Charles Peirce estableció diversas clasificaciones de signo, entre las cuales está aquella basada en el tipo de vínculo que une al signo con su referente. Y así conforme con lo que Pierce llama, la segunda tricotomía, un signo puede ser llamado Ícono, Índice o Símbolo.
a) Ícono
En cuanto a precisar la naturaleza sígnica del ícono, su definición debe partir del hecho que las cualidades que este presenta son similares a las del objeto, esto es, se caracterizan por establecer una relación de semejanza, de analogía con él. Son los signos que presentan algo parecido, alguna coincidencia con el objeto. Similarmente, Peirce (1974) afirma que:
Un Icono es un signo que se refiere al Objeto al que denota meramente en virtud de caracteres que le son propios, y que posee igualmente exista o no exista tal Objeto. Es verdad que, a menos que haya realmente un Objeto tal, el ícono no actúa como signo; pero esto no guarda relación alguna con su carácter como signo. Cualquier cosa, sea lo que fuere, cualidad, individuo existente o ley, es un ícono de alguna otra cosa, en la medida en que es como esa cosa y en que es usada como signo de ella (p. 30).
De modo que, los íconos son signos cuya relación con el objeto que designan o evocan se basa en la semejanza figurativa o exterior, o en la igualdad de distribución de sus partes: un cuadro realista, una imagen, una fotografía, un mapa, un diagrama, etc. Un signo icónico alude con precisión a un solo referente. De
acuerdo con Eco, el signo icónico surge de los rasgos seleccionados por una cultura para identificar determinado objeto o concepto. Su relación con el referente se da precisamente a través de esa percepción cultural que se tiene de éste. Así pues, se trata de una representación de segundo orden.
b) Índice
Acerca de la naturaleza sígnica del índice, su carácter representativo consiste en una relación existencial, un índice y su objeto deben ser individuos existentes (ya sean cosas o hechos), y su interpretante inmediato debe ser del mismo carácter. Del mismo modo, Peirce (1974) refiere que:
Un Índice es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de ser realmente afectado por aquel Objeto (…). En la medida en que el índice es afectado por el Objeto, tiene, necesariamente, alguna Cualidad en común con el Objeto, y es en relación con ella como se refiere al Objeto. En consecuencia, un Índice implica alguna suerte de Icono, aunque un Ícono muy especial; y no es el mero parecido con su Objeto, aun en aquellos aspectos que lo convierten en signo, sino que se trata de la efectiva modificación del signo por el Objeto (p.30).
Los índices, o signos deícticos, apuntan físicamente a su objeto, están afectados inmediatamente por él y guardan cierta conexión físico-espacial con el objeto al cual señalan: indicar con el dedo, y también muchas expresiones lingüísticas: yo, tú, él, acá, allá, éste, ése, aquél, etc. También son índices algunos signos naturales: el humo, la fiebre, el olor a sudor.
c) Símbolo
En cuanto a la naturaleza del símbolo, este por su carácter representativo consiste precisamente en que es una regla que determinará su interpretante. Así por ejemplo, todas las palabras, frases, libros y otros signos convencionales son símbolos. Es decir, se puede escribir o pronunciar la palabra “hombre”, pero es
sólo una réplica, o encarnación de la palabra, que se pronuncia o se escribe. La palabra en sí misma no tiene ninguna existencia, aunque tiene un ser real que consiste en el hecho de que los existentes se conformarán a ella.
De manera semejante, Peirce (1974) afirma:
Un Símbolo es un signo que se refiere al Objeto que denota en virtud de una ley, usualmente una asociación de ideas generales que operan de modo tal que son la causa de que el Símbolo se interprete como referido a dicho Objeto. En consecuencia, el Símbolo es, en sí mismo, un tipo general o ley, (…). En carácter de tal, actúa a través de una Réplica. No sólo es general en sí mismo; también el Objeto al que se refiere es de naturaleza general. Ahora bien, aquello que es general tiene su ser en las instancias que habrá de determinar. En consecuencia, debe necesariamente haber instancias existentes de lo que el Símbolo denota, aunque acá habremos de entender por “existente”, existente en el universo posiblemente imaginario al cual el Símbolo se refiere. A través de la asociación o de otra ley, el Símbolo estará indirectamente afectado por aquellas instancias y, por consiguiente, involucrará una suerte de índice, aunque un índice de clase muy peculiar. No será, sin embargo, de ninguna manera cierto que el menor efecto de aquellas instancias sobre el Símbolo pueda dar razón del carácter significante del Símbolo (pp. 30-31).
De ahí que, la relación que une al signo con su referente es el resultado de una convención, pues ni tienen semejanza con su objeto ni tampoco una conexión física inmediata con él. Esto quiere decir, que la relación del signo con lo significado es arbitraria, es una representación netamente convencional, basada en una convención social: la bandera, el papel, la moneda, la balanza como símbolo de la justicia, la paloma como símbolo de la paz, el color blanco como símbolo de la pureza, la gran mayoría de las palabras, etc.