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El impacto de la cruzada y su finalidad, es decir, la lucha para proteger la fe cristiana y alcanzar la conversión de todos los musulmanes, eran asuntos fundamentales que se cuestionaban los propios intelectuales de la Iglesia. En este contexto aparece la figura de Juan de Segovia (1393-1458) que basa su procedimiento en someter a examen racional el contenido tanto de las creencias musulmanas como cristianas. En el fondo de su actitud se halla un sólido optimismo en la fuerza racional de la propia fe. Su estrategia es un modo de pastoral en cuanto a su finalidad, que es en último término la conversión, con acento intelectual y académico.

«Ya desde el principio del mundo, pero sobre todo después del diluvio, hubo de

continuo guerras y las habrá hasta el fin de los tiempos, no sólo entre infieles, sino también

entre los mismos fieles. Más lo que ahora deseamos saber es si el fin en ellas perseguido

12Ibídem, p. 129.

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Schacht, J.; Bosworth, C. E. The Legacy of Islam. Ed. Clarendon Press. Oxford, 1974, p. 11.

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Kritzeck, J. Peter the Venerable and Islam. Ed. Princeton University Press, New Jersey, 1964, pp.

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era la conversión de aquellos a quienes se combatía, o si se emprendían tan sólo por

ambiciones territoriales, por restaurar imperios arruinados o por otros motivos. No se trata

aquí de las guerras sostenidas justamente contra los musulmanes por -haber invadido

tierras cristianas o por otras causas similares; nos referimos exclusivamente a las

emprendidas por motivos religiosos, como son, en gran parte, las cruzadas, cuyos frutos

resultan en verdad bien menguados, después de cuatrocientos años de lucha. Si algunos

secuaces de Mahoma recibieron el bautismo por librarse de la muerte, en la primera

oportunidad abandonaron nuestra fe y se acogieron nuevamente a las doctrinas del

Islam.»15 En la planificación de su «Cruzada» tiene su parte la razón y otra la guerra. O, como él dice: a los infieles hay que convertir «con hierro, con el palo y con el argumento

verdadero.»16

La comunidad de la Iglesia estaba segura de que tarde o temprano la cruzada se llevaría a cabo. Segovia advierte que la comunidad musulmana se incrementa de continuo, y aunque en España se ve reducida a Granada, en Oriente ha ido ocupando progresivamente nuevas regiones, hasta el extremo de que, de las cinco sedes patriarcales, solamente la de Roma se ha visto libre del poder musulmán.17 La estrategia consistía en aprovechar la debilidad islámica y re-ocupar los santos lugares, es decir, las cuatro sedes patriarcales sometidas al Islam (Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Alejandría) antes de que los musulmanes recuperaran sus fuerzas. Por tanto, procurar por todos los medios la conversión de los musulmanes era la forma estable de frenar el furor sarraceno y favorecer la incolumidad de la Iglesia. Segovia excluye así la cruzada guerrera para tal fin, y

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Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras. Madrid, 1952, p. 209.

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Cruz Hernández, M. El pensamiento de Ramón Llull. Ed. Fundación Juan March, Castalia, D.L. Madrid, 1977, p. 53.

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Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid.

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señala tres hipotéticas soluciones: un milagro que provoque la conversión colectiva de los musulmanes sin la menor intervención humana; el envío de predicadores que les expongan la verdad de la religión cristiana y los induzcan a abrazarla; o el logro efectivo de tal conversión mediante la guerra.18

Algunos cristianos, como el mismo Pedro el Venerable (1092-1156), Roger Bacon (1220-1292), Ramón Lull (1234-1316) y Ricoldo de Monte di Croce (1243- 1320), no sólo fueron capaces de utilizar el Corán en sus escritos apologéticos, sino que abogaron por que el modo adecuado de contacto con el Islam fuera el uso de la razón y el argumento, no la espada. Aunque hoy sean personajes criticables desde nuestro punto de vista, como observa el misionero inglés James Windrow Sweetman, hay que tener muy en cuenta que estos hombres, en un climax polémico, fueron los pioneros en la defensa de la fe mediante la pluma y no la espada.

Diversos sabios europeos darán su opinión sobre la manera adecuada de llevar a cabo el proyecto pacífico de convertir a los musulmanes. Ya en el año 1426 y 1427, Juan de Segovia impartía clases a universitarios sobre la religión islámica, y en 1431 participó en un debate religioso con un embajador musulmán del Reino de Granada. De hecho, Juan había tratado de obtener, desde la década de 1430, una traducción fidedigna del Corán, y podría haber examinado las copias del mismo en árabe, aunque no conociera bien esta lengua. Sin embargo, no fue hasta después de la caída de Constantinopla, cuando dedicó toda su atención a la cuestión del Islam. Preocupado, como muchos cristianos europeos, con la continua expansión del Islam, empleó su inquieta inteligencia en encontrar una manera de poner fin al conflicto entre cristianos y musulmanes. Cabe señalar además, la notable

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Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid.

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correspondencia que Juan mantuvo con el teólogo y filósofo Nicholas de Cusa y el Papa Pío II, Eneas Silvius Piccolomini, lo que atestigua que esta preocupación de Juan por el Islam no era exclusiva en él y era compartida por otros.19

«Todo ello debe aleccionarnos, a fin de no concebir ilusorias esperanzas, pues, aun

atendiendo tan sólo a la conquista material del país, ha de tenerse en cuenta la insalubridad

del clima para los occidentales -que obligaría a renovar los combatientes-, el continuo

crecimiento de la población musulmana, la fuerza de su ley que les impone la guerra hasta

que en el mundo se reconozca la unidad de un solo Dios, etc., causas todas ellas que harían

sumamente difícil la conservación de aquellas tierras, aun en el caso de haberlas

conquistado.» Incluso al margen de la cuestión teológica que subyace y considerando

que la utilidad de las cruzadas no es proporcional al esfuerzo invertido y a la perduración de sus frutos, Juan de Segovia no las condena en cuanto que se adapten a las normas de justicia y no tengan finalidad religiosa.20

Donde los historiadores antiguos han destacado la novedad del enfoque de Juan de Segovia acerca del Islam, en especial su énfasis en lo que él llamó el “camino de la paz” a través del debate interreligioso informado y conciliador, en los últimos años los estudiosos han puesto de relieve, acertadamente, las muchas maneras en que su pensamiento sobre el Islam fue totalmente tradicional. Juan consideraba que el Islam era una vil, militante, y sexualmente promiscua herejía. Sin embargo, su convicción de que los musulmanes sólo podían ser convertidos a través de medios pacíficos estaba profundamente arraigada en su pensamiento, y su hostilidad frente a todas las formas de la cruzada anti-islámica fue auténtica y

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Burman, Thomas E. Reading the Qur’ān in Latin Christendom 1140-1560. Ed. University of Pennsylvania Press. Philadelphia, Pennsylvania, 2007, p. 179

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Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid.

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manifiesta con frecuencia. El Islam era una herejía, sí, pero el conflicto militar con el Islam sólo había hecho el mundo más peligroso y el éxito del Cristianismo, a largo plazo, aún menos probable. La estructura esencial del método de Juan se reducía a un proceso ascendente desdoblado en tres etapas consecutivas: primeramente, mantener en lo posible la paz con los pueblos musulmanes; en ese ambiente de paz, intensificar las relaciones -preferentemente en el orden cultural- entre la Cristiandad latina y el Islam con el fin de crear una atmósfera de comprensión mutua que suavice fanatismos y disipe recelosos prejuicios; alcanzado el anterior objetivo podría iniciarse, finalmente, la discusión pacífica de las doctrinas fundamentales que separan a ambas ideologías, partiendo siempre de los puntos de contacto y nunca de las divergencias.21 Juan tuvo una enorme confianza en que el debate razonado llevado a cabo por los eruditos llevaría naturalmente a un acuerdo entre los grupos cuyas posiciones pudieran parecer profundamente irreconciliables, visión que caracterizó tanto su acercamiento al Islam como su temprana carrera en Basilea como líder del concilio. Sin embargo, esta interacción pacífica con el Islam requerirá un profundo estudio del Corán y una traducción al latín adecuada del mismo.22

Cuando se llegó a la conclusión de que el proyecto de la cruzada resultaba irrealizable, y ante la imposibilidad de solucionar el conflicto cristiano-islámico con fines bélicos, los cristianos europeos consideraron que la forma más eficaz a la solución del conflicto era la conquista de almas y no de las tierras. Ya en tiempos de Gregorio X, Bruno von Schauenburg, obispo de Olomouc, expresó que una cruzada en la parte oriental estaba fuera de fecha, y que era prioritario concentrarse en la

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Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras. Madrid, 1952, p. 118.

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Burman, Thomas E. Reading the Qur’ān in Latin Christendom 1140-1560. Ed. University of Pennsylvania Press. Philadelphia, Pennsylvania, 2007, p. 179.

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conversión de los paganos en el Norte de Europa. Cincuenta años más tarde, uno de los más importantes historiadores venecianos, Marín Sanudo (1466-1536), declaró que el bloqueo económico del mundo musulmán sería mucho más eficaz que la acción militar.23 Los repetidos fracasos de las cruzadas en la aniquilación del Islam condujeron, como consecuencia, a la idea de una conquista pacífica de las almas mediante la predicación y la catequesis. Desde el siglo XIII, las misiones de los frailes franciscanos y dominicos acometerían el estudio profundo de la lengua y de la literatura religiosa de sus catecúmenos y comenzarían a residir en medio de ellos durante largos años, estableciendo así un vínculo de comunicación espiritual con el Islam con el fin de llegar a su conversión.24 Y también, a través de la experiencia: «Tengo experiencia, tanto entre los judíos como entre los turcos, de que no es

difícil que acepten la trinidad en la unidad de la sustancia. Pero respecto a la unión

hipostática, en la que consiste principalmente aquello que en nuestra fe va más allá de la de

quienes dan culto a un solo Dios, no será ahora menos difícil de lo que lo ha sido desde el

principio. Pues ya Fotino y Pablo de Samosata y otros que dividieron a Cristo fundándose en

que la unión requiere ser proporcionada -aunque no hay proporción de lo infinito a lo finito-,

alegaron que eso mismo entendía Pablo, quien dijo que la divinidad inhabita en Cristo por la

gracia, a la manera como el Evangelio dice que el niño crecía y progresaba y la gracia de

Dios estaba en él, ellos no negaban esa gracia suma y plenísima, porque así lo dice el

teólogo Juan: lleno de gracia. Así pues, los sarracenos confiesan que Cristo es el verbo y el

hijo de Dios y el «ruhollah» (Ruh - Allah), esto es, el espíritu de Dios.»25

23

Runciman, S. The Decline of the Crusading Ideal. The Sewanee Review, 79(4), 1971, pp. 498-513.

24

Cabanelas Rodríguez, D. Juan de Segovia y el problema islámico. Ed. Universidad de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras. Madrid, 1952, p. 14.

25

Nicolas de Cusa (1401-1464). La paz de la fe; Carta a Juan de Segovia / Nicolás de Cusa. Ed.

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Una objeción a esta manera de enfocar la cuestión, es que de modo pragmático, se entiende la religión desde una perspectiva eminentemente racional, con el fin de acomodarla a las necesidades del proceso argumentativo, desdeñando el elemento cultural e histórico, que poseía raíces muy hondas y opone una fuerte resistencia al cambio.

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