12 Goodwill and Other Intangible Assets
IDENTIFIABLE INTANGIBLE
B. Product Litigation
Desde la teoría del relato se reconoce que la voz narrativa del entre- vistado implica un yo literario que se va reformulando en su verbali- zación. Por lo que un yo no es algo que exista sino que va siendo-sido en su narración. A esto Gergen (1994) le llama “Narrativas del self”. Este yo narrativo coincide con lo que expusimos en el marco teórico desde el psicoanálisis, el cual reconoce que el yo es polifacético tanto en su constitución como en su ir siendo. De tal modo que revestimos el yo narrativamente dependiendo de lo que queremos trasmitir o con- vencer a otros; todo relato del yo, como voz narrativa, implica una meta desiderativa que permite inferir la inquietud de sí. Es decir, la vinculación entre el campo metodológico que analiza ese yo vivo que se define en cada nueva verbalización de su historia, se complementa con las categorías teóricas que ordenan las narrativas en perfiles; la primera implica el análisis descriptivo, y la segunda el análisis teórico. Gracias a la insistencia del hablante en sus recurrencias narrativas, el investigador puede destacar y sistematizar estilos retóricos (Liberman, 1983; Maldavsky, 2004a, 2004b; Plut, 2012) o tramas narrativas de los hablantes.
Es importante advertir que desde la teoría psicoanalítica podemos sostener que no toda vincularidad genera un lazo social, si bien to- dos estamos ligados (enlazados) por el lenguaje. Como se sostuvo en el marco teórico, por los modos de vincular el yo con los otros como pares, con el líder, con el objeto desiderativo (ideal) y con los objetos hostiles, después de analizar la información se puede inferir si la re- lación es a modo de los grupos inestables o de la masa de a dos. Esto quiere decir que un individuo en una masa renuncia a su singularidad —o como decíamos con Maisonneuve (1990): el mí se confunde con
los otros o con el líder—, por lo que se vuelve “uno” con los otros. Esta aparente uniformidad de la masa hace interactuar al individuo con el medio y el exogrupo respecto a lo que el líder proponga. Por otro lado, los grupos más estables se rigen por normatividad y jerarquía, lo cual les permite subsistir más allá del momento de la vivencia de pertenencia grupal; las instituciones como el ejército, la iglesia y el estado son ejemplo de ello.
Si bien hay distintas maneras de describir el tipo de grupalidades po- sibles, es importante decir que la manera de vinculación que tiene cada individuo permite suponer cómo se sitúa frente a los pares y el líder. Desde esta teoría se considera que el lazo social implica una relación en donde hay capacidad de afirmar la singularidad, de aceptar la dife- rencia de creencia, de ideología o estética, y en donde la identificación con el líder no implica la renuncia a la propia subjetividad. Mientras que los individuos que no tienen los atributos antes dichos operan en su vincularidad a modo de una masa de a dos. Es decir, la distancia del yo respecto al líder como modelo es difusa y el valor fundamental es la búsqueda de la mismidad (sea como ganancia, verdad abstracta, amor universal, justicia natural), por lo que el campo de la diferencia lo vivencian como hostil (Maldavsky, 1991, 1996).
Esta propuesta inspirada en la teoría freudiana ha sido articulada con la teoría del sujeto narrativo de Greimas y Courtes (1982), por Maldavsky (2004a, 2004b), teniendo como resultado una metodolo- gía e instrumentos de análisis del discurso que permiten evidenciar el tipo de ideal analizando en las narrativas hechas por un discu- rrente.
Operacionalización
Instrumentalmente, al analizar en la secuencia narrativa el lugar y el atributo que se da a quien se coloca como modelo (Destinador), se infiere el valor o ideal de la voz narradora (Destinatario). Del mismo modo, en el atributo que se da al actante como objeto hostil, se infiere
ANáLISIS Y CONTRASTE DE LOS IDEALES 115
no solo el valor no deseado sino, además, si la voz narradora asume en su trama si ese otro es antagónico o rival. La aparición del objeto de deseo es fundamental ya que nos indica el anhelo grupal que persigue tanto la voz narrativa como su lugar respecto a sus pares y el líder (Maldavsky, 2005).
Se asume, operativamente, siguiendo a Greimas y Fontanille (1994) que hay cuatro prototipos actanciales, a saber: a) quien va del trayecto de la tensividad fórica (lo amorfo del objeto) a la protensividad; b) en donde el yo se diferencia del objeto y la fiducia como la manera de ser del sujeto para el mundo; c) los dos últimos guardan la imagen de la alteridad, mientras que d) la manifestación discursiva, ancla la emo- ción en la intersubjetividad. El papel del objeto en la primera etapa es casi inexistente, en la segunda y la tercera es precisamente su quid existencial (bajo el discernimiento y la discretización), mientras que en la última es la posibilidad de un reconocimiento del otro en cuanto otro. En el segundo y el tercer momento, el acto desborda al sujeto del discurso a modo de un acto de lenguaje, su estado pasional se destaca precisamente por el desplazamiento en relación al querer, estar-ser. Donde el hacer emulativo está referido a la reproducción de la imagen. Mientras que en el caso de un sujeto en segundo grado, que llaman los autores “sujeto del hacer”, el aspecto de afectación está referido, no a la imagen sino al hacer.
Resumiendo lo anterior, instrumentalmente cuando el narrador atri- buye al modelo o destinador la relevancia del estar, ser o tener como la inquietud de sí (meta desiderativa), se considera sujeto en primer grado. Mientras que quienes muestren como su inquietud el hacer del modelo, se considerará sujeto en segundo grado, sujeto del hacer. Los ideales presentados en el marco teórico siguiendo a Maldavsky (1991, 2004a), orientan para hacer la inferencia, ya que los ideales de la ga- nancia, verdad, amor y justicia natural estarían colocados alrededor de verbos que tienen que ver con el ser o tener, mientras que los ideales de orden, dignidad–valor o belleza, tienen que ver con los sujetos del hacer. Los primeros estarían referidos al sujeto en primer orden (nar-
cisismo primario), mientras que los segundos a un sujeto en segundo grado (narcisismo secundario). Esto implica que este último tiene una posición ideal–valoral de mayor complejidad. Si bien, es importante dimensionar que para hacer la inferencia se contempla el contexto de los narradores y la posición actancial de los distintos personajes.
Dentro de la modalidad de los actos del habla están los relatos (Echeverría, 2003), los cuales son narrativas que pretenden ilustrar, mediante ejemplificaciones, el modo en que el hablante se coloca en el mundo, en su relación consigo mismo, con los otros, las cosas, las ideas, etcétera (Maldavsky, 2004a). Por lo que las narrativas, más que hablar de lo que “en realidad es el mundo”, nos refieren al hablante en sus objetos desiderativos, juicios de valor e ideales.