• No results found

Programming documents refer to a comparative advantage of the Commission in this area

Source: Financing agreement n°9571/REG, Annex

J.2.3 The Commission’s attention paid to commodity chain strategies in CDDCs has had more results than could have been attained by MS alone

I.2.3.2 Programming documents refer to a comparative advantage of the Commission in this area

23 Para algunos, el concepto de Tercer Mundo, acuñado en los tiempos en que los países

se asumieron como parte de bloques internacionales confrontados, ha perdido vigencia. El Tercer Mundo alzaba la voz desde la solidaridad como alternativa en la dicotomía Norte – Sur en el orden mundial. Desde la caída del muro de Berlín, afirma Moro, la característica de país no alineado propia de los países del Tercer Mundo, carece de sentido (Moro, 1999).

acelerado crecimiento urbano en contextos de ajustes estructurales, devaluación monetaria y recortes en el gasto público generalizados, han provocado grandes masas de población pobre asentada en espacios autoproducidos, denominados ilegales, irregulares e incluso, hiperdegradados, como les llama Mike Davis. El crecimiento actual de la población urbana a escala mundial por efecto de las migraciones no se debe simplemente a la inercia de un sistema económico capitalista, sino al efecto producido por la intervención de organismos internacionales como Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional alrededor de 1980 para la reestructuración de las economías. Una política de desregulación agrícola y de disciplina financiera impuesta por los organismos produjo que el éxodo de población rural hacia las ciudades siguiera su curso, aun cuando las economías se encontraran en recesión (Davis, 2006).

Al crecer el número de habitantes en ciudades sin desarrollo industrial, se han modificado las características y condiciones de la población migrante y sus descendientes urbanos. De las múltiples secuelas del desequilibrio entre la cantidad de población y la capacidad de generación de empleos en las ciudades, destaca en todo el mundo pero especialmente en los países no desarrollados, la proliferación de las dinámicas económicas conocidas como informales.

La idea de una economía informal fue propuesta como concepto a partir de las observaciones sobre el mercado laboral urbano en África alrededor de 1973, con la intención de distinguir entre el empleo remunerado y el empleo por cuenta propia. En principio

“Los patrones de nuestro tiempo, como todos los demás del entorno construido, provienen de los lenguajes de patrones que la gente emplea.

Por supuesto, estos patrones no provienen únicamente de la obra de arquitectos o planificadores. Probablemente los arquitectos no son responsables de más del cinco por ciento de todos los edificios en el mundo” Alexander, 1981: 164-65

El sujeto autoproductor.

el concepto de informalidad hacía referencia a una importante y dinámica diversidad de actividades no remuneradas que formaban un interesante complemento de las actividades económicas formalmente remuneradas. Más tarde, la idea dinámica de informalidad en el empleo se fue burocratizando y reduciendo hasta funcionar como sinónimo de pobreza (Portes y Haller, 2004). Aun cuando los intercambios no remunerados tienen lugar tanto en contextos rurales como en los urbanos, la informalidad se asocia sistemáticamente a las ciudades y a características básicas como la insuficiencia de ingresos, el carácter familiar de pequeñas empresas, las operaciones en pequeña escala, el uso de tecnologías nulas o anticuadas y la no regulación oficial de los movimientos mercantiles.

Gran parte de la literatura respecto a la informalidad se realiza desde la perspectiva de la economía y el término se reduce al conjunto de prácticas de evasión fiscal. Sin embargo, el fenómeno de la informalidad es complejo y diverso, definible para cada lugar y tiempo en función del tipo de regulación que ejerce el Estado sobre los intercambios productivos y mercantiles, pero observable también por sus repercusiones en las interacciones sociales. Grandes transnacionales que operan con amplio reconocimiento en el sector formal, emplean en algún eslabón de la cadena de producción al sector informal. La informalidad del empleo también depende del contexto social y sus normas, puede decirse en términos generales que abarca aquellas actividades de los agentes económicos no adheridos a las normas institucionales establecidas (Portes y Haller, 2004). Aunque las

actividades informales no se refieren necesariamente a la ilegalidad y a la criminalidad, es difícil disociarlas en algunos contextos.

La edificación de vivienda al margen de la regulación del Estado es una de las manifestaciones más visibles de la informalidad, donde se concentran también visiblemente las paradojas que conlleva para los gobiernos el intento de eliminar un problema que es para muchos una solución. El crecimiento de las ciudades en lo que aun se conoce como Tercer Mundo, ha dejado de estar al alcance de una planeación urbana cuya principal tarea no sea la de controlar en la medida de lo posible el desbordado crecimiento de la ocupación irregular del suelo y la edificación informal. De acuerdo con Davis, la urbanización generalizada en el Tercer Mundo encuentra su motor en la reproducción de la pobreza y no en la reproducción del empleo (Davis, 2006). Si bien los asentamientos autoproducidos24 y la pobreza se relacionan directamente, esta relación no es tan simple. Por una parte, no todos los habitantes de dichos asentamientos son pobres y por otra, una considerable cantidad de individuos con bajos ingresos viven fuera de ellos. Lo que puede afirmarse sin embargo, es que los asentamientos autoproducidos son espacios donde mayoritariamente viven las personas con más bajos recursos en las ciudades. La calidad material de las casas y las condiciones de higiene, seguridad y acceso a servicios urbanos son deficientes o nulas, constituyendo en conjunto una de las formas tangibles de la pobreza urbana. Medir la pobreza, sin embargo, sigue planteando dificultades. Los organismos internacionales miden la pobreza a nivel mundial en términos de ingreso (pobreza absoluta)25 pero reconocen que se trata de un fenómeno multidimensional

24 Slums es el término adoptado por Naciones Unidas para referirse a las casas y sus

conjuntos de sectores urbanos en condiciones habitacionales por debajo de los estándares socialmente aceptados de manera general en todo el mundo. La traducción al castellano de

slum suele aparecer como ‘barrio bajo’ o ‘tugurio’, denominaciones que por su connotación peyorativa se emplean con cada día con menor frecuencia en la literatura académica latino- americana.

25 La pobreza absoluta distingue entre población pobre, aquella que vive con al menos

2 dólares estadounidenses al día y pobreza extrema o indigencia, la que vive con 1 dólar estadounidense al día. Las cantidades se estiman con base en un cálculo del costo de una dieta o canasta alimenticia básica diaria (Jordán y Martínez, 2009).

(pobreza relativa) y por lo tanto, las mediciones regionales y nacionales han ampliado el número de indicadores, entre los cuales se incluyen generalmente las condiciones físicas de la vivienda. El análisis de la pobreza es más que una cuestión cuantificable.

A pesar de ser un concepto que da cuenta de una realidad presente en todo el mundo, la pobreza urbana es relativa a la idea de ciudad que ha sido construida histórica y socialmente en cada contexto geográfico. No es lo mismo ser pobre urbano hoy que en el siglo XIX, ni es igual si se trata de un habitante asiático que de uno latinoamericano o africano en una ciudad asiática, latinoamericana o africana. Por otra parte, si bien se trata de un concepto relativo a cada contexto local, la pobreza que conocemos hoy en gran parte de las ciudades del mundo tiene algunos matices comunes orientados por el paradigma de la modernidad.

Solamente se es pobre en relación con otro, respecto del cual, la propia condición resulta desigual y desventajada. No es posible hablar de pobreza sin hablar de desigualdad y de exclusión. Es pobre quien no reúne las características de los iguales y por lo tanto forma parte de otro grupo social. Las relaciones de desigualdad han existido desde tiempos remotos pero su sentido actual tiene qué ver con un cambio en la organización social medieval. Alrededor del siglo XIV ocurrió una conocida crisis económica a partir de la cual hubo cambios importantes que prepararon las condiciones por las cuales la burguesía emergió como nuevo y ascendente grupo social, como hemos planteado antes, protagonista del desarrollo del pensamiento y comportamientos modernos. Durante la alta Edad Media, ser pobre formaba parte de un orden social aceptado por designación divina y tenía una connotación positiva en el cristianismo, ya que daba a los ricos la oportunidad de salvar sus almas a través de la caridad. A partir de la crisis del siglo XIV, hubo un descenso demográfico que derivó en escasez de mano de obra por la cual todas las personas que podían trabajar fueron obligadas a hacerlo, primero en Inglaterra y luego en otros países. Se prohibió que los trabajadores del campo salieran de sus parroquias y también la mendicidad.

Por primera vez ser pobre tuvo una connotación peyorativa que causó fricciones frente a los ricos. En los siglos siguientes iba a consolidarse el papel del Estado como regulador de la obligatoriedad del trabajo para la eficiencia del sistema productivo preindustrial. Quien pudiendo trabajar no lo hace, es desde entonces objeto de castigo y aquellos impedidos por la edad o la salud son objeto de asistencia oficial. Ocurrió así una paulatina secularización de la caridad, regulada y controlada por el Estado para proteger el sistema de producción, especialmente en las ciudades (Morell, 2002).

El sujeto pobre tiene un papel disfuncional en la ciudad porque no trabaja. Ya en el siglo XVI aterraba la idea de la concentración de mendigos y la posibilidad de amotinamientos en contra de las autoridades. Fueron implementadas en Inglaterra diversas estrategias para la asistencia de los pobres en la Ley de 1576, que los clasificaba en tres grupos: los desvalidos, los aptos para su incorporación al trabajo (regenerables) y los no regenerados. La pobreza sufriría una paulatina criminalización y rechazo social reforzado en las ideas reformistas de Luthero, Calvino o Zwinglio. En el régimen secular, democrático, industrial y capitalista desarrollado durante los siglos siguientes, se generalizó la idea de que es pobre quien no quiere trabajar, idea distante de la realidad urbana de la industrialización europea, en la que no era posible que todos los reinsertables fueran incorporados al mundo laboral: la ciudad no tenía trabajo para todos. Muy pronto, los desocupados aptos se convirtieron en contingentes que exigieron de manera violenta el trabajo prometido. El destino posible para los no regenerados fue y sigue siendo la exclusión física o social cuando menos, la represión violenta cuando más.

Slums and poverty are closely related and mutually reinforcing, but the relationship is not always direct or simple. On the one hand, slum dwellers

are not a homogeneous population, and some people of reasonable incomes live within or on the edges of slum communities. Even though most slum dwellers work in the informal economy, it is not unusual for them to have incomes that exceed the earnings of formal sector employees.

GLOBAL REPORT ON HUMAN SETTLEMENTS 2003. UNITED NATIONS.

“Man is also a wanderer. As homo viator, he is always on the way, wich implies the posibility of choice. Thus he choises his place and, hence, a certain kind of fellowship with other men”

Norberg-Schulz, 1987: 20

26 Para Davis es evidente que los gobiernos internacionales no han comprendido las im-

plicaciones de un mundo de ciudades sin trabajo. En cambio, las principales centros de la milicia estadounidense tienen muy claro que las estrategias militares deben transformar sus paradigmas de cara al nuevo carácter de las guerras por venir: las guerras entre callejuelas, techos y la intrincada configuración de los asentamientos de pobreza de las ciudades del Tercer Mundo (Davis, 2006).

Como reseña Morell (2002), en el transcurso de los siglos XVII, XVIII y XIX, la asistencia a los pobres urbanos se consolidó como una tarea del Estado moderno, siempre en búsqueda del control de los desocupados y los efectos de su concentración en las ciudades. La promoción de la higiene, la distribución de los trabajadores en viviendas unifamiliares y la zonificación de la ciudad fueron entre otros, medios de control. Como momento icónico de este afán se recuerda al Barón Haussman y sus intervenciones urbanas en el París decimonónico, quien a golpe de demoliciones construyó una ciudad embellecida y a prueba de motines.

El pobre urbano es un sujeto de control o, dicho de otro modo, de asistencia pública. Es en principio, un sujeto que no ha encontrado los medios para colocarse en un empleo formal, reconocido y procurado por las autoridades. Socialmente no representa la incapacidad de un sistema económico cuyas fuentes de empleo se reproducen más lentamente que la población, sino la falta de voluntad o pericia para encontrar trabajo y acceder a los bienes considerados como mínimos para la subsistencia en el mundo moderno: alimentos, vivienda, salud y educación. El pobre en la ciudad también representa el resultado de una serie de estigmas relacionados con la violencia, la delincuencia, el vandalismo, etc. Se afirma que la criminalización de la pobreza urbana es una profecía que se alimenta a sí misma y que garantiza la formación de un futuro inacabable de violencia callejera.26

El sujeto que vive en condiciones de pobreza, se reconoce o es reconocido como aquel que aspira sin lograrlo, al acceso al campo formal de trabajo pero también al consumo de los bienes promovidos por los paradigmas de la modernidad y consolidados como lo deseable en cada contexto cultural. No se trata solamente de la subsistencia biológica sino de una supervivencia social. Como algunos autores puntualizan, entre de los grupos que genéricamente se clasifican como pobres existen aun subcategorías y ocurren desigualdades dentro de la desigualdad, discriminación entre los discriminados, etc. (Davis, 2006). El pobre en la ciudad no persigue únicamente alimento, alojamiento, salud, educación, vestimenta y transporte, persigue, a través de estos medios, un lugar en el espacio social urbano, un sitio de pertenencia.

Pobres en asentamientos de

Outline

Related documents