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5.3 Programming Descriptions
Esta sección, que abarca todo el cap. 65, constituye la respuesta de Jehovah a la oración del profeta, la cual continúa hasta el final del libro.
No es posible la manifestación gloriosa de Dios ante la situación de pecado que impera en el pueblo. Antes de ahora el profeta se había referido a la culpabilidad de los judíos que retornaron de Babilonia trayendo un culto espiritual y depurado de idolatría, pero sin el respaldo de una teo- logía práctica y de una ética social (ver caps. 58 y 59). También en 57:1–13 se trata de la culpabi- lidad de los samaritanos y de sus aliados judíos. Aquí en el cap. 65 se vuelve a ampliar la exposi-
ción de otros aspectos de la religión popular idolátrica que imperaba en diversos sectores del pue- blo.
A pesar de las duras palabras del cap. 65, éste constituye un valioso documento [página 258] historiográfico que demuestra que en los planes de Dios y en la concepción profética de la histo- ria, los samaritanos formaban parte del pueblo de Dios, aunque su antigua religión es atacada y se anuncia el juicio divino. Este documento nos muestra que Dios tiene que ver con el remanente de Efraín, los sobrevivientes del antiguo reino de Israel.
Los vv. 1 y 2 muestran cómo la apertura de Dios y su deseo de redimir también a los samari- tanos agotaron casi todos los recursos. Este documento también revela los esfuerzos del profeta por hacer volver a los samaritanos al redil, a fin de formar un solo pueblo. Pero los samaritanos no podían responder a la altura de las expectativas proféticas, en primer lugar por su antigua hostilidad contra Judá, contra Jerusalén, contra el templo de Jerusalén, y por último contra los judíos que volvieron de Babilonia y que encarnaban todos estos valores sionistas. En segundo lu- gar, no podían responder a los planes divinos de redención por su apego a prácticas religiosas que no les eran totalmente ajenas puesto que las habían practicado desde los primeros días del esta- blecimiento de las tribus de Israel en Canaán: era el culto idólatra y animista contra el cual tanto combatieron los profetas de antaño, cuando los reinos de Judá e Israel todavía estaban en pie.
Además de las prácticas religiosas que eran una desviación o una corrupción de la religión is- raelita, los samaritanos habían adoptado rituales de origen mesopotámico, como los sacrificios en los jardines, el quemar incienso sobre altares de ladrillos, el comer carne de cerdo y de ratón (comp. 66:17), y otros rituales relacionados con el culto al dios de la fortuna o Gad, y a la diosa del destino, que nos es conocida por el culto antiguo de los árabes, que la llamaban Mani o Ma- nat.
El ritual samaritano tenía pretensiones de gran santidad. Quizá a la luz de Ezequiel 44:19 se deba traducir el v. 5 así: No te acerques a mí, no sea que te transmita santidad. El contacto con las cosas o las [página 259] personas consagradas, según el ritual leví-tico, imposibilitaba a las per- sonas seculares para realizar alguna labor común o profana. Parece que este aspecto del ritual levítico había sido adoptado pretensiosamente por los sacerdotes samaritanos. Es por esta razón que la RVA ha traducido la segunda parte del v. 5 así: No te acerques a mí, porque soy más santo que tú. Tanto judíos como samaritanos se culpaban unos a otros, desde aquellos días del retorno a Sion, de ser ritualmente impuros.
El v. 5b y los vv. 6 y 7 expresan el celo de Jehovah contra estas prácticas de los samaritanos. El v. 7, al hablar de vuestros padres, expresa, no obstante, que los samaritanos no quedaban ex- cluidos de los planes de redención, si es que de manera individual optaran por la fidelidad a Je- hovah, ya que también sobre ellos ha sido pronunciada la bendición de Dios (v. 8; comp. Gén. 22:16 y 17). También el v. 9 expresa la unidad de un remanente de Judá y de Israel en los planes redentores de Dios. Una expresión visual de la bendición divina es la posesión de la tierra y el flo- recimiento de sus regiones, aun las más desérticas como la del valle de Acor (v. 10).
Pero aquellos que conscientemente abandonan a Jehovah y rechazan sus designios con res- pecto a la elección del monte Moriah como lugar de su morada, serán destinados a la espada, porque a pesar del llamado divino no respondieron y escogieron más bien lo que no agradaba a Jehovah. Por cierto, esta sentencia incluye a judíos y samaritanos (vv. 11, 12).
Semillero homilético
Tres pecados que Dios aborrece 66:3, 4
Introducción: Muchos en el mundo practican toda clase de activida- des religiosas con el fin de agradar a Dios. Muchos luchan por ser aceptados por Dios, porque piensan que Dios requiere actos en vez de la fe. Veamos tres prácticas que Dios aborrece.
I. El sincretismo.
2. Manifestado en seguir su propia razón y no buscar la voluntad de Dios (v. 3).
II. La indiferencia.
1. Indiferencia en cuanto a lo que Dios requiere (v. 3).
2. Indiferencia con relación a lo que satisface al hombre (v. 3). III. La rebeldía.
1. No quisieron escuchar la voz de Dios (v. 4).
2. Se inclinaron al pecado en vez de la obediencia (v. 4).
Conclusión: En contraste con los pecados que cometemos, Dios invita a los seres humanos para escuchar y responder a sus palabras. Dios se caracteriza por su fidelidad hacia nosotros a pesar de nuestras transgresiones.
En los vv. 13–15 se vuelve a usar del concepto de los siervos de Jehovah. Ellos son tanto judí- os como samaritanos que han elegido servir a Jehovah poniendo a un lado todo tipo de prácticas condenadas por la enseñanza profética. El porvenir de los siervos de Jehovah es la prosperidad y la victoria; el porvenir de los que abandonan a Jehovah es la carencia de todo, la vergüenza, el dolor y el quebrantamiento de espíritu. Al final del v. 15 el contraste se resume en las siguientes palabras: El Señor Jehovah te hará morir, pero a sus siervos llamará con otro nombre (comp. 62:4). Este será un nombre, además del de Israel, que expresará su encumbrado sitial y su gran prospe- ridad.
En los vv. 16–25 se encuentra la respuesta positiva de Dios para su pueblo y [página 260] pa- ra la tierra que ha escogido para manifestar en ella la gloria de sus designios. El cambio radical que se operará se describe con la analogía de la creación de cielos nuevos y tierra nueva (v. 17). La gloria del futuro cercano borrará todas las glorias del presente y del pasado. En el v. 18 sería me- jor traducir: Más bien, gozaos y alegraos para siempre en las cosas que yo estoy a punto de crear.
La realidad de cielos nuevos y tierra nueva se verificará de manera especial en la gloria de Je- rusalén (vv. 18–24) y de un cambio admirable de profundas consecuencias en la naturaleza, en todo su santo monte (v. 25). El concepto de santo monte se hace extensivo en el profeta a toda la tierra de Israel, y no solamente al monte Moriah o al monte Sion. El v. 25 es casi una cita literal de la profecía en 11:6–9.