• No results found

Program Locations and Result Thresholds

The x-axis type and data is pre-determined by the Data Analysis option in wizard step 1 above The chart y-axis data series are defined by the Chart Data list, which allows

Option 1: Select this option to automatically read the new unit's serial

7.3 Program Locations and Result Thresholds

las personas. Si sus palabras parecen hacer más daño que bien cuando trata de solucionar un desacuerdo, no se dé por vencido. Con la ayuda de Dios, podrá mejorar su capacidad para comunicarse

constructivamente. En este capítulo veremos algunos principios y destrezas de comunicación fundamentales, y analizaremos formas prácticas de usarlos en medio del conflicto.

Traiga esperanza mediante el evangelio

Cuando alguien me ha desilusionado u ofendido, mi tendencia natural es ir a la persona con “la ley”, sermoneándola sobre lo que ha hecho mal y lo que debe hacer en lo sucesivo para arreglar el asunto. Este enfoque generalmente pone a las personas en una actitud defensiva y con poca disposición a reconocer sus faltas, lo cual empeora el conflicto.

El Señor está trabajando pacientemente para enseñarme una forma mejor de acercarme a otros con relación a sus fallas. En vez de hacerlo con la ley, estoy aprendiendo a llevarles el evangelio. En otras palabras, en vez de detenerme en lo que las personas deben hacer o no han hecho, estoy aprendiendo a centrarme principalmente en lo que Dios ha hecho y está haciendo por ellas a través de Cristo. Este enfoque aparece y es elogiado a lo largo de toda la Biblia.

Considere de nuevo la conversación de Jesús con la mujer samaritana. En vez de hacer hincapié en su estilo de vida pecaminoso, Jesús dedicó la mayor parte del tiempo a conversar sobre la salvación, la vida eterna, la verdadera adoración y la venida del Mesías (Juan 4:7–26). Ella respondió ávidamente a este enfoque centrado en el evangelio, bajó sus defensas y puso su confianza en Cristo. Si bien Jesús cambiaba este enfoque cuando reprendía a los fariseos endurecidos, su enfoque típico para llevar a las personas al arrepentimiento era anunciarles las buenas nuevas del perdón de Dios (ver, por ejemplo, Lucas 19:1–10; Juan 8:10, 11).

El apóstol Pablo usaba un enfoque parecido, aun cuando tuviera que tratar con un pecado serio. En su Primera Carta a los Corintios, tuvo que encarar divisiones, inmoralidad, demandas legales, alimentos sacrificados a los ídolos y el uso indebido de la Cena del Señor y los dones espirituales. Pero, antes de abordar estos terribles pecados, el amable saludo de Pablo ofrecía esperanza de perdón y cambio recordándoles a los corintios lo que Dios ya había hecho por ellos a través de Cristo:

A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo … Siempre doy gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús, les ha dado su gracia. Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento. Así se ha confirmado en ustedes nuestro testimonio acerca de Cristo, de modo que no les falta ningún don espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

2 Nota del traductor: La mayoría de las versiones inglesas optan por esta traducción (“hablar la verdad en amor”),

en tanto que las principales traducciones españolas tienen otra traducción: “siguiendo la verdad en amor”, Reina- Valera 1960 y 1995; “al vivir la verdad con amor”, Nueva Versión Internacional; la Biblia de Jerusalén traduce “siendo sinceros en el amor”.

84

1 Corintios 1:2–9 ¡Qué forma maravillosa de preparar el escenario para el arrepentimiento y el cambio! Pablo hizo lo mismo en sus cartas a las demás iglesias y personas. Siempre mantenía a Jesús en el centro de su

instrucción y corrección. Por ejemplo, al escribir a los efesios, Pablo dedicó la primera mitad de su carta a una descripción detallada del plan de redención de Dios. Cuando finalmente se pone a tratar con los errores en la congregación, sus lectores ya están parados sobre un fundamento de esperanza y aliento.

Pablo hizo lo propio con los filipenses y los colosenses, quienes también necesitaban corrección e instrucción. Comienza ambas cartas llamando la atención a lo que Dios ha hecho en cada una de estas iglesias (Filipenses 3:1–11; Colosenses 1:3–23). Luego sigue refiriéndose al evangelio mientras pasa de un tema a otro. Por ejemplo, en medio de su amonestación a los colosenses, Pablo inserta esta maravillosa cláusula: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:12; énfasis agregado). Antes de decirles algo más que deberían hacer, Pablo les recuerda quiénes son en Cristo.

Como demuestran estos pasajes, cuando necesitamos hablar a otros acerca de sus fallas, debemos pedir la ayuda de Dios para resistir nuestra tendencia a machacar a la gente con sus fallas. Por supuesto que a veces necesitamos mostrarles dónde han pecado y se han alejado de los caminos de Dios. Pero ese no debería ser el principal foco de nuestras palabras, porque el juicio desalienta inevitablemente. Con la ayuda de Dios podemos, en cambio, ofrecer esperanza atrayendo la atención a la noticia maravillosa de que Dios ha perdonado nuestros pecados a través de Cristo y está ansioso por ayudarnos a cambiar nuestros caminos.

Cuando tenga que hablar a alguien sobre los chismes podría decir algo así:

“No creo que te hayas propuesto deliberadamente lastimar a Guillermo, pero tus palabras pueden haber dañado su reputación. La buena noticia es que Jesús murió para librarte a ti, a mí y a Guillermo –a todos nosotros– de nuestros pecados. Dios nos ha dado una advertencia y una promesa maravillosa: Si

ocultamos nuestros errores, Él continuará disciplinándonos hasta que nos arrepintamos, pero si

confesamos nuestros pecados Él nos perdonará y restablecerá nuestras relaciones. ¡Existe esta esperanza por lo que Jesús hizo por nosotros! Si tú le pides ayuda y tratas esto de la forma que Él enseña, todo el incidente puede ser borrado por completo”.

Sea que esté haciendo pacificación en el hogar, en mi iglesia o en un caso de conciliación formal, he visto cómo este enfoque abre la puerta para el arrepentimiento y la paz. Cuanta más esperanza dé usted centrándose en lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros, mayor probabilidad habrá que los demás escuchen sus inquietudes, reconozcan sus errores y avancen hacia la reconciliación.

El año antes de empezar a hacer los últimos cambios a este libro, me di cuenta de que no podría entretejer consistentemente el evangelio en mis conversaciones con los demás hasta que el evangelio estuviera entretejido profundamente en mi propio corazón. Dios me mostró que soy un “expositor de la ley” natural; traigo juicio mucho más fácil de lo que traigo gracia. Cuando vi esto, comencé a orar a Dios pidiéndole que hiciera un cambio grande en mi corazón y que el evangelio fuera el centro de todo lo que pienso, digo y hago. Tal vez usted tenga la misma inclinación y necesite el mismo cambio interior. Si es así, ore pidiéndole a Dios que abra sus ojos más plenamente a la gloria de lo que Cristo ha hecho por usted. Aprenda a deleitarse leyendo acerca de la obra de Jesús completada en la cruz, y a meditar y regocijarse en lo que Él hizo. Cuando su alma, sus pensamientos y su conversación estén saturados del evangelio, se desbordará hacia otras áreas de su vida, trayendo esperanza y aliento a otros, aun cuando les esté hablando sobre la necesidad de arrepentirse y cambiar.39

Esté listo para escuchar

39 Una de las mejores formas de cultivar una vida centrada en el evangelio es leer y releer el excelente libro

85

Otro elemento para la comunicación eficaz es escuchar atentamente lo que los otros están diciendo. Sabiendo que así no es nuestra naturaleza, Santiago da esta advertencia a la iglesia primitiva: “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse” (Santiago 1:19).

El escuchar bien es especialmente importante para el pacificador. Mejora su capacidad para entender a los demás, muestra que realmente no tiene todas las respuestas y le dice a la otra persona que usted valora sus pensamientos y opiniones. Aun cuando no pueda concordar con todo lo que dicen o hacen los demás, su disposición para escuchar demuestra respeto y muestra que usted está intentando entender el punto de vista de ellos. Esto puede ayudar a crear un clima de respeto mutuo que mejorará la comunicación. Con la ayuda de Dios, usted puede desarrollar varias habilidades para escuchar.

Esperar

Esperar pacientemente mientras los demás hablan es una habilidad para escuchar. Sin esta destreza, a menudo no entenderá la causa fundamental de un conflicto y podría complicar las cosas con reacciones inapropiadas. Como enseña Proverbios 18:13: “Es necio y vergonzoso responder antes de escuchar” (ver también Proverbios 15:28). Hay varias formas básicas de mejorar su capacidad para esperar. Trate de no saltar a conclusiones prematuras acerca de lo que los otros están pensando; déles tiempo y escúchelos hasta el fin. Disciplínese para no interrumpirlos mientras hablan. Aprenda a estar cómodo con los silencios y a no responder apenas haya una pausa. Y no ofrezca soluciones inmediatas a cada problema que le traigan los demás. A veces ellos ya saben lo que deben hacer, pero necesitan que alguien les permita hablarlo.

Atender

La mente humana puede pensar al menos cuatro veces más rápido que lo que una persona puede hablar. Por lo tanto, mientras escucha a alguien su mente puede estar buscando algo más que hacer. Si permite que su mente divague o empieza a ensayar respuestas, podrá perderse mucho de lo que la gente está diciendo. Además, los demás generalmente pueden darse cuenta cuando usted está distraído, lo que les quita las ganas de comunicarse.

Hay varias formas en que usted puede demostrar que está prestando atención a lo que están diciendo las personas. Mantenga contacto visual frecuente. Evite el lenguaje corporal negativo, como cruzarse de brazos, golpetear con el pie o mirar alrededor. Elimine distracciones lo más posible; apague la televisión, cierre una puerta para reducir el ruido y siéntese donde no se verá tentado a mirar a otra parte

frecuentemente. Si se inclina hacia delante levemente, esto indica generalmente interés, así como las expresiones faciales cálidas y de aceptación. Asienta con la cabeza cada tanto para mostrar que entiende lo que la otra persona dice o siente. Respuestas ocasionales como “hmmm”, “ajá”, “ya veo” y “¡vaya!” le dicen a su interlocutor que sus palabras le están llegando a usted. Esto lo alentará a seguir hablando, y le permitirá a usted obtener la mayor información posible antes de contestar.

Aclarar

Aclarar es el proceso de asegurarse de que usted entiende lo que la otra persona está diciendo. En general, involucra preguntas y afirmaciones como las siguientes:

“¿Me estás diciendo que …?” “Dígame más acerca de …” “¿Podría darme un ejemplo?” “Me confunde lo siguiente: …” “A ver si entiendo …”

Palabras como éstas muestran que usted está escuchando y pensando en lo que dice la persona. Como estas respuestas también demuestran su interés en obtener más información, alientan a la otra persona a compartir emociones y percepciones más plenamente. Si ella responde a esa invitación, a menudo usted podrá ir más allá de los temas superficiales y discernir más claramente las inquietudes, motivos y sentimientos subyacentes.

86

Reflejar o “parafrasear” es el proceso de resumir los puntos principales de la otra persona con nuestras propias palabras y devolverlos de una forma constructiva. Reflejar puede abarcar tanto el concepto de lo que la otra persona ha dicho como los sentimientos asociados. Por ejemplo:

“Usted cree que no me tomé el tiempo de escucharlo hasta el final”. “Desde su perspectiva, estuve mal cuando dije eso acerca de usted”. “Entonces, para ti no hay demasiada esperanza …”

“La situación ha creado muchos problemas para usted y su familia”. “Aparentemente crees que no fui sincero con relación a …”

“A usted le debe interesar mucho este proyecto”.

“Me da la impresión de que te he desilusionado realmente”.

“Realmente le hirió mi comentario acerca de usted frente a la clase”.

“Parece que estuvieras molesta porque le di el trabajo a Juan en vez de a ti”.

Reflejar no exige que uno esté de acuerdo con lo que dice la otra persona; simplemente muestra si usted comprendió sus pensamientos y sentimientos. Al reflejar indica que estuvo prestando atención y está intentando entender a la otra persona. Cuando los demás perciben esto, tienen una menor

probabilidad de repetirse o a levantar la voz para explicar su punto. También ayuda a aclarar lo que la otra persona está diciendo y le permite a usted concentrar la discusión en un tema específico, en vez de tener que tratar con varias cuestiones simultáneamente. Además, puede frenar el ritmo de la conversación, algo especialmente beneficioso cuando las emociones están caldeadas y las palabras tienden a salir

aceleradamente. Finalmente, reflejar lo que otros dicen puede hacer que estén más dispuestos a escuchar lo que usted quiere decir.

Concordar

Concordar con lo que otra persona dice es una respuesta de escucha especialmente poderosa. Esto no significa que usted deje de lado sus convicciones, sino más bien que reconoce lo que sabe que es cierto antes de abordar puntos de desacuerdo. Concordar con la otra persona que está hablando a menudo la alentará a hablar más abiertamente y evitar repeticiones innecesarias.

Concordar es especialmente importante cuando usted se ha equivocado. Por ejemplo, respuestas como éstas pueden marcar la diferencia entre una discusión y un diálogo significativo:

“Tienes razón, me equivoqué cuando dije …”

“¿Sabes?, mucho de lo que dices es cierto. Realmente necesito tratar con mi actitud”. “Puedo entender por qué le molesta que haya llegado tarde otra vez”.

Concordar con otros, especialmente cuando le están señalando sus faltas, no es fácil, pero puede jugar un papel crucial en la pacificación. Al hablar con otra persona, primero escuche en busca de la verdad, resistiendo la tentación de defenderse, echarle la culpa a otros o centrarse en puntos de desacuerdo. Pregúntese: “¿Hay algo de verdad en lo que la persona está diciendo?”. Si su respuesta es “sí”, reconozca lo que es cierto e identifique su terreno común antes de ir a las diferencias. Hacerlo es un signo de

sabiduría y madurez espiritual. “Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza” (Salmos 141:5, Biblia de las Américas). “El que atiende a la crítica edificante habitará entre los sabios” (Proverbios 15:31; ver 15:5; 17:10; 25:12). Al concordar con la otra persona cada vez que sea posible, usted podrá resolver ciertos temas fácilmente y luego centrarse

provechosamente en temas que merecen una mayor discusión.

Una razón por la que a veces somos reacios a reconocer que estamos equivocados en un tema es que tememos que parecerá que estamos aceptando la responsabilidad por todo el problema. La mejor forma de vencer este obstáculo es concordar con la otra persona en términos específicos. Por ejemplo:

“Ahora que te he escuchado, puede ver que esa parte del problema es realmente culpa mía. Me equivoqué al no cumplir mi parte del acuerdo, y luego empeoré las cosas cuando me quejé de ti ante otros. ¿En qué otra cosa consideras que estuve mal?”.

“Estoy de acuerdo en que estuve mal en no cumplir con mi compromiso y que necesito ser más confiable en el futuro. Creo que el problema va más allá de esto, pero antes de hablar de lo que usted ha hecho,

87

quisiera escuchar todo lo que tiene que decir. Por favor, ¿podría ser más específico en cuanto a cómo le han afectado mis acciones?”.

Esta clase de respuestas exige una humildad genuina y también requiere mantener sus emociones bajo un estricto control. Pero bien vale la pena el esfuerzo, porque una respuesta controlada generalmente contribuirá más a la paz que una reacción emocional. Cuanto más rápidamente usted concuerde con lo que es cierto y acepte la responsabilidad por sus propias acciones, más abierta estará la otra persona si usted luego dice: “De acuerdo; hemos concordado en algunas cosas en las que yo estuve mal. ¿De qué forma piensa que usted contribuyó al problema?”. Si usted fue lo suficientemente humilde como para reconocer dónde se equivocó, es mucho más probable que los demás hagan lo propio.

La lengua del sabio brinda alivio

Un tercer elemento de la comunicación efectiva es la capacidad de hablar a otros de forma clara, constructiva y persuasiva. Proverbios 12:18 es especialmente pertinente al respecto: “El charlatán hiere con la lengua como con una espada, pero la lengua del sabio brinda alivio”. Existen varios hábitos y destrezas que lo ayudarán a comunicarse con los demás con sabiduría.

Transmita gracia

Como hemos visto a lo largo de este libro, los pacificadores son personas que transmiten gracia a los demás en medio del conflicto. Dado que no podemos transmitir lo que no hemos recibido, este proceso gira alrededor de nuestra relación momento a momento con Dios. Debemos continuar “inspirando” la gracia de Dios mediante el estudio y la meditación de su Palabra, la oración, el agradecimiento por su misericordia y la alegría por nuestra salvación, la adoración, la participación en la Cena del Señor y el disfrute de la comunión con otros creyentes. Al ser llenados de su gracia, podremos entonces “espirarla” a otros confesando nuestras fallas, trayendo esperanza a través del evangelio, mostrando a otros

humildemente sus faltas, perdonándolos como Dios nos perdonó a nosotros y manifestando en nuestras palabras y acciones el fruto del Espíritu Santo: “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22, 23; ver también Santiago 3:17, 18). Cuando al menos una persona en un conflicto esté transmitiendo fielmente esta clase de gracia, los demás, a menudo, recibirán la gracia de Dios a través de nosotros. Al hacerlo, es menos probable que estén a la defensiva y estarán más propensos a escuchar nuestras inquietudes.40

Haga juicios benévolos

Cuando usted esté intentando mostrar a otros dónde pueden necesitar cambiar, su actitud

generalmente tendrá más peso que las palabras mismas que use. Si las personas perciben que usted ha saltado a conclusiones acerca de ellas y que disfruta encontrando fallas en ellas, probablemente resistan la corrección. Si, por otra parte, sienten que usted está intentando creer lo mejor de ellas, estarán más

inclinadas a escuchar sus preocupaciones. Por lo tanto, pida a Dios que lo ayude a hacer juicios benévolos acerca de otras personas. (Benévolo simplemente significa “amable”).

Hacer un juicio benévolo significa que, por amor a Dios, usted se esfuerza por creer lo mejor de los demás hasta que tenga información que le diga lo contrario. En otras palabras, si usted puede interpretar razonablemente lo que alguien ha dicho o hecho de dos formas posibles, Dios lo llama a abrazar la interpretación positiva por sobre la negativa, o al menos posponer por completo hacer cualquier juicio hasta obtener información concluyente (ver 1 Corintios 13:6; Mateo 7:12; 22:39; Santiago 4:11, 12).

Si no toma en cuenta este principio, las personas percibirán a menudo que ya se ha formado una opinión sobre ellas y que no tiene ningún sentido hablar con usted. Esto ahoga la comunicación. Por otra

40 Si usted desea mejorar su capacidad de inspirar la gracia de Dios, recomiendo el excelente libro de Donald

88

parte, la comunicación generalmente mejora si usted le da el beneficio de la duda a la persona, ve las cosas de la mejor forma posible e indica que está realmente dispuesto a escuchar su lado de la historia.41

Hable la verdad en amor

Dios nos ordena no sólo hablar la verdad unos a otros sino a “hablar la verdad en amor” (Efesios 4:15,

Related documents