• No results found

2.2 Research Model and Hypothesis Development

2.2.2 Professional Value Dimensions

PUERTOLLANO | EMPRESAS

SECCIÓN: E.G.M.: ÁREA: TARIFA: PUERTOLLANO 19000 200 CM² - 19% 402 € 24 Noviembre, 2017

E

N agosto de 2016, el diarioThe Wa- shington Posthizo un estudio para in- dagar qué información personal tie- ne Facebook de sus usuarios, llegan- do a contabilizar 98 características. Multipli- quemos ese número por los 1.754 millones de usuarios activos al día de hoy y nos encon- traremos ante un auténtico ejemplo de Big Data. Un caudal de información valiosísimo para las muchas empresas de publicidad di- gital que viven exclusivamente de ese patri- monio del gigante tecnológico. Y, por su- puesto, la Fuente de Ingresos con mayúscu- la: en el último trimestre, Facebook reportó a los mercados cerca de 8.000 millones de euros por este concepto. Se estima que el va- lor de los datos de cada uno de sus usuarios aporta a la compañía unos 4 euros. Diríamos que esa es la contrapartida que estamos pa- gando a la compañía por el uso gratuito de su red social. Y, como es sabido, por el hecho de ser gratuito, el uso de nuestros datos es de su propiedad.

Entre los datos que dispone de nosotros, encontramos aspecto peregrinos como si nos vamos a mudar de casa próximamente, com- pramos medicamentos sin receta o vamos a necesitar un repuesto de nuestro coche en breve. Pero que sepa si consumimos mucho o poco alcohol, si somos conservadores o li- berales o si nos acabamos de comprometer, es ciertamente más preocupante.

Hablamos de Facebook, pero la inquietud crece cuando a esto le sumamos Linkedin, Instagram, Snapchat, Pinterest, Fitbit, etc…Cada minuto del día, vamos dejando rastro de nuestros datos biométricos, com- portamientos, gustos o fobias. Todos estos datos, sean reales o figurados, están siendo explotados por empresas privadas que los adquieren para dirigir sus acciones de publi- cidad micropersonalizada.

La buena noticia es que este cúmulo de in- formación está almacenada en diferentes si- los. Por el momento, no existe el gran reposi- torio de datos en donde un único algoritmo, agente artificial o modelo predictivo, como queramos llamarle, pueda hurgar y predecir exactamente qué, cómo y cuándo vamos a comprar, pensar, decir, actuar o mentir.

China representa un triste consuelo en es- te futuro cada vez menos provisto de privaci- dad. En junio de 2014, la máxima autoridad de la República Popular China, el Consejo de Estado, publicó unEsquema de planificación para la construcción de un Sistema de Crédito Social. Desde entonces, ha lanzado proyec- tos piloto con grandes tecnológicas chinas (Tencent y Alibaba por el momento) para ir

probando diferentes algoritmos de incenti- vación, recompensa y sanción. El objetivo del proyecto es llegar a un sistema que permita a los ciudadanos demostrar su honestidad cuantificada en una cifra. Esto, que no pare- ce tan necesario en una sociedad occidental, lo es en un país donde, según la OCDE, el 50% de los contratos no se cumple y se origi- na más del 60% de las copias ilegales de bie- nes de consumo que se venden en el planeta. Con este sistema, cada ciudadano puntúa en una escala de 350 a 950 puntos. Por ejem- plo, a medida que suba su puntuación por en- cima de 600 podrá alquilar un coche sin de- pósito previo, hacer uncheck-inrápido en ho- teles o a viajar a Europa mediante a una visa rápida. Pero si es baja no podrá disponer de un buen ancho de banda en internet, tendrá el acceso restringido a ciertos restaurantes o le será imposible llevar a sus hijos a un cole- gio privado. La puntuación, además, se ve in- fluenciada por su red social: si algún amigo o familiar tiene baja puntuación, le afecta y viceversa. Es previsible que esto genere cier- tos comportamientos dirigidos en las relacio- nes personales que tiendan hacia una “nor- malización” social. Como era previsible, es- tán naciendo consultoras que asesoran a los usuarios sobre cómo incrementar su crédito social. También, sin duda, aparecerán

hackersque, por un precio apropiado, mani- pulen dicho valor social, como si una falsifi- cación de DNI se tratara, pero en digital. ¿Quién diseña el algoritmo que puntúa más o menos una determinada situación perso- nal? No importa, pues lo verdaderamente preocupante es qué hay dentro del algoritmo y cuáles son sus reglas. Las sociedades distó- picas de la serieBlack Mirrorya están aquí.

Por el momento, participar en el programa es libre y, dado los incentivos que están ofre- ciendo las compañías piloto, son ya millones las personas que están operando con este sis- tema de crédito social. El Gobierno chino tie- ne las ideas muy claras y ha manifestado que a partir del año 2020 participar será obliga- torio. Estremecedor. Al final, a veces sin dar- nos cuenta, estamos forjando una personali- dad online, diferente a la real, ya sea en Chi- na o en nuestro entorno occidental. Somos o aparentamos. Más tutelados o menos, más manipulados o menos. Da igual. Es un tras- torno de identidad disociativo, como le lla- man los entendidos. Pero a escala global.

Al final, a veces sin darnos

cuenta, estamos forjando una

personalidad ‘online’, diferente

a la real, ya sea en China o en

nuestro entorno occidental.

Somos o aparentamos

‘BLACK

MIRROR’

LA TRIBUNA JUAN IGNACIO DE ARCOS 5

Director del Programa Ejecutivo de Big Data & Business Analytics de la EOI ROSELL SECCIÓN: E.G.M.: O.J.D.: ÁREA: TARIFA: PÁGINAS: OPINION 13000 2075 421 CM² - 39% 1150 € 8 24 Noviembre, 2017

E

N agosto de 2016, el diarioThe Wa- shington Posthizo un estudio para in- dagar qué información personal tie- ne Facebook de sus usuarios, llegan- do a contabilizar 98 características. Multipli- quemos ese número por los 1.754 millones de usuarios activos al día de hoy y nos encon- traremos ante un auténtico ejemplo de Big Data. Un caudal de información valiosísimo para las muchas empresas de publicidad di- gital que viven exclusivamente de ese patri- monio del gigante tecnológico. Y, por su- puesto, la Fuente de Ingresos con mayúscu- la: en el último trimestre, Facebook reportó a los mercados cerca de 8.000 millones de euros por este concepto. Se estima que el va- lor de los datos de cada uno de sus usuarios aporta a la compañía unos 4 euros. Diríamos que esa es la contrapartida que estamos pa- gando a la compañía por el uso gratuito de su red social. Y, como es sabido, por el hecho de ser gratuito, el uso de nuestros datos es de su propiedad.

Entre los datos que dispone de nosotros, encontramos aspecto peregrinos como si nos vamos a mudar de casa próximamente, com- pramos medicamentos sin receta o vamos a necesitar un repuesto de nuestro coche en breve. Pero que sepa si consumimos mucho o poco alcohol, si somos conservadores o li- berales o si nos acabamos de comprometer, es ciertamente más preocupante.

Hablamos de Facebook, pero la inquietud crece cuando a esto le sumamos Linkedin, Instagram, Snapchat, Pinterest, Fitbit, etc…Cada minuto del día, vamos dejando

La buena noticia es que este cúmulo de in- formación está almacenada en diferentes si- los. Por el momento, no existe el gran reposi- torio de datos en donde un único algoritmo, agente artificial o modelo predictivo, como queramos llamarle, pueda hurgar y predecir exactamente qué, cómo y cuándo vamos a comprar, pensar, decir, actuar o mentir.

China representa un triste consuelo en es- te futuro cada vez menos provisto de privaci- dad. En junio de 2014, la máxima autoridad

probando diferentes algoritmos de incenti- vación, recompensa y sanción. El objetivo del proyecto es llegar a un sistema que permita a los ciudadanos demostrar su honestidad cuantificada en una cifra. Esto, que no pare- ce tan necesario en una sociedad occidental, lo es en un país donde, según la OCDE, el 50% de los contratos no se cumple y se origi- na más del 60% de las copias ilegales de bie- nes de consumo que se venden en el planeta. Con este sistema, cada ciudadano puntúa en una escala de 350 a 950 puntos. Por ejem- plo, a medida que suba su puntuación por en- cima de 600 podrá alquilar un coche sin de- pósito previo, hacer uncheck-inrápido en ho- teles o a viajar a Europa mediante a una visa rápida. Pero si es baja no podrá disponer de un buen ancho de banda en internet, tendrá el acceso restringido a ciertos restaurantes o le será imposible llevar a sus hijos a un cole- gio privado. La puntuación, además, se ve in- fluenciada por su red social: si algún amigo o familiar tiene baja puntuación, le afecta y viceversa. Es previsible que esto genere cier- tos comportamientos dirigidos en las relacio- nes personales que tiendan hacia una “nor- malización” social. Como era previsible, es- tán naciendo consultoras que asesoran a los usuarios sobre cómo incrementar su crédito social. También, sin duda, aparecerán

hackersque, por un precio apropiado, mani- pulen dicho valor social, como si una falsifi- cación de DNI se tratara, pero en digital. ¿Quién diseña el algoritmo que puntúa más o menos una determinada situación perso- nal? No importa, pues lo verdaderamente preocupante es qué hay dentro del algoritmo y cuáles son sus reglas. Las sociedades distó- picas de la serieBlack Mirrorya están aquí.

Por el momento, participar en el programa es libre y, dado los incentivos que están ofre- ciendo las compañías piloto, son ya millones las personas que están operando con este sis- tema de crédito social. El Gobierno chino tie- ne las ideas muy claras y ha manifestado que a partir del año 2020 participar será obliga- torio. Estremecedor. Al final, a veces sin dar- nos cuenta, estamos forjando una personali-

Al final, a veces sin darnos

cuenta, estamos forjando una

personalidad ‘online’, diferente

a la real, ya sea en China o en

nuestro entorno occidental.

Somos o aparentamos

‘BLACK

MIRROR’

LA TRIBUNA JUAN IGNACIO DE ARCOS 5

Director del Programa Ejecutivo de Big Data & Business Analytics de la EOI ROSELL SECCIÓN: E.G.M.: ÁREA: TARIFA: OPINION 73000 470 CM² - 42% 2670 € 24 Noviembre, 2017

E

N agosto de 2016, el diarioThe Wa- shington Posthizo un estudio para in- dagar qué información personal tie- ne Facebook de sus usuarios, llegan- do a contabilizar 98 características. Multipli- quemos ese número por los 1.754 millones de usuarios activos al día de hoy y nos encon- traremos ante un auténtico ejemplo de Big Data. Un caudal de información valiosísimo para las muchas empresas de publicidad di- gital que viven exclusivamente de ese patri- monio del gigante tecnológico. Y, por su- puesto, la Fuente de Ingresos con mayúscu- la: en el último trimestre, Facebook reportó a los mercados cerca de 8.000 millones de euros por este concepto. Se estima que el va- lor de los datos de cada uno de sus usuarios aporta a la compañía unos 4 euros. Diríamos que esa es la contrapartida que estamos pa- gando a la compañía por el uso gratuito de su red social. Y, como es sabido, por el hecho de ser gratuito, el uso de nuestros datos es de su propiedad.

Entre los datos que dispone de nosotros, encontramos aspecto peregrinos como si nos vamos a mudar de casa próximamente, com- pramos medicamentos sin receta o vamos a necesitar un repuesto de nuestro coche en breve. Pero que sepa si consumimos mucho o poco alcohol, si somos conservadores o li- berales o si nos acabamos de comprometer, es ciertamente más preocupante.

Hablamos de Facebook, pero la inquietud crece cuando a esto le sumamos Linkedin, Instagram, Snapchat, Pinterest, Fitbit, etc…Cada minuto del día, vamos dejando rastro de nuestros datos biométricos, com- portamientos, gustos o fobias. Todos estos datos, sean reales o figurados, están siendo explotados por empresas privadas que los adquieren para dirigir sus acciones de publi- cidad micropersonalizada.

La buena noticia es que este cúmulo de in- formación está almacenada en diferentes si- los. Por el momento, no existe el gran reposi- torio de datos en donde un único algoritmo, agente artificial o modelo predictivo, como queramos llamarle, pueda hurgar y predecir exactamente qué, cómo y cuándo vamos a comprar, pensar, decir, actuar o mentir.

China representa un triste consuelo en es- te futuro cada vez menos provisto de privaci- dad. En junio de 2014, la máxima autoridad de la República Popular China, el Consejo de Estado, publicó unEsquema de planificación para la construcción de un Sistema de Crédito Social. Desde entonces, ha lanzado proyec- tos piloto con grandes tecnológicas chinas (Tencent y Alibaba por el momento) para ir

probando diferentes algoritmos de incenti- vación, recompensa y sanción. El objetivo del proyecto es llegar a un sistema que permita a los ciudadanos demostrar su honestidad cuantificada en una cifra. Esto, que no pare- ce tan necesario en una sociedad occidental, lo es en un país donde, según la OCDE, el 50% de los contratos no se cumple y se origi- na más del 60% de las copias ilegales de bie- nes de consumo que se venden en el planeta. Con este sistema, cada ciudadano puntúa en una escala de 350 a 950 puntos. Por ejem- plo, a medida que suba su puntuación por en- cima de 600 podrá alquilar un coche sin de- pósito previo, hacer uncheck-inrápido en ho- teles o a viajar a Europa mediante a una visa rápida. Pero si es baja no podrá disponer de un buen ancho de banda en internet, tendrá el acceso restringido a ciertos restaurantes o le será imposible llevar a sus hijos a un cole- gio privado. La puntuación, además, se ve in- fluenciada por su red social: si algún amigo o familiar tiene baja puntuación, le afecta y viceversa. Es previsible que esto genere cier- tos comportamientos dirigidos en las relacio- nes personales que tiendan hacia una “nor- malización” social. Como era previsible, es- tán naciendo consultoras que asesoran a los usuarios sobre cómo incrementar su crédito social. También, sin duda, aparecerán

hackersque, por un precio apropiado, mani- pulen dicho valor social, como si una falsifi- cación de DNI se tratara, pero en digital. ¿Quién diseña el algoritmo que puntúa más o menos una determinada situación perso- nal? No importa, pues lo verdaderamente preocupante es qué hay dentro del algoritmo y cuáles son sus reglas. Las sociedades distó- picas de la serieBlack Mirrorya están aquí.

Por el momento, participar en el programa es libre y, dado los incentivos que están ofre- ciendo las compañías piloto, son ya millones las personas que están operando con este sis- tema de crédito social. El Gobierno chino tie- ne las ideas muy claras y ha manifestado que a partir del año 2020 participar será obliga- torio. Estremecedor. Al final, a veces sin dar- nos cuenta, estamos forjando una personali- dad online, diferente a la real, ya sea en Chi- na o en nuestro entorno occidental. Somos o aparentamos. Más tutelados o menos, más manipulados o menos. Da igual. Es un tras- torno de identidad disociativo, como le lla- man los entendidos. Pero a escala global.

Al final, a veces sin darnos

cuenta, estamos forjando una

personalidad online, diferente a

la real, ya sea en China o en

nuestro entorno occidental.

Somos o aparentamos

BLACK

MIRROR

LA TRIBUNA JUAN IGNACIO DE ARCOS 5

Director del Programa Ejecutivo de Big Data & Business Analytics de la EOI ROSELL SECCIÓN: E.G.M.: O.J.D.: ÁREA: TARIFA: PÁGINAS: OPINION 20000 4109 337 CM² - 39% 1120 € 6 24 Noviembre, 2017

E

N agosto de 2016, el diarioThe Wa- shington Posthizo un estudio para indagar qué información personal tiene Facebook de sus usuarios, lle- gando a contabilizar 98 características. Multipliquemos ese número por los 1.754 millones de usuarios activos al día de hoy y nos encontraremos ante un auténtico ejem- plo de Big Data. Un caudal de información valiosísimo para las muchas empresas de publicidad digital que viven exclusivamen- te de ese patrimonio del gigante tecnológi- co. Y, por supuesto, la Fuente de Ingresos con mayúscula: en el último trimestre, Fa- cebook reportó a los mercados cerca de 8.000 millones de euros por este concepto. Se estima que el valor de los datos de cada uno de sus usuarios aporta a la compañía unos 4 euros. Diríamos que esa es la contra- partida que estamos pagando a la compañía por el uso gratuito de su red social. Y, como es sabido, por el hecho de ser gratuito, el uso de nuestros datos es de su propiedad.

Entre los datos que dispone de nosotros, encontramos aspecto peregrinos como si nos vamos a mudar de casa próximamente, compramos medicamentos sin receta o va- mos a necesitar un repuesto de nuestro co- che en breve. Pero que sepa si consumimos mucho o poco alcohol, si somos conserva- dores o liberales o si nos acabamos de com- prometer, es ciertamente más preocupante. Hablamos de Facebook, pero la inquie- tud crece cuando a esto le sumamos Linke- din, Instagram, Snapchat, Pinterest, Fitbit, etc…Cada minuto del día, vamos dejando rastro de nuestros datos biométricos, com-

La buena noticia es que este cúmulo de in- formación está almacenada en diferentes si- los. Por el momento, no existe el gran reposi- torio de datos en donde un único algoritmo, agente artificial o modelo predictivo, como queramos llamarle, pueda hurgar y predecir exactamente qué, cómo y cuándo vamos a comprar, pensar, decir, actuar o mentir.

China representa un triste consuelo en es- te futuro cada vez menos provisto de privaci- dad. En junio de 2014, la máxima autoridad de la República Popular China, el Consejo de

probando diferentes algoritmos de incenti- vación, recompensa y sanción. El objetivo del proyecto es llegar a un sistema que permita a los ciudadanos demostrar su honestidad cuantificada en una cifra. Esto, que no pare- ce tan necesario en una sociedad occidental, lo es en un país donde, según la OCDE, el 50% de los contratos no se cumple y se origi- na más del 60% de las copias ilegales de bie- nes de consumo que se venden en el planeta. Con este sistema, cada ciudadano puntúa en una escala de 350 a 950 puntos. Por ejem- plo, a medida que suba su puntuación por en- cima de 600 podrá alquilar un coche sin de- pósito previo, hacer uncheck-inrápido en ho- teles o a viajar a Europa mediante a una visa rápida. Pero si es baja no podrá disponer de un buen ancho de banda en internet, tendrá el acceso restringido a ciertos restaurantes o le será imposible llevar a sus hijos a un cole- gio privado. La puntuación, además, se ve in- fluenciada por su red social: si algún amigo o familiar tiene baja puntuación, le afecta y viceversa. Es previsible que esto genere cier- tos comportamientos dirigidos en las relacio- nes personales que tiendan hacia una “nor- malización” social. Como era previsible, es- tán naciendo consultoras que asesoran a los usuarios sobre cómo incrementar su crédito social. También, sin duda, aparecerán

hackersque, por un precio apropiado, mani- pulen dicho valor social, como si una falsifi- cación de DNI se tratara, pero en digital. ¿Quién diseña el algoritmo que puntúa más o menos una determinada situación perso- nal? No importa, pues lo verdaderamente preocupante es qué hay dentro del algoritmo y cuáles son sus reglas. Las sociedades distó- picas de la serieBlack Mirrorya están aquí.

Por el momento, participar en el programa es libre y, dado los incentivos que están ofre- ciendo las compañías piloto, son ya millones las personas que están operando con este sis- tema de crédito social. El Gobierno chino tie- ne las ideas muy claras y ha manifestado que a partir del año 2020 participar será obliga- torio. Estremecedor. Al final, a veces sin dar-

Related documents