6. Using available information to prognosticate condition
6.2. Process data
Al revisar el concepto de valores personales, hemos podido analizar la evidencia empírica en donde determinados valores aparecen asociados con conductas de consumo de drogas (Megías, 2000; Pons y Berjano, 1999; Rojo et al., 1994). Al tratar el Modelo de los Cinco Factores se pudo observar que existe una importante relación entre los rasgos de personalidad y los comportamientos de consumo de sustancias (Berrocal et al., 2001; Pedrero, 2002, 2003). Cuando comparamos ambos conceptos (valores personales y rasgos de personalidad), se subrayó que, además de existir una significativa correlación entre ambos, investigaciones anteriores habían confirmado una gran especificidad en su asociación conductual (Bilsky y Schwartz, 1994; Caprara el at., 2006; Olver y Mooradian, 2003; Roccas et al., 2002). Así, los valores personales explicaban mayor varianza de las conductas sujetas a control volitivo (por ejemplo, elección política), mientras que los rasgos de personalidad explicaban mejor aquellas conductas automáticas (por ejemplo, afectividad). Finalmente, al revisar la Teoría de la Conducta Planificada (Azjen, 1988, 1991), analizamos un esquema que ofrecía una explicación sobre la participación de las Actitudes, Norma subjetiva, Control conductual e Intención en el Comportamiento. Además, encontramos evidencia en la cual se confirmaba la presencia de estos elementos en el consumo de sustancias (Hulten et al.,2003). No obstante, y dadas las limitaciones señaladas por otros autores en la TCP (Kuther, 2002; Liska, 1984; Ros, 2001b), resultará ahora necesario realizar un intento por articular teóricamente el conjunto de las variables aquí mencionadas para formar un diagrama explicativo más amplio que incluya todas las variables revisadas (Valores,
Rasgos de personalidad, Actitudes, Norma subjetiva, Control conductual, Intención y Conducta).
Así, continuando con el esquema introducido por Rokeach (Grube et al., 1994; Rokeach, 1973) (Figura 2.2) y combinándolo con el de Azjen (1991) (Figura 2.7), es posible trazar una relación teórica que muestre el vínculo que existe entre los distintos elementos aquí revisados y la conducta. Tal y como puede observarse en la Figura 2.8, para poder explicar mejor la existencia de una conducta resultará necesario no sólo conocer los elementos que Azjen (1991) ya advertía, sino tomar en cuenta también los valores, ya que como veremos a continuación resultan ser unas variables estrechamente relacionadas con las actitudes y la norma subjetiva, así como incluir igualmente a los rasgos de personalidad, dada la complementariedad tan notoria que han demostrado con los valores y reconociendo la abundante bibliografía que muestra asociaciones significativas con diferentes comportamientos. Finalmente, una vez que las relaciones entre valores y comportamiento, y valores y rasgos de personalidad, ya fueron abordadas en los epígrafes 2.2 y 2.4 respectivamente, aquí se revisarán algunos estudios que hayan probado la influencia que ejercen los valores personales en el comportamiento a través de las actitudes y la norma subjetiva (interiorizada).
Figura 2.8. Esquema teórico de los factores que determinan el comportamiento
Conducta Intención conductual Actitud hacia la conducta Norma Subjetiva Valores personales Rasgos de personalidad Control conductual percibido
Valores→Actitudes→Comportamiento
Homer y Kahle (1988) demostraron de forma pionera que las actitudes mediaban entre determinados tipos de valores y el comportamiento de consumo de comida natural. Los valores que investigaron fueron medidos con un instrumento (List of Values, LOV) que incluía nueve valores extraídos de la lista de Rokeach (1973), las actitudes fueron evaluadas por medio de un cuestionario especialmente diseñado y la conducta de comprar fue cuantificada según la cantidad de dinero gastada y la frecuencia de ir de compras de los sujetos. Su estudio consistió en aplicar un cuestionario que incluía estos instrumentos a 831 sujetos, de los cuales el 53,9% fueron reclutados en un supermercado y el 46,1% en tiendas naturistas. Específicamente, estos autores encontraron, por medio de ecuaciones estructurales, que aquellas personas altas en valores que denominaron “internos” (Auto-actualización, Auto-respeto, Sentido del deber y Estimulación) tenían actitudes más favorables a comprar comida natural (coeficiente de sendero=0,493; p<0,001), mientras que las personas altas en valores que denominaron “externos” (Pertenencia y Ser respetado) tenían actitudes contrarias a comprar comida natural (coeficiente de sendero=-0,571; p<0,001); finalmente, quienes tenían estas actitudes más altas compraban más comida natural (coeficiente de sendero=0,560; p<0,001).
También en la investigación de Shim y Eastlick (1998) podemos encontrar evidencia de la relación “valores→actitudes→comportamiento”. Estos autores aplicaron un cuestionario especialmente diseñado, que incluía el LOV, a 5000 personas que se encargaban de realizar las compras en su hogar, para determinar la influencia de los valores y las actitudes en su comportamiento como consumidores. El cuestionario que emplearon exploraba dos tipos de valores (Auto-actualización y Afiliación social), la actitud de un consumidor hacia los centros comerciales regionales y la conducta de comprar de éstos (según la frecuencia de visitas y la cantidad de dinero que gastaban). Finalmente, por medio del modelo estadístico de ecuaciones estructurales, pudieron comprobar que el valor Afiliación social estaba relacionado con la actitud positiva hacia los centros comerciales (coeficiente de sendero=0,29; p≤0,01); el valor Auto- actualización mantuvo una relación positiva con la misma actitud (coeficiente de sendero=0,24; p≤0,01); y la actitud hacia los centros comerciales fue la única variable
explorada que se vinculó directamente con la conducta de comprar (coeficiente de sendero=0,16; p≤0,05).
Valores→Norma→Comportamiento
Por otra parte, Schwartz y Howard (1984), también propusieron que las normas pueden operar como mediadores entre los valores y la conducta. Así, en una investigación con estudiantes universitarios, encontraron que el valor Ser atento correlacionaba de manera importante con la norma personal (norma social interiorizada) de ser cuidadoso, amable y atento con los otros (r=0,28; p<0,01), esta norma y el comportamiento también correlacionaron positivamente (r=0,25; p<0,01), mientras que la correlación entre este mismo valor y el comportamiento fue significativa pero menor (r=0,17; p<0,05). Estos mismos autores (en Ros, 2001b), estudiando los determinantes del comportamiento altruista, hallaron que la norma personal, de ayuda a los que lo necesitan, estaba más activa en las personas para las cuales los valores de Igualdad, Justicia social o un Mundo en paz, eran importantes. Lo cual confirmaba, hasta cierto punto, que los valores actuaban indirectamente sobre el comportamiento humano a través de la activación de la norma personal, como una obligación moral de responsabilidad ante la acción.
De esta manera queda esbozado un planteamiento teórico que busca explicar los determinantes de la conducta. Así, a manera de ejemplo, una persona con el rasgo de personalidad predominante Afabilidad y el valor Universalismo, con una actitud y una norma subjetiva positivas a la donación de sangre, y que además considere que tiene la capacidad de hacerlo, podría acceder a participar en una campaña de donación de sangre. No obstante, no podemos pasar por alto que existen numerosas variables que podrían incluso resultar más importantes que las aquí propuestas. Así, resultaría muy poco prudente el ignorar aspectos biográficos, contextuales, sociales y culturales que den sentido, moldeen e interactúen con las variables psicosociales arriba mencionadas. Siguiendo el mismo ejemplo, esta persona no donará sangre si su religión se lo prohíbe, si por pertenecer a una pandilla juvenil tiene un tatuaje o si es portador del virus VIH.
2.7. Resumen
En este capítulo se razonó sobre lo oportuno de estudiar el problema del consumo de cocaína desde la Psicología Social, admitiéndose la importancia de los contextos culturales y situaciones sociales en las que puede ocurrir el consumo de cocaína. Por último, se describieron tres modelos teóricos que ofrecen distintas, pero complementarias explicaciones y descripciones, del comportamiento social del ser humano:
Los valores personales se muestran como principios que guiando el comportamiento de los individuos, poseen una poderosa capacidad explicativa y de intervención a nivel psicosocial. La teoría de los valores elegida es la de Schwartz (2001), la cual propone la existencia de los valores como motivaciones personales transituacionales, relativamente estables y jerarquizadas, que sirven de guía para nuestro comportamiento. Esta teoría representa una revisión y modernización de otras concepciones de los valores personales (Maslow, 1968; Rokeach, 1973), y además, existen investigaciones previas que han señalado correlaciones significativas entre el uso de drogas y los valores personales (Megías, 2000; Pons y Berjano, 1999; Rojo et al., 1994).
El Modelo de los Cinco Factores ha sido revisado en este marco teórico, ya que se presenta como un modelo descriptivo y práctico de la personalidad, que posee además, tres características especiales que lo distinguen y sitúan por encima de otros modelos y teorías de la personalidad (McCrae y John, 1992): “Integra una amplia variedad de constructos de personalidad, facilitando la comunicación entre investigadores de diferentes orientaciones; es comprensivo, dando una base para la exploración sistemática de las relaciones entre personalidad y otros fenómenos; y es eficiente, proviniendo por lo menos con una descripción global de la personalidad con tan sólo cinco puntuaciones”. En este sentido, los rasgos de personalidad, siendo características que los individuos muestran con cierta consistencia en distintas situaciones, poseen una capacidad descriptiva, así como de intervención, muy importante para el psicólogo social. Finalmente, se señaló la relevancia del FFM, sus instrumentos de medición (NEO PI-R y BFQ) y hallazgos empíricos que relacionan
exitosamente el uso de drogas con determinados factores de personalidad, especialmente Estabilidad Emocional y Tesón.
El empleo de valores personales y rasgos de personalidad conjuntamente, en un estudio en Psicología Social, tiene la virtud de permitir al investigador describir su objeto-sujeto de estudio, desde dos concepciones distintas, pero compatibles, del ser humano. Así, otros autores han resaltado la pertinencia de emplear ambos conceptos simultáneamente, ya que a pesar de que demuestran importantes correlaciones, se abocan a aspectos diferentes del individuo (Bilsky y Schwartz, 1994; Caprara et al., 2006; Roccas et al., 2002). En síntesis, aquí se ha considerado que los rasgos de personalidad son patrones de conducta observables, más o menos automáticos, mientras que los valores implican juicios o criterios de metas deseables que guían el comportamiento de las personas.
También fue descrita la Teoría de la Conducta Planificada (Ajzen, 1991), dada la importante función explicativa que los distintos elementos que incluye han demostrado en otras investigaciones sobre el consumo de sustancias (Hulten et al., 2003; Humphrey et al, 1988; Levy y Pierce, 1989).
Así, especialmente en el primer estudio, se prestará atención a los valores personales, los rasgos de personalidad, la actitud, la norma subjetiva, el control conductual y la intención de consumir cocaína, para reconocer el alcance de estas variables como factores determinantes del consumo de cocaína. En este sentido, las teorías hasta aquí expuestas servirán para explicar la aproximación centrada en el individuo que se llevará a cabo en el Estudio 1, mientras que en el Estudio 2, en cambio, reconociendo la existencia de otras perspectivas que comprenden la posición del sujeto dentro de una estructura y sistema cultural determinados (Parsons, 1964), tendremos especial cuidado en revisar los procesos y agentes de socialización que dan forma a la experiencia y biografía de la persona.
CAPÍTULO 3. ESTUDIO I: COMPARACIÓN EMPÍRICA DE FACTORES DE