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Todos los fenómenos que acabamos de mencionar se dan de manera muy clara en el caso de Nueva York, donde está ambientada nuestra novela y en donde, como se ha dicho, se estableció la mayor parte de los inmigrantes españoles a Estados Unidos. Como recuerda Rueda, la ciudad era el principal puerto de llegada y punto de partida de posteriores migraciones dentro de los Estados Unidos, por lo que resultaba bastante frecuente un período de estancia previo en Nueva York, hasta el punto de que desde 1921 la ciudad de Nueva York y sus alrededores, incluyendo estados próximos como Nueva Jersey, llegaron a albergar hasta el 40% del total de los emigrantes españoles (82).

Por lo que se refiere al origen regional en el total del estado de Nueva York, Rueda aporta los siguientes datos: Galicia (50%), Asturias (17%), Castilla - includa Santander- (9%), Andalucía (8%), Región Vasconavarra (3,5%), Cataluña (2,5%), Valencia (2%), Aragón (l,5%), Canarias (0,5%), otras regiones (6%). En cuanto a la ocupación de los españoles de Nueva York, un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores (Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, R. 721 Exp.8 ) (Citado por Rueda, 1993: 64) señala que en el área de Nueva York hay alrededor de un 70% de jornaleros entre los que predominan los trabajadores de la industra y de servicios como camareros y marinería (142). En ese sentido, y tal como se puede deducir de algunos testimonios recogidos por Rueda, los españoles de Nueva York no salieron, por lo general, de su condición de trabajadores o pequeños burgueses, aunque en ningún momento llegaron a constituir, frente a lo que ocurrió con otras comunidades hispanas, focos de marginación,:

La situación económica y social de los españoles en el área de Nueva York mejoró, pero a medida que mejoró la población en general. Con pocas excepciones no ha habido grandes capitalistas. Los puedo contar con los dedos. La gran mayoría fueron obreros manuales, empleados de comercio y trabajadores de cuello blanco. (Manuel Núñez) (Citado por Rueda, 1993: 96).

Los españoles en Nueva York somos, entre los hispanos, un grupo privilegiado. No hay grandes millonarios. La mayoria somos trabajadores o gente de pequeños negocios, pero la situación económica de los españoles no es mala, no hay pobreza. Nuestros hijos, la mayoría una nueva generación, se han adaptado a las costumbres y leyes de este país y están en posiciones ventajosas. Mi hijo Ramón, por ejemplo es comisionado y asociado de los abogados del Departamento de Correción del Estado de Nueva York. (Manuel Rodríguez) (Citado por Rueda, 1993: 95).

La distribución de la colonia española dentro de la ciudad es descrita así por Rueda (Véase mapa en apéndices).

I.- La zona Sur-Este en Manhattan: El barrio ―Cherry Street/Roosevelt‖ (desde Canal Street hacia abajo) constituía la principal agrupación de españoles. Estaba al pie del puente de Brooklyn cerca del puerto y del South Ferry, en el sureste de la isla de Manhattan. Según A. Uriarte, en 1926, cuando él llegó, había unos veinticinco o treinta mil españoles57 concentrados en unas treinta manzanas. (Carcagente, 1981; Ortiz,1981; Uriarte, 1981). Once años más tarde seguía aún siendo el barrio más significativo de la colonia española: ―Cuando llegué aquí (1937) la mayor parte de los españoles estaban concentrados en un barrio del bajo Manhattan, cerca del Puente de Brooklyn‖. (Rodríguez, M. 1981). Hasta bien entrados los años treinta se localizaban en las calles de este barrio buena parte de las casas regionales, o incluso de aldea, como el Círculo Valenciano (104 Madison Street), Centro Vasco Americano (48 Cherry Street), Sociedad Cultural Gallega (26 Cherry Street), Bergondo y sus contornos (94 James Street) Socorros Mutuos Muradanos, Unión Cultural Bueu, Beluso y sus contornos (39 Cherry Street). Algo más al sur se encontraba la asociación Sada y sus contornos (311 Water Street). La mayor parte de estas sociedades de ayuda mutua se integraron a final de los años treinta o en los años cuarenta en las de una agrupación mayor: nacional o gallega. La propia denominación de las asociaciones pone de manifiesto el origen de los españoles que llegaron a este barrio.

II.- La zona Oeste: Menos concentrados que en la zona anterior, se encontraban

españoles desde la calle Christopher hasta la W 2358: ―Vivían quizás seis o siete mil españoles‖ (Carcagente, 1981). Sumados a hijos y nietos podían sumar más de quince mil personas en los años treinta. Además de los españoles residentes había servicios a la comunidad de inmigrantes españoles que trascendían del barrio, como eran los religiosos, comerciales y asociativos: ―En la zona había una iglesia católica española: la Iglesia de Guadalupe‖. ―La Iglesia de San Francisco Javier, en la calle 16, tenía una escuela parroquial en la calle 17. Muchos de los españoles mandaban allí a sus hijos, yo, por ejemplo‖. ―En la 14 se concentraban el mayor número de negocios llevados por españoles. Allí también estaban el Centro Español: Sociedad Española de Beneficencia (que después se unió a La Nacional de Brooklyn) y en la 16 la Casa Galicia. En la W11, se situaba el Club juvenil El Sada‖. Hasta su integración en centros españoles se encontraban el Centro Montañés (219 East 28th Street) y el Centro Asturiano, que se había trasladado desde Brooklyn y que tenía su sede a partir de los años treinta en 245West 14th Street. Otras asociaciones como la Sociedad Naturista Hispana (26 West 115th Street) o la Alianza Republicana Socialista Española de N.Y. (239 West 14th Street), con fines políticos, se situaban igualmente en esta agrupación de españoles.

III.- Brooklyn: Durante un tiempo estuvo la principal sociedad de españoles La Nacional. ―En torno a Willow Place, Columbia Place, Henry St., etc. vivían en los años treinta quizás cinco o seis mil españoles. Había también negocios de españoles, un centro andaluz (59 Henry Street) y el Ateneo‖ (Carcagente, 1981). ―En Brooklyn había otra comunidad que estaba situada alrededor de Atlantic Av. En éste barrio había un centro español (el Ateneo Español que era una derivación del Centro Español), Las Sociedades Españolas Confederadas y el Club El Segura (Rodríguez, 1981). Hasta principios de los treinta estuvieron también el Centro Asturiano (50 Willow Street). En los años cuarenta se fundaron unas escuelas para españoles: Juventudes Escolares Españolas. Igualmente se encontraba el Club Salmerón.

IV.- Astoria (Queens): ―Hubo españoles allí desde 1927, pero cuando llegan en mayor número es a partir de 1934 y siguientes. Se fundó un Centro Español presidido por Tenreiro‖ (Carcagente, 1981). ―En Astoria había otro centro español‖ (Rodríguez, 1981). (1993: 85-90)

Tal como señala Rueda y refleja la novela de De Pereda, en estos barrios había un cierto ambiente español en las calles, como en el de Manhattan, junto al puente de Brooklyn: ―Era la zona más densamente poblada por españoles y donde se detectaban mejor las costumbres españolas. Por ejemplo, los domingos por la mañana, las chicas salían a pasear a la manera española antes y después de misa‖ (Agustín Carcagente) (Citado por Rueda, 1993: 90). Allí también se percibía mejor la cohesión de la comunidad en la vida social:

La comunidad de españoles a cada paso teníamos fiestas. Nos encontrábamos en las fiestas de una parte y de otra. Teníamos peloteras como cuando la juventud del pueblo tal y del pueblo cual se juntaba. Había partidos de fútbol, por ejemplo entre el Club El Segura que estaba en Brooklyn y El Sada que estaba en la calle W 11. Después de los partidos teníamos pic-nics y era allí donde había ciertas peloteras (Manuel Rodríguez) (Citado por Rueda, 1993: 90)

En su análisis geográfico, Rueda menciona a las principales asociaciones culturales españolas de la ciudad, que podríamos considerar como un trasunto de "La

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―Los españoles vivían en torno a la calle 14, más bien hacía el sur (Chelsey Street, etc.)‖. (Gavilá, 1981). Algunos vivían algo más abajo, en torno a la calle Oeste 11 y otros, menos, hacia las calles Oeste 15 a 18. ―Cuando llegué aquí (1937) había otro núcleo de españoles en torno a la calle W 11. En la calle W 14 había muchos españoles. También desde la 15 a la 18. Yo personalmente vivía en la 18‖. (Rodríguez, 1981).

España", con las actividades que ya se han mencionado y a la que habría que añadir la de los espectáculos públicos, algunos de ellos decisivos en la novela y sobre los que Kanellós aporta nuevamente interesantes datos. A esos datos debemos añadir los de los diferentes escritores y periodistas españoles que viajan a Nueva York en esos años y que, más interesados en describir lo que consideran formas de vida típicamente norteamericanas, se olvidan de la vida de la exigua colonia de españoles que vive allí, fijándose tan sólo en la única presencia de España en Estados Unidos que perciben y que no es otra que la de los espectáculos en lengua española (García Montón, 2000). En Nueva York, los espectáculos en español empiezan a aparecer después de que lo hicieran en Los Angeles y San Antonio (Kanellos 1990), donde, desde muy pronto habían empezado a actuar compañías procedentes de España. En Nueva York el teatro hispano da muestras de actividad en torno a la última década del XIX, recurriéndose en un principio al alquiler de salas y teatros comerciales. Según Kanellós no empieza a tener una vida regular hasta que aparece en la ciudad en 1916 Manuel Noriega, quien para 1918 había logrado establecer sesiones regulares en el Amsterdam Opera House, logrando convertir en 1919 el Park Theater en el Teatro Español. Esa iniciativa de teatro estable en español fue continuada en los años treinta (mientras seguían organizándose funciones en las asociaciones culturales) por los teatros Dalys, Apollo, San José/Variedades y Campoamor Cervantes hasta la fundación en 1937 del que tendría una vida más larga, el Teatro Hispano. Allí se siguieron representando los espectáculos habituales, que incluían números de música y danza y, por supuesto, representaciones de obras españolas, desde zarzuelas a dramas rurales. Sin embargo, como señala Kanellós, Nueva York no llegó a tener una infraestructura teatral comparable a la de Los Ángeles o San Antonio, por lo que los espectáculos dependieron en gran medida de las asociaciones culturales:

The Teatro Hispano and the other theaters did not sponsor playwriting contests nor support the development of a local dramatic literature as did the theaters in Los Angeles. While the dramatic activity was intense in New York City, the Big Apple did not support a downtown center where five or six major Hispanic houses located side by side competed with each other on a daily basis, as did the theaters in Los Angeles. The community of Hispanic immigrants in New York was not cognizant of a resident Hispanic tradition, as were the communities in the Southwest. And, while the relationship between journalism and playwriting had been well established in Mexico and the Southwest, this does not seem to have been the case in Cuba, Puerto Rico or Spain. Then, too, many playwrights had been drawn lo Los Angeles to work in the Hispanic film industry. And finally, the New York Hispanic public was not as large as Los Angeles‘ during the 1920s and could not support so large a business as the theater represented in The City of Angels. (Handbook, 1994: 257)

núcleo importante. Así, antes de la aparición de publicaciones que surgieron a partir de los años treinta, como el periodico republicano La Voz o la revista España Republicana y después de la Guerra Civil, como la conocida revista Ibérica, dirigida por Victoria Kent59, hubo también en los años en los que está ambientada la novela una serie de publicaciones obreras, como Defensa Obrera (1919) o El Corsario (1919), además de una vinculada, y no casualmente, al ámbito de las manufacturas del tabaco al que de un modo u otro estaban vinculados tantos españoles en la ciudad, The Cigar Worker (1923- 1925) ―Official Bulletin of the Amalgamated Tobacco Workers‖ publicado en inglés y parcialmente en español60. Rafael y Richard Chabrán (1994) han dado además una interesante lista de periódicos anarquistas españoles de Nueva York. El Despertar, que circuló en Nueva York y Nueva Jersey entre 1891 y 1902 y publicó artículos de destacados anarquistas españoles como Anselmo Lorenzo y Federico Urales; Brazo y

Cerebro (1912-1914); Cultura Obrera, publicado en Brooklyn entre 1911 y 1927, fue el

órgano del Sindicato de Estibadores; Cultura Proletaria (1910-1959) fue editado por el anarquista español Pedro Esteve, quien editó también en New Jersey en 1905 Doctrina

Anarquista Socialista, que circuló en el área de Nueva York (1994: 369).

Pero, sin duda, el periódico español que mayor relevancia tuvo en Nueva York y en general en todos los Estados Unidos en esos años fue La Prensa (1913-1963), cuya aparición en 1913, como recuerda oportunamente Rueda, coincide con el período en el que se da una mayor afluencia de españoles a la ciudad y que coexistió al menos durante sus comienzos con otros medios hispanos de vida más corta como El Gráfico o El

Heraldo. Dirigido por José Campubrí, cuñado de Juan Ramón Jiménez, pasó de

semanario a diario en 1918, convirtiéndose, como rezaba su publicidad, en el "Único diario español e hispano-americano en Estados Unidos", y en la principal institución cultural hispana, por encima de las agrupaciones locales, que coincidían enviando sus noticias, como ocurre en la novela, a su redacción.

Un interesante análisis del periódico ha sido llevado a cabo en su tesis por Regina Galasso (2008), quien aborda el significado del diario en los términos en los que la crítica Silva Gruesz plantea para el conjunto de los periódicos norteamericanos de habla

59 Chabrán y Chabrán mencionan asimismo otras publicaciones fundadas inicialmente por exiliados españoles como España Libre, Pueblos Hispanos, Liberación o La Nueva Democracia (Chabrán y Chabrán 1994: 369).

60 La implicación de los españoles en el movimiento sindical neoyorquino y sobre todo el de los estibadores (entre los que, como se ha señalado, abundaban los españoles) es precisamente el tema de la obra del anarquista vasco, luego expulsado de los Estados Unidos, Arnaldo Sopelana, Lo que yo he visto

hispana: ―The significance of the work they published was inseparable from an overlapping set of larger cultural contexts: the forsaken patria with which most of the local readers identified; the Hispanophone world as a whole; and the Anglophone United States that surrounded them". (2002: 6) Efectivamente, como concluye Galasso,

La Prensa intentó por encima de todo crear una identidad hispana específicamente

neoyorquina por encima de las diferentes patrias de origen de sus lectores potenciales, una identidad panhispánica que, como señalan Kanellós y Martell (2000) sólo podía darse en Nueva York debido a los vínculos internacionales de la ciudad, incluidos los que la relacionaban con España.

En sus primeros años, el diario informaba daba noticias relacionadas con grupos originarios de todo tipo de países, incluidos, claro está los inmigrantes españoles, tal como lo atestigua un reclamo publicitario de 1919 recogido por Galasso: ―Es Ud. español o hispanoamericano? La Prensa es el único diario que trae noticias de su patria‖ (165). En 1948, el dominicano Porfirio Domenici fundó El Diario de Nueva York, que estaba dirigido sobre todo a la comunidad portorriqueña y en 1962, el entonces dueño de El Diario, Roy Chalk, compró La Prensa y creó con ambas una sola publicación El

Diario La Prensa. En sus años iniciales (Galasso estudia el período 1917-1920) tenía

las siguientes secciones "Noticias de todas partes", "Vida Hispano-Americana", "Editoriales-Comentarios-Vida Mercantil", "Noticias Sociales-Teatros-Centros- Elegancias" "Noticias Financieras y Comerciales", "Deportes y Cronica Femenina" y "Correo Extranjero-Transportes Maritimos". Como señala Galasso, además de convertirse en un eficaz instrumento de publicidad comercial61, ―La Prensa is a source for cultural events in the city‖ (191). Una de las noticias que da es precisamente la de la moda de los ―bailes españoles‖, al calor de la cual debió sin duda celebrarse la fiesta de ―La España‖ organizada por el abuelo del narrador de Windmills in Brooklyn:

"El furor 'artístico' de moda -según los criticos- lo constituyen los bailes 'españoles'. Apenas hay en torno a Broadway cabaret que se estima que no tenga en su programa algun número resonantemente 'Spanish'. Y en efecto, al compas de música hispana más o menos atormentada por orquestas que desconocen totalmente el ritmo y el espiritu de las cadencias españolas, bailarines y bailarinas de fantasía 'ejecutan' bailes españoles con tanta aproximación como -muy felizmente- representa la genial caricatura que publicamos [Véase Apéndices]. Nada más a propósito pudiera ponérselo, como título, que el del 'De lo vivo...a lo estropeado'" (17-I-1922)

Además, y coincidiendo con el creciente interés por la enseñanza del español que se da en Estados Unidos en torno a la Primera Guerra Mundial, el diario llegó a

incorporar incluso un singular curso de Español (del ―Prof. Galeno‖) que Galasso interpreta como un intento del diario por encontrar un hueco entre el público de lengua inglesa62. Al mismo tiempo, decidido a fomentar esa particular identidad panhispana propiciada por la coincidencia de emigrantes de distintos países en Nueva York, el diario instaba también a sus lectores a aprender inglés para favorecer la integración en la sociedad norteamericana (182). Sin embargo, como señala Rueda, la progresiva asimilación de los emigrantes a la cultura anglosajona (debido, entre otras razones, al mejor conocimiento del inglés) fue paradójicamente, junto con el descenso de la emigración debido a las leyes de cuota de los años veinte, una de las causas del declive de la publicación cuya tirada se redujo notablemente en los años treinta.

En su conjunto, la comunidad española de Nueva York refleja muchos de los aspectos generales de la inmigración española a los Estados Unidos que han sido mencionados, presentando a la vez una serie de aspectos distintivos debidos a las particulares circunstancias económicas, sociales, urbanísticas o culturales de la ciudad, dimensiones ambas que se ponen ampliamente de manifiesto en la novela.

Recientemente, en septiembre de 2010 se ha inaugurado en el King Juan Carlos Center de la New York University la exposición La colonia: un álbum fotográfico de

los inmigrantes españoles en Nueva York 1898-1945, bajo la dirección del Profesor.

James D. Fernández de la New York University, con fotografías y material gráfico adicional que reconstruyen la historia de la colonia española de Nueva York, de cuya vida hasta ahora tan sólo quedaba como testimonio la novela de De Pereda.

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