Los recursos fitogenéticos se definen en El Tratado Internacional sobre los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura como “cualquier material
genético de origen vegetal de valor real o potencial para la alim entación y la
agricultura" (FAO, 2001). Estos recursos son indispensables para satisfacer la demanda futura de los cultivos al ser un reservorio de genes de resistencia a factores bióticos y abióticos o de nuevas características cualitativas. Cuando se produce una pérdida o reducción de dichos recursos hablamos de erosión genética.
La vid es una especie que, a lo largo de su historia, ha experimentado una fuerte erosión genética debido a condiciones climáticas desfavorables, los procesos de selección por el hombre, la incidencia de patógenos y la propagación vegetativa mediante estaquillas de un genotipo seleccionado. Hoy en día, las principales causas de pérdida de recursos fitogenéticos de esta especie son las denominaciones de origen y la globalización de los mercados, ya que han provocado una restricción en el número de variedades empleadas, tendiendo al uso de aquellas más ampliamente extendidas, en detrimento de las variedades tradicionales locales.
Introducción Recursos fitogenéticos de la vid: sinonimias, homonimias y variedades minoritarias
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El número de variedades de vid europea cultivadas en el mundo se estima entre 7.000 y 10.000 (Chomé et al., 2003). Esta gran diversidad varietal se puede deber a hibridaciones espontáneas y procesos de selección natural y a hibridaciones artificiales realizadas por un mejorador y posterior selección de los genotipos de interés. Las mutaciones somáticas producidas durante la reproducción vegetativa de una variedad, también, pueden modificar la identidad genética de la misma (Cabello, 2004). De esta manera, aunque conserve el nombre original, puede presentar diferencias tanto fenotípicas como genotípicas, constituyendo una variedad distinta. Cuando variedades diferentes reciben el mismo nombre, se consideran variedades homónimas (homonimias). Por otra parte, la dispersión geográfica de un mismo genotipo o variedad suele implicar su redenominación, de ahí que un mismo genotipo presente diversos nombres y, en este caso, hablamos de sinonimias (Baig et al., 2007).
En algunas regiones existen variedades minoritarias, es decir, variedades cuya superficie de cultivo, a nivel nacional, es inferior a 1.000 ha, y que se cultivaban antes de la filoxera, considerándose como tales las citadas por García de los Salmones en el Congreso Nacional de Viticultura de 1912 (García, 1914; Cabello, 2004). A pesar de la escasa extensión de su cultivo estas variedades no son menos importantes, ya que gracias a ellas se pueden diversificar los vinos y darles características propias y típicas de cada región.
La existencia de sinonimias y homonimias crea problemas en la detección de variedades minoritarias, ya que puede ocurrir que variedades minoritarias de una región sean sinónimas de otra variedad cultivada de forma mayoritaria en otras regiones. También puede suceder el caso contrario, que entre variedades homónimas la que posee más fama desplace a la variedad menos cultivada, provocando la desaparición de esta última.
Considerando la importancia histórica y comercial de la vid en Europa, desde hace unos años se han fomentado programas de investigación enfocados a la localización, recogida y conservación en bancos de germoplasma de recursos genéticos de la vid. En 1997 se inició un proyecto europeo de cinco años de duración, GENRES 081, para la conservación y caracterización de los recursos genéticos de la vid, con el objetivo de crear una base de datos europea (European Vitis Database:
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http://www.genres.de/vitis/). En él participaron 14 países y se recogió información de aproximadamente 27.000 accesiones (Maul, 2004). El proyecto europeo GrapeGen06 (2008 – 2012) pretende catalogar, caracterizar, conservar y gestionar los recursos fitogenéticos de la vid (http://www1.montpellier.inra.fr/grapegen06/). En él participan 17 países, y los datos resultantes de este proyecto están disponibles en una base de datos centralizada (http://www.eu-vitis.de). Por otro lado, la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en la 4º asamblea general celebrada en Tiblisi, en junio de 2010, recomienda la localización y conservación de los recursos genéticos de vid, tanto de material salvaje como cultivado, y apoya las acciones de investigación destinadas a mejorar los sistemas y métodos de conservación (Resolución OIV/VITI 424/2010). Resulta indispensable realizar una caracterización y evaluación de los mismos para que agricultores, mejoradores e investigadores puedan hacer un uso eficiente de estos recursos. La caracterización permite una discriminación fácil y rápida entre fenotipos, mientras que la evaluación proporciona datos útiles en la mejora de un cultivo (Carrillo et al., 2010).
La reducción de la superficie de viñedo en el Principado de Asturias, de más de 5.000 ha a mediados del siglo XIX a las 123 ha actuales, hace suponer que se haya producido una importante pérdida de recursos fitogenéticos, y que las variedades que han permanecido sean de carácter autóctono y muy bien adaptadas a las condiciones climáticas de la zona. El actual desarrollo vitícola de la región requiere que se caractericen, evalúen y conserven las variedades que se han mantenido, para disponer de un conocimiento básico de las mismas que permita explotar con eficiencia este cultivo.
El genoma de la vid
El genoma de la vid (Vitis vinifera L.) tiene un tamaño entre 475 – 504 Mb, con aproximadamente 30.000 genes, una dotación cromosómica de 2n = 38 y 19 grupos de ligamiento (Lodhi y Reisch, 1995; Jaillon et al., 2007; Velasco et al., 2007). Los genotipos de la vid son altamente heterocigotos y, a pesar de ser hermafroditas, no soportan altas tasas de autocruzamiento (This et al., 2006; Velasco et al., 2007).
Introducción El genoma de la vid
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En cuanto a la naturaleza del genoma, entre un 27% y un 40% del mismo está constituido por secuencias repetidas y elementos transponibles (Jaillon et al., 2007; Velasco et al., 2007). El análisis de estas secuencias repetidas es de gran utilidad en la identificación varietal, en concreto las repeticiones de secuencias simples o microsatélites (Thomas et al., 1994). Dentro de ellas, aquellas constituidas por dinucleótidos (GA) y (GT) se encuentran mayoritariamente distribuidas en el genoma de la vid, mientras que las repeticiones de tri o tetranucleótidos (CAC, GACA, GATA) tienen una menor frecuencia (Thomas y Scott, 1993).