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A pesar de la enorme importancia de la obra de Casares –no en vano es la primera obra teórica sobre expresiones fijas en nuestra lengua–, no existe un estudio de conjunto sobre la obra del académico. Sin embargo, las referencias a su labor son constantes desde Zuluaga94, cuyos trabajos de 1975 y 1980 tuvieron gran trascendencia. De este modo, afirma en uno de ellos (Zuluaga, 1975: 1) lo siguiente: ‹‹estas combinaciones, que en adelante vamos a llamar expresiones fijas (EF), pertenecen al acervo lingüístico del hablante [...] En la lingüística moderna han sido frecuentemente señaladas casi siempre con útiles observaciones parciales, con nombres como “stehende Formeln”, “feste Verbindungen” (Paul), “stehende Redensarten” (Gabelentz), “locutions toutes faites” (Saussure), “unités phraseologiques” (Bally), “locuciones” (Casares) [...]››. Desde este primer

93 En Corpas (2003: 15-39) puede encontrarse una pormenorizada descripción del estado actual de

la investigaciones sobre las UFS que se han realizado en las universidades españolas desde 1980 (fecha en que inician esos trabajos) hasta nuestros días, anticipando incluso tesis doctorales de próxima publicación. Llamamos la atención sobre el hecho de que, para ser una disciplina joven en España –menos de 30 años, sin tener en cuenta, evidentemente el trabajo de Casares−, es objeto de estudio de un ingente número de trabajos.

94 Tras Casares, Zuluaga fue el primero que describió globalmente, o atendiendo a todos los

acercamiento, en el cual, no lo olvidemos, se ubica a Casares junto a algunos de los “padres” de la lingüística moderna como Saussure o su discípulo Bally, hacerse eco del precedente de Casares, como decíamos antes, ha sido ineludible en los estudios fraseológicos –y no sólo en los primeros trabajos de finales de los 80 y principios de los 90, como veremos−95.

Así, Martínez Marín (1996: 15), en fechas más recientes, también considera el manual de Casares un punto de referencia:

‹‹La fraseología teórica ha tenido menos cultivo todavía [que la práctica, de la que ha hablado momentos antes], hasta el punto de que son contadas las aportaciones a este campo de estudio, existiendo un claro vacío entre la obra que puede considerarse pionera en estos estudios por haber tratado algunos criterios básicos para la delimitación de las expresiones fijas, la Introducción a la

lexicografía española de J. Casares, y trabajos que ya corresponden a fechas recientes››96.

Otro estudioso que acentuó muy pronto la relevancia del trabajo del académico granadino para los estudios de fraseología posteriores es García-Page (1991: 234, 235):

‹‹El término de locución es, tal vez, el que con mayor fortuna ha arraigado en la lingüística española, especialmente desde que hace 40 años lo propusiera como el

95 En su otro trabajo, el de 1980, Zuluaga hace un estudio mucho más detallado y global de la

concepción fraseológica del académico (en concreto de la página 54 a la 57), además de constantes referencias a sus ideas a lo largo del mismo. Así, en la página 54 encontramos unas palabras que resumen muy bien el papel de Casares en toda la concepción posterior de las UFS: ‹‹En una extensa parte del manual, titulada [...], el autor formula en tono conversador y ameno, una serie de observaciones interesantes y la primera clasificación global, que conocemos, de las expresiones fijas. Su contribución merece ser tenida en cuenta por su carácter original y único en la lengua española y su influencia probablemente en la lexicografía rusa››.

96 Este mismo investigador nos ofrece unas palabras aún más positivas sobre el trabajo de Casares

(Martínez Marín, 1996: 89): ‹‹la escasa atención dedicada tradicionalmente a la fraseología explica el que el aspecto sintáctico de los elementos fraseológicos permanezca todavía hoy en gran parte como una laguna en el conjunto del conocimiento sobre tales unidades. Hay que reconocer, sin embargo, el avance que supuso al respecto el libro de J. Casares Introducción a la lexicografía

moderna, cuya tercera parte se dedica al estudio de varias cuestiones centrales de la fraseología del español››. Esta tercera parte se titula, en efecto, “Ensayo de clasificación de las locuciones desde el punto de vista morfológico y funcional”, lo que revela, ya desde el inicio, el enorme interés del capítulo.

Por otra parte, estas ideas del profesor campiñés, aunque inéditas como publicación hasta 1996 y como el mismo autor afirma en la introducción de sus Estudios de fraseología, fueron expuestas durante un curso de doctorado en la Universidad de Granada durante los cursos 1991- 92, 1992-93.

más adecuado el gran maestro de la lexicografía española “moderna”, J. Casares, en su ya clásico trabajo Introducción a la lexicografía moderna››.

Pero como antes insinuábamos, las ideas de Casares siguen vigentes actualmente, como lo demuestra el hecho de que su concepción sea tenida en cuenta por recientes desarrollos en el ámbito fraseológico. Por ejemplo, Corpas (1996) considera a Casares desde el primer momento, tanto para deslindar las características de las UFS como para analizar la taxonomía que de las locuciones hizo el académico; una clasificación con la que se equipara a lingüistas del nivel de Coseriu (1977)97, Thun98 o Zuluaga (1975, 1980)99.

Pero sin duda alguna el acercamiento más amplio a la parte de la

Introducción... en que se analizan estas unidades complejas, que la fraseología moderna ha llevado a cabo –aunque no llega a ser un estudio monográfico ni una obra de conjunto– se debe a Ruiz Gurillo (1997), a quien venimos mencionando a lo largo de este trabajo. Comentamos, a continuación, algunas de las afirmaciones de la profesora valenciana:

En el primer capítulo presenta una breve pero detallada historia de la fraseología, desde las primeras colecciones paremiológicas hasta los avances en el estudio de las UFS en el siglo XX. Las siguientes palabras de la autora valenciana revelan de modo diáfano su punto de vista al respecto:

‹‹Este interés por recoger lo idiomático no viene acompañado frecuentemente de una preocupación por estudiarlo lingüísticamente. Se habrá de esperar hasta 1950, año en que ve la luz la Introducción a la lexicografía moderna de J. Casares. En este manual se dedican algunos capítulos al estudio de las locuciones, las frases proverbiales, los modismos y otras estructuras. El intento

97 Recordemos que, dentro de las unidades del discurso repetido, distingue tres tipos el lingüista

rumano: a) equivalentes de oraciones (que se corresponden con frases metafóricas, proverbios, dichos, sentencias, wellerismos y refranes); b) equivalentes de sintagmas y c) equivalentes de

palabras. Según Coseriu, así mismo, los tres tipos se podrían reducir a 2 (b y c), aunque lo más decisivo para él es ‹‹que se reconozca la no estructurabilidad léxica de los elementos del “discurso repetido” y de las unidades del primer tipo de discurso›› (Coseriu 1977: 115 y ss.).

98 Corpas 1996: 38: ‹‹Thun investiga la fraseología de las lenguas romances. Parte de la repetición

y la fijación como fenómenos generales de la lengua, dentro de los cuales se insertan las unidades fraseológicas››.

99 Zuluaga justifica los distintos tipos de UFS por la existencia de varias formas de fijación; es

decir, según una expresión presente más o menos elementos fijos. En definitiva, se trata, siguiendo a Ruiz Gurillo, del centro y la periferia de la fraseología.

del autor es único en nuestra lengua y supone un gran avance como intento de delimitación y clasificación de construcciones pluriverbales›› (Ruiz 1997: 18).

Después, siguiendo a Zuluaga, considera Ruiz Gurillo que la enorme relevancia de la obra de Casares debió traspasar nuestras fronteras, influyendo en los estudios que se venían realizando en torno a la fraseología en Rusia –cuyo nivel en torno a esta disciplina era bastante superior al del resto de Europa100–. Las palabras de la investigadora valenciana sobre el particular son las siguientes:

‹‹Dicho trabajo [el de Casares] será traducido relativamente pronto al ruso, hacia 1958. Algunos años antes, los investigadores soviéticos habían empezado a preocuparse por el análisis y sistematización de las UFS [...]. El máximo investigador de la fraseología soviética, Víktor Vladimirovich Vinogradov [...], manejó, según parece la traducción al ruso del manual de J. Casares, así como la interesante y temprana investigación del ginebrino Ch. Bally de 1909 [...] Buena parte de los autores de la antigua U. Soviética y de los países del Este remiten a V.V. Vinogradov y, gracias a él, conocen las aportaciones de Ch. Bally y, en algunos casos, de J. Casares›› (Ruiz 1997: 20).

Pero también en los primeros estudios sobre unidades del ‹‹discurso repetido›› en EE.UU. se percibe el influjo de nuestro autor; así, según Ruiz Gurillo (1998: 27), Weinrich recoge en sus trabajos ‹‹los logros de la fraseología soviética, de Ch. Bally y de J. Casares, entre otros››.

Pero, lógicamente, fue en España donde más seguidores tuvo la teoría fraseológica de Casares, como venimos afirmando –desde Zuluaga hasta la misma Ruiz Gurillo. Esta influencia se puede observar en fechas bastante más cercanas a la publicación de la Introducción... –:

‹‹El Instituto de Humanidades, fundado en Madrid por José Ortega y Gasset en el curso académico 48-49, ofrecía un conjunto de conferencias de su fundador,

100 Así se desprende, por ejemplo, de las palabras de una insigne fraseóloga como Tristá Pérez

(1998: 297): ‹‹Pueden tomarse como ejemplos de casos opuestos la Unión Soviética y actualmente los países que la integraban, y los países de habla hispana. En la primera, la fraseología gana incluso el derecho de ser considerada rama independiente de la lingüística (Polivanov ya lo postuló en 1931), mientras que en los países de habla hispana, los estudios sobre las combinaciones fijas de palabras, si exceptuamos los dedicados a la paremiología, son pocos y bastante recientes››.

junto con varios coloquios, donde diversos especialistas discutían sobre un tema. Uno de esos coloquios se dedicó al modismo›› (Ruiz 1998: 28).

Estos encuentros, a los que asistió Casares, contribuyeron decisivamente para que se decidiera a analizar en profundidad los modismos, un término algo vago y confuso en su tiempo. Él mismo nos da noticia de este hecho (1992 [1950]: 200):

‹‹Tuve el honor de ser amablemente requerido desde el principio para participar en estos coloquios pero hube de excusarme porque mis muchos menesteres inaplazables no me hubieran permitido asistir con la asiduidad deseada. Acudí, sin embargo, un par de veces, atraído por las referencias que hasta mí llegaban, y aun eché mi cuarto a espadas. En la primera ocasión leí un regular paquete de cuartillas hilvanadas a vuela pluma y, arrepentido de mi improvisación, aproveché la sesión de clausura para excusarme de las ligerezas en que había incurrido. Trataremos ahora de ir con más precaución y de beneficiar lo aprendido desde aquella primera tentativa››101.

Otros muchos estudiosos de las UFS citan todavía hoy a Casares, a modo de autoridad cualitativa, en sus trabajos aunque se trata ahora de análisis más específicos. Entre otros trabajos de este tipo destacamos el de Mª A. Castillo Carballo (2000: 95), quien trae a colación al académico para apoyar su análisis sobre las locuciones verbales102.

La importancia y novedad del estudio de Casares hace que se le tome como punto de partida, incluso, en trabajos de carácter pragmático; de nuevo otro hecho que habla del decisivo estudio que llevó a cabo el granadino:

‹‹En su mayoría, las expresiones fraseológicas forman parte de la cultura general del pueblo, que las aprende a lo largo de su experiencia comunicativa y las transmite a las generaciones que vienen detrás. Por eso, con muy buen sentido común, dice Casares (1992 [1950]: 229) que “la primera norma que ocurre para el uso de los modismos [...] es [...] la espontaneidad, entendida como sigue: no

101 Esta cita se refiere a la parte del modismo. Remitimos, por ello, al lector a este apartado de la

tesis doctoral para una mayor profundización en esa tentativa de que habla Casares.

102 Las palabras de esta autora son las siguientes: ‹‹hay que señalar que en el grupo de las

llamadas locuciones conceptuales, Casares incluye, entre otras, las verbales, que, según sus apreciaciones, formadas por un verbo y un complemento, constituyen un predicado complejo››.

buscar el modismo cuando la expresión lógica fluye de manera natural y no rehuirlo si se viene a la boca o a la pluma y resulta adecuado a la situación o el propósito”›› (Vigara Tauste 1998: 101)103.

No debemos olvidar, por otra parte, que el trabajo fraseológico de Casares fue concebido en el marco de una obra de carácter lexicográfico (por eso el título de Introducción a la lexicografía moderna), con lo que su descripción de los fraseologismos es inseparable de su concepción lexicográfica. Así lo ha señalado también Ruiz Gurillo (1998): ‹‹En cierto modo, la lexicografía sirvió como mecanismo instrumental que contribuyó al análisis de algunos de los fenómenos más sobresalientes de la fraseología››.

Por consiguiente, como hemos tratado de demostrar, son muchos los fraseólogos que han tomado como punto de partida –o que al menos lo han tenido en cuenta–, el pionero trabajo de Casares que, incluso, ha sido utilizado por los grandes investigadores de Rusia y EEUU que en ambos países iniciaron la descripción del componente fraseológico. De ahí la necesidad que existía de un estudio global sobre la obra fraseológica de J. Casares, académico primero y secretario después de la RAE durante muchos años, hecho que le llevó a interesarse por los principales asuntos y problemas de la lengua española. Sólo en este marco –y en relación con otras disciplinas como hemos apuntado aquí y observaremos con detalle más adelante–, puede comprenderse la concepción fraseológica de Casares.

Una vez justificado este capítulo del trabajo de investigación, entramos de lleno en el estudio de su pensamiento sobre las UFS así como en el reflejo que tuvo esa concepción en su obra lexicográfica: el Diccionario ideológico (1959) y el Diccionario de la Real Academia104.

103 Unas líneas más adelante esta autora perfila todavía más el matiz pragmático que adoptó

Casares: ‹‹y es que como observa Casares, una vez que la expresión fraseológica se ha ofrecido a nuestra elección como medio expresivo adecuado, necesitamos un esfuerzo considerable para sustituirla [...] principalmente porque la expresión fraseológica funciona como un molde que se ajusta con bastante exactitud a lo que queremos decir, y se nos impone inconscientemente y espontáneamente un uso y un aprovechamiento textual de ella›› (Vigara Tauste 1998: 102).

104 Casares fue director del Seminario de Lexicografía de la Academia, puesto en marcha en 1947.

Bajo su mandato se publicaron algunas ediciones del DRAE, el primer tomo del Diccionario

histórico y la segunda edición del Diccionario Manual. Es de interés comprobar, pues, si sus ideas sobre las unidades complejas del español tuvieron repercusión en los diccionarios académicos.

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