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LIST OF APPENDICES

1.3 Problem Statement

Para Montesquieu, en una monarquía ideal, el monarca, aunque gobierne uno solo, debe de hacerlo de modo moderado, templado. “Gobierna conforme a leyes fundamentales, que se ejercen gracias a los poderes intermedios”84 (la nobleza, el clero y los concejos). Y aparte, debe estar un depositario o guardián de las leyes independientes. Touchard dice que Montesquieu es, ante todo, divulgador de la Constitución inglesa, próximo a Looke, pero obviamente conocido por su teoría sobre la separación de poderes. Pero su obra es más compleja y debe ser examinada por encima de los reduccionismos habituales.

Para él las costumbres pueden llegar a ser más importantes que las propias leyes. En este sentido, diversidad, relativismo, determinismo, racionalismo y escepticismo son, según Touchard, las herramientas de su método de análisis.

Distingue dos formas de república clásica: la democrática y la aristocrática. La primera es frugal y virtuosa, a la antigua usanza. Su modelo de república aristocrática es Venecia; pero a su entender esa élite dominante debe ser tan numerosa que se acerque a la república democrática. Esta república será mejor en cuanto se aproxime al primer modelo que a la monarquía85. Sigue el gobierno despótico; es decir, el que gobierna según su capricho. Para Touchard hay una

obligados a pagar: curiosamente, este plan era precisamente el que el propio Bodino había defendido públicamente poco antes. Pero la oposición de Bodino a la propuesta del rey mostró su sagaz actitud realista hacia el gobierno. Advirtió que “no puede confiarse en el rey cuando dice que este impuesto sustituirá a los pechos, diezmos y gabelas. Por el contrario, es mucho más probable que el rey esté planeando hacer de éste un impuesto adicional”. Bodino también realizó un análisis perspicaz de los intereses de las razones que habían llevado a los diputados parisienses a liderar el apoyo a este nuevo impuesto más alto. Así explicó que no se había pagado a los parisinos ningún interés por los bonos públicos desde hacía tiempo y esperaban que los mayores impuestos permitieran al rey reanudar sus pagos.

Jean Bodino, deseoso de evitar que el rey lanzara una guerra total contra los hugonotes, impulsó a los estados a bloquear no solo el plan de impuesto único, sino también otras concesiones de emergencia al rey. Bodino apuntaba que las concesiones “temporales” a menudo se convierten en permanentes. También advirtió al rey y a sus compatriotas de que “uno no puede encontrar preocupaciones, sediciones y ruinas más frecuentes de la repúblicas que a causa de unas cargas y fiscales e impuestos excesivos”.

84 TOUCHARD, Jean, Op. cit., pág.310. 85 Ibidem.

gradación en las preocupaciones de Montesquieu: primero las costumbres, luego las instituciones, por fin las formas de gobierno.

Su teoría sobre la separación de poderes se ha convertido en un dogma; pero en su doctrina tienen especial relevancia los llamados “cuerpos intermedios”; es decir, el Parlamento y la nobleza. Aunque para algunos sea un mero desarrollador de las ideas inglesas, en Francia, como es lógico, se le considera un autor enraizado en las propias tradiciones nacionales. No es nada revolucionario en sentido social. La libertad consiste en seguridad. El estado debe garantizar la seguridad de todos. No es preciso fijar en leyes lo que esté asegurado por las costumbres y el mejor freno al despotismo es la descentralización.

Lowenthal destaca en Montesquieu su sentido práctico, en cuanto a no meter innecesariamente a Dios por medio, al considerar que la Ley es una forma de ordenar la razón, impuesta y orientada al bien común86. Y dice Touchard que las convicciones políticas del autor del “Espíritu de las leyes” son las de un aristócrata liberal y de todos aquellos que consideran la tradición como salvaguardia de la libertad. Se anticipa o llega con retraso, según se mire, en un siglo de burguesía. Sus ideas fueron adaptadas en el sentido de los valores burgueses de seguridad, de la paz, del régimen censitario y del orden moral. “De esta forma, el señor de La Brède pasa por fundador de un sistema que seguramente le habría producido horror”.87

Sabine88 entiende que Montesquieu, al lado de las mejores aspiraciones científicas de la época, presenta sus mayores confusiones: “No puede decirse que El espíritu de las Leyes tenga ningún plan; se ha salvado del destino sufrido por “La República” de Bodino sobre todo por su superior estilo”. Sus valores radican en el desarrollo de una teoría sociológica del gobierno y del Derecho, mostrando

86 LOWENTHAL, David, Montesquieu, en “Historia de la Filosofía política” (Leo STRAUSS, y

Joseph CROPSEY, compiladores. México. D.F., Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1996, de la primera edición en castellano de la tercera en inglés, 1987), pág.486.

87 TOUCHARD, Jean, Op. cit., pág.313.

88 SABINE, George H, Historia de la Teoría Política. (Primera reimpresión en castellano de la

Fundamentación de la Monarquía 87

que su funcionamiento y estructuras dependen de las circunstancias de la vida de los pueblos. El gobierno estable y ordenado precisa el ajuste mutuo de todas las instituciones que operan en la sociedad.

Como queda dicho, el despotismo difiere de la monarquía en que es arbitrario y caprichoso; en tanto que la monarquía debe estar influida por poderes intermedios y por la sujeción a la ley. Una república no sujeta a la ley es tan ilegal como cualquiera otra forma de despotismo.

Montesquieu hace un análisis de las estructuras políticas como medio de regular o reprimir el conflicto social. Las formas se van perfeccionando. Pero la democracia en su estado más puro (todos elegibles, todos electores) solamente puede existir, a su juicio, en una pequeña ciudad al estilo griego. Al contraponer las diversas formas, como queda visto, recupera el viejo concepto de la virtud como elemento diferenciador; pero a cada forma le encuentra una. En la democracia resalta como característica la grandeza moral de los ciudadanos. En cuanto a la calidad de los gobiernos, la distinción más que en la forma radica en su finalidad: o alcanzar el bien común o ejercerlo en beneficio propio.

En resumen, Sabine89 coincide en atribuir a Montesquieu el ya referido mérito de poner en valor las teorías constitucionales inglesas y sus instituciones como mecanismos garantes de la libertad. Pero la idea de las formas mixtas o combinadas de gobierno ya están en Platón: “En la medida en que Montesquieu modificó la antigua doctrina, lo que hizo fue convertir la separación de poderes en un sistema de frenos y contrapesos jurídicos entre las diversas partes de una constitución”.

La estabilidad de la monarquía, viene a concluir, dependerá del funcionamiento de este sistema de equilibrios, pero “No basta tener una buena monarquía para poder tener un buen monarca”.90 El sentido del honor, entendido como sentido de los propios límites, en función de su propia condición, debe imponer barreras no escritas a la arbitrariedad.

89 SABINE, George H, Op. cit., pág.428. 90 LOWENTHAL, David, Op. cit., pág.493.

No obstante, Lowenthal subraya al respecto del criterio de Montesquieu sobre la monarquía este singular pensamiento:

Las leyes que favorecen el honor de las monarquías deben garantizar privilegios hereditarios a las personas y la propiedad de la nobleza. El lujo ha de permitirse como medio de sustentar al pobre y favorecerse el comercio por parte de los que no son nobles. La monarquía está más dispuesta de manera inherente a la guerra y a la conquista de lo que lo está la república, y su naturaleza precisa de un territorio más grande91.

Pese a estos maximalismos, el mensaje más trascendente de Montesquieu es que la virtud más valiosa y necesaria al legislador es la moderación. El arte de gobernar exige sobre todo, prudencia y capacidad de adaptarse a las circunstancias.

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