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La tierra sólo surge a través del mundo, el mundo sólo se funda en la tierra. M. Heidegger (Der Usprung des Kunstwerkes) Entrando en los confines de un paisaje de representaciones, de símbolos, resulta tentador pensar al Ojo de Reptil y su panorama contextual en lo que Gruzinski llama un “paisaje sin espacio” (2013: 44). Paisaje que se relaciona con las cartografías y topografías imaginarias, las que se crean vernácula y autóctonamente, que orientan al espacio y las acciones humanas y que, en vez de enriquecerse con el contacto con otros modelos, se transculturizan30. Recordando las palabras de Valcárcel: “la política es el arte de la

transacción” (2012: 166). ¿Transacción de qué? Del ejercicio del poder, de los símbolos que imbrican tanto a una como a otra esfera social. Si regresamos a Teotihuacan, al arte “autóctono” teotihuacano, ¿podemos pensar en un sistema de representación gráfico

30Gruzinski habla se “aculturación”, pero el autor de este trabajo piensa que el prefijo trans- permite analizar puntos de intercambio forzados por las relaciones de poder. Intercambio no en términos de pérdida ni enriquecimiento del bagaje cultural; más a allá de que una cultura “pierda” o “adopte” nuevos elementos, el contacto con otras “formas” de “ser” y “hacer” implican una asimilación inconsciente que trasciende planos

vernáculo? Evidentemente las convenciones plásticas que permean a las culturas del Clásico mesoamericano se imbrican en un modelo general, en lo que el núcleo duro –en tanto es matriz del imaginario mítico mesoamericano-, permite y también restringe. Las manifestaciones del saber hacer son estas permisiones y son también el paraje de los límites. El Ojo de Reptil se encarna en la piel del bricolage, del patchwork que edifica a la Mesoamérica del Clásico como un caleidoscopio cultural -siempre cambiante pero siempre caleidoscopio-, y entonces, sopesando esta importancia, podemos entonces hablar de unidades, continuidades, influencias y tradiciones. Pero también se puede hablar de reafirmaciones propias, rupturas, negaciones, revoluciones y resistencias.

La ciudad de Teotihuacan, con el amplio espectro económico que manejaba a sus anchas y las fórmulas simbólicas que se arraigaron en el imaginario colectivo, es la presa fácil para este bricolage devorador de mentalidades y convicciones semánticas. Mismo que, quizás en la megalópolis, presenta el mejor ejemplo de ese “sincretismo” –término que el autor de esta tesis considera es utópico y, por lo tanto, imposible- pero que de alguna manera permite abordar al arte teotihuacano como el fruto de sus propias transacciones políticas y económicas. Si se observa, por ejemplo, a una Great Goddess

del Palacio de Tetitla (Ilustración 68), a los motivos netamente teotihuacanos de su tocado, del fondo y de la escena que la enmarca, es evidente que se adhiere a un discurso mítico donde la humanización de la diosa se refleja en su propia divinidad. ¿No son acaso los gobernantes mayas, dioses? En una dimensión sí. ¿Y no son los santos y las Vírgenes del culto popular colonial y contemporáneo, personajes que reflejan una sacralidad que los yergue sobre tronos y altares –tanto de culto oficial como doméstico-, portadores de iconografía del poder y que otorgan este mismo poder a aquellos quienes las usan? ¿No es la cultura mexicana la hija de muchos padres que la Historia apenas entiende? Las raíces y las imbricaciones de los símbolos precolombinos pueden entenderse a partir de sus analogías con la contemporaneidad. Otro ejemplo digno de mención –donde convergen tradiciones y estilos diversos en una amalgama teotihuacana- es la Serpiente Emplumada del Templo de Quetzalcóatl. ¿Cómo puede un pueblo legitimar sus dioses y sus símbolos a pueblos ajenos a su mismidad? Mostrándoles cómo hacerlos propios. Dejándolos que hagan y deshagan siempre y cuando pueda regularse el uso -¿y acaso abuso?-, de aquéllos. Estrategia peligrosa, pero fructífera. Demostrable si se abren bien los ojos y se aprecia la hegemonía teotihuacana en los materiales arqueológicos e, incluso, en los mitos que frecuentemente asocian el origen de los grupos

étnicos a la topografía imaginaria de Teotihuacan. La empresa de la megalópolis supo meterse en el mercado de los símbolos. He allí su impacto y trascendencia.

Antes que ser simbólico, el paisaje de lo que se concibe como real, el que legitima “lo real”, viene a objetivar el mundo. A partir de la traza del centro, la periferia siempre se adosa a un segundo plano, a una realidad que, para los ojos del centro -en este caso Teotihuacan-, se transforman en “lo otro”, “lo ajeno”, “lo exótico”, “lo alterno”. ¿Y no es la economía teotihuacana una economía de Sistema-Mundo? Sin adentrarnos en lo que a ésta respecta, el impacto global de Teotihuacan en la esfera comercial del Clásico privilegia bienes de prestigio –expuestos anteriormente como, por ejemplo, la obsidiana verde de Pachuca, caracoles, jade-, mismos que orbitan en la necesidad intrínseca de los gobernantes, de los dignatarios y de los políticos de preservar, difundir y legitimar tanto el estatus como el capital cultural y simbólico; y que siempre se regulan bajo un aparato de dominación donde se entraman horizontes mentales y representacionales que impactan a las masas y éstas deconstruyen las fórmulas y las trasforman en operaciones sociales cotidianas, permitiendo la fluidez del equilibrio y la homeostasis política (Ilustraciones 69- 71). Es en esta dimensión del análisis donde se hace evidente que “el medio siempre imprime su sello” (Valcarcel, 2012: 23). ¿Es el Ojo de Reptil el medio, o es el sello?

Ilustración 68Great Goddess de Tetitla, Teotihuacan. Nótese en el tocado la figura rectangular de esquinas redondeadas que luce como el glifo cauac (tomada de Pastory, 1997: 125), semejante al “feathered arch” de Langley (2002: 143).

Ilustración 69 Variantes del glifo cauac y el Ojo de Reptil: a) cauac en la parte inferior de la jamba sureste de la Estructura 18 de Copán (dibujo de Baudez, 1995: 35); b) glifo cauac en la parte inferior del Monumento 135 de Toniná (dibujo de Baudez, ibídem., 1995); c) glifo cauac (tomado de Pitts, 2009: 62); Ojos de Reptil según Caso (1967 149 (d) y 159 (e)); f) Ojo de Reptil en el Patio de los Glifos de La Ventilla, Teotihuacan (dibujo de Rubén Cabrera, tomado de Valdez, 2008: 15); g), h) e i) ejemplos de placas cerámicas según Caso, ibídem.).

Ilustración 70 a) Glifos cauac en los monumentos mayas: (derecha) en la parte inferior de la jamba sureste de la Estructura 18 de Copán (dibujo de Baudez, 1995: 35), (izquierda) en la parte inferior del Monumento 135 de Toniná (dibujo de Baudez, ibídem., 1995); b) representación del Scroll Baby, asociado a linaje (según Marcus, 1976; tomado de Ayala, 1985: 614); c) el Ojo de Reptil del que emerge una especie de “líquido precioso”

(tomado de Séjourné, 1959:157); y d) Ojo de Reptil en la Estela 1 de Piedra Labrada, Veracruz (dibujo de Navarrete, tomado de Taube, 2000: 46).

Ilustración 71 Desarrollo hipotético de las adopciones y el bricolage en que operan las fórmulas simbólicas en la creación, apropiación y reapropiación de elementos iconográficos en el paisaje representacional del Ojo de Reptil.

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