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3. DESIRING-MACHINES AND THE ILLEGITIMATE USE OF SYNTHESES

3.3. PRODUCTION, DISTRIBUTION, AND CONSUMPTION

Pablo Cazau18

Se trata de un término introducido por Gastón Bachelard para designar toda aquella creencia, habitualmente inconciente, que frena u obstaculiza el desarrollo del conocimiento científico. El progreso de la ciencia estaría posibilitado por la concientización y superación de tales creencias.

1. Concepto.- Bachelard (1884-1962) desarrolla la idea de obstáculo epistemológico especialmente en "La formación del

espíritu científico", donde expone y ejemplifica diversos tipos de obstáculos.

Existen, indudablemente, muchos factores que pueden frenar el desarrollo del conocimiento científico. Podemos encontrar factores objetivos, como por ejemplo la no disponibilidad de instrumentos de observación y medición sofisticados, la complejidad de la realidad, las limitaciones de los sentidos, etc., pero un obstáculo epistemológico no es objetivo en el sentido apuntado, sino subjetivo, porque se trata de una creencia, generalmente inconciente, que tiene el científico y que le impide avanzar en su conocimiento. Burdamente, podríamos decir: el obstáculo epistemológico es interno, no externo. Son confusiones, entorpecimientos, prejuicios que se dan en el acto mismo de conocer, generando una inercia que tiende a perpetuar lo ya conocido, y cerrando las puertas al nuevo conocimiento.

Consiguientemente, la solución no pasaría por comprar un instrumento de medición más sofisticado, sino por psicoanalizar el conocimiento científico, poniendo al descubierto esas creencias inconcientes y poder así comenzar a superarlas. De aquí el subtítulo del texto de Bachelard, antes citado: "Contribuciones a un psicoanálisis del conocimiento objetivo".

Desde ya, Bachelard no propone que los científicos vayan al psicoanalista a hacerse un especie de control epistemológico. El epistemólogo francés encara en cambio la tarea de analizar psicoanalíticamente los textos científicos, especialmente los de la Edad Medieval y Moderna, y centrándose sobre todo en temas de física, química y biología (Bachelard fue, originalmente, químico). En el presente artículo hemos agregado algunos ejemplos de la psicología, donde también es posible hallar los mismos obstáculos epistemológicos.

Más allá de si son o no científicos, todas las personas tienen creencias que les impiden pensar, sentir y hacer cosas. La creencia "no valgo mucho", por ejemplo, limitará o frenará el desarrollo de las potencialidades de esa persona. Mas tampoco es este tipo de creencias en las que piensa Bachelard al hablar de obstáculos epistemológicos: estos son creencias de los científicos, y afectan particularmente su manera de comprender o explicar la realidad.

Los obstáculos epistemológicos tienen, no obstante, su aspecto positivo: su concientización y superación es lo que permite, en última instancia, que la ciencia pueda progresar hacia nuevos horizontes e ideas, las que a su vez serán nuevos obstáculos epistemológicos que deberán ser superados, y así sucesivamente. Así, el progreso científico no tiene un término final absoluto, siendo que detrás de cada obstáculo surge otro, y así indefinidamente. El progreso consiste más que nada en sucesivas aproximaciones a la verdad (aproximalismo) sin ser esta nunca alcanzada; consiste, para Bachelard, en un triunfo del espíritu científico sobre las resistencias representadas por los obstáculos epistemolpogicos. Desde esta perspectiva, no hay verdad, sino error rectificado.

Esta idea según la cual la historia de la ciencia es una historia de superación de errores está también presente en otros pensadores. Julio Verne decía que "la ciencia se compone de errores, los que a su vez son los pasos hacia la verdad". De idéntica forma, Popper habla del progreso científico en términos de conjeturas y refutaciones, vale decir, lo concibe como una secuencia, aparentemente ilimitada, de hipótesis y refutaciones de las mismas por ser equivocadas. No obstante, los planteos de estos pensadores son diferentes a los de Bachelard, en cuanto que ellos no conciben los errores como productos de las creencias inconcientes del científico, sino mas bien como obstáculos más técnicos y objetivos.

Bachelard estudia con cierto detenimiento los diversos obstáculos epistemológicos tal como se fueron presentando en la historia de la ciencia. La marcha científica de ésta última hacia la objetividad no es inicialmente objetiva: sólo tras una ruptura epistemológica se torna posible ir pasando de un conocimiento meramente sensible a un conocimiento más científico.

17 Pablo Cazau. El obstáculo Epistemológico. Tomado de: La formación del espíritu científico. Buenos Aires. Ed. Siglo XXI

18. Pablo Cazau es Licenciado en Psicología y Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología en la provincia de Buenos Aires, Enero 1996.

Fuente consultada: Bachelard G., "La formación del espíritu científico". Contribuciones a un psicoanálisis del conocimiento objetivo, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 1972, segunda edición.

Así como el psicoanálisis puede convertir, simplificando las cosas, un hombre enfermo en un hombre sano, así también el psicoanálisis propuesto por Bachelard puede hacer un científico a partir de una mentalidad pre-científica, operando sobre sus obstáculos epistemológicos.

2. Conocimiento científico y libido.- Los obstáculos epistemológicos, como creencias que son, son adhesiones

afectivas, libidinales, y el psicoanálisis del científico procura canalizar esa afectividad en una dirección constructiva, es decir, productora de un conocimiento más objetivo. Se trata de pasar de la curiosidad ingenua, el asombro, la recreación típicas de la mentalidad precientífica, al dolor que se experimenta jugando el peligroso juego del pensamiento teórico sin un soporte experimental estable. Para Bachelard, la libido es la carga afectiva que subyace bajo las creencias precientíficas, cargas que hacen que esos conocimientos aparezcan ‘libidinizados’ o ‘valorizados’ afectivamente y, por ende, se los mantenga sin modificación, en forma dogmática.

El origen de los obstáculos epistemológicos se enraizan no sólo en todo lo que le fuera transmitido por sus maestros, portadores del mismo error, sino también en sus primeras experiencias infantiles. Un ejemplo, a este respecto, es la fascinación que ejerce el misterio.

Pongámoslo en forma de breve relato. El científico, antes de ser tal fue un niño, y su padres no le decían ciertas cosas, ocultándole los temas vinculados con, por ejemplo, la sexualidad y el amor. Como resultado, el niño comenzó a asociar libido con misterio, y desde allí en más todo lo misterioso adquirió el poder de despertar la libido.

Cuando crece, se recibe en la universidad y se convierte en científico, se encuentra con que no progresa en sus investigaciones, quedándose por ejemplo en lo anecdótico o en lo irrelevante (obstáculos epistemológicos). De alguna manera, resistirse a investigar implica seguir manteniendo el misterio, y con él, el placer libidinal asociado. El amor al misterio ha desplazado así al amor a la verdad, al amor a la desocultación del misterio, produciéndose con ello una detención del conocimiento.

3. Clasificación.- La lectura del texto de Bachelard nos sugiere dos criterios importantes para clasificar los obstáculos

epistemológicos.

a) En primer lugar, están los obstáculos que aparecen durante la investigación básica, y los que aparecen durante la transmisión del conocimiento a través de la enseñanza, obstáculos estos últimos que son designados con el nombre de ‘obstáculos pedagógicos’.

Los primeros aparecen cuando el científico está creando nuevas hipótesis o las está sometiendo a prueba. Ciertas creencias pueden hacer que el científico plantee hipótesis irrelevantes, que se resista a abandonar ciertas hipótesis por existir una adhesión afectiva a ellas, o que utilice métodos de prueba difícilmente calificables como propiamente científicos.

Los segundos aparecen en el acto de enseñar, y como tales van transmitiéndose de generación en generación contribuyendo a una lentificación o a una detención del conocimiento científico: un hecho originalmente mal interpretado es comunicado tal cual a los alumnos, y estos a su vez a sus alumnos y así sucesivamente. El profesor, de hecho, no sólo enseña contenidos, sino también una manera de pensar el mundo, y por ambas vías se filtran, casi siempre inadvertidamente tanto para el educador como para el educando, los obstáculos epistemológicos.

b) Una segunda clasificación los divide en fundamentales y especiales. Los obstáculos epistemológicos fundamentales son, en la denominación bachelariana, la experiencia básica y el conocimiento general, y deben ser entendidos como dos errores extremos en los cuales puede incurrir el científico. La experiencia básica consiste en aferrarse a lo singular, pintoresco, futil o anecdótico de los fenómenos, sin captar lo esencial y sin ejercer una crítica sobre los datos brutos de los sentidos. La experiencia básica descibe desordenadamente lo que ve, salta de un tema a otro resaltando lo que más le atrae, lo que es más llamativo, curioso, pintoresco o barroco. La raíz de esta actitud debemos buscarla en la tendencia humana hacia el espectáculo de los fenómenos interesantes o vistosos que permitan canalizar sus deseos y pasiones. La experiencia básica busca la variedad, pero no la variación metódica, donde el científico va analizando variable por variable en forma experimental, con el fin de probar la sensibilidad de aquellas que se suponen relevantes.

En el otro extremo encontramos el conocimiento general. Tan nefasto para el progreso del espíritu científico es la atracción por lo particular (experiencia básica) como la atracción por lo general, su par opuesto. Este segundo obstáculo consiste en generalizar demasiado o en forma precoz y facilista, lo que lleva a una detención de la experiencia, a un desinterés por el soporte empírico que debe tener toda ciencia, del mismo modo que la experiencia básica promovía el desinterés por los principios generales, en favor de la diversidad de lo singular.

Señala Bachelard que la excesiva generalización inmoviliza el pensamiento: las variables que describen lo general dejan en la sombra las variables matemáticas esenciales y, por lo demás, las generalizaciones apresuradas muchas veces se equivocan.

El lector habrá advertido la polaridad entre ambos obstáculos. Bachelard señala que, en efecto, todo obstáculo epistemológico tiene su par opuesto, hacia el cual se tiende a ir con el fin de superar el primer error. Puede hablarse así, de una especie de ley psicológica de la bipolaridad de los errores, según la cual los obstáculos se presentan de a pares y donde de uno se tiende a pasar al otro para superar cualquiera de ellos. Por ejemplo, pasar de una generalización excesiva a una singularización extrema para superar el primer error, o pasar del animismo al mecanismo, etc, que ya son ejemplos de obstáculos epistemológicos especiales.

Los obstáculos epistemológicos especiales son, entre los citados por Bachelard, el obstáculo verbal, el conocimiento unitario, el conocimiento pragmático, el sustancialismo, el realismo, el animismo, el conocimiento cualitativo y el conocimiento cuantitativo.

1) Obstáculo verbal.- Consiste en una sobrevalorización de las metáforas empleadas para explicar los hechos, donde

estos quedan explicados por las metáforas y no por las leyes, por recursos verbales y no por recursos matemáticos. En su intento por describir y explicar el aire, Reamur recurría a la metáfora de la esponja: "el aire, por su estructura, es semejante a los cuerpos esponjosos". En realidad, un acercamiento científico al aire implica hablar de su composición química, de la presión que ejerce sobre la tierra, de su densidad, de sus propiedades para dejar pasar o no ciertas radiaciones, de su capacidad para desplazarse según su temperatura, etc.. De considerar que el aire es como una esponja a pensar que tiene porosidades o que resulta útil para enjabonarse hay un solo paso, y es aquí donde aparece el obstáculo verbal: tomar al pie de la letra imágenes metafóricas simples y familiares y proponerlas como explicaciones plausibles. Muchos cuerpos y fenómenos se asimilan fácilmente a la metáfora de la esponja, que en realidad es una imagen ingenua e insuficiente de lo real. Otros ejemplos son "La materia común es una especie de esponja para el fluido eléctrico" (Franklin), "El hielo es una esponja de agua espesa y helada" (Mangún), y "Todos los cuerpos de la naturaleza están llenos de poros: la porosidad es pues, una propiedad general de los cuerpos" (Conde de La Cépede).

2) Conocimiento unitario.- Tendencia del conocimiento pre-científico a considerar que todo está regido por un único

principio general de la naturaleza, o bien que todas las cuestiones deben encuadrarse desde una única Weltanschauung (es decir cosmovisión, manera de ver las cosas, forma de pensar el mundo). Por ejemplo, en el siglo 18 la idea de una naturaleza homogénea y armónica negó todas las peculiaridades propias de los fenómenos subordinándolas a un principio general, y pasando por alto también las contradicciones observadas.

Explicar la diversidad fenoménica desde una única óptica es fácil, pero científicamente inconveniente. Pensar que hay una "unidad armónica" en el mundo conduce al planteo de una supra-determinación, vale decir, a pensar que todo está determinado, too es inevitable, todo está en última instancia controlado desde aquella unidad y aquella armonía.

3) Conocimiento pragmático.- Obstáculo que hace desarrollar indebidamente una hipótesis de tal forma que pueda ser

simplemente útil, proceso que Bachelard designa como inducción utilitaria. Desde esta perspectiva, todo lo que no es útil es irracional, es anticientífico.

Un ejemplo de hipótesis utilitaria aparece en Berthollet: "Si se suprimiera la transpiración durante los primeros años de vida del hombre, los conductos se agrandarían y los humores podrían luego salir en forma más abundante". A quien formuló o aceptó esta hipótesis no le importó mayormente que fuera o no verdadera; se interesó porque era útil, ya que suministraba un adecuado curso de acción para evitar el agrandamiento de los conductos, fomentando la transpiración durante los primeros años de vida.

Buscar guías prácticas de acción es aceptable, pero esto se transforma en obstáculo pragmatista cuando se pretende usar tal guía como principio explicativo, como idea que intenta explorar no sólo la utilidad sino también la verdad de las cosas.

4) Sustancialismo.- Creencia según la cual la noción de sustancia es suficiente para explicar los fenómenos

observados, noción a la que se apela en virtud de su familiaridad, su sencillez y su contundencia. Sustancializar un fenómeno es considerarlo simplemente una sustancia, y como tal ésta de por sí sola explica dicho fenómeno. En sus intentos por explicar el fenómeno de la electricidad, los físicos de siglos atrás decían que era como una especie de engrudo, que era "glutinosa" y "untuosa", ya que habían observado que el polvo se "pegaba" a una superficie electrizada. Desde ya, la electricidad no queda explicada diciendo que es un engrudo.

Otro ejemplo es una hipótesis de Reaumerie: "el mercurio, aunque blanco por fuera, es rojo por dentro. El color rojo aparece cuando se lo calcina con fuego". Hoy sabemos que el mercurio no es rojo por dentro, sino que lo que es blanco se transforma en rojo por la acción del calor.

Pero es posible también sustancializar en psicología. Frecuentemente el hombre tiene conciencia de ser él mismo una sustancia. Para esta psicología precientífica, el psiquismo o el alma es una sustancia interior, y por tanto la tarea científica implicará hacer un trabajo de excavación introspectiva, y especular con teorías que busquen relacionar lo interior con lo exterior. En realidad, el conocimiento científico no se agota en el conocimiento de sustancias, porque la realidad está hecha de relaciones.

5) Realismo.- Bachelard alude aquí a un realismo ingenuo, según el cual la realidad es tal cual como se nos presenta a

los sentidos, y estos no nos engañan. Por lo tanto, carece de sentido buscar algo que esté "más allá" de lo fenoménico, porque todo lo real está inmediatamente dado. Apariencia y esencia son, para el realismo ingenuo una y la misma cosa, cuando en rigor desde una mentalidad científica debe reconocerse que el conocimiento implica transcender lo fenoménico y emprender la búsqueda de relaciones esenciales.

6) Animismo.- Tendencia del espíritu pre-científico a explicar los fenómenos biológicos o psicológicos, y aún los físico-

químicos, a partir de la existencia de un impulso vital, o un fluido vital, que de por sí solo capaz de explicar fenómenos como la reproducción, el metabolismo, el crecimiento, etc.

La palabra "vida" aparece como una expresión que puede explicarlo todo. Hacia 1664, por ejemplo, se intentaba explicar ciertos cambios en los metales diciendo que estaban "enfermos", y que su vitalidad había disminuído. El ejemplo puede parecernos grotesco, pero muestra al desnudo el obstáculo epistemológico animista. Incluso cuando explicamos algún cambio en un ser vivo, podemos intentar explicarlo a partir de un decaimiento del impulso vital (si se trata de una enfermedad) o a partir de un incremento de dicho impulso (cuando se trata de explicar el crecimiento o el desarrollo). Bachelard desarrollla un ejemplo prototípico de animismo: lo que él llama el "mito de la digestión". El psicoanálisis ha mostrado en detalle con qué intensidad el hombre libidiniza, ya desde el nacimiento, aquellas partes de su cuerpo vinculadas con la alimentación (zona erógena oral) y con la eliminación (zona erógena anal). No resulta extraño, entonces, para Bachelard, que el espíritu precientífico apele a metáforas digestivas, inconcientemente muy importantes porque la digestión es fuente de grandes placeres y grandes sufrimientos, para dar cuenta de lo real.

El mito de la digestión implica tomar el proceso digestivo como modelo explicativo de muchos fenómenos (y si Bachelard lo pone como ejemplo de animismo es porque la digestión es una función propia de los seres vivos). Un ejemplo: en ciertas cosmogonías precientíficas, la tierra fue concebida como un gigantesco aparato digestivo. Y en psicología, los intentos por explicar los estados de ánimo como el optimismo y la tristeza, a partir de alguna condición fisiológica del estómago.

7) Conocimiento cualitativo.- Obstáculo epistemológico por el cual consideramos solamente los aspectos cualitativos

de los fenómenos, sin intentar indagar en las relaciones cuantitativas entre las variables correspondientes. Su par opuesto es el conocimiento cuantitativo. Por ejemplo, categorizar las personas como "es inteligente" o "no es inteligente", en lugar de intentar establecer una medición numérica, que siempre es mucho más precisa.

8) Conocimiento cuantitativo.- En el otro extremo, este obstáculo implicará cuantificarlo todo en una forma obsesiva, o

bien cuantificarlo mal. Por ejemplo, no se puede medir un proceso fugaz y/o indeterminado, como muchos fenómenos mentales, a riesgo de extraer conclusiones equivocadas. En el afán de buscar precisión, a veces en psicología se intentan cuantificar fenómenos que, de momento, no pueden ser medidos en términos numéricos, como podría ser por ejemplo la angustia.

El lector habrá podido advertir que muchos de los obstáculos epistemológicos descriptos se superponen y hasta parecen referirse a lo mismo, como por ejemplo la experiencia básica con el realismo, o el sustancialismo con el animismo. La razón es que todos ellos están imbricados en los mismos procesos de conocimiento, y si Bachelard los separa es a los efectos del simple análisis. Por ejemplo, considerar que la conducta se explica por el alma implica incurrir simultáneamente en un animismo, porque el alma encierra el impulso vital, en un sustancialismo, porque se explica todo a partir de la idea de sustancia (en este caso una sustancia inmaterial), en un conocimiento unitario porque se invoca el alma como único principio explicativo, etc.