Jaime había regresado de nuevo al consultorio de Adolfo. Era el último paciente por atender y eso le permitiría intercambiar ideas con su médico sin la presión del próximo paciente en espera.
-- “Te ves mejor, más fresco” - le dijo el médico. “Estuvo simpática la reunión en tu casa y excelente la comida. Gracias una vez más por la invitación”
-- “Sabes que siempre eres bienvenido a casa. No es justo que nos veamos solo cuando alguien de la familia tenga un problema de salud. En cuanto a mi apariencia, según tu más fresca, sí, en realidad creo que esos globulillos homeopáticos me han permitido descansar mejor y estar en condiciones para afrontar lo que sea.
--“A propósito, cuando estuve en tu casa no te había preguntado: ¿Leíste el material que te presté? ¿Pudiste entenderlo?”
--“Sí, me pareció muy interesante, aunque me surgieron dudas mientras lo leía y no estabas tú para aclararlas”
--“El objetivo de haberte prestado esos papeles era para que tomaras conciencia de que existen ataques, no sólo físicos sino también psíquicos”.
--“Ya te compré la idea. Pero sin duda no podemos defendernos si no sabemos quién, cuándo y cómo nos ataca”.
--“Tienes razón, porque la primera defensa consiste en determinar o tomar conciencia de qué es lo anormal que estamos sintiendo y si ello está afectando nuestra salud o actividades ordinarias. Es lo que yo llamaría un despistaje para saber si la peculiar situación pudiese provenir de algún ataque psíquico”.
--“No creo que sea tan fácil, no todo el mundo tiene conciencia de que puede ser objeto de ataques psíquicos. Estos ataques son como aquellos de los terroristas, de los cuales no se sabe el cuándo, el cómo, el dónde, ni el por qué. No creo que cualquiera pueda hacer ese despistaje”.
--“Para eso estamos los especialistas, sobre todo los médicos. El despistaje se logra por simple descarte, porque lo lógico es que si sentimos un dolor físico debemos visitar el médico y éste nos dará un medicamento que lo cure. Pero si luego de varios tratamientos no tenemos un diagnóstico preciso o si nuestro dolor persiste sin posible causa aparente, entonces debemos pensar seriamente en la alternativa de un ataque psíquico. Pero los ataques no sólo producen efectos físicos sino también malestar anímico, depresión, falta de energía, desidia, falta de interés en las actividades de trabajo o estudio, pesadillas, insomnio etc. ¡Pero ojo! Sólo un médico está en capacidad de determinar si la desidia y fatiga son resultado de un proceso patológico, porque algunas personas pueden sufrir de Fibromialgia, Fatiga Crónica, Distimia y Depresión por causas químicas. Si además de las sensaciones anímicas, se puede detectar que varias cosas, en forma simultánea e inexplicable, sufren reveses, tales como el daño o accidente de un vehículo, cuando al mismo tiempo aparecen daños en nuestra casa o aparatos domésticos; pérdida incomprensible de objetos o documentos, muerte de animales domésticos, cambio en la actitud de muchas personas hacia nosotros etc. debemos pensar también en posibles ataques psíquicos”.
--“Cuando se siente un malestar físico la mayoría de la gente acude al médico. No así cuando le salen mal las cosas o sufre de flojera, falta de ánimo, depresión etc. Ante la inseguridad yo creo que lo mejor es acudir al médico y es lo que yo hice. Ya lo de las pesadillas no me parecía normal. El problema es dar con el médico adecuado que sepa cuáles son sus límites”
--“Cualquier acción que se tome debe corresponder a la primera línea de defensa, mientras que por el contrario la inacción sería una rendición anticipada. Debemos tomar conciencia y determinar si en efecto estamos sufriendo un ataque psíquico, lo cual no debe convertirse en una especie de paranoia que nos haga pensar que todos los que nos rodean nos están atacando y que todo lo que no resulta como lo esperábamos o deseamos falle por malas influencias externas. La actitud defensiva y previsiva es buena pero no debe ser exagerada. Tampoco podemos atribuir los resultados de actos imprudentes o temerarios de nuestra parte, a un ataque psíquico. Es importante tomar en cuenta que para que un ataque
psíquico logre su objetivo debe encontrar un terreno abonado. Hay un ejemplo, citado a menudo, de un campesino que va esparciendo semillas por su campo, algunas de ellas caen sobre rocas, otras en el agua y finalmente unas sobre terreno fértil y abonado. Sólo las últimas podrán germinar. Parte de nuestra defensa preventiva es no permitir que las semillas de la maldad caigan en un terreno abonado. En términos psíquicos un terreno abonado lo constituye la falta de auto-confianza, el miedo, la incertidumbre y una actitud derrotista. También constituye un “terreno abonado” una actitud prepotente, orgullosa, exhibicionista u ostentosa. Lo mejor, como dicen algunos, es mantener un “bajo perfil” término derivado de las artes militares que en esencia dice que un blanco u objetivo que no sea visto o detectado fácilmente será objeto de menos ataques, mientras que un objetivo que resalte o sobresalga en el terreno será el primero en ser atacado”.
-- “Estás hablando como militar y no como médico. Ataques, contraataques, primera línea de defensa, bajo perfil y quien sabe que otras cosas”.
-- “La terminología militar se debe al hecho de estar nosotros dentro de un campo de batalla. Eso parece ser un principio de la vida en este planeta. Somos atacados por los enemigos, por los animales, por los virus, por las bacterias y en muchos casos por nosotros mismos. Y sin duda lo más adecuado para hablar de ataques es el lenguaje militar. Pero sigamos adelante, de la primera defensa preventiva debemos pasar a una defensa más vigorosa o un contraataque que neutralice a nuestros enemigos. Esto es una consecuencia lógica del principio de acción-reacción, pero si bien es fácil decirlo no es tan fácil hacerlo, porque así como los ataques psíquicos se generan a un nivel subconsciente de la mente, éstos se deben detener y combatir también a nivel subconsciente y muchas personas no tienen la menor idea de cómo actuar en esos niveles”.
-- “Yo me incluyo en ese grupo”.
-- “Está claramente demostrado por los científicos que en la evolución de los animales superiores primero se desarrolló el cerebelo (cerebellum) y posteriormente el cerebro, es decir, primero fue el subconsciente y luego el consciente. Después de lo cual apareció en nuestra especie (Homo Sapiens) el lenguaje verbal como la última (hasta ahora) parte de la evolución. De lo anterior podemos deducir que la
parte subconsciente de la mente no puede ser manipulada con un simple lenguaje verbal, ya que le es ajeno. Los sentimientos de odio, amor, celos y envidia no son verbalizables, son simplemente sentimientos que siendo subconscientes se manifiestan o dan muestras y señales en acciones de forma consciente. Así que debemos recordar que debido a que los ataques psíquicos tienen un origen subconsciente, deben ser enfrentados y combatidos en forma subconsciente. Pero ¿Cómo hacerlo?”.
-- “Me imagino que esa pregunta no es para mí, más bien estoy esperando que tú me lo digas”.
--“Primero hagamos una comparación. Para nuestros efectos vamos a considerar el subconsciente como un simple terreno donde podemos sembrar semillas y que luego allí crezcan plantas. Las plantas a sembrar pueden ser beneficiosas, curativas o alimenticias, pero también pueden ser lo que muchos llaman malas hierbas, que no sirven para nada pero no dejan crecer a las plantas buenas. Siendo nosotros los dueños del terreno debemos cuidarlo y evitar que germinen semillas de malas hierbas. Lo que no podemos evitar es que esas semillas caigan en nuestro terreno lanzadas por el viento o personas enemigas, pero si debemos evitar que se desarrollen y en el caso de que esas semillas logren germinar y se produzca un brote o retoño debemos proceder a destruirlos o eliminarlos antes de que echen raíces profundas”.
--“El ejemplo me parece muy gráfico y fácil de comprender, pero cómo evitamos que germine la maldad en nuestro terreno”
--“Una de las mejores corazas protectoras contra ataques, es no tener un terreno abonado donde pudiesen germinar las semillas del mal y para ello lo mejor es una actitud constante de amor al prójimo, ya que esto desarma a cualquier atacante. Esto no debe ser interpretado como un amor tendiente al masoquismo, no es poner
la otra mejilla para que nos vuelvan a golpear. Se trata más bien de una actitud
mental, especialmente fomentada desde planos superiores de la mente y cultivada durante estados alterados de conciencia. Esta actitud, en principio, desarma los ataques leves, producto de envidias, celos y rivalidades”.
-- “Eso es sin duda algo preventivo, pero ¿qué pasa con los ataques psíquicos que no siempre son frontales?, pueden venir también disfrazados o endulzados, como las medicinas amargas que se recubren de una capa de dulce. O puede ser como el placer sexual que se disfruta pero que durante el proceso la persona puede ser contagiada de una enfermedad venérea o de SIDA”.
-- “Las ciudades antiguas tenían murallas a su alrededor para protegerse contra enemigos, murallas que eran franqueadas muchas veces en fieros combates pero otras veces eran penetradas por medio del engaño como narra la fábula del Caballo de Troya. Nosotros poseemos también una especie de muralla que nos sirve de límite con el ambiente que nos rodea. Pero para entender cómo funciona nuestra muralla y para pasar a la segunda línea de defensa o acciones de contra-ataque merece la pena insertar una aclaratoria que es fundamental para poder entender cómo defendernos, lo cual sería equivalente a saber cómo funciona un arma para poder utilizarla. Pero antes quiero aclararte algo: en la transmisión del conocimiento, cualquiera que sea su tipo, se producen distorsiones que acumulándose una después de la otra, crean una nueva versión totalmente diferente a la original. En los albores de nuestra civilización existieron conocimientos de origen desconocido pero que hoy en día han resultado sorprendentemente correctos bajo el punto de vista científico, aunque muchos de esos conocimientos nos han llegado completamente distorsionados. Uno de esos conocimientos se refiere a la estructura de nuestro sistema humano”.
-- “¡Aja! Ahora estás pasando de lo militar a lo médico o quien sabe a qué cosa”.
-- “Digamos que a lo esotérico, ya que la medicina, mi especialidad, se limita al cuerpo físico. Muchas personas con una mentalidad reduccionista consideran nuestro cuerpo simplemente como un organismo viviente, tal como cualquier animal o planta. Pero al preguntarles en qué nos diferenciamos del resto de los animales, así como de las plantas, aceptan que tenemos una energía vital que es como el motor que nos mueve y que al cesar en sus funciones sobreviene la muerte. Ya de hecho están reconociendo un sistema formado por dos partes: una física (el cuerpo) y otra energética (Energía vital, Chi, Atman o Alma como la conocemos en
occidente), otros estudiosos agregan un elemento de control que recibe muchos nombres pero esencialmente es el equivalente del espíritu el cual tiene, sin lugar a dudas, una influencia sobre la materia y la energía. Pero el alma siendo ella misma energía y al mismo tiempo un componente energético de algo mayor, como lo es la energía del universo, no puede a su vez controlar otras energías. El fuego no puede quemar el fuego, el agua no puede mojar el agua. Nuestra defensa, entonces, deberá basarse en las acciones defensivas u ofensivas en forma de contra-ataque que podamos desarrollar e implementar desde nuestro elemento de control o espíritu. Las acciones o comandos de este último no son en forma verbal y podrían definirse como intencionalidades. Es la intención, buena o mala, la que desencadena hechos con resultados materiales. Pero las intenciones, al igual que los deseos no siempre se realizan o surten efectos. El secreto consiste en que la intencionalidad sólo puede producir efectos y potenciarse cuando existe un “estado alterado de conciencia”, el cual se logra de muy diversas maneras”.
--“Aquí se complica el asunto porque si la defensa se debe hacer al nivel del espíritu, la mayoría de nosotros ni siquiera aceptamos que él existe y mucho menos como hacer que esa parte de nosotros se ponga en acción. Además creo que también la mayoría no sabe lo que es un estado alterado de conciencia”.
-- “Así como no vemos el aire que respiramos, pero lo sentimos al soplar y no vemos los virus o bacterias que nos enferman, tampoco estamos en capacidad de percibir a nuestro espíritu. El espíritu por definición es algo incorpóreo, inmaterial y atemporal, luego no podemos recibir ni sentir nada a ese nivel. Pero el cuerpo que él controla y la energía que lo mantiene con vida si son susceptibles de sentir desequilibrios. Es como sintonizar una estación de radio o televisión cuando la señal es interferida por disturbios climáticos o fallas en la transmisión. En ese momento no vemos lo que causa la interferencia pero nos afectan sus consecuencias al no poder ver bien la televisión o escuchar la radio. Los espíritus en su intencionalidad de controlar o afectar un cuerpo ajeno, lo cual no pueden hacer totalmente, crean disturbios de diversa índole e intensidad que son percibidos y afectan a los otros dos componentes nuestros, la energía o alma y el cuerpo físico”.
-- “No exactamente, pero imaginemos un juego de computadora (ordenador) donde hay unos personajes virtuales que se pueden mover bajo nuestro comando. En el juego, uno de los participantes es repetidamente golpeado por otro que le impide avanzar por un camino y llegar a su destino. El jugador que controla al personaje que quiere avanzar, no siente absolutamente ninguno de los golpes que recibe el muñeco, pero puede tomar acciones de control que eviten los golpes, que los devuelva y que al final logre superar el obstáculo. ¿Cómo lo logra? Simplemente manipulando la energía que mueve o activa a su muñeco. Los comandos, decisiones mentales del jugador que controla, se transforman en impulsos eléctricos, energía, que cambia la situación del personaje virtual. Algo parecido ocurre en nuestras vidas reales.
-- “Me la pusiste difícil, dame tiempo para asimilarlo. Suena muy lógico pero difícil de aceptar en la vida real. “
Con esas últimas frases en la mente Jaime dejó la consulta del médico y se retiró a su casa lleno de inquietudes. Al llegar a su casa seguía pensando en el diálogo que había tenido con su esposa y su amiga Dora unos días antes y también al reciente diálogo con Adolfo su amigo y médico. Inmerso en sus pensamientos subió a su habitación después de gritar ¡ya llegué! Allí procedió a tomar un baño para luego bajar a cenar.
Cuando bajó encontró a su esposa muy atareada en la cocina, le dio un beso y se sentó en la mesa. Desde que tenía los niños pequeños se acostumbró a lavarse o bañarse antes de abrazar o besar los niños por temor de traer sucio y enfermedades de la calle, esa costumbre la había extendido a su esposa y aunque los niños habían crecido el hábito no había cambiado.
--“¿Qué te dijo el médico?”
-- “Bueno, primero que nada, hablamos casi todo el tiempo de temas esotéricos, lo que le hubiese encantado a Dora, la esposa de Gilberto”.
--“¿Pero no se supone que te daría una receta homeopática para quitarte o reducirte las pesadillas?”
--“Según él no tengo nada malo, fisiológicamente hablando. El cree que se trata de una mala influencia o lo que él llama un ataque psíquico”.
--“Ahora entiendo el porqué de tus preguntas hace unos días, cuando me decías que si yo creía o no en brujerías. Y atando cabos, recuerdo nuestra conversación con Adolfo cuando se quedó a almorzar. Tus preguntas parecían un interrogatorio policial. Yo sé que a él le gusta todo lo que parezca esotérico, pero esa no ha sido nunca tu afición. Se ve que estabas en busca de una respuesta a tus interrogantes. Pero no entiendo exactamente lo que te dijo Adolfo. ¿Es que estás sufriendo bajo los hechizos de otra mujer?”
-- “Mary, en la vida no todo se trata de hombres y mujeres. Él piensa que muchas personas a nuestro alrededor pueden generar ataques de tipo psíquico cuando interferimos con sus intereses. Esos ataques pueden ser leves o fuertes dependiendo de lo que esté en juego y del nivel de ambiciones de la otra persona. Aquí entran los deseos reprimidos, la envidia, los celos, la lujuria, la codicia, la ira, la soberbia etc. Yo no tengo enemigos declarados, pero ignoro quienes me envidian o tienen otros intereses que entren en conflicto con los míos”.
--“Uhm, esto se pone interesante, especialmente porque no sé a dónde quiere llegar Adolfo bien sea como médico, o como hechicero”.
--“Bueno, estamos sólo en el campo de la teoría y las especulaciones. No hay nada en concreto, sólo indicios. Es como si en un negocio, con frecuencia, comienza a extraviarse dinero en pequeñas cantidades. La primera vez, piensas que hay un error al contarlo o se dio un cambio errado a un cliente. En la siguiente ocasión piensas que se extravió, se cayó al suelo etc. Si las pérdidas continúan, ya hay indicios de que alguien se está apoderando del dinero”.
--“¿Y qué piensas hacer al respecto con tus indicios, si los tienes?
--“Primero que nada, siguiendo los consejos de Adolfo, debo adoptar una conducta defensiva, porque no sé de dónde vienen los ataques. Es como si en el ejemplo del dinero extraviado, se tomara la decisión de guardarlo en una caja fuerte”.
--“Es fácil decirlo, pero ¿Cómo lo harás?”
--“Pienso hacer varias cosas. La primera será buscarme un amuleto o talismán por aquello de que no creo en brujas pero de que vuelan, vuelan. Al menos tendré más confianza, así como la tenías tú cuando sacabas a los niños a la calle con un azabache colgando en su ropa. Es lo que muchos llaman una “contra” que de
repente si funciona. En segundo lugar buscaré alguien versado en asuntos de la mente, no me refiero a un psiquiatra como Adolfo, sino a una persona que me enseñe a meditar y manejarme en otros planos”.
--“Lo que falta es que vayas a un pueblito y busques a uno de esos viejos que hacen ensalmos o despojos.
--“Mira, no lo descarto. Algunos de esos viejitos tienen conocimientos y poder mental muy superior al nuestro y pueden liberarnos de algunas malas influencias. El detalle está en dar con el que sea de verdad un entendido y no un charlatán”