Patagonia ya lo hemos adelantado, funcionó como un espacio de movilidad para los ciudadanos chilenos, siendo muy escasas las circunstancias en que se asentaron en una sola comunidad. Es dable consignar, que aquí todos aquellos a los que el destierro los alejó de la política, constituyeron un universo en la penumbra, casi en la oscuridad podríamos decir con Dutriénit Bielous. Nuestro colectivo vivió en la opacidad, y elestado de exilio, que les permitió trasladar la acción política previa, a una nueva forma de actividad que no reconoció fronteras para denunciar a la dictadura, y que de hecho fue ininterrumpida en los paisajes mexicanos o europeos, fue mucho más limitada en nuestro país, especialmente a partir de la asunción de Perón en Octubre de 1973; y recién fue visible a partir del retorno a la democracias en 1983/84. (Dutriénit Bielous, Allier Montaño y Coraza de los Santos 2008:70).
En el trabajo de Grinberg y Grinberg encontramos una pista muy significativa para comprender la inserción y articulación social de este contingente, al revisar la enorme importancia del trabajo, en tanto factor organizador y estabilizador de la vida psíquica, especialmente cuando los sujetos contaron con habilidades y obtuvieron satisfacciones no sólo materiales. En lo más inmediato y manifiesto, pudieron reafirmar su autoestima, no sólo solventando sus gastos, sino reasumiendo sus funciones de adultez y liderazgo, después del período de acomodo y reinserción que supuso la llegada. Por otra parte, les permitió sentir que tenían un sitio en la nueva sociedad, y finalmente, al trabajar pusieron en juego su capacidad creativa, y obtuvieron contenidos reparatorios para el propio self y los objetos abandonados o perdidos (Grinberg y Grinberg, 1984:117).
Manuel, al referir su experiencia nos contó:
“Ellos no saben lo que hablan, a mí me consta porque yo fui dieciocho años supervisor en una empresa textil y… ¿sabe usted las agarradas que yo tuve con la gente y haciéndole entender? Y también con los jerarcas, porque, me acuerdo que,
una anécdota tuve, también ahí, de cuando recién entré, que me hizo entrar un Palavicini en la casa, que fue, era el gerente de producción ahí de… Bueno, yo entré a cambiar cajas, viste. Son como treinta piezas. Y me acuerdo que estábamos cargando un camión y vienen, y siempre iban a chusmear el gerente y todos los jerarcas de la empresa, y por delante yo estaba cargando el camión y me dice, me acuerdo – Che, Manolo. - ¿Sí? Me dice – ¡Nos dijeron que vos y tu hermano eran zurdos, che! Le digo – No, Juan, perdonáme, no éramos, somos. ¡Usted sabe que error, quedaron todos espantados!, porque como le iba a contestar yo, recién nuevo… Pero a mí no me importaba.”62
Prístinamente vemos como aún a pesar de lo adverso del contexto, separado de sus referencias identitarias, pudo salvaguardarse, preservando su self, contraponiéndose a trabajadores argentinos menos decididos. Otra circunstancia que merece ser analizada es su permanencia junto a su hermano, en la construcción de Aluar, de la que recordó:
“También, bueno, ahí también había un pabellón, me acuerdo, a ellos por ejemplo le tocaban un “tic”, tipo una campana y salían todos a la gamela, a comer, y no, uh, ahí vivimos una experiencia re linda también nosotros, les enseñábamos las letras. Y sí, les hablábamos, con todos, imagínese, con todo el furor. (…) Claro, no, concientizando a la gente, haciéndole ver las cosas.”
Manuel era muy joven entonces, pero en el caso de José que debió salir con 36 años también la posibilidad de trabajar, y el ser reconocido por sus destrezas, e incluso por su formación política, su honestidad y su transparencia, se traducen en el eje articulador de su existencia:
“Cuando llegué a Mendoza, primero estuve sin trabajar porque traía dinero para estar seis meses en la Argentina, me lo habían dado los curas, en dólares, yo podía estar seis meses en un hotel y no tenía problemas, pero yo quería trabajar. Después de eso estuve algo de un mes allá en Mendoza así, sin hacer nada. Ya me empecé a juntar con otros chilenos que andaban acá, y un día de mucho calor les
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La entrevista con Manuel la realizamos en mayo de 2003, antes de su regreso a Chile en el Departamento de Historia de la Universidad.
dije: vamos a San Rafael, y nos vinimos a San Rafael; y ahí me encontré con gente muy buena, un señor que era dueño de un hotel y ese señor me decía: ¿quiere quedarse acá?, quédese acá, quiere trabajar, dele… Yo le conversaba cosas que no son estas por cierto, porque no se podían conversar, y después seguía el calor en San Rafael, mucho calor, así que a la noche como a las once nos tomamos el colectivo nosotros, y nos vinimos para Río Negro,-a- Cipoletti. Y ahí yo le decía a mis compañeros que nos quedemos unos quince días y ellos me decían: bueno, trabajemos y nos íbamos a trabajar recogiendo manzanas, y no sabíamos recoger manzanas, la gente se reía de nosotros que nos caíamos con escaleras y todo, ¡hasta las mujeres se reían de nosotros! y ahí estuvimos unos veintiún días, y nos volvíamos a dormir a Cipoletti, dormíamos ahí en la chacra debajo de los manzanos, cada uno se traía una frazada y la tirábamos nomás, como hacía calor, no volvíamos y eso que teníamos hotel pagado y todo- Así que después volvimos al residencial ese, ahí donde antes que nos fuéramos para la chacra yo encontré un reloj en el patio, en el césped y se lo entregué a la señora, era del hermano de la señora que a su vez era un empresario, tenía como trece camiones… Y cuando volvimos después de esos días en la chacra, pensé que estaba todo pagado y yo le dije a la señora y ella dice: no, no, ustedes no han ocupado las piezas y viendo la honradez que tienen les voy a dar veinte días más. ¡Así que nos dio esos días más sin pago!, porque el reloj era de oro, no era un reloj cualquiera … y nos dijo al ver la honradez de los chilenos…y ahí si anduvimos atorranteando; nos íbamos a Neuquén por ejemplo, hasta que un día dije me voy a Bariloche, y me fui a Bariloche! Y cuando llegué vi que había muchos chilenos ahí, vi que había mucho trabajo con la madera y me dije, acá tiene que haber chilenos trabajando, así que fui a dejar mis valijas y cuando volví me encontré con un chileno muy jovencito que había venido también así por política, pero después vi otros que estaban jugando al naipe así, y no me conocieron, y una era que yo había corrido por muerto en Chile, había salido en el diario ya como muerto, y ahí me entero por uno que había estado preso, y me contó que lo sacaban todas las mañanas a
recoger muertos, y él me contó: te enterramos en una de esas mañanas, todo tenías: tus zapatos, tu chaquetón, el reloj y otras cosas que usaba, ¡Quizás eso me salvó y no me buscaban por la provincia! Y lo más lindo cuando llegué ahí, que el tipo estaba, y todos se pusieron contentos: ¡compañero Fica, está vivo! ¡La pucha, nos había mentido éste que lo había enterrado… así que una fiesta a la noche… asado y todo… se lloró, y el que decía que me había enterrado llegó cuando ya estaba el asado y todo, ¡ni se imagina la sorpresa y la emoción! … y recordamos todo, los cinco compañeros míos los habían fusilado la misma noche del golpe, algo terrible eso… (…) Ahí me quedé en Bariloche, esa misma noche y ahí mismo conseguí trabajo, resulta que vino uno que era contador en la fábrica de muebles, y me dice: compañero, si quiere trabajar acá, era un peronista… ¡por eso yo siempre ayudo al peronismo, porque de ahí ellos salieron a ayudar!, y esa misma noche a mi me dijeron: tiene trabajo, si se quiere quedar a trabajar, trabaje nomás. Un local muy grande, más de 60 mueblistas había, de Rossi era la fábrica, fabricaban puertas y ventanas para Mar del Plata, Córdoba; así que no tuve que ni buscar trabajo, y me quedé nomás en Bariloche, estuvimos como ocho años en Bariloche. (…) me hice amigo de Gendarmería, en Bariloche yo me hice amigo de un gendarme, nunca me llevaron a Chile por nada. En Bariloche me quedé un tiempo, porque yo enseñaba carpintería a Gendarmería, entonces tanto chileno para acá y para allá, a mi me dejaron porque era su profesor, (…) Después yo me puse a trabajar y me olvidé de la política, no quise saber mas cosas de estas ya… Entonces fui a Buenos Aires a hacer unos techos de los tipos dueños de los aviones Australes, son norteamericanos; y yo tuve que ir a hacérselos porque ellos compraron las tejuelas en Chile y el hombre que me mandaba a mi era un coronel del ejército, allá en Bariloche, entonces él fue el que me mandó a mi a hacer ese trabajo… y fui a Lomas de San Isidro a hacer ese trabajo y allá me junté con gente que venía de Comodoro Rivadavia y me decía que me vaya con ellos a trabajar a Comodoro, y al final me fui yo, me vine unos ocho días a Bariloche y después se me dio por irme para allá, en ese tiempo teníamos vehículo, dije: vamos a
Comodoro a ver que hay de cierto, y era cierto, había mucho trabajo, y me quedé en Comodoro unos ocho años o algo así! Y de ahí me vine para acá por cuestiones de amistades media políticas así… nosotros no conocíamos este pueblo, lo habíamos visto desde un avión nomás, entonces nosotros teníamos unos amigos que vivían acá, que nos invitaron a pasar una navidad y vinimos, y lo que es la casualidad, nosotros salimos por un camino de tierra, con ella salimos, y en esta esquina nos paramos y yo miré para allá para el lado del valle, había una carretera toda de tierra nomás, todavía estaban empezando a mover tierra ahí en Luz y fuerza, y yo le dije a ella: mirá que lindo acá tener una casa, porque este camino va a salir a la carretera alguna vez , y parece que Dios me estaba escuchando… a la noche nos invitaron a una despedida de año nuevo y navidad, y a la noche nos encontramos con Corchuelo Blasco63 en ese lugar, y él nos presentó a Mario Das Neves; y bueno, y ahí en una de las vueltas estábamos tomando una cerveza con Mario y él me preguntó si quería quedarme a trabajar acá? y yo le dije que sería lindo, así que llamó a un tal Bogarín y le dijo: búscale un lugarcito donde haga su casa, bueno, así que nos pusimos a conversar con Bogarín y llegado un momento le dije: mirá, mañana pásame a buscar y yo te voy a decir donde quiero la casa. Acá le dije, y cuando le dije donde, me dijo: no, no, acá no va a poder ser, porque acá era toda pampa este terreno, y me dice que estaban todos los terrenos de este lado pedidos por los curas. Entonces le pregunté por donde podía ser y me llevó por allá abajo y decía: acá hay un solar, allá hay otro solar, y me mostraba pero feos por los rincones, y le dije: mirá, ¡si no es ahí donde te dije, mejor me voy!, Después buscaremos, y me fui para Comodoro, y a los seis meses me llegó un telegrama que venga urgente, llegué acá y estaba cerrado ya esto, nunca me sacaron un metro de tierra para nada… esto fue hace ya diecinueve años…”.64
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Manuel Corchuelo Blasco fue ministro y diputado por el Partido Justicialista en Chubut, Y Mario Das Neves es el actual gobernador.
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Don Fica así encontró su sitio en la nueva sociedad, y en los días en que lo entrevistábamos recibía a las hijas, hoy ya mujeres grandes, que habían quedado en Chile, y que atravesaban distintas dificultades, pero recibían el apoyo solidario de su padre que las cobijaba en Trelew.
Su identidad con la migración se alteró, pero al obtener una categoría de trabajo semejante como carpintero en nuestro país, y al tratarse de una destreza que había aprendido en su juventud; al poder participar del mismo medio social, afianzó su confianza; aceptó las pérdidas, y con el apoyo de su segunda compañera, más joven, pero también chilena, a quien conoció en la huida, pudo elaborar aparentemente sus duelos, lo que hace que incorpore de forma diferenciada los dos países, los dos tiempos, conjugando el grupo de antes, y el grupo actual, consolidándose y siendo él mismo a pesar de lo traumático de su pasado. (Grinberg y Grinberg, 1984: 162).