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Process for Issuing Debt

In document Municipal Handbook 2006 (Page 52-56)

Siguiendo a Grignon y Passeron (1989), podemos asociar a la matriz nacional y popular

con el populismo, ya que se toman categorías y retóricas expresivas propias, de lo vulgar, en términos de clases sociales, una inversión de categorías: lo bajo se eleva a la categoría de lo alto. El populismo omite de la descripción de una narrativa, las relaciones de poder: toma la cultura popular y la eleva, pero omite la noción de su subalternidad. Además,

El populismo se extiende sobre una larga gama. Pero, al fin de cuentas [sic], la inversión que realiza es siempre la contraria de aquella de la que se jacta: la provocación literaria nos da la clave cuando, en su ajuste de cuentas con la cultura dominante, busca con delectación en los comportamientos populares los rasgos que ésta señala como ‘los más vulgares’, revelándonos así que acepta a la vez la categoría y la definición dominante del contenido de la categoría, para poder reclamar la excelencia de lo vulgar (1989:10).

En este mismo sentido, y siguiendo a Pablo Alabarces (2008), podría decirse que el populismo peronista instituye una cultura, la hegemonía se construye sobre concepciones de sentido común y del mundo de la vida, por eso, se suscita un anti-intelectualismo. El peronismo generó representaciones culturales poco indagatorias, carentes de una reflexión más profunda, y de discursos que le dieran sustento y legitimidad teórica.

Si bien consideramos que muchos de estos imaginarios y representaciones son nuevamente actualizados en el discurso de la matriz nacional y popular, se trata de un punto de inflexión y quiebre con respecto a las tradiciones populistas en general: existe una trama discursiva de intelectuales que asocian el proyecto político con una línea y continuidad

68 histórica, la cual se ocupa de justificar esta inversión de las escalas. Con el soporte de Carta Abierta se genera una narratividad orientada a lo popular, con un andamiaje filosófico de trasfondo.

Por otra parte, Ernesto Laclau cree que el populismo “no tiene ninguna unidad referencial, porque no está atribuido a un fenómeno delimitable, sino a una lógica social cuyos efectos atraviesan una variedad de fenómenos”, de modo que el populismo no es más que una forma de construir lo político (2005: 11).

A su vez, señala que la vaguedad del concepto ha llevado a que, desde los análisis sociológicos y políticos, se encuentren limitaciones. Por un lado, el hecho de que se excluya la racionalidad del populismo y se lo defina en términos de pobreza intelectual o como un fenómeno transitorio y consecuente de manipulación, conlleva que se lo considere como una simple manifestación de movimientos dispares. Por otro lado, desde el campo intelectual se suelen peyorar las vaguedades. Esto último es un problema, ya que, de esa manera, no se puede comprender que las simplificaciones conceptuales del populismo en polos binarios se deben a que la realidad social es en sí misma imprecisa. “Los términos que designan ambos polos deben necesariamente ser imprecisos (de otro modo, no podrían abarcar todas las particularidades que supuestamente deben abarcar)” (2005: 32-33).

En definitiva, Laclau considera que los movimientos identificados desde una conciencia de clase –a partir de la negación de la dominación de capital y en rechazo al intelectualismo– son rasgos que tienen que ver con la dimensión del conflicto. Esto es parte de las lógicas de equivalencia y de diferencia. “En toda estructura dicotómica, una serie de identidades o intereses particulares tiende a reagruparse como diferencias equivalenciales alrededor de uno de los polos de la dicotomía” (2005:34)

La contraposición permanente que se hace desde “6, 7, 8” respecto de la mirada de las clases altas sobre los sectores populares, queda plasmada en el fragmento anterior (cuadro 4), donde la tapa de la revista Barcelona señala qué país amanecerá luego del 8 de noviembre. Es decir, se trata de la simplificación de una movilización opositora en un conflicto entre las clases altas y las clases bajas, en definitiva, se reduce el problema en una contienda en la que se oponen la Democracia y la Dictadura, o la Argentina del pueblo versus Clarín

(profundizaremos más adelante sobre las relaciones y vínculos de hecho entre la alta sociedad y los medios de comunicación). Consideramos que el ataque constante a las clases altas desde “6,

7, 8”, sobre todo por medio de la sátira y la ironía, corresponde al uso de retóricas, narratividades y sistemas éticos propios de la cultura popular.

69 Sin embargo, creemos que, en esta pelea simbólica, este programa televisivo se esfuerza por subvertir los mismos términos de desintelectualización que sonpropios de los discursos que pretenden generar identificación con los sectores populares.Los términos de estos antagonismos también se traducen en el nivel de los intelectuales: la creación de Carta Abierta responde, en cierta forma, a la necesidad de contradecir las posturas de quienes niegan la intelectualidad del populismo, asociándose con las narraciones del socialismo, de los trabajadores y de las clases populares, en la lucha contra la hegemonía, que es el establishment social y cultural.

Nuevamente, observamos el uso del significante hegemonía como sinónimo de opresión, de manipulación de consciencias, de las contrarrevoluciones disolutorias del pueblo, de las instituciones y las repúblicas. Tanto de un lado como del otro, el argumento es equivalente; la mirada en espejo entre observadores y observados realimenta las significaciones del discurso, no sólo imprimiéndole la actualidad de la agenda, sino también, provocando una sensación de homogeneidad discursiva, ideológica y política en los lectores.

El hecho de que el conflicto bélico entre las dos potencias hegemónicas no finalizara el día 7 de diciembre, en vísperas de una nueva celebración por el cumpleaños de la Democracia Argentina –volveremos sobre este punto en el próximo capítulo– da cuenta, en el momento de

suspenso, de que las contiendas binarias muchas veces no acaban, sino que mutan de rostros y de actores, en una Nación dividida por un Muro de Berlín: el capitalismo, opresor; el socialismo, opresor también.

Las argumentaciones binarias acaban por conformar universos significativos antagónicos, con mecanismos de narración, que sustentan la articulación, también, a partir de la formación de un exterior constitutivo. La contracara del capitalismo será diagramada como una facción caracterizada por la negación de la libertad, donde se desdibujan los límites entre lo privado y lo público, y donde existe una amenaza constante de que se corrompan esas líneas de frontera. Por otro lado, el polo antagónico del socialismo se demarca desde los conceptos marxistas de la opresión de las relaciones de capital y la alienación. Según esta perspectiva, el sistema capitalista se reproduce ad infinitum, tanto y en cuanto las clases subalternas no tomen conciencia de sí y para sí.

70 IV. No hay hegemonía sin contradiscurso: componentes del discurso bipolar, una cuestión de antagonismos.

Este programa televisivo, en tanto es un producto cuyo género es un híbrido entre el informativo y el talk show, intenta problematizar y polemizar sobre las narratividades televisivas desde la propia semiosis audiovisual. Es decir, que emplean los mismos argumentos narrativos que critican para legitimar una postura política, posicionándose como mediadores

entre lo que acontece en la realidad y lo que construyen los monopolios audiovisuales. Lo hacen, paradójicamente, como no podría ser de otro modo, hablando desde la ideología misma. El recurso para obtener credibilidad es, entonces, la ilusión de verdad, a partir del cuestionamiento del otro –ese otro construido como un ser antagónico, el blanco de ataque–.

Todo discurso, desde la perspectiva de Eliseo Verón, es ideológico. “La ideología no es un tipo particular de mensajes, o una clase de discursos sociales, sino uno de los muchos niveles de organización de los mensajes, desde el punto de vista de sus propiedades semánticas” (1971:6).

Las ideologías, como sistemas de reglas semánticas, se transmiten indefectiblemente desde los medios de comunicación de masas. Cuando un hecho particular ocurrido en la realidad social se incorpora dentro de los contenidos de un producto comunicativo, el emisor “semantiza” el acontecimiento, mediante una selección de encuadre entre unidades significantes y la combinación de aquellas, para generar un mensaje (1971:6-8). Esos criterios, en tanto gramáticas, corresponden al ensamblado de los nuevos acontecimientos a los discursos previos, de modos puramente arbitrarios, contingentes e ideológicos.

La formulación de un relato –narratividad a partir de la cual se puede llegar a crear una verdad– se ajusta mediante un enlace de hechos encadenados que, desde el punto de vista del

lector, se perciben fácilmente como narraciones de una realidad, que son mayormente coherentes y conformadas por una serie de acontecimientos que se explican entre sí.

Ni los discursos de la matriz nacional y popular, ni las narratividades de Clarín,

esconden la existencia de las ideologías. De hecho, aquellas se vuelven recursos argumentales: esta es la novedad de “6, 7, 8” como producto comunicativo, la intencionalidad comunicativa consiste en generar una ilusión de poner al desnudo al contradestinatario, ese otro construido a partir de otros relatos, históricamente engarzados. Quienes producen estos mensajes, lo hacen pensando en las convenciones de lectura, y apelando a la clave binaria y antagónica como una gramática de producción del discurso. Se problematiza, en definitiva, contra un recurso argumental: el empleo del binarismo y la contraposición antagónica, y sin embargo, a su vez, no

71 hace más que perfeccionarlo. Todo discurso es ideológico, y en definitiva, también es conflictivo.

A. Provocar y demostrar el contraataque efervescente para legitimar la

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