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Antes de entrar a tratar algunas de las nociones capitales de la semántica filosó- fica con algún detenimiento a fin de esclarecer nuestra propia postura, daremos una idea del planteo general de la semántica filosófica o científica.

R. Carnap en su artículo «Significado y sinonimia en los lenguajes naturales»1

distingue dos tipos de semántica: la más reciente y desarrollada en el ámbito de la lógica simbólica es el estudio de los sistemas lingüísticos construidos por medio de reglas. En el contexto de esta semántica un sistema de signos significativos es un sistema interpretado no abstracto2. El otro tipo de semántica es la teoría de las rela-

ciones entre un lenguaje, sea un lenguaje natural o un sistema lingüístico, y aquello a que se refiere3.

A. Tarski4 dice : «la semántica es una disciplina que —para decirlo sin gran pre-

cisión— se ocupa de ciertas relaciones entre expresiones de un lenguaje y los objetos (o «estados de cosas») a que se refieren esas expresiones».

La teoría semántica desde esta perspectiva se ocupa del problema de la designa- ción de los términos lingüísticos. No se ocupa de su significatividad —valiosidad— para el viviente humano. Este planteo es lógico, por cuanto nace en el seno de la ciencia, que es un sistema abstracto de relacionarse con el medio.

Interesados como estamos por la manifestación de la valiosidad, del valor en los 1 Carnap, 1955, p. 26; en Bunge, 1960.

2 Bunge, 1960, p. 11.

3 Carnap, 1955, p. 25, en Bunge, 1960. 4 Tarski, 1972, p. 117.

términos lingüísticos, no podemos ver en el significado de los términos únicamente el lugar de «dación» de la referencia por el significado, según la teoría fregiana de la «dación» de la referencia por el sentido5, sino que vemos en el significado de los

términos y las expresiones el lugar en que se revela la valiosidad de lo referido. Esta nuestra perspectiva está ausente en la semántica filosófica. Esto queda claramente explicitado en la siguiente cita de W. O. Quine6:

«Una cuestión capital para la teoría de la significación es la naturaleza de su objeto: ¿qué clase de cosas son las significaciones? La necesidad tradicionalmente sentida de recurrir a entidades mentadas puede deberse a la antigua ceguera para apreciar el hecho de que sig- nificación y referencia son dos cosas diversas. Una vez tajantemente separadas la teoría de la referencia y la de la significación, basta dar un breve paso para reconocer que el objeto primario de la teoría de la significación es, simplemente. la sinonimia de las formas lingüís- ticas y la analiticidad de los enunciados; las significaciones mismas, en tanto que oscuras entidades intermedias, pueden abandonarse tranquilamente».

Todos estos problemas los trataremos más detenidamente.

Sea cual sea la interpretación que se dé del significado las corrientes empiristas correlacionan las expresiones con los estados observables de cosas.

De una forma esquemática W. P. Alston7 agrupa las teorías empiristas del signi-

ficado en tres grandes bloques: teorías referenciales del significado, teorías ideacio- nales y teorías comportamentales.

La teoría referencial del significado supone que toda expresión significativa nombra a algo o a alguien, o, por lo menos, toda expresión significativa está en lugar de algo o de alguien y tienen con ellos una relación del tipo del nombrar.

La versión más elemental de la teoría referencial del significado considera que el significado de una expresión es aquello a lo que esa expresión se refiere. Desde un punto de vista menos simple se dice que el significado de una expresión se iden- tifica con la relación entre la expresión y su referente. Según este punto de vista el significado es la conexión referencial. Por tanto, la teoría referencial del significado identifica el significado de una determinada expresión con aquello a lo que esa ex- presión se refiere, o bien con la relación de la determinada expresión y su referente8.

No es nuestro propósito discutir la teoría referencial del significado. Aduciremos, sin embargo, el comentario de Alston: «La teoría referencial se basa en una idea importante: que el lenguaje se usa para hablar de cosas que están fuera (así como dentro) del lenguaje y que el hecho de que una expresión sea apropiada para hablar de cosas es crucial para que esa expresión tenga el significado que tiene. No obstante, en la teoría referencial esta idea se viene abajo por el exceso de simplificación. La conexión esencial del lenguaje con «el mundo», con aquello de lo que se habla, se presenta como una correlación fragmentaria entre unidades lingüísticas significativas y componentes diferenciados del mundo».

Y añade más tarde: «esa conexión no es así de simple. Hablar no consiste en pro- ducir una secuencia de rótulos, cada uno de los cuales se pega a algo que está en el ”mundo”. Algunos de los componentes significativos de las oraciones que usamos para hablar sobre el mundo pueden conectar de maneras semánticamente importan- tes con componentes diferenciados del mundo, pero otros no»9.

5 Thiel, 1972, p. 118. 6 Quine, 1962, p. 52. 7 Alston, 1974.

8 Alston, 1974, pp. 28, 29, 38. 9 Alston, 1974, p. 37

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La teoría referencial tiende a eliminar el huidizo mundo intermedio de los sig- nificados. Un mundo que no sería ni el de las expresiones de la lengua, ni el mundo de las cosas de las que se habla.

La interpretación que da del significado la teoría referencial margina e impide el estudio de las configuraciones axiológicas de las manifestaciones lingüísticas. El discurso mítico e incluso ideológico —en cuanto axiológico— para esta concepción es simplemente un discurso sin sentido. Por consiguiente, fuera de los inconvenien- tes que esta concepción del significado pueda tener para la teoría de la ciencia, para nuestro estudio resulta inaceptable.

La teoría ideacional del significado está representada por los grandes empiristas ingleses: Locke, Berkeley, Hume. El punto de vista general de esta teoría es el si- guiente: Una palabra adquiere significado al asociarse con una determinada idea. La aparición de la idea en la mente provoca la emisión de la palabra, o la audición de la palabra tiende a provocar la aparición de la idea en la mente del oyente. Las ideas son copias, o transmutaciones de copias, de las impresiones de los sentidos. Una palabra puede tener significado sólo si se ha establecido una asociación entre esa palabra y una idea derivada de la experiencia sensorial. Todo significado se deriva necesariamente de la experiencia de los sentidos10.

Según Locke el uso de las palabras consiste en que sean las seriales sensibles de las ideas, y las ideas que se significan con las palabras son su propia e inmediata significación.

Una expresión lingüística tiene significado por el hecho de que se la usa como marca de una cierta idea. Las ideas con las que construimos nuestros pensamientos, tienen una existencia y una función independiente del lenguaje. Si nos guardáramos nuestras ideas para nosotros mismos, podríamos prescindir del lenguaje. La nece- sidad de transmitir a otros nuestro pensamiento hace que utilicemos esas marcas observables que son las expresiones lingüísticas. Una expresión lingüística adquiere significado al ser usada asociada a una idea.

Con respecto a la teoría ideacional del significado, pregunta Alston: ¿Podría di- ferenciarse la idea de «cuando», «en», «curso», «llegar a ser», etc., si uno se sumerge en sus conocimientos cada vez que pronuncia una de esas palabras? En el supuesto improbable de que eso fuera posible, ¿podría reconocer la idea que acompaña a «cuando» como la misma idea que aparece cada vez que se emite la palabra «cuan- do» con ese sentido? ¿Tiene el lector esa idea tan firmemente asida que puede evo- carla, o, por lo menos, sabe cómo debería hacer para evocarla sin que la palabra estuviera presente? En otras palabras, ¿se trata de algo que se puede identificar y producir con independencia de la palabra? ¿Alguna vez aprehende usted la idea de «cuando» al emitir otras palabras como «hasta», «reostato» o «epigrafía»?

«La verdadera dificultad consiste en que no somos capaces de localizar ”ideas” como sería necesario para probar la teoría ideacional»11.

En esta teoría ideacional de Locke, los significados son representaciones sensi- bles de lo designado. No se supone que los significados contengan valoración alguna de aquello a lo que se refiere el término para los vivientes humanos.

10 Alston, 1974, p. 97. 11 Alston, 1974, pp. 42-44.

Desde esta perspectiva no resultan comprensibles discursos tales como los mí- ticos. Ideas o significados que no sean representaciones sensibles de lo objetivo son discursos vanos. Tampoco se ve cómo desde esa teoría puedan ser analizables las ideas y, por tanto, los significados.

Según esta teoría, si los significados contienen elementos axiológicos nos vería- mos forzados a sostener que la valiosidad es de los objetos mismos y no resultado de una correlación de los vivientes humanos de una determinada cultura a su medio.

La teoría comportamental del significado resalta los aspectos públicamente ob- servables de la situación comunicativa. Para esta teoría el significado es una función de aspectos de la situación comunicativa susceptibles de ser examinados por todos. Se apropian las ideas conductistas para aplicarlas a la conducta verbal12.

L. Bloomfield define la significación de una forma lingüística como «la situación en la que el locutor la enuncia y la respuesta que provoca por parte del oyente»13.

Se supone que existen rasgos comunes en todas las situaciones en que una deter- minada expresión se emite con un determinado sentido y que hay rasgos comunes en todas las respuestas que provoca una determinada expresión con un determina- do sentido.

Otra forma más compleja de esta teoría caracterizaría el significado como las disposiciones a responder que producen las emisiones lingüísticas.

W. V. O. Quine dice: «La significación estimulativa de una sentencia para un sujeto resume su disposición a asentir o disentir de la sentencia en respuesta a la estimulación presente»14.

Hablando de la traducción radical dice que «la significación estimulativa de una sentencia ocasional es, por definición, la entera batería de disposiciones actuales presentes en el indígena por las cuales asentirá a, o disentirá de, la sentencia»15.

En este mismo contexto de traducción radical de una lengua indígena, dice que «significación es lo que una sentencia tiene en común con su traducción, y traduc- ción se refiere sólo a correlaciones con estimulaciones no verbales»16.

De una forma más explícita dice:

«La semántica está viciada por un mentalismo pernicioso en la medida en que conside- ramos la semántica de un hombre como algo determinado en su mente más allá de lo que puede estar implícito en sus disposiciones a una conducta manifiesta».

«Cada uno de nosotros, en cuanto aprende su lenguaje, es un estudioso de la conducta de su vecino...».

«...incluso en las partes complejas y oscuras del aprendizaje del lenguaje, el aprendiz no tiene otros datos con los que trabajar más que la conducta manifiesta de los otros hablantes».

«...reconocernos que no hay significados, ni semejanzas, ni distinciones de significa- dos, más allá de los que están implícitos en las disposiciones de la gente a la conducta manifiesta»17

Alston afirma que también esta teoría del significado se basa en una idea impor- tante: «las unidades de lenguaje adquieren su significado al ser usadas por la gente,

12 Alston, 1974, pp. 45-46. 13 Bloomfield, 1970, p. 132. 14 Quine, 1968, p. 46. 15 Quine, 1968, p. 53. 16 Quine, 1968, p. 45. 17 Quine, 1968, pp. 44-46.

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a través del hecho de que están implicadas en diversas clases de conducta»18.

Si se tiene en cuenta lo que pretendemos en nuestro trabajo —el estudio de las configuraciones axiológicas— se advertirá que el estudio de los rasgos comunes a todas las situaciones en que se emite una determinada expresión y el estudio de los rasgos comunes de todas las respuestas que provoca una determinada expresión con un determinado sentido no proporcionan un acceso fácil al análisis de las manifes- taciones axiológicas en la lengua.

Tampoco el estudio de las correlaciones de las expresiones lingüísticas con es- tímulos no verbales, proporciona un camino para el análisis de las configuraciones axiológicas verbales. Esta correlación debe tenerse en cuenta, pero falta algo más. El estudio de estas correlaciones nos deja a las puertas —pero no nos permite en- trar— del estudio de las manifestaciones de la valiosidad del mundo para un grupo humano de una determinada cultura.

De este breve recorrido de las principales teorías empiristas del significado —de Wittgenstein hablaremos más tarde— queda suficientemente claro que el criterio de la significatividad establece algún tipo de correlación o conexión entre las ex- presiones lingüísticas y la experiencia sensorial, como condición necesaria de la significatividad.

Con el estudio de algunas de las nociones capitales de la semántica filosófica o científica pretendemos aclarar y establecer que esa semántica tiene sentido en el de- terminado marco teórico en que nace, y que sería un error adoptar sus presupuestos para estudiar un problema que ella margina conforme a sus propios fines. Su marco teórico es tanto la teoría de la ciencia como la crítica del ontologismo ingenuo de la filosofía. La filosofía no es consciente de su propia estructura valoral y así se con- vierte en presa de la semántica_ científica.

En este apartado vamos a hablar de la «significación» de las expresiones según la semántica científica.

Según P. T. Strawson, Russell dice con respecto a los nombres propios, o sus afir- maciones lo implican,

«que una expresión que pretenda ser un nombre propio en sentido lógico carece de sig- nificado a menos que haya un objeto singular al que la expresión representa, porque el sig- nificado de tal expresión es, precisamente, el objeto individual que la expresión designa. En consecuencia para que algo sea nombre debe designar algo».

Supone, también, que para Russell

«hacer referencia o mencionar —si es que acaece de alguna manera— debe ser signi- ficar».

Según él,

«debido a que Russell confundió significar con mencionar, pensó que si existen expresio- nes que tienen un uso referencial individualizador —que son lo que parecen ser (es decir, sujetos lógicos) y no otra cosa— su significado debía ser el objeto particular al que se hacía referencia al usarlas»19.

18 Alston, 1974, pp. 52-53.

El mismo Russell dice que

«los significados de todas las palabras empíricas dependen, en última instancia, de defi- niciones ostensivas y que las definiciones ostensivas dependen de la experiencia...»20.

La teoría de la verificabilidad del significado fue formulada por los miembros del «Círculo de Viena».

Según los positivistas lógicos, para que uno pudiera hablar con sentido —tuviera significado lo que decía— debería poder especificar una manera de verificar empíri- camente lo que decía. Debía poder especificar qué observaciones podían incidir en contra o a favor de la verdad de lo que decía.

Cuando los positivistas imponen la verificabilidad como condición de la signifi- catividad, no afirman con ello que sólo sean significativas las oraciones que han sido contrastadas todavía y cuya contrastación es de momento imposible. Al exigir verifica- bilidad exigen simplemente que sea posible especificar cómo podría ser esa prueba em- pírica; no pretenden que la prueba se haya llevado a cabo. Verificabilidad es posibilidad de verificación, no verificación. Si podemos proporcionar una especificación inteligible de las observaciones que establecerían la verdad o falsedad de un enunciado, habremos satisfecho el criterio de verificabilidad del significado. Para la significatividad, lo que se exige es que una determinada oración sea susceptible de contrastación empírica. Signi- ficado es verificabilidad, y verificabilidad es verificable o falsable.

Una oración es significativa, si y sólo si, puede contrastarse empíricamente. El criterio de verificabilidad presupone una estratificación del lenguaje: debe de distinguirse un nivel básico, cuyos miembros tienen significado de un modo espe- cialmente directo, y los otros elementos del lenguaje, que son significativos sólo si tienen una conexión inequívoca con ese nivel básico. Se distinguirán las oraciones observacionales de las no observacionales. Estas últimas tendrán significado si pue- den especificarse las oraciones observacionales con las que están conectadas y que podrán usarse como dato positivo o negativo relativo a la Oración no observacional. Pronto se advirtió que exigir una verificabilidad o falsabilidad completas era un remedio peor que la enfermedad. Esa exigencia era demasiado fuerte. Para empe- zar excluía del significado a todas las generalizaciones que carecen de restricciones. Para ellas no podían especificarse pruebas empíricas terminantes. Se conformaron con especificaciones de observaciones que incidieran en contra o a favor del enun- ciado, observaciones que confirmaran o negaran en alguna medida el enunciado. Se pasó del «criterio de verificabilidad de la significación» al «criterio de confirmabili- dad de la significación»21.

Para Carnap el significado de una palabra se define mediante su criterio de apli- cación. Para especificar su idea, finge el siguiente caso:

«Supongamos, a manera de ilustración, que alguien inventara la palabra nueva ”tago” y sostuviera que hay objeto que son ”tagos” y objetos que no lo son.

Para descubrir el significado de esta palabra le preguntaríamos sobre su criterio de apli- cación: cómo determinamos en un caso concreto si un objeto es ”tago” o no lo es?

Supongamos que no es capaz de respondernos en concordancia con un criterio de aplica- ción: no existen signos empíricos de ”taguidad”, nos dice. En ese caso tendremos que negar la legitimidad del uso del vocablo. Si la persona que usa la palabra insiste de todas maneras

20 Russell, p. 89, en Simpson , 1973. 21 Alston, 1974, pp. 105-110.

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en que hay objetos que son ”tagos” y objetos que no son ”tagos”, para el modesto y finito intelecto humano no resta sino considerar que lo que es ”tago” será un secreto eterno, pero entretanto podemos designarlo como un mero ”flatus vocis”.

Acaso persista en asegurarnos que, a pesar de todo, él quiere ”significar” algo con la palabra ”tago”. De ello inferiremos solamente el hecho psicológico de que están asocia- dos a la palabra algunas imágenes y sentimientos. Mas no por ello adquiere ésta algún significado. Si no se estipula un criterio de aplicación para la nueva palabra, no existe aserto alguno en las proposiciones en que aparece, y éstas resultan ser meras pseudopro- posiciones.

Como segundo caso, supongamos que se establece el criterio de aplicación para una nueva palabra ”tego”; específicamente, ”la proposición ’este objeto es tego’ es verdadera si, y solamente si, el objeto es cuadrangular...”. Entonces diremos: la palabra ”tego” es si- nónimo de la palabra ’cuadrangular” y no consideraremos como admisible que aquellos que la utilizan nos digan que, sin embargo, ellos querían ”significar” con ella algo más que ”cuadrangular”...»22.

En el mismo artículo Carnap afirma que el dictamen por el que se pronuncia el análisis lógico sostiene que todo supuesto conocimiento que pretendiera hallarse por encima o por detrás de la experiencia carece de sentido. Este dictamen invalida cualquier especulación metafísica así como todo conocimiento sobre algo que estu- viera al margen o más allá de la experiencia.

«El mismo dictamen puede aplicarse también a toda filosofía de normas, o filosofía del valor así como a la ética o a la estética como disciplinas normativas, ya que la validez objetiva de un valor o de una norma no es (y esto también de acuerdo con la concepción

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