91 parte de los gobiernos concertacionistas. Rafael Otano (2000), ex editor de la revista APSI, identificará esta perspectiva como “La doctrina Tironi”, apelando a la “despolitización” de los medios (principalmente los antiguos medios de oposición a la dictadura) y una adaptación temprana a las lógicas que el mercado imponía, sin intervención estatal. Esto produjo el cierre de distintas revistas y diarios, como APSI, Análisis, Hoy, entre otras, muchas de las cuales no resistieron a los vaivenes del mercado, frente a grandes empresas como COPESA (La Tercera) y El Mercurio. Revistas que fueron plataforma de difusión para sus periódicas columnas en dictadura (como su primer artículo “Si Sólo Ayer éramos Dioses”), caen bajo sus nuevas perspectivas de gestión comunicacional.
Así, en 1994 -luego del fin de su cargo- publicará en la revista Proposiciones de SUR los logros que impulsó el gobierno y su gestión, caracterizados por una fuerte política de descentralización y modernización -por lo menos en su cartera-, junto a un carácter subsidiario en cuanto la relación entre Estado y proyectos culturales y comunicacionales. “nos parece que el Estado debe concentrar esfuerzos en la formación de profesionales en gestión cultural y en el desarrollo de una institucionalidad abierta, flexible y descentralizada. Pero su rol es y será subsidiario, pues los verdaderos agentes de la cultura son las personas y grupos independientes, a los que el Estado debe asegurar su libertad y autonomía, y abrirles oportunidades para que desplieguen hasta el límite su capacidad de creación.” (Tironi, 1994:55-56).
Paralelo a su trabajo gubernamental, a comienzos de los noventa deja el Partido Socialista debido a la escisión del PS con el Partido Por la Democracia PPD, en el cual se encontraba Ricardo Lagos. Si bien este partido se había planteado como “instrumental” para aglutinar y organizar a distintos movimientos o sectores de la izquierda que no se encontraban del todo identificados con los partidos de la Concertación por el No, éste toma fuerza luego del plebiscito, incorporando el “liberalismo progresista” y el “social-liberalismo” como ejes ideológicos.
“Y cuando llega el año 90’, se crea el PPD a fines de los 80’, en que ahí había doble militancia, en que uno era del PPD y del PS, cuando llega el 90’, y en que se produce una bifurcación en que uno podía ser o PPD o PS, a mí Ricardo Lagos me pide que me quede en el PPD, me quedo en el PPD. No tengo una vida muy activa en el PPD, porque estaba en el
92 gobierno, luego sí, pero menos. De hecho, fui el encargado de, de elegir la declaración de principios, o la nueva declaración de principios del PPD, eso a mediados, o en la primera parte de los 90’. (…), pareció tentador crear un partido nuevo po’. Democracia nueva, partido nuevo. Y cuando eso se genera, particularmente los socialistas, también se ponen un poco celosos, el que se queda allá, que se quede allá, el que no, que se venga para acá.” (Entrevista, 20 de diciembre del 2016).
Este partido se mantuvo como “domicilio político” del sociólogo por toda la década de los noventa, aunque con cierta distancia a ratos, y mayor participación en otras. Pese a que la mayoría de sus compañeros y cercanos se queda en el PS, como Carlos Montes, él decide quedarse en el PPD, de forma similar como ocurrió con sus compañeros y amigos del MAPU en 1973, quienes decidieron irse con Gazmuri, mientras él se quedó con Oscar Garretón. Dentro del partido adoptó una posición destacada, principalmente por su trabajo en la formulación de principios del partido, muy ligado a las perspectivas políticas social-liberales que el sociólogo había trabajado durante la década pasada. No obstante, su vida militante será más reducida en el periodo, respondiendo principalmente a la dirección del presidente en su labor.
De este modo, con un ascenso en su reconocimiento público como sociólogo -limitado por la dictadura-, este periodo presenta una interesante disyuntiva analítica sobre la conceptualización del intelectual público, en cuanto a los difusos límites que existen sobre su rol y función en relación al Estado ¿un intelectual público deja de serlo cuando ingresa al aparato gubernamental? Si bien el autor deja el campo intelectual en una posición ya consagrada, el ingreso al aparato estatal sin duda marca un precedente en la continuidad de su trayectoria política y sociológica. Tal como lo señaló en el artículo antes aludido de la revista Proposiciones “Cultura y comunicaciones en una época de transición (Chile, 1990-1994)” (1994), el autor deja un tanto de lado su labor crítica y reflexiva, manifestando una derecha defensa de las políticas del gobierno, más una justificación de las políticas ejercidas dentro de su cargo. Pese a ser lógico que manifieste una posición positiva y defensiva hacia el proyecto gubernamental del cual participó, cuesta identificar en qué momento interviene como intelectual público y cuándo lo hace como ex encargado de comunicaciones.
93 Esto se vincula a lo señalado por Garretón (2015) en cuanto a la matriz socio-política de la intelectualidad en los noventa. “Quizás el rasgo fundamental de este nuevo panorama del mundo intelectual sea su fragmentación y diversificación, que irá acompañada también de un cambio de los contenidos del debate, cuyo rasgo más relevante es el debilitamiento de un relato sobre la sociedad y un proyecto en torno al cual pudiera estructurarse dicho debate (…). En su lugar, el debate se concentra principalmente, por un lado, en la defensa o ataque de las políticas públicas según cual sea la posición frente al gobierno y, por otro, en la interpretación de las encuestas de opinión pública, que se transforman en la principal fuente de conocimiento” (: 35).
En este contexto, paralelo a su vínculo con el Estado, Tironi comenzó un proceso de “profesionalización” en su accionar sociológico. Su acercamiento hacia el estudio sobre gestión comunicacional irá de la mano de una mayor especificidad en su trabajo analítico. Desde las categorizaciones que entrega Burawoy (2005), existiría un acercamiento a la noción de sociología aplicada, con un fuerte carácter instrumental y alejada del campo estrictamente académico. Esto se vincula con lo planteado por Moyano sobre el periodo y el camino que tomaron muchos a fines de los 80’: “El político de carrera, es decir, aquel que solo hace política partidaria, pasó a ser designado como actor de una época pasada y sin posibilidades de acceder al poder. Diferente, en cambio, será aquel que desde una perspectiva científica, profesional y técnica puede aportar a la formación de la nueva democracia, más racional y moderna” (2011: 230-231).
Esto concuerda un tanto con el objetivo que plantea Tironi en su ingreso a la sociología, ya vislumbrando este posible futuro: “Veía con pavor la suerte de amigos que solo seguían en la política -sea como militantes o como funcionarios de ONG-, porque no sabían con qué otra cosa ganarse la vida. Me aterrorizaba correr la misma suerte” (Tironi, 2013: 142).
De este modo, en relación al vínculo heterónomo que establece con el aparato gubernamental, quizás en uno de los niveles más altos de toda su trayectoria, junto a una posición ya dominante y consagrada dentro del campo intelectual, gozando de un capital simbólico importante, es posible identificar su modalidad de intervención en el periodo con la figura del “Consejero del príncipe”. “Esta se inscribe en una línea antiintelectualista que
94 desafía la legitimidad del discurso crítico independiente y procura subordinar el pensamiento a las autoridades tradicionales -la Iglesia y el Estado-” (Sapiro, 2011). En este sentido, gracias al vínculo establecido con la nueva coalición gobernante y con la figura de Patricio Aylwin, más su posición ya dominante dentro del campo intelectual -luego de la publicación de su tesis doctoral-, es posible identificar a Tironi bajo esta modalidad.
No obstante, paralelo a este trabajo como “consejero”, el autor fue dando señales de un proceso creciente de expertise en la gestión comunicacional, en contraposición a la heterogeneidad de temáticas trabajadas en el pasado. Esto pudiera acercarlo a la figura de
“Experto” o “especialista consultado por dirigentes” (Sapiro, 2011), en cuanto a una modalidad de intervención cada vez más especializada y específica -o aplicada, en términos de Burawoy (2005)-. Su incorporación a la campaña del No luego de la publicación del libro “Los silencios de la Revolución” (1988), su trabajo electoral en la campaña de Aylwin y su posterior incorporación al trabajo gubernamental en el área de comunicaciones, fueron factores de influencia en su proceso de especialización sobre el estudio de gestión comunicacional27.
Sin duda su trabajo gubernamental dificulta el reconocimiento de modalidades de intervención, distanciándose un tanto de la posición “académica” que desarrolló en los ochenta, generando una cierta confusión en cuanto a su rol como gestor político e intelectual público. No obstante, la continuidad que mantiene en la publicación de artículos y columnas, su gestión política vinculada a sus propios postulados sobre el accionar estatal (descentralización y modernización), y su trabajo de especialización comunicacional, vislumbran aún un ejercicio intelectual. Si bien se presenta alejado de las nociones más clásicas, concuerda con el contexto que vivió el campo intelectual a comienzos de los noventa (Garretón, 2015), y con las nociones que presenta la sociología de las intervenciones públicas sobre la categorización intelectual.
27 Pudiera asimilarse también a la noción que entrega Gérard Noiriel (2005) sobre los “intelectuales de
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El consultor (1994-actualidad)
Posterior a su trabajo dentro del gobierno de Patricio Aylwin, el sociólogo comenzó a presentar un cierto alejamiento con la labor política, distanciándose de su militancia y su vida partidaria.. “[el paso por el gobierno] me dejó claro a mí que la vida de los partidos, de la política, de la carrera política no era lo mío, la carrera política supone supeditar la idea al poder, y yo tenía, a mí esa cuestión no me calzaba a esas alturas. O sea, significa calibrar lo que se piensa, moldear lo que se piensa, o sea. Las ideas son un instrumento para alcanzar poder digamos, y de pronto hay que ponerles coto o bozal a las ideas para alcanzar el poder, hay que ponérsela, y eso no calzaba con mi personalidad no más, no calzaba. Entonces la carrera política, el partido, parlamento, no era lo mío.” (Entrevista, 11 de octubre del 1016).
Luego de su alejamiento con el mundo académico a principio de los noventa, el autor retomará su trabajo teórico, trabajando en lo que denominará como “sociología clínica”. Desde esta perspectiva asumirá epistemológicamente una posición instrumental de la disciplina, empleando una sociología no ligada al estudio de casos particulares -como comúnmente se conoce a esta perspectiva clínica-, sino más bien a organizaciones y colectividades. De este modo entrará en el trabajo de gestión empresarial y comunicacional de empresas, corporaciones y campañas políticas. Para Tironi “era usar la sociología con fines, digamos así, usar el conocimiento sociológico para producir transformaciones, en organizaciones, en sistemas. [Se presenta como] una sociología performativa, que creo que siempre lo es, pero normalmente esa performatividad está como oculta, o muchas veces inconsciente, pero además se oculta porque suena pecaminosa. Entonces claro, el sociólogo tiene un trabajo, académico, que solamente interpreta, que analiza, que cuestiona, y que si no cuestiona no es sociólogo. Bueno, pero…, yo sí combatí esa falsa inocencia, esa malévola inocencia, y claro, me planteé trabajar en una sociología clínica, y con todo lo que conlleva lo clínico, incluida la psicología, en que supone transferencia y contratransferencia entre, que supone identificación que tú puedes tener en el paciente, en mantener la distancia critica, qué se yo. Bueno, y eso es lo que me propuse a hacer, y sin tener manuales ah, sin tener referentes, sin…, construyendo mi propia teoría y mi propia metodología.” (Entrevista, 11 de octubre 2016). Trabajando esta perspectiva disciplinar, se acercará a la docencia a mediados de los años noventa, dictando un
96 curso de Sociología Clínica en la Universidad Católica de Chile, su antigua casa de estudios en los setenta. Así se incorporará -aunque no por mucho tiempo- al mundo de la academia universitaria, importante factor de capital simbólico para su trayectoria, entendiendo la importancia de dicha institución dentro del país. Esto vino a reafirmar su posición de dominio dentro del campo intelectual, pese a su alejamiento en los primeros años de la década.
Ejemplo de este retorno académico y teórico será su participación en un seminario (como muchos otros) del Centro de Estudios Públicos (CEP) sobre “Riquezas y miseria de las formas de vida en la sociedad contemporánea”, para estudiantes universitarios. Desde una posición intelectual y académica, habla hacia la juventud sobre la importancia del estudio del orden social para la actualidad, a diferencia de lo que fue para el periodo de su juventud (años sesenta y setenta), donde no fue un tema de gran importancia. “El orden colectivo no quitaba el sueño a nadie; todo lo que importaba era proyectar el cambio de las sociedades en dirección a ciertas metas universales: modernización, desarrollo, socialismo (…). Sin embargo, en los años setenta, cuando en todo el mundo pareció entrar en crisis el orden económico, social y político configurado en la segunda posguerra, la incertidumbre recuperó derechos de ciudadanía y aquella vieja y desprestigiada pregunta tomó nuevamente actualidad.” (Tironi, 1998: 64). En este sentido planteará la importancia de la obra y las perspectivas analíticas de Durkheim para el periodo actual, rememorando el acercamiento teórico con el autor en su tesis doctoral (Tironi, 1998).
Paralelo a esto, gracias a su nutrido trabajo intelectual y su participación en distintos medios de comunicación, potenciado por su labor como secretario de comunicaciones y cultura, Tironi comienza a ser una figura reconocida en la esfera pública, logrando alcanzar una audiencia externa al campo político e intelectual -como caracterizó en los ochenta-. Comienza a ser común ver columnas o noticias asociadas a su persona todas las semanas, ya no en revistas como APSI o Análisis, sino en los diarios La Tercera, El Mercurio, e incluso en programas televisivos. El sociólogo comienza a ser reconocido como un intelectual público, dirigiendo muchos de sus textos a una audiencia amplia, con un lenguaje sencillo y sin una estructura académica. Esto se verá en gran parte de las introducciones o prólogos de sus textos, donde explicitará el carácter no academicista de sus obras.
97 Según señala Tironi, su relación con los medios viene desde su juventud, en sus primeros acercamientos con el campo intelectual, no obstante, se vio acrecentada posterior a su trabajo en el gobierno y el retorno democrático. “Yo vengo escribiendo en columnas de opinión… desde el año…. ¿79’?, yo tenía 27 años, y desde ahí que publico con cierta sistematicidad, en la revista APSI, Análisis, Hoy, Qué Pasa, La Época mucho tiempo…, y he venido como dando entrevistas desde después, cuando ya se abre la democracia. Primero daba entrevistas porque estaba en el gobierno, y después por ser un observador externo. Pero eso siempre… ¿y cuál es mi relación?, bueno, yo no busco, no ando buscando dar entrevistas, para nada. Soy más bien selectivo, tampoco acepto todo, porque o sino sería, me pasaría en eso, pero considero que es una de mis obligaciones, si estoy opinando, estoy participando un poco del proceso de la vía pública, una de las maneras de participar es dando entrevistas. (…) Hay momentos en que las entrevistas, o hay casos o circunstancias en que las entrevistas tienen una cierta finalidad estratégica, busco decir algo, busco pasar un mensaje si tú quieres, y generar una cierta atmosfera después de eso, pero muchas otras veces no, son más bien expresivas, y tiene que ver un poco con la interacción con el periodista. Pero nunca he sentido digamos así, nunca he tenido, ha habido algunas tensiones, pero nunca he sentido que el dar entrevistas conspire con mi condición de intelectual o…no.” (Entrevista, 11 de octubre del 2016).
Tal como señalan Ariztía y Bernasconi (2012) y Alfredo Joignant (2011), gran parte de la sociología que se leyó (y lee) en Chile, principalmente por políticos y empresarios fue de Eugenio Tironi. Esto pudo verse ejemplificado posteriormente en su participación en la película NO (año 2012), donde se recrea la campaña electoral del plebiscito “Cuando me invitaron a participar en la película del NO, Pablo y Juan de Dios Larraín me pidieron que actuara como yo mismo; que protagonizara a “el sociólogo”. Es un papel que ya tengo asumido en la vida diaria. Se ha vuelto como una marca personal: al lugar en que vaya soy tratado e interrogado como ‘el sociólogo’” (Tironi, 2013:141).
En este proceso, pese a alejarse de la figura de “Consejero del Príncipe”, sus intervenciones públicas como intelectual seguirán refiriendo a la defensa del proyecto político- social que llevó a cabo la Concertación a través de sus distintos gobiernos. Durante los 20 años de oficialismo concertacionista, Tironi mantendrá una constante relación de disputa con ciertos
98 sectores del mundo intelectual y académico, siendo parte de importantes debates políticos e intelectuales.
Una de las disputas más importantes en que se verá cuestionado el tránsito socio-político de la sociedad chilena bajo estos gobiernos, será el debate entre “autoflagelantes” y “autocomplacientes” dentro del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000). Así se denominó a los sectores cercanos a la Concertación que planteaban cuestionamientos sobre el proceso que llevaba la coalición, y a aquellos que se presentaban satisfechos con el “curso histórico de la concertación” (Joignant, 2002: 100), respectivamente. Si bien el debate fue rápidamente caricaturizado por la prensa, constituyó una importante distinción entre las dos vertientes que se gestaban dentro de la centro-izquierda chilena y en el campo intelectual de aquel entonces.
Gracias a los resultados del Informe sobre Desarrollo Humano en Chile publicado por el PNUD en 1988, comienza este importante debate, al diagnosticar un cierto malestar dentro de la sociedad chilena en torno a diversos ámbitos de la vida cotidiana (PNUD, 1988). En estas diferencias políticas, Tironi tomará un importante protagonismo, al posicionarse como un férreo defensor del proyecto concertacionista, a través de los gobiernos de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, constituyéndose en un reconocido “autocomplaciente” (Ariztía y Bernasconi, 2012; Muñoz y Stefoni, 2002).
Esto lo reflejará en su texto “La irrupción de las masas y el malestar de las élites. Chile en el cambio de siglo” publicado el año 1999. Con una estructura que lo caracterizará en su escritura “Este libro no es, desde luego, un texto de sociología; pero tampoco es propiamente un ensayo: es más bien una crónica del período aquel” (Tironi, 1999a:10), el autor planteará una perspectiva positiva sobre los cambios que ha vivido la sociedad dentro de un tránsito modernizador, frente al conservadurismo de la elite política, intelectual y empresarial. “La corriente conservadora cruza todo el espectro político. Ésta da por sentado que el futuro será peor que el presente y mucho peor que el pasado” (Tironi, 1999a: 53). Así, el autor realizó un análisis de una nueva sociedad emergente en el país, muy ligada al éxito económico y a la estabilidad política, pero que muestra ya algunos rasgos de agotamiento y ganas de mayor involucramiento. “Quizás sea un efecto de los éxitos de la economía y de la transición, o algo
99 aún más profundo; pero lo cierto es que la actitud de los chilenos hacia sí mismos y el país cambió radicalmente en los 90. De la actitud apocada y pesimista que, según los historiadores, ha distinguido al “carácter chileno”, se pasó a una actitud orgullosa y optimista -y de pronto hasta arrogante” (Tironi, 1999a:15).
De este modo el autor seguirá escribiendo sobre distintas temáticas involucradas con la coyuntura social y política que se desarrolló dentro del país, en cuanto a sus transformaciones en un marco de modernización. Tal como señala el cuadro 7, si bien seguirá trabajando sobre