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PROCEDURE:

No es casualidad que el término comunión se haya convertido en uno de los nombres específicos de este sublime sacramento. La eucaristía se manifiesta, pues, como culminación de todos los sacramentos, en cuanto lleva a perfección la comunión con Dios Padre, mediante la identificación con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo.52

Nuestra koinonía cristológico-eclesial, significada y profundizada en la eucaristía, aun siendo esencialmente don recibido, gracia, lo es precisamente como Espíritu vivificante, como principio dinámico de una koinonía operante, como respuesta de nuestra de fe, actuante por la caridad. La Iglesia que recibe la eucaristía, celebrándola, que se beneficia del sacramento, es también Iglesia que en ese mismo signo-acción lo acepta y se compromete a vivirlo; que sume en la gracia la responsabilidad de ser cuerpo de Cristo, pan y carne para la vida del mundo.53

Todos los días se ha de tener conciencia de que este es el horizonte que nos indica la eucaristía: la comunión con Dios; pero mientras avanzamos, su fuerza se proyecta en

nuestro quehacer: “La eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino.”54

Este sacramento es tan perfecto que nos lleva a la perfecta comunión con Dios, y Dios se une a nosotros. Es una comunión con Dios y con la Iglesia; pero para esto es necesario entrar en una experiencia de conversión continua, que no es otra cosa que adherir nuestra vida cada día con Cristo. “La conversión (metanoia) a la que cada ser humano está llamado,

52 Juan Pablo II, Carta encíclica

Ecclesia de eucharistia”, 34.

53 Cfr. De Roux, La mesa del Señor I: Sagrada Escritura, 146. 54 Ibíd, 19.

62 lleva a aceptar y hacer propia la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio […] es necesario que muera el hombre viejo y nazca el hombre nuevo.”55 Además, es la respuesta

a una vida de comunión. Así, podrá participar de manera plena en el sacrificio eucarístico. La eucaristía, por ser la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia, exige que se la celebre en un contexto de integridad de los vínculos de comunión, incluso los externos. El sacramento eucarístico no permite ficciones. Incluso cuando se celebra en una determinada comunidad, este don produce toda su eficacia a nivel universal, para expresar así la presencia de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

El Concilio afirma que “la Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo o instrumento

de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”.56

La Iglesia es comunidad congregada por el poder del Espíritu Santo para ser purificada, santificada y salvada. A esta unión íntima estamos llamados todos en la Tierra. El carácter universal de la unidad es un don de Dios y esta unidad se construye cada día en Cristo, según la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La eucaristía es y será el centro de comunión con Dios y con los hermanos, y continúa siendo el centro vivo permanente en torno del cual se congrega toda la comunidad eclesial. Los diversos aspectos de este sacramento muestran su inagotable riqueza: es al mismo tiempo sacramento-sacrificio, sacramento-comunión, sacramento-presencia. Es además el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo.

Dios quiso santificar y salvar a los hombres, no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo, para que le conociera de verdad. Eligió a Israel como pueblo suyo e hizo una alianza con él, y lo fue educando poco a poco.

55 Juan Pablo II, Exhortación apostólica “

Ecclesia in América”, la Iglesia en América, sobre el encuentro con Jesucristo vivo camino para la conversión, la comunión y la solidaridad, No. 32.

63 En la fracción del pan eucarístico compartimos realmente el cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la comunión con él y entre nosotros. Puesto que el pan es uno, aunque muchos, somos un solo cuerpo todos los que participamos de un mismo pan (1Co 12,27) y cada uno miembro del otro (Rm 12,5).57

Sin embargo, como todos los miembros del cuerpo humano, aun siendo varios, forman un solo cuerpo, así mismo lo hacen los fieles en Cristo (1Co 12,12). Cristo es la cabeza de este cuerpo. Todos los miembros tienen que transformarse en él hasta que Cristo se forme en ellos (cfr. Ga 4,19).

“El Sacramento del pan eucarístico significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los

creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo (1Co 10,17).”58 Dios quiere esta unión en

Jesucristo porque de él venimos, por él vivimos y hacia él caminamos.

Este sacramento nos ayuda a entrar en una experiencia permanente de comunión entre la fe y la vida, lo humano y lo divino, lo corporal y lo espiritual, la celebración y la misión, de

tal manera que podemos afirmar: “La eucaristía crea comunión y educa a la comunión.”59

En este sentido, también la Iglesia invita a dar relevancia particular a la eucaristía dominical, pues en las parroquias es precisamente el día en el que el pueblo de Dios tiene hambre de este pan de vida; es el día en el que –desde diferentes rincones de la Tierra– se celebra el único sacrificio de Cristo:

Es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el Día del Señor se convierte en el día de la Iglesia, que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de sacramento de unidad.60

Esta es la gran tarea de las parroquias: dar más fuerza al domingo, para que sea espacio creador de comunión, desde la verdad, con un mismo corazón.

57 Ibid. No. 7.

58 Ibid., No. 3.

59Juan Pablo II, Carta encíclica

Ecclesia de eucharistia”, 40.

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En la segunda plegaria eucarística se formula la oración por la unidad de la Iglesia: “…que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del cuerpo y de la sangre de Cristo.” El memorial de Cristo es la suprema manifestación sacramental de la comunión en la Iglesia. Ésta se revela en las comunidades cristianas y se renueva en el acto eucarístico que las une. Hay una unicidad e indivisibilidad del cuerpo eucarístico del Señor, la cual señala también que la Iglesia es una e indivisible.

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