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6 Appendix A: Deterministic Demand

6.2 Proof of Proposition

Basándonos en los antecedentes, se podría asumir que según sea la forma de aprendizaje, la memoria que resulta de este proceso se ubica en distintas estructuras del sistema nervioso. Esto se ha podido confirmar con modelos artificiales de memoria. Estudiando algunas propiedades características de estos modelos artificiales, se ve que existe un procesamiento parecido en algunas redes neuronales del sistema nervioso. Por ejemplo, en cuanto a los sistemas de relación de memoria biológica, el procesamiento en paralelo sería una característica fundamental. Por tanto, cuando se intenta explicar de forma teórica cómo los sujetos utilizan la memoria, se habla de modelos de memoria, que ayudan a hacer predicciones sobre el comportamiento y a generar hipótesis para una investigación posterior, tal y como se refleja en la página de la fundación Anna Vázquez dedicada a la lucha contra el cáncer en la infancia4.

A continuación expondremos los modelos clásicos de memoria. 1.3.1. El modelo biprocesual de Atkinson y Shiffrin (1968)

Este modelo hace referencia al proceso de memoria a corto plazo y a largo plazo. Señala que si la persona atiende a la información que le llega por el canal sensorial, ésta pasa a la memoria a corto plazo. En caso contrario se pierde.

Todo lo que está en la memoria a corto plazo puede pasar a la memoria a largo plazo, para lo que la persona deberá efectuar un repaso o reiteración de la información aprendida para que ésta pueda ser memorizada. Una vez que la materia está almacenada en la memoria a largo plazo, la interferencia de nueva información recibida por la persona o el decaimiento, pueden causar la pérdida de la materia nueva aprendida.

La debilidad central de este modelo biprocesual es que implica la necesidad de que la información pase, en primer lugar, por la memoria a corto plazo, para poder almacenarse en la memoria a largo plazo y, mientras que cuando la información está en la memoria a corto plazo la persona la tiene codificada auditivamente (debido a la repetición de la información subvocalmente), en la memoria a largo plazo la tiene codificada semánticamente (dando un significado a la materia aprendida). Lo que este modelo no consigue averiguar es cómo cambia de forma tan notable la naturaleza de esta información.

Este modelo es demasiado rígido y simplista, y aunque la distinción entre almacenes de memoria a corto y largo plazo es aceptada por los teóricos de esta materia, se considera que los procesos cognitivos que realizan los sujetos son mucho más complejos de lo que este modelo propone.

1.3.2. El modelo de los niveles de procesamiento o proceso de Craik y Lokhart (1972)

Los trabajos experimentales en esta línea ponen de manifiesto que la transferencia de la información al almacén a largo plazo no depende sólo del tiempo, sino que está en función de la naturaleza cualitativa de las operaciones desarrolladas durante el repaso (Craik y Watkins, 1973; Woodward, Bjork y Jongeward, 1973; Nelson, 1977).

Craik y Watkins (1973) observaron en los sujetos dos tipos diferentes de repaso para el recuerdo posterior de la información. Estos son:

- Recuerdo de mantenimiento (repetitivo): se produce cuando la persona repite mentalmente la materia en su forma original, tal y como se la han presentado.

- Repaso elaborador: cuando se realiza una búsqueda de significado y asociaciones múltiples, para llevar a cabo un aprendizaje comprensivo. Conlleva una elaboración mental de la información a recordar.

Bjork (1975) comparó el efecto de estos dos tipos de repaso, encontrando que con el repaso de elaboración los sujetos recordaban el doble de palabras que con el repaso de mantenimiento en la prueba de memoria final. Sin embargo, en las pruebas parciales que se realizaron después de cada ensayo, el repaso de mantenimiento resultó más efectivo, generando mayor recuerdo. Estos resultados demuestran que el repaso de mantenimiento es una buena estrategia para mantener activos un número limitado de ítems durante un corto espacio de tiempo. En cambio, los procesos de elaboración de la información dan lugar a una mejor transferencia de la información a la memoria a largo plazo (Navarro, 1993).

Por otro lado, Craik y Lockhart (1972) proponen un segundo modelo de memoria, donde consideran que lo que determina el recuerdo a largo plazo es la naturaleza de los procesos de codificación que tienen lugar en la memoria a corto plazo. Sugieren que la duración de la memoria está directamente relacionada con el nivel de procesamiento al que llega el sujeto, y esto explica por qué algunos elementos de la materia se recuerdan mejor y otros peor. Identificaron tres niveles de procesamiento: el nivel estructural (¿a qué se parece?), el nivel fonético (¿a qué suena?) y el nivel semántico (¿qué significa?). Estos niveles van del más superficial al más profundo, ya que para entender el significado de un concepto. En primer lugar la persona debe entender a qué se parece y cómo suenan sus palabras antes de poder procesar su significado. La principal predicción de esta teoría es que las huellas derivadas de análisis semánticos complejos (más profundos) se memorizan mejor. Así, desde el punto de vista de la teoría de los niveles, el repaso de elaboración implicaría una mayor profundidad de procesamiento y, en consecuencia, daría lugar a un mayor rendimiento en la memoria que el repaso de mantenimiento.

Las limitaciones de este modelo de niveles de procesamiento fueron tenidas en cuenta por Baddeley y Hitch (1974), que lo consideran un modelo vago e incomprobable, además de limitarse a decir que si la materia tiene un significado para el sujeto, la recordará, lo que según Baddeley es obvio.

Establecen, por último, que no todo el material recordado por un sujeto ha llegado a su nivel más profundo de procesamiento. Por ello, los autores añaden que es mejor pensar en la memoria a corto plazo como un área de almacenaje donde el material nuevo puede ser conservado por la persona mientras lo clasifica, organiza y relaciona con los elementos almacenados en la memoria a largo plazo. Esto da origen al tercer y último modelo de memoria que veremos a continuación.

1.3.3. El modelo de la memoria de trabajo u operativa de Baddeley y Hitch (1974)

El modelo de Baddeley y Hitch (1974) establece que la memoria a corto plazo no es un almacén pasivo de información para el sujeto, sino que es un sistema de memoria de trabajo activa para la nueva información aprendida. Es un ejecutivo central; es decir, un procesador central de información que no está restringido a una modalidad particular.

Este ejecutivo central es el que controla y dirige a los otros componentes. Es un sistema flexible que puede procesar la información recibida por todos los sentidos en una variedad de formas y que puede almacenar información nueva durante breves periodos de tiempo.

La capacidad de almacenamiento de este ejecutivo central viene dada por un bucle articulatorio considerado como un sistema de repetición verbal de información que organiza la misma de una manera temporal (con una secuencia cronológica), y serial (la persona recuerda la materia en su orden de presentación). Lo podríamos considerar como la “voz interna” del sujeto. Además, la capacidad de almacenamiento de este ejecutivo central se completa con un cuaderno de apuntes viso-espacial que trabaja sobre la información visual o espacial que recibe. Puede albergar más de un estímulo a la vez y lo podríamos considerar como el “ojo interno” del sujeto.

Baddeley (1986) afirma que aunque la capacidad del ejecutivo central es limitada, para poder medirla se debería antes establecer los límites exactos de

su funcionamiento, teniendo en cuenta que no está restringida a una modalidad de procesamiento de la información concreta.

Una posterior reformulación de este modelo de memoria de trabajo u operativa propuesto por Baddeley y Hitch (1974) es adaptado por el mismo Baddeley años más tarde, considerando ahora que la memoria operativa no está compuesta sólo por los componentes: el ejecutivo central, bucle fonológico y agenda visoespacial, sino que además le añade un nuevo sistema llamado el almacén o buffer episódico (Baddeley, 2000).

Los otros dos modelos de memoria que hemos presentado se han investigado en diversas ocasiones llegando a la conclusión de que son deficientes por uno u otro motivo, de modo que el proceso de Baddeley representa el conocimiento actual sobresaliente sobre la memoria a corto plazo, aunque no invalida alguna de las características de la memoria que antes han descrito los distintos autores.

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