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Chapter 5: Boundedly Rational Behavior in a TLPM

5.6. Problem Solving in a TLPM

En esta sección el profeta trae palabras de exhortación, basadas en su propio ejemplo de fide- lidad a Jehovah (vv. 4–10), pero también tiene fuertes palabras contra [página 215] los enemigos de la enseñanza profética (vv. 1–3, 11).

Semillero homilético

La mirada reveladora 51:1–12

Introducción: Cuando Isaías nos llama a mirar la roca de donde hemos sido cortados, él está enfocando las bases de la relación entre Dios y el pueblo. Esta mirada puede recalcar varias verdades que nos convienen recordar.

I. Una mirada al pasado nos trae nostalgia (v. 2).

1. Abraham y Sara, hombre viejo y mujer estéril, llegaron a ser padres de la nación (v. 2).

2. Dios secó las aguas del mar para liberar al pueblo de la esclavi- tud (v. 10).

3. Moisés pasó tiempo en la montaña y trajo los Diez Mandamien- tos, que llegaron a ser luz para los pueblos (v. 4).

II. Una mirada al presente nos hace conscientes.

1. De las condiciones existentes, de una justicia cercana (vv. 5, 7). 2. De la necesidad de aceptar la oferta de la salvación que Dios nos ofrece (vv. 6b, 8).

III. Una mirada al futuro nos despierta a anhelar algo mejor.

1. Los rescatados de Jehovah volverán y entrarán en Sion con cánticos (v. 11).

2. Los pueblos reconocerán al gran Consolador (v. 12). 3. Los pueblos huirán de la tristeza y el gemido (v. 11). 4. Los presos serán liberados (v. 14).

Conclusión: El repaso de la vida nos despierta la gratitud por lo que Dios ha hecho a favor nuestro, por la situación que vivimos en la actualidad y nos inspira para esforzarnos más para ser canales de bendición para el mundo en los días futuros.

Esta sección, más que ninguna otra de la segunda parte de Isaías, revela los conflictos que él tenía en su ministerio profético. Antes traslucía la oposición y el escarnio de quienes no concebían que Ciro pudiera ser instrumento de liberación para Israel (comp. 45:9–13). Después, él enfrenta- ba también la desilusión y la situación deprimente del pueblo ante la tragedia de la ruina del templo, de Jerusalén y de las ciudades de Judá. Pero evidentemente también él confrontaba, co- mo su antecesor Isaías hijo de Amoz, el abierto rechazo de la palabra de Dios y de la misma ma- jestad de Dios (comp. 3:8). Este parece ser el trasfondo humano del v. 1. Estos ateos antiguos habrían difundido en el pueblo palabras temerarias como éstas: “Ya nada tenemos que ver con Jehovah. El no nos amó y nos ha repudiado; por lo tanto, somos libres para escoger otro señor, y nunca más volver al causante de nuestra ruina.” Otras palabras, dichas con una actitud semejan- te habrían sido: “Jehovah no [página 216] pudo retenernos como sus hijos. Nos vendió como es- clavos a sus acreedores, siendo nosotros sus propios hijos. Por tanto, ahora pertenecemos a otro señor y nada tiene que reclamar el profeta ni Jehovah.”

Semillero homilético

Salvación eterna 51:6

Introducción: Cuando se habla de "salvación", se piensa en alguien que necesita ayuda inmediata, porque se encuentra en un inminente peligro de perecer. El hombre se está ahogando en el mar tempes- tuoso del pecado y Dios se acerca a él para ofrecerle salvación. I. Lo temporal es perecedero (v. 6a).

1. Lo que el hombre ofrece al hombre es temporal. (1) Justicia, paz y esperanza.

(2) Sabiduría y ciencia.

(3) Riqueza, placeres y cosas materiales.

2. Lo que es temporal no satisface plenamente: Proverbios 11:7; Jeremías 48:36.

II. Lo eterno es de Dios (v. 6b). 1. Dios es eterno.

(1) Las cualidades de Dios son permanentes (Isa. 40:28). (2) Dios es invariablemente el mismo.

2. Lo que Dios ofrece es eterno. (1) Ofrece vida eterna (Juan 3:16). (2) Ofrece salvación eterna (Isa. 51:6). (3) Ofrece liberación total (Sal. 18:2).

Conclusión: En contraste con lo temporal y efímero, Dios ofrece lo eterno. En contraste con lo material y perecedero, Dios ofrece lo es- piritual, lo eterno, lo imperecedero: la salvación eterna.

Ante tales palabras la respuesta de Jehovah es: “He aquí que por vuestras maldades fuisteis vendidos, y por vuestras rebeliones vuestra madre fue repudiada.” No era por la falta de poder o capacidad de parte del Dios de Israel, sino por razones de ética y de justicia.

Pero ahora ha pasado la ira y el castigo, y Jehovah ha vuelto a su pueblo con un mensaje de consolación (comp. 40:2), y Jehovah ha demostrado su poder para salvar y hacer volver a sí a los hijos de Israel. ¿Por qué ha sido tan fría la respuesta de parte de los que persisten en quedarse en Babilonia como de los que han vuelto a Sion pero no han vuelto a Jehovah en sus corazones? (v. 2). Y quizá los que han vuelto son tan egoístas, arrogantes y explotadores como los babilonios que los llevaron cautivos. Las cosas no iban bien en las primeras fases del retorno a Sion, como lo re- velan los profetas Hageo y Malaquías. Jehovah no podía tolerar a los que habían vuelto para hollar su propia [página 217] tierra, y amenaza: “Yo vestiré de oscuridad los cielos, y les pondré cilicio como cobertura” (v. 3). Toda la bóveda del cielo proyectará duelo sobre los moradores de Sion.

"El Pato Moncada"

"El Pato Moncada" fue el "alias" de un famoso delincuente que vi- vía en el puerto de Callao, Perú. Un día visitó la oficina del pastor para conversar. Entre varias cosas que conversaron, expresó lo si- guiente: "Yo quiero ser bueno, honrado, no quiero hacer sufrir a mi madre, pero, no puedo. Me he acostumbrado tanto a esta vida que

me parece muy difícil que yo cambie." "Mira, caballero," le contestó el pastor: "¿Cómo vas a tener paz y tranquilidad, si estás envuelto en pecados y transgresiones? ¿Cómo vas a tener tranquilidad si vives huyendo de la policía? Además, ¿cómo pretendes tener paz, si vives en rebelión contra Dios y con su prójimo? Eso es imposible. Para que tú experimentes paz y tranquilidad, tienes que buscar a Dios. No tienes otra alternativa." El hombre puso muchas excusas y se fue. Meses después, la policía que lo buscaba afanosamente, lo localizó y murió en un tiroteo, ya que opuso resistencia juntamente con sus amigos. Bien dice la Escritura: "No hay paz para los malos."

El robo, la mentira, el fraude, la deshonestidad, el adulterio, etc. (Gál. 5:19–21) son pecados, y los que entran por este camino nunca tendrán paz. El Señor es la respuesta a esta necesidad del hombre, a través del "Príncipe de paz: Jesucristo".

Habría, pues, en Sion amargura y abierta hostilidad contra Jehovah y su profeta. Estaban los que temerariamente se referían a él como un Dios más corto que otros dioses. Por eso dice Jeho- vah: “¿Acaso es demasiado corto mi brazo que no pueda rescatar? ¿Acaso no hay en mí fuerzas para librar?” (v. 2).

Por otro lado están aquellos que sí eran fieles a Jehovah y que como el profeta estaban sujetos a muchos abusos y vejámenes (vv. 6–9). Ellos podían decir como el profeta: El Señor Jehovah me abrió el oído, y no fui rebelde ni me volví atrás. (v. 5). Es a ellos a quienes exhorta el profeta (vv. 4, 10), y ante ellos se expone como un ejemplo de fidelidad (vv. 5–7; comp. Hech. 8:33, 34).

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