflexión ética acerca del actuar del hombre nos releva, según ricoeur, que se des- cubre así como un alguien capaz de juzgar, decidir y responsabilizarse. En su libro “sí

mismo como otro”55 la ética se presenta como un ejercicio para pensar sobre la acción

humana, sus motivaciones, consecuencias prácticas, su finalidad y sentido, su aporte moral, su justicia y su responsabilidad. Pensar en la acción humana significa pensar en

el propio ser del hombre, su existencia en cuanto verbo y potencia (ser capaz de ser), su

ser en el mundo y su ser con los otros. El ser tiene la capacidad de poner en práctica sus

proyectos, de satisfacer sus deseos y de realizar, como nos afirma ricoeur: «la designación

de sí mismo» (“autorrealización de sí” o l´accoplissement de soi) 56.

La perspectiva ricoeuriana respecto al hombre actuante es el eje central de su pensamien- to y está presente desde sus primeras obras. En su primer proyecto filosófico, “La Filosofía

de la Voluntad” escrito en 195057, usa un método fenomenológico y hermenéutico para

comprender el objeto de la acción humana —la capacidad humana de actuar de manera voluntaria— descubriendo en ese camino a un sujeto encarnado, vulnerable y finito.

Un sujeto que es una mezcla entre lo voluntario (conciencia) e involuntario (cuerpo)58.

La fragilidad humana, que es la que porta y hace posible el mal en el mundo, más allá de ser comprendida como una visión nihilista del sujeto (es decir, desconfianza en su sante estudio sobre la teoría de los stakeholders, en: A. B. Carrol, Business and society: ethics and stakeholders management (itF, cincinati 1996).

55 cf. P. Ricoeur, Sí mismo como otro (siglo XXi, Madrid 2006).

56 «Esta nominalización, menos tolerada en las lenguas románicas que en alemán o en inglés, sólo resulta abusiva si

se olvida la filiación gramatical a partir del caso indirecto consignado en la expresión: “designación de sí”, derivada, a su vez, por primera nominalización, del infinitivo reflexivo: “designarse a sí mismo”. En lo sucesivo, será esta forma la que mantendremos como canónica»: Ricoeur, “Prólogo: la cuestión de la ipsiedad”, en: Sí mismo como otro, Xii.

57 cf. P. Ricoeur, Philosphie de la volunté 1. Le voluntaire et l´involuntaire (Aubier, Paris 1950).

58 ricoeur elabora en L´homme falible el concepto de labialidad. La conclusión fundamental a efectos éticos

que en ella se establece es que la posibilidad del mal moral se halla inscrita en la constitución del hombre. Véase un interesante estudio, en: J. A. Dianes Rubio, Identidad y ética, la constitución ética del “sí mismo” en la filosofía de Paul Ricoeur. tesis doctoral (Universidad de cádiz, 2003) 62.

capacidad de obrar y de querer el bien), es una apuesta por la capacidad que posee el ser humano en el ejercicio de la decisión, acción y responsabilidad. Lo cual nos revela la condición fundamental de la persona: ser libre.

Para ricoeur, el hombre caído, que vive dentro de “la patética de la miseria” de ser trans- cendencia y falta en el mismo lugar, es capaz de afirmar su libertad. Es un ser capaz de «apuntar hacia la verdad con su discurso y sus palabras»59.

No obstante, la libertad y la verdad no pueden ser alcanzadas inmediatamente por el sujeto, pues conoce a priori su condición de desigualdad consigo mismo. son proyectos de un sujeto que se entiende a sí mismo como capaz —es decir, tiene capacidad de decir: “yo puedo”— y que serán revelados en el producto final de sus actos. de este modo, la libertad se revela como el fundamento de la ética.

según ricoeur, un sujeto no puede tener la experiencia directa de sí mismo, porque no se

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