Chapter 2: Literature Review
2.3 Progress in the Development of Triboelectric Materials
2.3.4 Promoting PVDF Electroactive Phase Content
La decisión sobre lo que exige una respuesta y lo que debe pasarse por alto se relaciona con la distinción entre «oír» y «escuchar». Lo que oímos es todo lo que nos dicen nuestros clientes. Lo que escuchamos está determinado por nuestra teoría y sus supuestos, y tiene que ver con una actitud alerta a las preguntas y respuestas apropiadas (Lipchik, 1988a; Lipchik y De Shazer, 1986). Por ejemplo, sabemos que los cambios producidos antes de la sesión pueden ser importantes para las soluciones (Weiner- Davis, De Shazer y Gingerich, 1937), por lo que escucha- mos con atención a fin de detectarlos. Como presumimos que nada es totalmente negativo, cuando un cliente descri-
be una situación muy desesperada, estamos atentos a cualquier pequeño detalle que pueda destacarse como una excepción o un punto fuerte. No pasamos por alto na- da de lo que oímos, pero, al mismo tiempo, sólo responde- mos a lo que es potencialmente útil para el cliente. La «au- dición» sirve de telón de fondo a la «escucha» y es un proce- so más pasivo. Lo que oímos nos proporciona un conoci- miento general de lo que los clientes quieren y de su modo de cooperar. Registra lo que quieren decir, lo que podrían sentir y lo que no dicen. A veces pedimos una aclaración sobre lo que oímos porque captamos un indicio de que una mayor claridad podría ayudarnos a encontrar una solu- ción. La aclaración puede llevar a un cambio de dirección, si el cliente lo acepta, y se convierte entonces en el foco de nuestra escucha. Cuando las soluciones se vuelven claras, la escucha para reforzar el cambio puede pasar a ocupar el primer plano.
Por ejemplo, si los padres de Zak, derivados por el orientador vocacional de la escuela secundaria local, me vienen a consultar sobre la agresividad descontrolada de su hijo en la escuela, es posible que también «oiga» que duerme mal, es poco afecto a la higiene y no se lleva bien con su hermano menor. Preguntaré a los padres cuál de esos problemas quieren abordar en primer lugar. Si deci- den hablar de la relación de Zak con su hermano, centraré mi escucha en esa cuestión. No puedo responder a todo lo que dicen porque en ese caso la conversación sería disper- sa y los clientes probablemente se irían más confundidos que al llegar. Por lo tanto, si mientras escucho, oigo a los padres discrepar acerca de la causa del comportamiento de Zak con su hermano, al principio pasaré esto por alto, porque en la conducta humana no hay realmente causa y
efecto. Pero si la discrepancia resuena como un zumbido
que me distrae de la conversación, comenzaré a escuchar- la en busca de señales de concordancia entre ellos que puedan ser un paso hacia una solución. Si, mientras estoy atento a una concordancia, oigo que las discrepancias en- tre ellos van más allá de los problemas de Zak y de la paternidad en general, les preguntaré si quieren hablar sobre sus desacuerdos globales o sobre la relación de Zak
con su hermano. Si no aclaro este punto, no sabré a qué res- ponder ni qué pasar por alto. Este proceso de focalización de la conversación se describía en otro tiempo por medio de fórmulas, pero en la práctica concreta puede contex- tualizarse con comprensión y empatia para crear un clima emocional seguro.
El significado
Oír y escuchar son una parte integral del lenguaje, en cuanto constituyen un proceso recurrente de coordinación de las interacciones lingüísticas (Maturana y Varela, 1987, pág. 211) con los clientes. Oímos y escuchamos en busca del significado que nuestros clientes asignan a lo que nos dicen sobre su vida porque hacerlo nos ayuda a comprender su visión específica del mundo. Aunque ese significado es subjetivo, también es «dependiente del con- texto» (Anderson, 1997, pág. 206). Por ejemplo, la palabra «divorcio» puede no significar lo mismo para un católico devoto que para un agnóstico, para una persona cuyos pa- dres se divorciaron que para otra cuyos padres siguen fe- lizmente unidos, para quien se ha divorciado que para quien no lo ha hecho. Por un lado, nuestros clientes y no- sotros entendemos la definición de la palabra «divorcio» en nuestra sociedad; por otro, no podemos suponernos sa- bedores del significado que tiene el proceso de divorciarse para un cliente determinado. Puede significar fracaso, vergüenza, pecado o alivio.
Para los terapeutas narrativistas (Freedman y Combs, 1996; White, 1995; White y Epston, 1990), las preguntas sobre el significado tienen el propósito de ayudar a los clientes a reflexionar sobre las historias de su vida y sus relaciones, y a considerar y experimentar otras historias que serán menos problemáticas para ellos.
Para los terapeutas del modelo de los sistemas de len- guaje cooperativo (Anderson, 1997; Hoffman, 1990,1998), la totalidad de la conversación entablada durante la te- rapia es un medio de generar nuevos significados que lle-
van a «la autoagencia y la disolución del problema» (An- derson, 1997, pág. 109).
En la TCS, las preguntas sobre el significado nos pro- porcionan, y proporcionan a los clientes, mayor claridad sobre la percepción del problema y cómo sabrán los clien- tes que está resuelto. Por ejemplo, cuando una cliente que tiene una relación tempestuosa con su hermana dice que ha venido en busca de ayuda para «enfrentar la situa- ción», es necesario preguntarle qué significa para ella «enfrentar la situación». Podría significar que quiere cam- biar algo en sí misma o que quiere cambiar a su hermana. La diferencia puede conducir a conversaciones diferentes sobre la solución. A menos que insistamos en la claridad, terminaremos conversando sobre temas diferentes.
A menudo, las preguntas sobre el significado suscitan una respuesta que se relaciona con las emociones. Si ello no ocurre, y si se lo considera apropiado, pueden ser com- plementadas con una pregunta que despierte emociones. Por ejemplo, si la cliente recién mencionada quiere cam- biar a su hermana para que esta no emplee términos ul- trajantes al hablar de ella con su madre, la meta que se ha fijado es poco realista, ya que no podemos modificar la conducta de otra persona. Pero el hecho de preguntarle cómo la afecta emocionalmente la conducta de su herma- na puede inducirla a decir que se siente irritada, rechaza- do o asustada, lo cual redefine el problema y posibilita una solución más realista, puesto que requiere que ella, y no su hermana, haga algo diferente.
Mi descripción del uso posible del significado en la TCS puede parecer deliberada o estratégica. De hecho, mi intención es decir que hay un propósito y una estrategia en nuestra manera de decidir a qué debemos responder y qué debemos pasar por alto (Quick, 1994). Las decisiones se basan en nuestra teoría y en la información obtenida de las respuestas dadas a preguntas determinadas por ella. Nuestra intención es de crucial importancia. Las decisio- nes que tomamos en relación con los clientes deben estar motivadas por la genuina convicción de que nosotros no
se a sí mismos, y por el propósito de ayudarlos a descubrir
sus propias soluciones.
Las preguntas intencionales sobre el significado que se formulan con el mero objetivo de generar un nuevo signifi- cado no están en armonía con el pensamiento centrado en la solución aunque tengan potencial para producir infor- mación. Las preguntas aleatorias sobre el significado pue- den dispersar el proceso centrado en la solución, en lugar de mantenerlo enfocado en ella.