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Proof of Proposition III.4

In document Three Essays on Economic Theory (Page 142-148)

III.4 Extensions

III.6.9 Proof of Proposition III.4

teriores, y en la que contarían autores como S. García Echevarría, la ética empresarial debería contar con los siguientes elementos:

a) La empresa es, en primer lugar, un sistema de valores, con po­ tenciales que han de aflorar a través de una cultura corporativa.

b) Las instituciones —también las empresas— han de redefinirse desde sus finalidades y, por tanto, desde los valores que las identifican.

E T I C A D E LA E M P R E S A

cerrados lo moral se identifica con lo legal, mientras que en los sistemas abiertos, desregulados, el hombre necesita normas de comportamiento que descansen en los valores de la institución, en nuestro caso, de la em­ presa. Tales normas encarnadas en la conducta componen una cultura empresarial.

d) Lo ético es rentable, entre otras cosas, porque reduce costes de co­ ordinación externos e internos en la empresa: posibilita la identifica­ ción con la corporación y una motivación eficiente.

e) La cultura propia de la empresa permite diferenciarla frente a los competidores.

f) Todo ello requiere una clara concepción del papel del directivo, que se identifica con la corporación y tiene capacidad para integrar hombres.

Estos rasgos van componiendo sin duda lo que llamamos una cultu­ ra empresarial, expresiva de una peculiar ética. de la empresa, y conviene recordar —llegados a este punto— que no los hemos obtenido a partir de una ética aplicada que funcione 'more deductivo; es decir, que no hemos enunciado al comienzo algún principio ético general con contenido y des­ pués lo hemos aplicado al caso especial de la empresa, sino que hemos acudido al mundo mismo de la empresa, tal como se configura a la altura de nuestro tiempo, y en él hemos ido descubriendo esos rasgos que nos permiten comprenderlo mejor y a la vez orientarlo moralmente.

Pero, a la vez, en la peculiaridad del actual mundo de la empresa, en la entraña misma de los rasgos que lo caracterizan, hemos ido leyendo elementos éticos comunes a otros ámbitos de la vida social; elementos que, como antes decíamos, van componiendo los rasgos de una ética mí­ nima. Y es en el contexto de esta ética mínima en el que, a mi juicio, cobra todo su sentido la ética de la empresa.

5. La ética empresarial como concreción de una ética cívica

Bueno parece en este momento recordar aquellos modos de entender lo ético, a los que nos referimos en el capítulo 1, y que efectivamente se di­ bujan también en el trasfondo de la ética empresarial:

a) Es una empresa desmoralizada la que, ignorando el fin propio de la

actividad empresarial (la producción de riqueza para satisfacer necesida­ des humanas), carece de un proyecto compartido en el que merece la pena emplear las fuerzas, o la que lo ha olvidado y la que carece de fuer­ zas para llevarlo adelante; la que no considera la calidad de sus productos como el valor más elevado de su tarea; pero también la que, descuidando la naturaleza misma de la empresa como grupo humano, al servicio de grupos humanos, mantiene relaciones humanas ad intra y ad extra pura­ mente instrumentales, como si la pura instrumentalización, sin dosis al­ guna de comunicación, fuera la relación propia del mundo empresarial.

m

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dad empresarial es una actividad humana con una finalidad social, de modo que las actitudes necesarias para alcanzar su meta (búsqueda de la calidad, solidaridad a la alza, excelencia, competencia, etc.) son actitudes morales, y que estas actitudes hoy se modulan sobre el trasfondo de una ética cívica, para la cual tanto ios miembros de la empresa como los consumidores se caracterizan por ser interlocutores válidos.

Porque el procedimentalismo universalista del tipo de la ética dis­ cursiva, con su principio «una norma sólo será correcta si todos los afectados por ella están dispuestos a darle su consentimiento tras un diá­ logo celebrado en condiciones de simetría», constituye la puesta en diá­ logo del principio del Contrato Social: «el soberano no puede promulgar más normas que las que todos pudieran querer».

Aplicado este marco formal a la específica actividad empresarial, en el sentido que estamos dando al término «aplicar», esto significa que:

1) No es una ética de la convicción, sino una de la responsabilidad por las consecuencias de las escisiones que se toman. Lo cual no signifi­ ca en modo alguno optar por el pragmatismo, sino recordar que es pre­ ciso tener en cuenta las consecuencias de las decisiones para aquella fi­ nalidad por la que la empresa existe y que consiste en la satisfacción de necesidades humanas. La ética de la empresa es, pues, como hemos apuntado, una ética de la responsabilidad convencida.

2) Puesto que la actividad empresarial tiene una finalidad, que le le­ gitima y de la que cobra todo su sentido —servir a los consumidores, que son los afectados a cuyo servicio se encuentra la actividad de la em­ presa—, queda deslegitimada la que olvide esta finalidad. Los consu­ midores son interlocutores válidos y una ética de la empresa exige tener en cuenta sus intereses a través de mecanismos de participación efectiva.

3) Los miembros de la empresa son también interlocutores válidos, cuyos derechos tienen que ser respetados al nivel de una conciencia moral como la que socialmente hemos alcanzado; de ahí que queden fuera de época las prácticas humillantes y las desconsideraciones.

4) Pero también los miembros de la empresa han de cumplir con sus obligaciones y corresponsabilizarse por la marcha de la empresa a la que se pertenece; de ahí que la cooperación haya de tomar el lugar del con­ flicto y la corresponsabilidad el lugar de la apatía.

5) Una empresa actual ha de atenerse a un marco postconvencional de justicia, no sólo legal, sino ante todo moral.

6) En tal caso el cambio en la concepción de la empresa de un mo­ delo taylorista a uno postaylorista no es una simple moda, sino una au­ téntica exigencia de la conciencia moral de los tiempos. Una conciencia que, como tal, es irreversible, como veremos en el próximo capítulo.

Sin duda son éstas las exigencias que los nuevos retos plantean, pero para responder satisfactoriamente a ellas es preciso diseñar un modelo de empresa capaz de hacerlo.

E T I C A DE LA E M P R E S A

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