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La choza está iluminada por una docena de velas y velones. Está frente a la cruz que cuelga en la pared contigua a su cama.

Padilla desnuda su torso y toma un velón que tiene una buena cantidad de parafina derretida. Mirando la cruz, deja caer en su espalda el líquido caliente. Las gotas que recorren la piel se cristalizan cuando pasan por las cicatrices.

De una maleta que está arrumada en una esquina de la choza Padilla saca un compartimiento donde está guardado un látigo enrollado. Lo desenrolla, pasa sus dedos el cuero, sintiendo su textura. Se excita.

Mira fijamente la cruz. Juega lentamente con el látigo, lo pasa por su rostro y lo lleva a su espalda. En la parte trasera del cuello hay un tatuaje de un búho. Las cicatrices de su espalda no son más que líneas entrecruzadas del grosor del cuero.

Padilla comienza a lanzar latigazos hacia el piso y luego a su espalda. Sin dejar de mirar a la cruz. Aguanta el dolor del primero. Aprieta sus labios para contenerlo.

En la cruz aparece la imagen de su PADRE (70), un anciano que viste elegante, con un libro en las manos (imágenes

superpuestas). Luego aparece su MADRE (18), una indígena que baila y atrae la atención de su padre.

Padilla golpea más fuerte. Gime.

PADILLA In nomine Patris... Golpea. Gime.

PADILLA Et Filii...

Golpea y produce una herida, brota de ella una gota de sangre.

PADILLA

Et et Spiritus Sancti... Amen. Da otro par de latigazos. Sangra.

PADILLA

¡Perdonadme, Dios mío! Por qué me castigaís de esta manera...

Vuelve a coger el velón y vierte más gotas en su espalda. Cae encima de su escritorio, en el que reposan unas partituras. 63 INT. COMUNIDAD PIAROA/CAPILLA. DÍA

Padilla recoge la partitura. Se ve cansado, ojeroso y

sofocado. Las gotas de sudor perlan su rostro. Se desabotona la camisa y respira, agitado.

Konü toca sus maracas, practica movimientos. Otros seis niños hacen monerías con las flautas, las vihuelas; pasan los dedos por el arpa. Además, golpean las tamboras y las panderetas.

PADILLA

¡Ya, suficiente! ¡Paren esto!

Konü deja de tocar y presta atención a Padilla. Algunos no lo escuchan y siguen. Padilla se toma la cabeza con sus manos. Konü vuelve a tocar, siguen igual.

Padilla se muestra mareado. Su visión está alterada por el ruido.

PADILLA

¡Paren ya, basta! ¡No los aguanto, salgan de aquí, malditos zánganos!

Pausa. Pero los niños no hacen caso a su orden y siguen. Padilla se levanta con rabia de su asiento y camina hacia a ellos. Toma a uno del brazo con violencia y lo saca de la capilla.

PADILLA

¡Salgan ya, fuera de aquí, malditos indios!

Todos salen. Miran con miedo a Padilla. Konü, que está concentrado en lo suyo y además mira hacia la ventana, no atiende a su maestro.

Padilla camina hacia donde está el joven, le quita las maracas y las arroja al suelo. Una se rompe. Padilla le da una cachetada a Konü. Konü está estupefacto y se toma la mejilla. Solo puede mirar sus maracas.

Padilla lo empuja hacia la puerta. Pero antes de llegar allí, Padilla comienza a respirar muy agitadamente; lleva sus manos al pecho, sus ojos quedan en blanco y cae al suelo. Queda tirado de medio lado mirando hacia la puerta. Se ven los pies de Konü salir del lugar.

KONÜ (V. O.) ¡Padre, Padre!

Padilla tiene la visión borrosa y solo ve la puerta abierta, hasta que cierra los ojos.

64 INT. COMUNIDAD PIAROA/CHOZA CACIQUE. DÍA

Padilla está boca abajo con la espalda descubierta,

inconsciente, con la cabeza en dirección a la Partera y otras dos mujeres que hacen cantos ininteligibles.

Se ven las heridas frescas de su autoflajelo y sus cicatrices viejas.

José está sentado cerca de la puerta, atento al estado de salud de su maestro. Tiene en sus manos un escapulario y reza apenas moviendo los labios.

El Cacique pasa un manojo de hierbas por las heridas mientras bebe unos sorbos de un líquido verde y los escupe en las llagas. Aplica ungüento. Cuando lo está aplicando, se da cuenta del tatuaje de Padilla y mira a José.

PARTERA

(dialecto sáliba)

Estos deben ser de los que viven en la cima montaña.

JOSÉ

(dialecto sáliba) ¿Están seguros de eso?

Padilla abre los ojos. Su visión es borrosa. Siente un olor extraño y se queja del ardor. Cuando recupera un poco la visión, ve a las mujeres que lo observan fijamente. Padilla

se levanta con brusquedad, lleva sus manos a la cabeza, el mareo es evidente.

PADILLA ¡Mi cabeza, Dios mío!

La visión de Padilla vuelve a emborronarse. Cuando mira hacia el frente, advierte la presencia del Cacique y José. Está asustado. Se da cuenta de que está semidesnudo. Entonces se tapa con la camisa que está a su lado.

JOSÉ

Tranquilo, maestro, todo está bien. Lo están tratando para que se recupere.

Padilla está aterrorizado por la situación. Se levanta con dificultad y se tapa la espalda con la camisa. Siente un ardor. Con esfuerzo, se dirige a la salida.

JOSÉ

Maestro, espere a que terminen, está muy lastimado.

Padilla lo ignora. Abre la puerta con violencia y sale apresurado. José le sigue.

65 EXT. COMUNIDAD PIAROA/ZONA CENTRAL. DÍA

Padilla sale de la choza. Konü está a unos metros de allí. Lo sigue.

KONÜ

Maestro, maestro, ¿cómo está?.

Padilla lo ignora y sigue su camino. Konü lo sigue. José sale de la choza.

JOSÉ

Maestro Padilla, deténgase, se lo pido. ¡Deje que le traten esas heridas!

Padilla continúa avanzando.

Konü se detiene. José corre para alcanzar a Padilla. Padilla comienza a llorar.