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El éxito hace parecer honestos algunos crímenes SÉNECA

La sociedad actual estaría fomentando una serie de v alores que en poco contribuyen a la armonía en las relaciones humanas. 57 Recogido en López Cabarcos y Vázquez Rodríguez, 2003: 172-3.

A través de los principales instrumentos de construcción del con- senso social –medios de comunicación, escuela, familia...–, el in- dividuo interiorizaría unos mensajes, actitudes y comportamien- tos que le conducirán, casi inevitablemente, a una mayor agresivi- dad: competitividad a ultranza; productividad por encima de todo; egoísmo, egocentrismo e individual ismo; ley del más f uerte; fin como justificante de los medios; primacía del tener fr ente al ser; éxito y fama como metas fundamentales...

Es indiscutible que estamos en una sociedad narcisista que invita al culto al ego. (...) En esa sociedad basada en la imagen, el auténtico valor de la persona tiene muy poca importancia; lo que de verdad cuenta es la apa- riencia (Hirigoyen, 2001: 186-187).

En muchos sentidos, el mundo aparecería dividido en dos bandos: winners y losers. Los primeros lo serían a costa de los «perdedo- res»,

Los que participan en la vida corporativa pueden elegir entre dos cosas: manipular el poder con el ma yor conocimiento e inteligencia posibles y obtener alguna satisfacción de controlar su propia vida, o ser manipula- dos por otros hasta que se vuelven objetos frustrados, con su humani- dad destruida por el pr opio odio car ente de dir ección. Cualquiera que tenga una idea de la realidad no podrá negar que la manipulación es una forma de vida (Jones, 1987: 12-13).

mientras que estos últimos serían vistos como personas débiles e inadaptadas y se sentirían culpables59. El cinismo y la falta de rigor

moral campearían por sus respetos.

[El sistema] hace que se acepte actitudes cínicas y burlas mal disimula- das. ¿Por qué no voy a hacerlo yo si lo hace todo el mundo? (...) Se trata de una dimisión, una r enuncia a imponer los pr opios valores morales. Dado que de entrada se estiman inevitables, finalmente se considera que los abusos de poder, las manipulaciones, la corrupción y los procedimien- tos mafiosos son normales.

59 Manuel Fidalgo, del Centr o Nacional de Condiciones de T rabajo de B arcelona.

Citado en Mena, U. (2000) «Mobbing, psicoterror en el tr abajo», El S emanal, noviembre 19 al 25 (p. 26).

Cuando todo el mundo está centrado en sus intereses, y no en el interés colectivo, se establece una especie de autorización implícita a hacer otro tanto. (...).

No es sorprendente que, en una misma empresa, encontremos casos de corrupción, de acoso moral y mentiras, ya que es todo fruto de la misma laxitud y la falta de rigor moral (Hirigoyen, 2001: 183-184).

Se estaría pagando un alto pr ecio por todo ello: notable cr eci- miento de los trastornos de personalidad diagnosticados en la po- blación juvenil; depresión, estrés y ansiedad en las mayores cotas conocidas hasta el momento60, etc.

Pero, a nuestr os propósi tos, habría que destacar sobre todo el hecho de que los mencionados (anti)v alores son justamente los idóneos para que en las empresas e instituciones prosperen lo que psiquiatras y psicólogos denominan estructur as perv ersas y/o psicopáticas de personalidad. El sistema incentivaría su encanto, «su forma manipuladora y agresiv a de manejar a los demás, su desconsideración hacia las necesidades ajenas y su modo de to- mar cualquier ventaja que se le(s) presente por encima de cual- quier otra consideración» (Garrido, 2000: 39)61.

(...) Alan Harrington, en Psychopaths, cree que el psicópata, pr ecisa- mente por su insensibilidad, es el personaje mejor preparado para afron- tar la vida moderna (Bilbeny, 1995: 89).

Estos individuos se encontrarían, así, ocupando puestos de máxi- ma responsabilidad en entidades de todo tipo,

Paradójicamente, [su] misma falta de hondura emocional y de compro- miso suelen hacer posible un mejor f uncionamiento social, por ejemplo

60 Elisa Múgica: «El maltrato...», en Martínez, M. et al.: 112.

61 En este sentido, los datos manejados al respecto resultan preocupantes: según la

Organización Mundial de la Salud, algo más del 2% de la población occidental está compuesta por psicópatas stricto sensu. En España hay, por tanto, aproximadamente unos 800.000 (Garrido, 2001: 101). «(...) si calculamos que al menos el 20% de los delincuentes encarcelados tienen este desorden, la cifra total, únicamente de entre los sujetos detectados por el sistema de justicia, se sitúa en torno a los 10.000» (Garrido, 2000: 25). A esto se debe añadir el comportamiento de personas que, sin desarrollar plenamente esa condición, han adoptado formas psicopáticas de relación con los demás (ibíd: 13).

en ciertas organizaciones políticas y burocráticas donde la carencia de com- promisos permite sobrevivir y acceder a la cumbre (Kernberg, 1988: 272).

y estarían practicando diversas formas de hostigamiento –psicoló- gico incluido– sin freno cultural... ni natural alguno.

(...) como demuestran los estudios etológicos, la tendencia al mobbing forma parte de la natur aleza. Cuanto más se par ezca una institución a una camada de ratas, más probable es que el acoso tenga lugar en su seno. Es tar ea del esfuerz o humano tr ansformar sus colectividades y empresas en organizaciones que velen por el desarrollo, la creatividad y el bienestar de sus miembros, y no sólo por la consolidación del poder de sus autoridades (González de Rivera, 2002: 116).

Como auténtico mal social en el que intervienen todos los estamentos, el acoso supondría, pues, un abuso de poder que en ocasiones puede ser consciente y deliberado, pero que la mayoría de las veces se ejercería de forma inconsciente y automática, es- túpida, patológica e inconsecuente. No sería «la mera responsabi- lidad de un criminal artero, sino la de toda una estructura cultural que lo fomenta, lo permite y lo premia» (ibíd.: 203)62.

1.5. CONSECUENCIAS PERSONALES Y (SOCIO)

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